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¿Por qué piensas que eres mejor que todos los demás?

Por: pijamasurf - 12/11/2013

La “ilusión de percepción asimétrica” es un síntoma del que nadie de nosotros escapa. Es la razón por la cual creemos que conocemos más a los otros de lo que ellos se conocen a sí mismos, y la razón por la cual pensamos que somos mejores en todo que la mayoría de la gente.

you-are-not-so-smartLa llamada “ilusión de percepción asimétrica” (illusion of asymmetric insight) es un prejuicio cognitivo que explica por qué las personas perciben que su conocimiento de los otros rebasa el conocimiento que las otras personas tienen de sí mismas. Cuando, por ejemplo, leemos un libro porque tenemos curiosidad intelectual o algo parecido, y vemos a alguien frente a nosotros que está leyendo el mismo libro, muchas veces pensamos que lo más seguro es que sólo lo esté leyendo porque la película está a punto de estrenarse. Ese tipo de pensamientos están bajo el influjo de esta “ilusión de percepción” que nos hace creer que las otras personas son transparentes y que podemos leerlos perfectamente. El prejuicio parece deberse a la convicción (que todos tenemos en distintos grados) de que los comportamientos observados son más reveladores de los otros, y que los pensamientos y sentimientos son más reveladores de nosotros mismos. El problema es que esta ilusión a menudo viene acompañada de juicios despreciativos, de pensar que nosotros tenemos siempre mejores intenciones, somos más inteligentes y hacemos las cosas mejor que los demás.  

La gente, como sabemos, tiene habilidades mixtas. Una persona puede ser más inteligente que otra, pero es torpe. Otros sobresalen en su dedicación al trabajo duro, pero les falta inspiración. Pero a ti no. Tú eres bueno en todo… o al menos eso es lo que nos decimos a nosotros mismos, gracias a la ilusión de superioridad.

Un grupo de estudios, realizados por Pronin, Kruger, Stravitsky & Ross (2001), sugirieron que, debido a una especie de delirio general de grandeza, la gente tiende a pensar que conoce mucho mejor a una persona de lo que esa persona se conoce a sí misma y que todo lo que hacen lo hacen por una razón banal.

El estudio apunta a varias manifestaciones distintas de la ilusión de percepción asimétrica.

En el primer estudio, los investigadores encuestaron a algunas personas preguntándoles cómo se calificaban a sí mismas como conductores. Alrededor del 93% de las personas se consideraron a sí mismas como conductores “por encima del promedio”. Es imposible que el 93% de ellos sean conductores de primera, eso significaría que el 7% restante sean los peores choferes del mundo, y estén probablemente muertos ahora.

En otra encuesta se les preguntó a profesores de universidad qué tan buenos eran para desempeñar su trabajo. El 94% de ellos modestamente contestó: “por encima del promedio”.

Es verdad que no todos nosotros creemos que somos los mejores en nuestra disciplina, pero, sin importar qué hagamos, generalmente pensamos que somos un poco mejores en ello que la mayoría de la gente. Todo ello se debe a que vivimos en este ciclo particular de la “ilusión de percepción asimétrica”. No podemos admitir que somos descuidados o flojos, o que tenemos limitantes intelectuales para entender ciertas cosas. Sólo sabemos que eso es lo que le pasa a otras personas, y lo sabemos porque nuestras mentes son superiores. Pero como bien dice el término, es sólo una ilusión. Quizá al conceptualizar este tipo de comportamiento nada cambie, pero al menos podemos intentar recordar el síntoma para encontrar modestia en nuestros juicios, y recordar que cada uno de los otros tiene su propia ilusión de percepción asimétrica con nosotros.

El generador del corto circuito

Por: Psicanzuelo - 12/11/2013

Peter Watkins es un inconforme pintor de la realidad que lo contiene. Vigorosamente se dedicó a producir cintas subversivas, falsos documentales de ciencia ficción que entrañan una crítica social profética. Cine activo que hoy podría ser muy útil agente cuestionador y generador de nuevos paradigmas.

