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Amor 2.0: ¿es necesaria la presencia física para experimentar "conexión" con el otro?

Por: pijamasurf - 10/30/2013

Según Frederickson, el amor es sólo posible mediante un contacto neuroquímico basado en la presencia, y mientras la conexión puede mantenerse via mecanismos 2.0, esta conexión no es "real".

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El amor como fuerza motora admite cualquier definición, laica o religiosa, que se nos pueda ocurrir. ¿Pero qué pasa con el amor en la época de la hiperproducción de información? O mejor dicho, ¿cómo afectan los nuevos mecanismos de transmisión de información a una fuerza que para los griegos antiguos podía mover y controlar a los mismos dioses, el Eros?

La psicóloga Barbara Fredrickson ha asumido esta pregunta, pues desde hace varias décadas ha explorado las "emociones positivas" como el amor tanto en estudios de laboratorio como en nuestras prácticas cotidianas. Su nuevo libro, Amor 2.0: Cómo Nuestra Suprema Emoción Afecta Todo lo que Sentimos, Pensamos, Hacemos y Nos Convertimos pretende no solamente explicar la pervivencia de esta emoción fundamental, sino cuestionar las formas de "amor" en la realidad 2.0, donde la conexión amorosa muchas veces no está mediada por la presencia.

Pero primero, ¿qué es el amor para los fines de Fredrickson? Antes que nada es una conexión relacional: "Al estar imbuido de amor observas menos distinciones entre tú y los otros. De hecho, tu habilidad para ver a los otros --realmente verlos, de todo corazón-- se abre. El amor puede incluso darte una palpable sensación de unidad y conexión, una trascendencia que te hace sentirte parte de algo mucho más grande que tú mismo."

El amor como vínculo o potencia conectora permite así entender esta emoción en sus distintos aspectos: cuando amamos algo no somos completamente nosotros mismos, sino que somos nosotros + algo más. Ese extra, que los psicoanalistas llamarían surplus es lo que permite un campo emocional donde a la vez que somos nosotros mismos, somos algo-con-el-otro, incluso en situaciones donde el amor erótico o sexual no sea protagonista:

[El amor] es incluso la inclinación y la sensación de propósito compartido que puedes sentir inesperadamente con un grupo de extraños quienes se han reunido para maravillarse en la eclosión de tortugas marinas o en un juego de futbol. La nueva visión del amor que quiero compartir contigo es esta: el Amor florece virtualmente en cualquier momento en que dos o más personas --incluso extraños-- se conectan en una emoción positiva compartida, sea leve o fuerte.

Frederickson no deja de lado el componente neurobiológico del amor, formado por una triada donde negocian tu cerebro, tus niveles de la hormona oxitocina y el nervio vago, que transmite señales entre el cerebro y el resto del cuerpo. Por ello, "el amor es una marejada momentánea de estos tres eventos ceñidos intricadamente: primero, el compartir una o más emociones positivas entre tú y otro; segundo, una sincronía entre tu bioquímica y comportamiento y la de otra persona; y tercero, una motivación refleja para invertir en el bienestar del otro que produce mutuo cuidado."

Pero si pensamos que el amor está altamente relacionado con la bioquímica de la presencia, ¿dónde quedan los "amores 2.0", las relaciones mediadas por la tecnología? A esto se refiere Frederickson cuando habla de que, cuando amamos a alguien, tratamos de "permanecer conectados" a pesar de la distancia física que nos separa: "Usas el teléfono, el e-mail, y cada vez más los mensajes de Facebook, y es importante hacerlo. Sin embargo, tu cuerpo, esculpido por las fuerzas de la selección natural durante milenios, no fue diseñado para las abstracciones del amor a larga distancia, para los XOX's y los LOL's. Tu cuerpo tiene hambre de más."

Esto nos pone alerta de uno de los mitos más difundidos acerca del amor: su incondicionalidad.

"La verdadera conexión", explica Frederickson, "es uno de los prerrequisitos fundamentales del amor, una razón primaria de que el amor no sea incondicional, sino que, en cambio, requiera una posición particular. Ni mediada ni abstracta, la verdadera conexión es física y se desarrolla en tiempo real. Requiere la copresencia temporal y sensorial de los cuerpos. El modo principal de conexión sensorial, discuten los científicos, es el contacto visual. Otras formas de contacto sensorial en tiempo real --a través del tacto, la voz, o el reflejo de las posturas y gestos corporales-- sin duda conectan a la gente también y en ocasiones pueden sustituir al contacto visual. Sin embargo, el contacto visual puede ser el detonador más potente de conexión y unidad."

En otras palabras, "la presencia física es la clave del amor, de la resonancia positiva."

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Recordando a Katsushika Hokusai en su aniversario 253

Por: pijamasurf - 10/30/2013

Pijama Surf celebra el cumpleaños 253 del exquisito artista japonés, Katsushika Hokusai.

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El 31 de octubre de 1760 nació el autor de La gran ola de Kanagawa, la estampa japonesa que Pijama Surf ha elegido como imagen desde su nacimiento, por lo que no podíamos dejar pasar este día sin rendirle un pequeño homenaje a Hokusai.

