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¿La realidad se transforma por decreto? Sobre la necesidad de oponerse a la reforma "educativa" del gobierno mexicano

Por: Juan Pablo Carrillo Hernández - 09/03/2013

Incurriendo en uno de los vicios más recurrentes de la política institucional mexicana, el gobierno de Enrique Peña Nieto busca imponer una reforma menos educativa que laboral y burocrática que deja de tomar en cuenta el verdadero contexto educativo de nuestro país, caracterizado por la diversidad de sus circunstancias.

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Por estos días parte importante del debate público en México —y también de las voces más o menos difusas e imprecisas que dan forma a la llamada “opinión pública”, o de esa ideología no siempre veraz ni siquiera verosímil que muchos adoptan como perspectiva propia ante un fenómeno social— ha estado ocupado por las posiciones encontradas ante la Ley del Servicio Profesional Docente, una legislación que se ha publicitado como “reforma educativa” de tipo federal y la cual afecta directamente la situación del magisterio del país.

En términos generales, podrían identificarse dos grandes posturas en este enfrentamiento. Por un lado la que defiende el gobierno de Enrique Peña Nieto y sus afines: la que apoya la reforma y busca aprovechar el poder de la institución, el poder del poder establecido, del poder “reconocido”, para fijar estas nuevas reglas, para, sí, imponerlas, un verbo que no por repetido y acaso propagandístico es menos real: el gobierno tiene la capacidad —cuestionable— de imponer una medida so pretexto del bien común, muchas veces sin que importe que este pretexto sea solo verdadero a medias o, por otro lado, que existan mecanismos que acoten o limiten dicha capacidad. Por otro lado, la oposición a la Ley del Servicio Profesional Docente ha sido defendida sobre todo por los maestros agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación —una organización surgida en buena medida para contrarrestar la voluntad antidemocrática del Sindicato Nacional de Trabajadores, dirigido en la década de los 80 por Carlos Jongitud Barrios y más recientemente por Elba Esther Gordillo (presa desde finales de febrero de este año, acusada de operación con recursos de procedencia ilícita)—; en este sentido, la CNTE ha propuesto una reforma educativa más bien horizontal y democrática, con algunos matices que intentaré exponer a continuación.

Las diferencias entre ambas posturas son, en cierta manera, simples. Al modelo vertical, impositivo y de homogenización que distingue la ley impulsada por la presidencia de Peña Nieto, se oponen las peticiones de la CNTE de crear un marco que propicie las condiciones de mejora pero desde las circunstancias mismas donde la educación ocurre. Uno de los reclamos más sensatos de los maestros de la CNTE es que es notoriamente injusto pretender evaluar a un profesor rural de la sierra de Puebla o de Guerrero, por ejemplo, con los mismos criterios que quien da clases en una escuela de Monterrey, de la zona marginal de Chalco o de la escuela primaria que se encuentra en las Lomas de Chapultepec. Ninguno es mejor que otro, es cierto, pero al mismo tiempo ninguno es igual que otro por la sola razón de que sus circunstancias no son las mismas y quizá ni siquiera equiparables. ¿Cómo poder poner en el mismo nivel al profesor o profesora que debe enseñar a niños en situación de pobreza, a niños con padres migrantes, a niños a quienes enseña en una lengua indígena o a otros que tienen la escuela a menos de un kilómetro de distancia? Y no se trata, en modo alguno, de despertar la compasión por ninguno de estos casos, sino solo de mostrar, de sugerir apenas, la complejidad social en la que esta ley pretende imponerse. ¿De verdad el proyecto de reforma de Peña Nieto y sus afines toma en consideración todos estos aspectos? ¿O más bien, como se ha dicho en estos días, se trata de una ley más orientada hacia lo laboral y lo administrativo y mucho menos hacia lo educativo? La intención, acusan los opositores, es conseguir un mayor control gubernamental no del sector educativo, sino del cariz administrativo del sector educativo.