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Peter Watkins (Surrey Inglaterra, 1935) es uno de los más grandes estafadores de la realidad, usando la realidad misma como su medio y tablero de juego. Con gracia juega entre las maneras y estructuras clásicas de mostrarla. Encuentra la verdad a través del engaño, creando cintas que imitan el mundo en el que vivimos, pero que no lo capturan, son sólo ideas.

Un primer contacto con Punishment Park (1971) puede ser insólito si no se conoce nada sobre la película. Una enorme desorientación aguardará a las inocentes almas frente a la t.v. Los sucesos registrados eran demasiados para ser reales, y la manera como aparecen en la televisión era demasiado documental como para ser una mentira creada por una película de ficción. Pues ni lo uno ni lo otro. Varios jóvenes son juzgados bajo una gran tienda de campaña militar por delitos como cantar canciones de protesta y participar en manifestaciones. Pueden escoger su castigo: cadena perpetua o una especie de agresivo big brother llamado "Punishment Park"; la segunda opción consiste en correr por un desierto hasta llegar a una bandera, de lograrlo, quedarían libres. Pero, durante el camino, serán seguidos por policías con perros y armas de fuego, dándoles alguna ventaja de tiempo en su salida. La violencia en el filme se destila en cada encuadre, su forma de cine directo la hace todavía más evidente y cabe aclarar que las reacciones de los “actores” fueron completamente auténticas.

Gladioterna, filmada un año antes, fue una ejercicio para llegar a Punishment Park. Aquí todo sucede en el futuro, cuando el este y el oeste del mundo encontrarían la forma para no sostener una guerra fría. Por medio de un juego televisado, patrocinado por una marca de pasta italiana se llega a pacíficos acuerdos globales. En estos juegos, denominados "los juegos de la paz", varios soldados tienen que superar múltiples niveles para divertir a una audiencia mundial, en tiempo real. Así que si usted lector es de aquel grupo que crítica a los fans de los Juegos del Hambre (Gary Ross, 2012) porque dicha película es una copia de Battle Royale, aka en México Juego Sangriento (Kinji Fukasaku, 2000), aquí tiene pruebas de que siempre habrá antecesores de las ideas que funcionan. La élite militar internacional, representada por un general de cada país en una cómoda cabina, va controlando las distintas fases del juego, donde soldados jóvenes han sido rigurosamente entrenados para pelear y avanzar por el laberinto. Hay un personal técnico sueco encargado de toda la tecnología del juego, que controla los cuartos, y el personaje principal acaba siendo un muchacho rebelde que no quiere ser soldado, quiere destruir al sistema. Durante la cinta muchas veces se le pregunta a este muchacho qué es el sistema y si él no es parte del mismo. Al terminar la universidad puede que lo sea, pero mientras tanto no lo será e intentará destruir al sistema de manera física, penetrando en el juego. Cuando llega ese punto en la cinta, el joven se encuentra con el máximo operador y éste le hace ver que alguna vez pensó igual que él cuando contaba con una corta edad, pero el sistema lo absorbió y terminó siendo más vital, porque es un ser consciente de este sistema. El chico no pone atención y resulta demasiado obvio que es una encarnación más del antiguo mito, sólo viene a ocupar el lugar de cancerbero, muerto el rey, viva el rey. Atestiguamos que el único enemigo que el sistema puede tener es el amor, lejos del lugar común, el amor a lo desconocido, a lo diferente. Así sucede por medio de un soldado que se enamora de otro soldado chino, nunca estos soldados occidentales han conocido soldados chinos.

