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La marihuana podría ayudar a combatir el VIH, pero EU lo está impidiendo

Salud

Por: pijamasurf - 02/20/2014

Las recientes investigaciones de la Dra. Patricia E. Molina han probado que el THC puede hacer retroceder el VIH en monos infectados, pero el gobierno de Estados Unidos no permite que este prometedor tratamiento se pruebe en humanos.

MEDICAL MARIJUANA 

Las recientes investigaciones de la Dra. Patricia E. Molina han probado que el THC puede hacer retroceder el VIH en monos infectados, pero el gobierno de Estados Unidos no permite que este prometedor tratamiento se pruebe en humanos.

El THC es uno de los 500 ingredientes activos de la marihuana, la cual sigue siendo una sustancia prohibida dentro de EE.UU. (y muchos otros países). Sin embargo, frente a la creciente evidencia de sus beneficios en el tratamiento de enfermedades como el alzheimer y la esclerosis múltiple, resulta cada vez más absurdo que siga siendo controlada. Parece broma, pero probar que una sustancia ilegal puede detener enfermedades mortales en humanos —sin ser probada en ellos— es imposible. En pocas palabras, la Dra. Molina ha encontrado la llave de una puerta que se niega a ser construida.

Para aquellos que conocen e investigan los efectos curativos de la marihuana, los resultados de Molina son demasiado importantes como para ser ignorados. El estudio en sí es simple, por 17 meses el equipo de la Dra. Molina administró altas concentraciones de THC en monos rhesus infectados de VIR (similar al VIH), esperando que la reacción de su sistema inmune frente a la acción del virus mejorara. Al final del tratamiento, un examen del tejido intestinal afectado reveló una considerable mejora. 

El THC trabaja apuntando a los receptores CB2 en el cerebro, los cuales se manifiestan en células conectadas con el sistema inmune. A diferencia de los receptores CB1, que responden a cualidades psicoactivas del THC, los receptores CB2 reaccionan a sus aspectos terapéuticos, reduciendo hinchazón y aliviando el dolor, entre otros beneficios. Durante la infección, el VIH se extiende rápidamente en el cuerpo y provoca la muerte de una parte significativa de las células en el intestino. Cuando se administra el THC y se activan los receptores CB2, los intestinos se reconstruyen, evitando que el virus destruya las paredes celulares y se filtre hacia otras partes.

El problema al que se enfrenta Molina ahora es que los protocolos científicos no permiten investigar los beneficios de sustancias ilícitas en humanos y, por lo mismo, los estudios no pueden ser financiados. Para poder investigar con marihuana en Estados Unidos, cualquier grupo requiere el aval del Departamento de Salud y Servicios Humanos (NIDA, por sus siglas en inglés), además de la aprobación de la DEA, lo cual hace que el número investigaciones autorizadas sea muy controlado.

Las investigaciones de Molina son sólo un eslabón más en una larga cadena de evidencias que demuestran la eficacia de la marihuana en el tratamiento de muchas afecciones médicas, sin embargo, una tras otra, las investigaciones son bloqueadas por los aparatos de Estado.

Este es un caso en que el absurdo pretende enredarlo todo en un nudo sin salida: el THC no se puede probar en humanos porque es una sustancia prohibida, y no interesa aprobar su utilización porque no se han probado sus beneficios. Parece muy probable que el problema de la prohibición responda a intereses políticos y económicos mucho más grandes, pero tarde o temprano los endebles argumentos contra la marihuana medicinal quedarán sepultados bajo la abrumadora ola de las evidencias.

[The Daily Beast]

 

Cinco puntos que te explican cómo el amor moldea tu identidad

Salud

Por: pijamasurf - 02/20/2014

El nuevo libro de la doctora Sue Johnson reúne decenas de estudios neurológicos que explican qué tanto nos determina el amor que hemos recibido a lo largo de nuestra vida.

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Más allá de que éste sea otro cúmulo de experimentos con humanos y ratas sobre por qué algo es bueno o malo para nosotros, esta lista refuerza –científicamente– el papel que juega el cariño en las personas que somos ahora. También enfatiza la importancia de cuidar y demostrar amor por los otros; pues la salud general del humano depende, más de lo que imaginamos, de la cantidad de cariño que ha recibido a lo largo de su vida.

El amor, o más bien, la palabra “amor” se ha embarrado de todo tipo de cosas que no tienen nada que ver con su alcance primordial. Las tarjetas Hallmark, las comedias románticas, las canciones pop y los sitios para encontrar pareja se han encargado de monetizar el sentimiento y vaciarlo de significado, al punto de que hemos olvidado esencialmente de lo que se trata. En su nuevo libro Love Sense: The Revolutionary New Science of Romantic Relationships, la Doctora Sue Johnson comparte una serie de estudios que revelan los efectos benéficos del amor. Vale la pena revisarlos por el simple hecho de recordar qué tanto nos ha moldeado.

