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La historia de un hombre que al deshacerse de sus pertenencias fue más feliz

Por: pijamasurf - 03/06/2014

¿Crees poderte deshacer de prácticamente todas tus pertenencias y solo elegir las cien más elementales? ¿Quieres simplificar tu vida? ¿Eres consciente de lo que consumes?

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En algún momento de la historia se optó por un modelo económico, y por consecuencia sociocultural, que gira en torno al consumo. A partir de entonces una buena porción de la ciencia, la tecnología, la creatividad, y tal vez incluso la imaginación, se pusieron al servicio de una dinámica que consiste en generar 'productos' para ser consumidos y posteriormente desechados.

Muchos trataremos de entender las causas que permitieron (y procuraron) este nefasto formato de existencia. Otros, producto de la indignación, trataremos de buscar a los culpables de esta histórica aberración y castigar a aquellos que se benefician de este esquema. Pero todo indica que hay una tarea mucho más importante que las dos anteriores, y me refiero a hacer consciente cómo este fenómeno se manifiesta en nuestras respectivas vidas y, aún más importante, el hecho de que no se trata de una condena sino de una inercia cultural, y por lo tanto puede transformarse.   

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Al escuchar por primera vez del reto 100 Thing Challenge, el cual te invita a vivir por un un año con sólo cien pertenencias, lo primero que podrías pensar es que este número de objetos no son pocos. Instantes después, tras un muy breve recuento mental, notarás que en realidad vivimos con, literalmente, miles de artículos orbitando alrededor de nosotros, y que reducir tus pertenencias a esa cantidad no sería tarea fácil. 

Dave Bruno era un emprendedor web que en 2008, cansado de acumular mucho más objetos que satisfacciones, decidió autoimponerse el desafío de eliminar prácticamente todas sus pertenencias y reprogramar sus hábitos de consumo. Fijó el periodo de un año, y se dispuso a exorcizar su armario. Sin embargo, jamás se imaginó lo que este acto detonaría, no sólo en su vida, sino en la de miles de personas que eventualmente se adhirieron al experimento.    

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Con el tiempo lo que comenzó como un reto individual terminaría por ser un movimiento. Además, la iniciativa de Dave se consagró como uno de los ejemplos más populares de una especie de subcultura llamada simplicidad voluntaria, filosofía que consiste en simplificar tu estilo de vida, proceso en el cual reducir tus posesiones y aumentar tu autosustentabilidad tienen un papel fundamental.   

¿Estás listo?

Ahora ha llegado el momento de preguntarnos si estamos listos para emprender el reto. En caso de que tu respuesta sea afirmativa, entonces felicidades y suerte, seguramente obtendrás una recompensa que por ahora ni siquiera puedes concebir. Pero en caso de que tus circunstancias actuales no te lo permitan, o que simplemente no lo desees, esto no implica quedarte fuera de la fiesta. Creo que el mayor valor de 100TC es que este experimento nos demuestra que en realidad no tenemos por qué vivir como autómatas respondiendo a un guión predeterminado por una inercia cultural. Y entre estas múltiples inercias sin duda el consumo obsesivo es una de las menos deseables. 

No se trata de mudarnos a un bosque y comenzar a aprender qué alimentos podemos proveernos con nuestras propias manos (lo cual tampoco es una mala idea). En realidad, entre tus circunstancias actuales y el exilio al bosque existen miles de opciones, y tu transformación personal, a pesar de lo que sugiere el new age hollywoodense, no tiene por que ser algo épico, ni algo así como un "deporte extremo de conciencia". Simplemente se trata de observar tu vida, tus hábitos de consumo, tus prioridades, y aquello que capta lo más preciado que tienes, tu tiempo y tu energía. Posteriormente es muy probable que te des cuenta de que alrededor de tu vida hay más pertenencias que tranquilidad, y que tal vez estás persiguiendo un espejismo diseñado para jamás poderse alcanzar: la promesa de una felicidad que siempre está ahí latente pero que jamás llega, ni llegará.

Más allá de considerar que la felicidad quizá no es algo que deba perseguirse, y que si lo fuese seguramente el consumo no sería una ruta efectiva, hay una aspecto que alrededor de este caso me parece más interesante: enfatizar que 100 Things Challenge, no es tanto un desafío pop para liberarte de una insatisfacción existencial, sino un simple hack mental. Esta fue la herramienta que Dave utilizó para reprogramar su mente y hacer evidente aquello que estaba disperso, automatizado, pero que en buena medida determinaba su vida, el consumismo automatizado, un mal que compartimos prácticamente todos los que nos encontramos en esta dimensión cultural.

Hoy, a cinco años de haberlo intentado, comprobamos que el reto fue exitosamente superado. Y de aquí extraemos dos grandes lecciones de cortesía del valiente experimento de este californiano: primero, tú programas tu realidad, y segundo, dentro de este proceso, aligerar tu vida parece ser un precioso recurso.

 

  

Felicidades, ya tienes una cantidad inimaginable de información en tu cabeza ¿y ahora qué?