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Edvard Munch (1974) es una película para televisión de 210 minutos sobre el revolucionario pintor expresionista, la longitud temporal no se siente, resulta un deleite para cualquier tipo de espectador. Ni siquiera porque está contada con la voz de un locutor de manera continua, ni porque integra distintas “entrevistas” en off de gente que lo conoció, la película resulta pesada. La narración es muy efectiva, pues estructura el relato de su biografía, y las escenas con actores que simulan estar en el cambio de siglo entre 1800 y 1900 resultan en todo momento verosímiles. La manera como captura los distintos momentos supuestamente documentales es sumamente atractiva. Este pintor fue un adelantado de su tiempo, así como continuamente atacado por la crítica que lo tachaba de crear basura, por lo que, en actitud de incomprendido, Munch se entregó a los goces físicos, que trascendieron después en su pintura y quedaron plasmados para toda la vida. El expresionismo se vive en la cinta de manera auditiva, entre pasillos, ecos, miradas, reverberaciones, susurros y gritos.

La Comuna, Paris 1871 (2000) es un reportaje mediante una puesta en escena sobre los sucesos insurreccionales que ocurrieron del 18 de marzo al 28 de mayo, después del derrumbe del gobierno de Napoleón III, cuando la milicia ciudadana se hizo con el poder por sesenta días.  Sucesos que fueron descritos por Marx como el primer ejemplo de una dictadura del proletariado. La Comuna promulgó en esos dos meses decretos como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de las guarderías para las hijas de las obreras, la necesidad de un estado laico, la obligación de la iglesia de acoger las asambleas de vecinos y sumarse a las labores sociales, la remisión de los alquileres no pagados y la abolición de los intereses de las deudas. La comuna cayó sangrientamente después de varios enfrentamientos, lo que desencadenó la ley marcial en París por cinco años consecutivos.

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Desde el inicio de su carrera, Peter Watkins denunció al sistema por medio su efectiva tergiversación de los medios masivos asumidos por una sociedad cada vez más alienada y convirtiéndolos en cuestionadores de lo que realmente sucedía.  El relato de ciencia ficción reportaje, Juego de Guerra (1965) ganó un Oscar a mejor documental en aquellos tiempos, aún cuando relataba sucesos que transcurren en un futuro inexistente. La hipótesis que plantea la cinta es qué sucedería si cayera un ataque nuclear sobre Inglaterra. Las secuencias argumentan que la sociedad y el gobierno no vislumbraban ni siquiera estar preparados para este tipo de suceso, y describen todas las maneras en las que podrían ser afectados. Tiene una voz en off de un noticiero de la época, imágenes (supuestamente) documentales de personas e instalaciones, gráficas intercortadas con entrevistas en la calle y también se incluyen recreaciones de zonas de conflicto donde hay violencia militar, capturadas con lentes cerrados. Escenas dramáticas y sencillas que describen los inicios de la crisis y la reacción de la gente, el sonido de sirenas se arrastra a otras secuencias. La frenética cámara en mano que simula un reportaje de televisión paneando sucesivamente sobre los familiares dentro de un hogar a punto de recibir el ataque nuclear, una policía que intenta rescatar a un miembro de la familia que ha salido huyendo de la casa y recibe quemaduras dentro de sus ojos y sobre su piel de tercer grado con solo las corrientes de calor que empiezan a llegar. Doce segundos después el shockwave que produce terremotos y los efectos nucleares completos que vienen con él.