En realidad, “Hokusai” no fue su nombre verdadero, y ya que estamos en el tema onomástico, es necesario mencionar que este obsesivo artista usó por lo menos 30 nombres distintos a lo largo de su carrera. Sí, es verdad que cambiar de nombre según la etapa artística por la que atravesaba el autor era una característica de los japoneses, pero lo que no es común es la cantidad enorme por la que pasó Hokusai. Esto se debe a que él mismo fue consciente de cada cambio que experimentaba su obra, además de que tenía grandes y longevos planes para sí mismo:

Desde los seis años se me presentó la manía por dibujar la forma de las cosas. Para cuando cumplí cincuenta, ya había publicado un universo de diseños, pero todo lo que hice antes de cumplir setenta años no vale un centavo. Cuando tenga setenta y cinco, habré aprendido algo acerca del patrón de la naturaleza, de los animales, de las plantas, los árboles, los pájaros, los peces e insectos. Cuando cumpla ochenta verás un verdadero progreso. A los noventa me habré adentrado en el misterio de la vida misma. A los cien seré un artista maravilloso. A los ciento diez, todo lo que he creado, un punto, una línea, saltará a la vida como nunca antes. A todos ustedes que vivirán tanto como yo, les prometo mantener mi palabra. Escribo esto en una edad anciana. Me solía llamar a mí mismo Hokusai, pero hoy firmo “El viejo loco por el dibujo”.

Así habló Hokusai desde la sabia postura que otorga la vejez, así como desde el arrebato creativo y la obsesión artística que lo caracterizaron: Hokusai dejó cerca de 30, 000 mil obras, entre pinturas en seda, impresiones en planchas de madera (como la serie de estampas que lo hicieron famoso en occidente y a la que pertenece La gran ola), ilustraciones de viajes, eróticas y para libros, manga (bocetos y caricaturas de la vida cotidiana de distintas clases sociales japonesas y que influenciaron los comics hoy conocidos como “manga”), manuales de arte, cuadros y bocetos.

Una de sus series de estampas más famosa fue 36 vistas del monte Fuji, a la que pertenece la emblemática gran ola. Es curioso que para los occidentales esta pintura representa el arte japonés por excelencia, sin embargo, según explica Andreas Ramos, ésta es lo menos japonés posible que se podía encontrar en esa época. ¿Por qué? Primero, por el contenido. La pintura tradicional japonesa nunca hubiera incluido a los pescadores en sus escenas, pues los pescadores pertenecían a una de las clases sociales más bajas y despreciadas, además de que en el estilo ukiyo-e, del que se hablará más adelante, no se solía pintar la naturaleza. Segundo, por la forma. Ni la perspectiva ni la gradación en la sombra del cielo habrían sido elementos a considerar en la tradición japonesa.

Hokusai hizo esta bella y equilibrada estampa una vez que ya había explorado otras técnicas y había encontrado un estilo personal. La serie pertenece a la década de 1820, cuando se considera que el artista había alcanzado el pico de su carrera. Con ella, introduce un giro que revoluciona el ukiyo-e y es que introduce los paisajes y la naturaleza a esta técnica.

El ukiyo-e o “imágenes del mundo flotante” fue un movimiento que nació (como Hokusai) durante el periodo Edo de la historia japonesa, un periodo que se caracterizó por tener a los shoguns como los jefes del poder político y militar y por mantener a Japón como un estado aislado de la influencia occidental, aislamiento contra el que Hokusai se rebelará en la medida que su manía por el arte lo llevara a necesitar conocer más y más. Este movimiento artístico estuvo conectado, sobre todo, a los placeres teatrales (muchas estampas fueron, de hecho, primero carteles), de los restaurantes y casas de té y de geishas, por lo que se representaban únicamente motivos relacionados con ese mundo (cortesanas y actores). Será el irreverente y sensacional artista que nos ocupa quien introduzca, tras ser expulsado de distintas escuelas de arte que cultivaban el ukiyo-e, los paisajes, animales y escenas de la vida cotidiana a esta técnica.

Además de su formación académica, obtuvo la inspiración de la pintura flamenca, de la que tomó esos elementos occidentales que ya se han mencionado, lo que provocó que artistas europeos como Van Gogh y Whistler estudiaran su obra y acuñaran un nuevo término, el Japonaiserie o “japonismo”, para hablar del intercambio entre la cultura japonesa y la europea. Desde entonces, la obra de Hokusai ha influenciado a muchos artistas, incluso su ola se extiende visiblemente hasta 2010, con la publicación de la novela de Robert Zelazny, 24 vistas del monte Fuji, por Hokusai, compuesta por 24 capítulos, cada uno inspirado en una estampa del artista.

De alguna manera, su profecía se ha cumplido: han pasado más de 110 años desde su nacimiento y su obra en efecto cobró vida, ya por sí misma, ya en la de otros artistas. Larga vida al viejo loco apasionado por el arte.

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