Los maestros de la CNTE han insistido en que no están cerrados a la posibilidad de evaluación, una falsa renuencia que se ha utilizado mediáticamente para denostarlos. Solo que esta, argumentan, debe estar en concordancia con las condiciones en las que enseñan e incluso, más allá de eso, la evaluación debe considerarse un esfuerzo paralelo al mejoramiento de dichas condiciones, un mejoramiento que a su vez debiera partir del análisis del contexto específico de cada caso, con lo que el maestro adquiere una posición clave en el proceso de transformación del ámbito educativo.

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Sabemos de sobra, aun sin haber profundizado antes en el tema, que el estado de la educación pública es, desde lo material, casi lamentable. Grupos de hasta 60 alumnos por 1 maestro, insuficiencia de planteles, escuelas que carecen incluso de algunos de los servicios básicos (como los sanitarios), cuotas con las que se mitigan algunas de estas deficiencias, el desmantelamiento de las escuelas normales (sobre todo las rurales) por decisión de los últimos gobiernos del país y otras situaciones que reflejan el desinterés —que se cuenta ya en décadas— del Estado mexicano por su obligación de garantizar la mejor educación posible a su población. ¿Y solo con una ley se pretende revertir tan desoladora realidad? Mejorar esas condiciones parece ser la condición sine qua non de la exigencia —una exigencia igualmente horizontal, en la que los protagonistas sean maestras y maestros, las y los estudiantes, jefas y jefes de familia: la escuela como el vector de comunidad que es.

Con todo, lo encomiable (y sorprendente) es que aún en esa situación, la educación pública de México no se ha derrumbado, y quizá solo por eso —pero no solo por eso—, la oposición magisterial debe ser escuchada. Y remarco el “debe” en oposición al “merece” que a veces se utiliza en estos casos. La pluralidad, la disidencia, no son una concesión del gobierno, probablemente sí de la autoridad, pero no del gobierno. El gobierno está obligado a dar lugar a dicha oposición y, en este sentido, las marchas, las protestas, el campamento en el Zócalo y otras acciones que tan mal vistas son por algunos, no son sino uno de los recursos últimos de aquellos a quienes se les niega dicho derecho.

Por último una palabra sobre estas acciones, ya que han surgido en el texto. Los medios mainstream, los medios conservadores, los medios que se benefician del statu quo y por lo tanto contribuyen a perpetuarlo, se complacen en elevar un bloqueo vial a categoría de catástrofe. “La ciudad paralizada”, cacarean, como si la ciudad, la enorme ciudad de México, esa hidra indomable de 10 millones de habitantes, se limitara al cruce de dos avenidas emblemáticas pero fuera de eso más bien insignificantes frente a ese todo monstruoso que es el Distrito Federal. Pero tristemente hay personas que hacen suyo este “enojo”, hacen suyo el discurso porfirista de la ciudad amenazada por los bárbaros; los explotados hacen suyo el discurso del explotador y repiten irreflexivamente los insultos que se dedican a quienes según se dice “no trabajan”; el egoísta hace suya la ideología del individualismo que odia irracionalmente cualquier asomo de organización colectiva (solo porque este es uno de los primeros y más importantes pasos para revolucionar y aun detonar el sistema de dominación capitalista). ¿Por qué no pensar, por un momento, que las cosas pueden ser distintas? ¿Por qué no tener disposición, por un momento, de escuchar al otro? ¿Por qué no reconocer que, al final, hay circunstancias comunes que nos hermanan y nos sitúan en un mismo plano: la desigualdad, la desventaja perpetua ante los poderosos, el desamparo al que el sistema mismo nos tiene condenados —porque no puede funcionar de otra forma?

¿Por qué no pensar, por un momento, que las cosas pueden ser distintas?

En este enlace, la propuesta educativa de la CNTE (PDF).

 

Twitter del autor: @saturnesco

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.