Por: Javier Barros Del Villar - 03/06/2014

Tener acceso ilimitado a la información no necesariamente indica que sabemos cómo interpretarla o cómo darle sentido. Sin esas dos acciones, la sobreabundancia de información se traduce en aburrida y peligrosa ignorancia.

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Felicidades, eres parte de una generación que tiene a su plena disposición cantidades de información hasta hace poco inimaginables. No sólo hoy hemos generado cientos de veces más data que hace un siglo, sino que ahora una inabarcable porción de ella está disponible a unos cuantos clicks –y si añades perseverancia, paciencia y un poco de suerte, entonces el caudal es literalmente infinito. 

El escenario actual bien podría calificar como un paraíso para muchos que históricamente lucharon por disolver los cerrojos que mantenían el control de la data para élites, gobiernos o instituciones bajo la premisa de que el conocimiento es poder. Y hasta cierto punto esta premisa era real, el conocimiento ligado a la obtención de información destapa regiones en el horizonte de vida y pensamiento de una persona, pero cuando esto sucede de forma colectiva entonces se refuerza la posibilidad de transformar el entorno. 

Todo esto suena maravilloso, y en realidad lo es, ya que somos en este sentido una generación privilegiada. Pero ¿luego qué? ¿por qué seguimos experimentando a nivel individual vacíos? ¿por qué no hemos sido aún capaces de hackear algunos de los principales retos que colectivamente tenemos por delante?

La revolución psicodélica como musa de la era digital

En el artículo "De hippies a microchips: los antecedentes contraculturales de Internet" repasamos la relación histórica entre el movimiento psicodélico de los '60 y el nacimiento de la cultura internetera. Siendo un tanto reduccionistas, podríamos afirmar que el pulso original de la revolución hippie fue un deseo eufórico, colorido, relativamente inmaduro pero también efectivo, de 'transformar las cosas'. Entre los principios básicos que florecían en aquella época, evidentemente se incluía la libertad, y en este sentido la frase de Stewart Brand, el brillante fundador de WELL, sintetizaba la transición entre la rebeldía sesentera y el reinado de la Red: "la información quiere ser libre".

Mucha información pero poco sentido

Recién me encontré con un lúcido artículo de Dougald Hine para la revista digital Aeon Magazine, titulado "What Good is information?", el cual destaca la insuficiencia de tener tal cantidad de información asociada a conocimiento, en la actualidad. De acuerdo con Hine, parte del problema es que no necesariamente se cumple el trayecto entre obtener información y hacer sentido con ella. De hecho apela a un fenómeno que aunque pareciera increíble que siga vigente, lo cierto es que podría estar en una de sus fases doradas, el aburrimiento. Por más estímulos informativos, contenidos audiovisuales, fotografías sorprendentes y causes desbordantes de mp3 que tengamos, si no somos capaces de traducir esto en sentido entonces corremos el riesgos de terminar aburridos –con todo lo que implica este estado de la existencia.

Si el aburrimiento se ha convertido en una enfermedad de las sociedades modernas, esto se debe a que es más complicado desarrollar la capacidad de encontrar sentido.

Cuántos de nosotros no hemos experimentado esa sensación de, tras un estimulante recorrido por los parajes digitales, entrelazando apasionados clicks, de pronto nos encontramos hastiados e ignorando cómo llegamos hasta ahí. Hine advierte que esto podría deberse a que el flujo de información, abordado desde la perspectiva más popular, termina siendo más una distracción que una ruta efectiva para construir relaciones de sentido. Y entonces viene el aburrimiento, el hartazgo... el sinsentido.

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Congruencia como materialización del banquete informativo 

Más allá del aburrimiento, y sobretodo del sinsentido, cuya presencia dentro del diagnóstico de la sociedad contemporánea no deja de ser lamentable (y retador), creo que otra reflexión pertinente gira en torno a la congruencia. Si buena parte de los beneficios de gozar de los ríos digitales de información radica en que este bufete informativo es un potencial transformador, pero no somos capaces de procesar y encausar dicha data, entonces todo indica que, por el momento, no hay fiesta. En este sentido parece apropiado preguntarnos si el exceso de información es mejor que la antigua falta de la misma –demasiada información puede actuar como distractor, puede confundirnos y desgastarnos.

Independientemente de la respuesta que asignemos a la anterior interrogante, lo cierto es que las condiciones están dadas. Vivimos en un entorno informativamente hiperfertil, un estado por el cual muchos lucharon, pero que ahora, una vez alcanzado, nos toca a nosotros encontrar la manera de convertirlo en un verdadero agente de cambio. Debemos de plisar lo que hoy sabemos en nuestra vida cotidiana, debemos de experimentar la información y luego vivir el conocimiento. Las hebras de data deben ser traducidas, por nosotros, en acciones, movimientos, conceptos y, como Hine señala, en redes de sentido, todos elementos que a su vez tendrían que eventualmente materializarse en mejores condiciones de vida tanto individual, como colectivamente, en un plano interior pero también en uno compartido. 

La fiesta está lista. Pero para comenzar tenemos que superar este reto, y si lo logramos la nuestra será una aportación histórica...

Twitter del autor: @ParadoxeParadis