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Brain Pickings, uno de los sitios más estimulantes de Internet, cumple 7 años de ofrecer inspiradores contenidos curados cuidadosamente por su editora Maria Popova, quien comparte con sus lectores estas no menos emotivas enseñanzas.

brainpickingsEste 23 de octubre Brain Pickings cumple 7 años de ser uno de los sitios más estimulantes, creativos e inspiradores (en varios aspectos) de Internet. Una aventura que comenzó en 2006 bajo la personalísima guía de Maria Popova, la editora que prácticamente con nada más esfuerzo, disciplina y, sobre todo, una curiosidad tan inagotable como el deseo de compartir estos hallazgos, ofrece contenidos basados en sus propias lecturas, sus descubrimientos bibliográficos y sus inquietudes estéticas, con ese sentido de lo bello y lo apreciable que lo mismo se encuentra en el arte que en la ciencia y en una zona del conocimiento que podría catalogarse como excéntrica o inesperada. Todo en artículos que “tomaran no más de 4 minutos (o mucho menos, con un poco de suerte) para leerse”.

Como parte de su celebración, y fiel a su estilo a un tiempo sensible y serio, Popova ha publicado este día una suerte de semblanza retrospectiva sobre lo que ha aprendido en este tiempo de un proyecto que sorpresivamente se ganó millones de lectores, de todas partes del mundo y también del más diverso origen y circunstancia.

A continuación compartimos las 7 enseñanzas que la editora ha extraído en estos siete años de sostener Brain Pickings. Un recuento emotivo y notablemente útil, con esa utilidad más profunda, menos utilitaria, que va a contracorriente del espíritu dominante de nuestra época y que por eso mismo parece urgente recuperar.

 

1. Permítete a ti mismo el lujo incómodo de cambiar tu manera de pensar. Cultiva la capacidad de la “capacidad negativa”. Vivimos en una cultura en la que una de las mayores desgracias sociales es no tener una opinión, por lo que frecuentemente formamos nuestras opiniones a partir de impresiones superficiales o de ideas prestadas a otros, sin invertir el tiempo y el pensamiento necesarios para cultivar la convicción verdadera. Vamos entonces por el mundo reafirmando estas opiniones y aferrándolas como anclas a nuestra propia realidad. Es enormemente desorientador simplemente decir “No sé”. Pero es infinitamente más gratificante entender eso que estar en lo correcto —incluso si eso significa cambiar tu manera de pensar sobre un tema, una ideología o, por encima de todo, tu manera de pensar sobre ti mismo.

2. No hagas nada únicamente por prestigio o estatus o dinero o aprobación. Según apunta Paul Graham, “el prestigio es como un imán poderoso que deforma incluso tus creencias sobre aquello que disfrutas. Provoca que no trabajes en lo que te gusta, sino en lo que te gustaría que te gustara”. Esos motivantes extrínsecos están bien y pueden hacer sentir que afirman la vida en ese momento, pero al final no hacen que levantarse en la mañana sea emocionante o gratificante el ir a dormir por las noches —y, de hecho, con frecuencia pueden distraerte y privarte de las cosas que ofrecen esas recompensas más profundas.

3. Sé generoso. Sé generoso con tu tiempo y con los recursos y con otorgar crédito y, especialmente, con tus palabras. Es mucho más fácil criticar que celebrar. Recuerda siempre que hay un ser humano en el otro extremo de todo intercambio y detrás de todo artefacto cultural que criticas. Entender y ser entendido se encuentran entre los más grandes regaos de la vida, y cada interacción es una oportunidad de intercambiarlos.

4. Genera huecos de quietud en tu vida. Medita. Sal a caminar. Monta tu bicicleta sin ningún destino en particular. Hay un propósito creativo en soñar despiertos, incluso en el aburrimiento. Las mejores ideas nos llegan cuando dejamos de intentar activamente convencer a la musa para que se manifieste y dejamos que los fragmentos de la experiencia floten en torno a nuestra mente inconsciente, con miras a que formen nuevas combinaciones. Sin el estado esencial del procesamiento inconsciente, el flujo entero del proceso creativo está roto.