Poco después de la explosión a sesenta millas, un niño en un jardín se lleva las manos a la cara tapándose los ojos con todas sus fuerzas, no puede ocultar su mirada a una luz que es treinta veces más clara que la luz normal de verano, el niño tiene quemaduras retinales. Las puertas del infierno, como lo dice la voz en off que permea sobre todo como si fuera una especie de manual. El viento comienza a soplar a una velocidad de cien millas por hora, el fuego es abrumador y la tierra se mueve. Hay tomas estilizadas muy logradas con vehículos volteados de llantas en fuego, que gracias a los lentes largos nos ayudan a sentir la claustrofobia, con el bajo presupuesto usado de manera creativa. La cara de una señora blanca ahora totalmente negra, el viento sacude su cabello, el fuego prende la pared detrás de ella. Un contrapunto de una cámara fija en close up de un obispo católico que dice  “yo todavía creo en la guerra de los justos”. El oxígeno se consume por el fuego, para cambiar su lugar con monóxido de carbono, dióxido de carbono, y metano; la temperatura sube a 800 grados centígrados. Cuerpos cayendo fuera de foco, en medio de todo el humo, caras negras que no tuvieron tiempo ni de arrepentirse. En la siguiente secuencia los cuerpos estarán carbonizados, los que sobrevivan tendrán que ser eliminados por los policías al no tener remedio. Los pocos sobrevivientes vivirán en estado de shock en una eterna neurosis por las experiencias pasadas. “Los sobrevivientes envidian la muerte”. Hay un énfasis especial en los niños en la última parte sobre todo de los que permanecen en el vientre de su madre.

Privilege (1967) es un antecedente del uso sistemático que tienen los medios de comunicación masivos con dirección en una corporación global, todo para controlar al individuo por medio de la creación de ídolos tan audaces como lo han resultado ser Lady Gaga o Miley Cyrus. 

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Regresando a La Comuna, película de 351 minutos de duración es un estudio donde se interpreta un revolución, televisada y mediatizada con algunas anacronías bajo el video blanco y negro que registra todo en una cámara en mano ágil pero agresiva, aquí la edición es menos intempestiva comparada a las demás películas. Es una completa puesta en escena donde el individuo lucha por su libertad, el sistema nos contiene a todos, como estaba dicho en Gladioterna. Watkins sostiene fuerte su espada de ironía y agrede a través del montaje o, en el caso de La Comuna, a través de los comentarios en el vestuario, el diálogo, y la grandilocuente puesta en escena. Por momentos no queda claro si se trata de una fiesta o una matanza, el hombre sabe hacer las dos y comparte en ambos rituales diversos elementos.

Pero la clave está en Edvard Much, el artista que no acepta al sistema que lo contiene y que lo enfrenta mejor que nadie sin revelarse directamente de esta opresión, de esta manera aparece el camino que nos puede salvar de tanta barbarie, repleta de confabulaciones extremas que alimentan al sistema. Esta operación artística sólo puede ser posible sin estar casado con la idea del éxito en vida. En un poblado en Noruega llamado Cristania, en el cambio de siglo, todo empieza en 1884. La estructura sólida es la clase media, “conservadora en política, protestante en religión”. Una vez más la voz off nos ubica poco a  poco, esta vez de manera más poética, pero siempre descriptiva, sin dejar esa distancia que da el paso del tiempo, donde se despliega el pasado en una imitación de él, un simulacro del recuerdo sucediéndose. Las tomas simulan una realidad, pertenecen en esencia a la de los setenta, pero con vestuarios del ochocientos y reflexiones de los usos y costumbres de aquellas épocas. Los personajes hablan en noruego mientras la voz off, la voz del documental, lo hace en inglés, creando una agradable pared y resguardando la mirada del espectador. Las escenas tienen sonido directo y cortes invisibles, los personajes miran a  cuadro inmediatamente después de sostener momentos íntimos, o durante ellos.Queda expuesto en esta particular biografía un amigo que influye contundentemente  en la vida del pintor noruego con atractivas y subversivas ideas anarquistas, Hans Jaeger, que quiere cambiar la sociedad burguesa (el sistema en este caso) con su código moral, y remplazarla por una estructura descentralizada basada enteramente en la capacidad humana de amar y sentir. Escritores radicales, artistas y estudiantes que quieren cambiar el orden establecido, se juntan a conversar en la taberna local. El joven Eduard es reprimido por su padre y empieza a pintar en 1879, de manera impresionista, sobre todo retratos.   

 En resumen, Peter Watkins asume su tiempo y reflexiona en estas películas sobre el pasado y el futuro, siempre en un acto presente.

 Twitter del autor @psicanzuelo