Esto no es una reforma educativa: matices sobre la lucha por la dignidad en la educación de México

Por: Margarita Pacheco - 09/03/2013

El poder legislativo de México aprobó recientemente la Ley de Servicio de Profesionalización Docente, una norma que con el pretexto de "reformar" la educación del país, en realidad vulnera derechos laborales de las y los maestros mexicanos, en detrimento además de que afecta directamente la dignidad del proceso educativo.

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Las movilizaciones de los maestros…

A poco más de dos semanas de que los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) de México se instalaran en la capital del país, siguen llegando diversas organizaciones de profesores, estudiantes y otros gremios para solidarizarse con la lucha. A la par, la satanización por medio de las cadenas televisivas y los monopolios informativos se acrecienta, el descontento de algunos de los sectores más conservadores de la sociedad mexicana se exacerba impulsado por la desinformación y el desconocimiento, y las medidas de represión y persecución por parte del gobierno del Distrito Federal y nacional se despliegan contra todos aquellos que unen sus voces en contra de la mal llamada Reforma educativa, concretada en la Ley de Profesionalización del Servicio Docente. Antes de avanzar, quisiéramos hacer hincapié y denunciar al gobierno y sus medidas de represión y violencia sistematizada dirigidas en contra de los maestros y todos aquellos que se han incorporado a la lucha.

Si bien es cierto que en los últimos días se han generado muchos trabajos valiosos intentado desmistificar el movimiento de los maestros de la CNTE, ante el cerco mediático y la avalancha de acusaciones falsas e improperios clasistas que se vierten cotidianamente contra los maestros y aquellos que suman fuerza a su causa, hemos considerado que ningún esfuerzo sobra para abonar a la discusión y defensa de la educación y los derechos de los trabajadores en México. Así pues, vayan estas líneas que buscan aportar al análisis profundo y la reflexión de una problemática que nos afecta a todas y todos desde múltiples flancos.

 

Estamos frente a una reforma laboral-administrativa, antes que educativa

Para empezar, hay que declarar, tal y como lo han hecho en infinidad de ocasiones los maestros de la CNTE y otros especialistas en el tema, que la recién aprobada Ley de Profesionalización de Servicio Docente no puede ser considerada estrictamente como una reforma educativa, sino que se trata de una reforma laboral-administrativa. Si bien es cierto que en todo momento la organización y mecanismos de la estructura escolar afectan el propio proceso educativo de diversas maneras, es una extrapolación errada considerar esta ley como una estrategia para mejorar la educación en sentido amplio.

Vayamos entonces al análisis, así sea apenas como una aproximación, de la Ley de Servicio de Profesionalización Docente que recién han aprobado los legisladores. Como prácticamente todas las reformas diseñadas durante de las últimas tres décadas para modificar las condiciones laborales de los trabajadores en la era neoliberal, esta ley busca establecer los mecanismos por medio de los que sea posible despojar legalmente a los trabajadores de las seguridades sociales que históricamente han ganado. Bajo el argumento de que es necesario generar un instrumento que permita mejorar el “servicio docente”, se propone implementar evaluaciones que determinen qué profesores merecen conservar su trabajo y cuáles no, además de establecer bajo qué condiciones (cada vez más precarias) lo harán.

Tal y como está expresado en la propuesta que lanzó el ejecutivo, los objetivos fundamentales de la reforma son:

[...] establecer las bases para la creación de un servicio profesional docente y para la constitución del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, como máxima autoridad en materia de evaluación. [1] 

Ante esta aseveración surgen algunos cuestionamientos ¿Cuáles son los fundamentos educativos sobre los que serán diseñados los mecanismos de evaluación? ¿Cuáles serán las metodologías? Estas consideraciones están ausentes en la Ley, no así las especificidades (aunque igualmente ambiguas) sobre los atributos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación: 