Más importante aún: duerme. Además de ser el mejor afrodisiaco creativo, el sueño también afecta nuestro momento del despertar, dicta nuestros ritmos sociales e incluso media con nuestro malhumor. Sé tan religioso y disciplinado con tu descanso como lo eres con tu trabajo. Tendemos a considerar nuestra capacidad para dormir poco como una suerte de insignia honorífica que valida nuestra ética laboral, pero en realidad se trata de un fracaso profundo en el respeto a nosotros mismos y de prioridades. ¿Qué podría ser más importante para tu salud y tu cordura, de donde todo lo demás emana?

5. Cuando las personas te digan quiénes son, créeles, aconsejó famosamente Maya Angelou. Tan importante, sin embargo, como que cuando otros intenten decirte quién eres , no les creas. Tú eres el único custodio de tu propia integridad, y las presunciones hechas por aquellos que malentienden quién eres y qué defiendes, revelan mucho sobre ellos y absolutamente nada sobre ti,

6. La presencia es por mucho más intrincada y gratificante en el arte que la productividad. La nuestra es una cultura que mide nuestro valor como seres humanos a partir de la eficiencia, las ganancias económicas o nuestra habilidad para hacer tal o cual cosa. El culto a la productividad tiene su lugar, pero la adoración diaria en su altar nos escamotea nuestra capacidad para la alegría y el asombro que hace que la vida valga la pena vivirse —como memorablemente lo dijo Annie Dillard, “cómo vivimos nuestros días es, por supuesto, cómo vivimos nuestra vida”.

7. “Esperar que algo valga la pena toma mucho tiempo”. Este es un préstamo de la sabia y maravillosa Debbie Millman, porque es difícil capturar de la mejor manera posible algo tan fundamental pero tan impacientemente sobrevalorado en nuestra cultura de la inmediatez. El mito del éxito en una noche es solo eso, un mito, tanto como un recordatorio de que nuestra definición actual de éxito necesita una revisión seria. Como reflexioné en otra parte, la flor no va del brote a la floración en un solo estallido vivaz y, con todo, como cultura, no estamos interesados en el tedio de la floración. Aunque ahí es donde la magia real se despliega en la realización del carácter y el destino propios.

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Google ha adquirido ocho compañías que desarrollan robots en los últimos 6 meses: ¿Para qué quiere este ejército la compañía que promete siempre hacer el bien?

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Google durante años había sido no sólo una de las empresas de tecnología más innovadoras, sino también una de las que gozaba de mejor aceptación entre los consumidores, percibida como uno de los mejores lugares para trabajar con una inspiración lúdica y con una preocupación por mejorar el entorno colectivo. En el sexto punto de su misión corporativa, Google señala "Haz lo correcto; no seas malo" y "hacemos dinero haciendo cosas buenas". Lo anterior ha sido tomado por años como el lema fundamental de Google, una declaración de intenciones que, si bien siempre se sospechaba como un recurso de marketing, hoy parece caer más en el género de la ironía o hasta del humor negro.

Recientemente, el gigante Mountain View adquirió la empresa fabricante de robots Boston Dynamics, la octava compañía de robótica que ha adquirido en los últimos seis meses. Estos movimientos estratégicos hacen sospechar a algunos sobre si Google, que ya domina el ciberespacio, ahora quiere controlar el espacio físico con un ejército de robots que rozan con la inteligencia artificial y que parecen temibles depredadores, como Cheetah y Big Dog. Boston Dynamics, la empresa en la cual se basó la serie Fringe para crear su maligna Massive Dynamics (que contaba con tecnología para viajar entre universos), se jacta de desarrollar los robots más avanzados del planeta y tiene contratos con diversos organismos militares del gobierno de Estados Unidos, incluyendo uno reciente por más de 10 millones de dólares con DARPA, los cuales Google ha declarado que tiene la intención de respetar. 

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Douglas Rushkoff escribe para CNN sobre la aparente incongruencia de Google y su principio "Don't be evil":

Está ahí para supuestamente hacernos sentir mejor cuando probamos tecnologías como notebooks Chrome o Google Glass. No te preocupes, no vamos a joderte. Así que cuando venga el momento para inyectar nuestros cerebros con nanobots que nos den la habilidad de hablar nuevos idiomas, quédate tranquilo de que Google no cambiará los términos de servicio y de hecho implantará anuncios en nuestros sueños. Eso es, si la compañía juzga que tales prácticas son de verdad malignas.