 

1. El amor reduce nuestra percepción física del dolor y la amenaza

En un experimento sin precedentes, el Dr. Jim Coan de la Universidad de Virginia juntó a un grupo de mujeres felizmente casadas y las puso bajo la observación de un escáner de resonancia magnética. Una vez en las máquinas, se les mostraron imágenes del signo “x” y pequeños círculos. Se les dijo que cuando vieran alguna x había un 20% de posibilidad de que recibieran un choque eléctrico en el tobillo. Después de recibir el choque, debían describir cuánto les dolió.

En distintas ocasiones, las mujeres enfrentaron las amenazas solas, con un extraño tomando su mano o con sus esposos tomando su mano.

Cuando estuvieron solas y vieron una x, aparecieron señales de alarma en sus cerebros. Calificaron los choques subsecuentes como dolorosos. Pero luego el estudio dio un giro interesante. La presencia de extraños disminuyó su alarma y dolor, y cuando sus esposos estuvieron a su lado, sus cerebros apenas respondieron a la amenaza de las x, y calificaron las descargas eléctricas solamente como “incómodas”.

Para este punto, podemos recordar las últimas palabras de William Burroughs:

No hay nada. No hay sabiduría final ni experiencia reveladora; ninguna jodida cosa. No hay Santo Grial. No hay Satori definitivo ni solución final. Sólo conflicto. La única cosa que puede resolver este conflicto es el amor. Amor puro. Lo que yo siento ahora y sentí siempre por mis gatos. ¿Amor? ¿Qué es eso? El calmante más natural para el dolor que existe. Amor.

 

2. El contacto cariñoso en los primeros años de vida beneficia nuestro desarrollo emocional

En la psicología evolutiva, la frase no es “la supervivencia del más fuerte”, sino “la supervivencia del más cuidado”.

El psicólogo Michael Meaney de la Universidad McGill realizó un estudio mostrando que las ratas que fueron intensamente cuidadas, es decir, que fueron muy lamidas y apapachadas de bebés, cuando crecieron pudieron lidiar con el peligro y el miedo más adaptadamente que sus contrapartes menos queridas.

Aquellas ratas muy atendidas permanecieron en calma incluso cuando los científicos las echaron a baldes de agua. Esas ratas también registraron menores niveles de estrés que las otras.

 

3. El amor protege nuestro sistema inmunológico  

Los resultados de un estudio llevado a cabo por la psiquiatra Janica Kiecolt-Glasser mostró que mujeres recién divorciadas tenían un sistema inmune más debilitado que mujeres en una relación feliz de pareja. Incluso llegó a afirmar que, en la salud general, una relación amorosa es más importante que el ejercicio o la dieta.

 

4. El amor no sólo es fuente de gran sexo, también de pasión duradera

De acuerdo al estereotipo, el sexo entre parejas de mucho tiempo se vuelve aburrido con la rutina. Pero ello no es necesariamente la realidad. Entre más conectemos emocionalmente, apunta la doctora Johnson, más conectaremos sexualmente.

En su encuesta de investigación, el sociólogo Edward Laumann encontró que los amantes duraderos que están contentos tienen más sexo y lo disfrutan más que los solteros. Esto empata con los estudios de la psicóloga Deborah Davis de la Universidad de Nevada, en el cual los amantes con vínculos de amor estables estuvieron más dispuestos a experimentar sexualmente y reportaron disfrutar más del sexo que aquellos cuyos vínculos eran menos sólidos.

 

5. El amor puede ayudarte a lidiar con emociones dolorosas

La Dra. Johnson identifica tres distintos tipos de vínculo: seguro, ansioso y evasivo.

Aquellos que forman vínculos seguros, apunta, “tienen un sentimiento en los huesos de que su pareja está ahí para ellos. La seguridad es el nivel profundo de la confianza y de la certidumbre de que le importas a alguien más y que responderán a tu llamada”.

Las personas que están vinculadas ansiosamente, al contrario, se preocupan de que no le importan suficientemente al otro, y por lo tanto buscan reafirmaciones constantes. Las personas que forman vínculos evasivos se sienten incómodos de depender de otros y se resisten a abrirse a sus parejas.

Un estudio de escaneo cerebral conducido por Omri Gillath en la Universidad de Kansas encontró que las mujeres que estaban en relaciones seguras estaban mejor equipadas para procesar emociones difíciles, como dolor y pérdida, que aquellas que tenían otro estilo de vínculos como la ansiedad y la evasión.

Cuando se les confrontó con escenarios emocionalmente perturbadores, las personas con vínculos seguros mostraron menos actividad en la región del cerebro que procesa la tristeza [el polo anterior temporal].