[...] la reforma propone que la ley reglamentaria del artículo 3o. constitucional fije los términos para el ingreso, la promoción y la permanencia en el servicio. Los criterios para determinar la promoción deben corresponder, de manera efectiva, al mérito del maestro en su desempeño individual, además de asegurar la satisfacción de los requerimientos del perfil respectivo. Estos criterios deberán igualmente servir para el establecimiento del sistema de reconocimiento que resulte idóneo para el desarrollo profesional docente. [2] 

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De acuerdo con las características del INEE que están planteadas en el documento, podemos advertir claramente que no existe un fundamento de carácter educativo más allá a la alusión general y superficial de la calidad. En cambio, sí se plantean líneas que tienen que ver con el perfil de los trabajadores, los requerimientos que habrán de cumplir, así como las capacidades que el INEE tendrá para cesar la relación laboral a los maestros. Todos estos elementos encajan con los procesos de flexibilización laboral que se apoyan en la exigencia de una permanente certificación del personal en las empresas, so riesgo de perder el empleo. 

Luego, la reforma propone la autonomía y el poder supremo que tendría INEE por sobre las demás instancias de evaluación educativas, de manera que, como puede verse, se trata antes que de una reforma educativa, de una reforma encaminada a modificar las relaciones laborales entre el Estado y los maestros (agregando que siempre quedará el sospechosismo respecto a que sea el mismo Ejecutivo Federal quien proponga a los integrantes de la Junta de Gobierno). En este sentido, es el mismo gobierno el que termina por decidir los términos en los que contrata y despide a los trabajadores de la educación, al modo de las empresas privadas. A la par, no se plantean los mecanismos por medio de los cuales los maestros, de manera colectiva, podrán defender sus derechos laborales, por lo que son colocados en una posición de suma vulnerabilidad. [3] 

 

Y si de verdad hiciéramos el esfuerzo por encontrarle la veta educativa…

Ahora, vale la pena intentar hacer un análisis desde el terreno de lo educativo para ahondar en la comprensión de las pretensiones de sometimiento de los procesos educativos a las demandas de flexibilización que se desprenden del mercado laboral. En otros trabajos hemos hablado sobre cómo los recientes modelos educativos, signados por los intereses neoliberales, hacen de la formación de los estudiantes una preparación para competir en el descarnado mercado laboral; en esta ocasión las aguas nos llevan a denunciar cómo es que los mismos docentes son despojados de sus derechos laborales, sometidos a las lógicas de la competencia y orillados a reducir los procesos pedagógicos a los trámites de evaluación que demandan las instancias alienadas a las necesidades del modo de reproducción social capitalista, impuestas a través de organismos internacionales. Así como hemos denunciado que las evaluaciones implementadas para los estudiantes promueven el individualismo, al implementar evaluaciones desprovistas de una metodología clara que abone a la mejora de los procesos de enseñanza aprendizaje, las pruebas para los docentes se convierten en meros instrumentos que suscitan la competencia entre trabajadores del mismo gremio, antes que la cooperación y el intercambio de experiencias.

Por otro lado, si retomamos la Ley, existe un completo menosprecio por las condiciones pauperizadas en las que los maestros y estudiantes se ven obligados a desarrollar sus actividades.  En el documento se puede leer lo siguiente:

Existen diversas condiciones que deben reunirse para mejorar el servicio educativo. Desde luego influyen factores externos como la pobreza y la falta de equidad. También es necesario tomar en cuenta los factores propios de las escuelas, en particular cuando se ubican en zonas marginadas. En este sentido, la evaluación debe reconocer las dificultades del entorno y las condiciones de la escuela en la que el maestro se desempeña. [4] 