Y es que, como el mismo Rushkoff señala, el mal está en los ojos del sujeto perceptivo y puede ser acomodado según ciertos intereses. Aunque no sabemos aún para qué usará Google todos su robots militares, si le dará un giro a estas compañías o si incrementará sus alianzas con el gobierno de Estados Unidos (ya es socio de la CIA en la empresa Recorded Future), es fundamental detenerse a reflexionar sobre las posibles consecuencias que tiene la tecnología en sí misma (es decir, la producción de robots militares). Advierte Rushkoff: "Los automóviles llevan a la contaminación. Los smartphones llevan a la distracción y a los accidentes de auto. El Big Data lleva al marketing coercitivo y a la vigilancia masiva. Algo bastante cercano al "mal" es comúnmente un efecto secundario". Los robots militares son finalmente armas de guerra, máquinas bélicas.

Google, que a veces parece demasiado inteligente, genialmente maligno, está consciente de esto desde una perspectiva del manejo de la opinión pública y recientemente donó 5 millones de dólares a la World Wildlife Federation para que se utilicen drones para localizar rinocerontes amenazados en África y protegerlos. Claramente tratando de limpiar la imagen de los drones, que en la era de Obama cargan con la publicidad de ser vehículos asesinos.

Rushkoff cuestiona y exige una conciencia moral a una empresa como Google, y en general a las grandes compañías de Silicon Valley, quienes, en ocasiones, buscando la aceleración tecnológica y cooptar los mercados, no reparan sobre los efectos que estas tecnologías pueden tener.

Cuando desarrollamos una tecnología en un vacío, desconectados de la realidad en la que viven las personas, tenemos la gran probabilidad de gastar energía diseñando una visión abstracta de nuestra vida futura en vez de responder al sufrimiento y a la injusticia que nos rodea. La tecnología entonces se vuelve una forma de escapar a los problemas del mundo, ya sea a través de la realidad virtual o de masivos paquetes de acciones de compañías de Silicon Valley, y no una forma de lidiar con ellos.

Se pueden generar numerosas teorías de la conspiración en torno a Google. Por una parte, sabemos que, obligado por una ley furtiva, tuvo que revelar información privada de sus usuarios a la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, como parte del programa PRISM. Sabemos que tiene entre sus filas a la exdirectora de DARPA, Regina Dugan, y que ha sido acusado en varias ocasiones de violar la privacidad  de sus usuarios en Alemania, España, y Holanda recientemente, por citar solamente algunos ejemplos. ¿Es Google parte de un Súper Estado de Vigilancia y Control? La crítica de Rushkoff, sin embargo, no suscribe a teorías de conspiración, en cambio señala que Google y sus ingenieros, absortos en la lógica del mercado y de la innovación, no se dan el tiempo de reflexionar cuál es el propósito de la tecnología que están desarrollando, operando, ya como una supraentidad o una burocracia digital, donde la responsabilidad moral se disuelve en los millares de procesos y departamentos sin que exista una integridad que sea capaz de asumir la responsabilidad y dirigir la visión de la empresa hacia ese "bien" que, supuestamente, yace en sus valores nucleares. 

¿Para qué quiere Google todos estos robots?  El encargado de liderar la huestes de robots de Google será Andy Rubin, el otrora desarrollador de Android. Según informa el NY Times, por el momento los esfuerzos no estarán orientados a los consumidores, aunque podrían generar productos de 3 a 5 años. Serán destinados a la manufactura y a la automatización de procesos, incluyendo la posibilidad de competir con minoristas como Amazon y Wal-Mart. Por otro lado, Google ha mostrado un claro interés en el transhumanismo: ha revelado un plan para la creación de inteligencia artificial junto con Ray Kurzweil, como la inmortalidad digital o el uploading de la conciencia humana a una máquina, un tema predilecto de Serguei Brin y ha comprado la compañía Calico, en otro de sus moonshots, que se dedica a la ciencia del antienvejecimiento; ha fondeado también la Universidad de la Singularidad y el Lunar Prize que busca desarrollar tecnología espacial. Su área de interés y aplicación en la robótica es vasta y quizás sólo podremos saber dentro de 5 o 10 años cuál era el plan maestro para su ejército de robots. Quizás Google quiere salvar al mundo, o quizás Google es, como se ha previsto un poco en broma, el inicio de Skynet.

Ve aquí el top 5 robots del nuevo ejército de Google 

Twitter del autor: @alepholo