En esas líneas la mención de la pobreza y miseria de algunas regiones del país queda como mera acotación para el diseño de las evaluaciones, se presenta como una situación dada que atraviesa el proceso educativo pero en ningún momento como un problema estructural que debe solucionarse; así mismo, tampoco se reconoce la diversidad y de cada uno de los contextos del territorio mexicano. Por otro lado, aunque más adelante se trata de dejar en claro el funcionamiento y gestión del propuesto INEE, en ningún momento se clarifica cómo será su funcionamiento en lo que respecta al terreno propiamente de lo educativo-pedagógico, las bases en las que sostendrá su quehacer considerando de manera amplia el sentido que se quiere dar a la educación pública, tema que por demás, no es posible que decida un Instituto y mucho menos un Instituto claramente pautado por los intereses del gobierno, sino que debería responder a las necesidades de una sociedad en sentido amplio. Tal y como está esbozada la propuesta, únicamente se presenta como una instancia punitiva y de gestión de la organización de los maestros en términos de lo laboral, con base en una lógica meritocráctica que los inserta en relaciones de competencia y confrontación, en vez de desarrollo pedagógico y social.

 

Los maestros nos enseñan en la lucha

Por su parte, los maestros de la Coordinadora también han elaborado una propuesta sobre las transformaciones que reconocen deben operarse en el sistema de educación pública del país. Si bien no entraremos en un análisis de su propuesta, consideramos que es necesario recuperarla para comprender la visión educativa que están defendiendo y desdecir a todos aquellos que han difundido falsamente que se trata de un grupo de flojos ignorantes, incapaces de proponer absolutamente nada y que únicamente se quejan. Bástenos por el momento recuperar la siguiente cita del documento presentado como propuesta por los maestros, donde hablan sobre la educación que quieren:

[...] un proceso educativo que esté orientado a la formación de mujeres y hombres sabios, autónomos, críticos, solidarios, preocupados por el bienestar de todos y especialmente por el de su comunidad y familia. Una educación que no se finca en la separación clasista entre educación técnica y propedéutica, sino que integra ambas dimensiones en una sola formación de alto nivel y amplios horizontes. Se trata, además, de convertir al proceso educativo en un espacio de creatividad, exploración y participación, libre de rigideces y fincado en la curiosidad, el compromiso responsable de maestros, estudiantes y de la comunidad; y en el interés y compromiso solidario de los niños y jóvenes por lo que ocurre a su alrededor. Por otro lado, se busca que esta educación esté disponible a todos los habitantes del país, por lejana y pequeña que sea su comunidad y por enorme que sea el número de aspirantes a las escuelas e instituciones en las ciudades. Y esta educación -creativa y para todos- es una responsabilidad de la sociedad que asume el Estado a través de la educación pública, gratuita y laica [5]

 

Defender la lucha de los maestros, defender las luchas por la dignidad

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Finalmente, ante el despliegue de desinformación y, a últimas fechas, de fuerza represiva por parte del Estado mexicano en sus distintos niveles, consideramos imprescindible reconocer que la lucha de los maestros es también nuestra lucha, no sólo por cuanto toca a las condiciones laborales pauperizadas a las que se somete a un gremio, y que son replicadas para cada uno de los sectores de trabajadores, sino por las implicaciones que tiene reducir la educación a un trámite pautado por evaluaciones arbitrarias que despojan del sentido crítico y empobrecen el espíritu humano en el sentido amplio y profundo.

APROVECHAMOS PARA DENUNCIAR LAS MEDIDAS REPRESORAS, VIOLENTAS Y ARBITRARIAS DEL GOBIERNO MEXICANO EN CONTRA DEL MOVIMIENTO MAGISTERIAL Y DE TODAS AQUELLAS VOCES QUE SE HAN UNIDO A SU LUCHA.

Twitter de la autora: @guamisha

 Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de la autora y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.


[1] Reforma educativa, p. 4, disponible en: http://pactopormexico.org/Reforma-Educativa.pdf

[2] Ibíd., p. 10

[3] Ver páginas 13 y 14 de la Propuesta de Reforma, Op. Cit.

[4] Ibíd., p. 5.

[5] Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, p. 2, disponible en: https://www.dropbox.com/s/181waq029sqnbzx/propuesta-educativa-cnte.pdf