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Respiracionismo: Mujer en Seattle se alimentó por casi 7 semanas solo de aire, luz y agua

Por: pijamasurf - 08/07/2013

A sus 65 años Naveena Shine emprendió el experimento de sobrevivir de nada más que de aire y luz, documentando su adscripción al "respiracionismo" en redes sociales hasta alcanzar los 47 días de régimen, después de lo cual lo abandonó.

Naveena Shine

El “respiracionismo” (Breatharianism en inglés; conocido también como “inedia”, neologismo de raíces latinas para “no comer”) es una práctica asociada a ciertas ideas religiosas o metafísicas en la cual se insta a sobrevivir únicamente del aire que se respira y el agua que se bebe. Si se le relaciona con creencias del hinduismo, se asegura que el “prana”, la fuerza vital que se encuentra en todo el universo”, es el responsable de esta subsistencia llevada al límite de la alimentación.

De cuando en cuando se da a conocer casos de personas que abrazan este cambio de vida que quizá posee tantos defensores como detractores. Uno de los más recientes es el de Naveena Shine, una mujer de 65 años origen inglés que reside en Seattle y quien hace unos meses emprendió el “experimento” de sobrevivir como las plantas lo hacen.

A partir del 3 de mayo Shine comenzó a consumir nada más que agua y té, además de exponerse a la luz del sol. El proceso estuvo acompañado de una suerte de bitácora que llevó por medio de Facebook y YouTube, en donde expuso los cambios que experimentaba.

Las plantas plantas viven de luz, entonces nosotros nos comemos las plantas. ¿Será que simplemente no estamos accediendo a nuestra habilidad inherente de vivir de luz? Después de saber que esta posibilidad podría ser verdad, recibí un llamado de dentro, del universo, para descubrirlo.

Ese fue el primer post de Shine en Facebook, a los cuales siguieron otros, incluso en otros sitios, en donde reafirmó su convicción al respecto de esta práctica. “¿Pueden imaginar cuán libre serían nuestras vidas si no tuviéramos que comer? Una gran cantidad de tiempo, esfuerzo y recursos van únicamente a poner la comida en la mesa. Si los seres humanos no tuvieran que comer, podríamos hacer de nuestro planeta un lugar de belleza”, escribió la mujer.

Con todo, el giro diametral de su vida también tuvo algunos efectos en su cuerpo mucho menos agradables, entre ellos una sensación constante de debilidad, vómito de bilis, mareos y manos congeladas.

Para mayo 28, Shine escribió:

Normalmente paso 20 minutos en la caminadora dos veces al día. Después de eso usualmente tengo que recostarme por un momento para recuperarme. Hoy fui a dormir justo después y pasé la mitad del día dormida. Realmente placentero para un día lluvioso en Seattle.

Durante las primeras semanas medios locales difundieron la historia de la mujer, con lo cual ganó cierta popularidad y, con esta, personas que la apoyaban y otros que la cuestionan abiertamente. Ella, sin embargo, se mantuvo firme en su decisión… al menos hasta los 47 días de haberla tomado.

El 16 de junio, 44 días después de haber iniciado su régimen, Shine anunció también en Facebook que “concluiría su experimento para comenzar el proceso de regresar lentamente a comer comida normal de nuevo”.

Su principal pretexto fue el dinero. A pesar de sus intenciones, Shine tuvo que ceder ante esa contradicción inherente a la existencia entre el deseo del individuo y la resistencia del mundo: “ese día [19 de junio] cortarán los teléfonos y el Internet, y no tengo para pagar por el espacio donde estoy. En términos prácticos, no puedo continuar”. “De cualquier modo” ―escribe más adelante― “aún no tengo evidencia de que estoy viviendo actualmente de luz y que eso podría ser una lenta inanición”. “Que lo finalice no significa que hay aquí algún fracaso”, dijo después en un video de YouTube.

Sin duda un caso polémico que, al menos, merece más que la incredulidad inmediata.

También en Pijama Surf: El control de la mente sobre el cuerpo: 10 impresionantes ejemplos

Con información de NYDailyNews y The Guardian

TOP: las instalaciones y performances más extraños del arte contemporáneo

Por: pijamasurf - 08/07/2013

El arte contemporáneo se caracteriza por su capacidad para perturbar al espectador, aunque no siempre de la manera más asequible; aquí un recuento de algunos de los performances e instalaciones más incomprensibles de la historia reciente.

Pareciera que cualquier acción disparatada se puede justificar con las palabras mágicas: "es un performance". Aquí una lista de las instalaciones y obras artísticas más extrañas.

Erik Johansson: Mind Your Step, 2011. Estocolmo, Suecia.

 

Orestes de la Paz: Human Soap. 2013.

El artista hizo 20 barras de jabón con su grasa liposuccionada y las puso a la venta con un precio de mil dólares cada una. El jabón está hecho de 25% de grasa humana, 30% aceite de coco, 15% de manteca vegetal, 14% de manteca de shea africana y un poco de esencia de lavanda y aceite de árbol.

“Siempre hay cierta cantidad de sangre, sudor y lágrimas que va a cualquiera de mis obras. Yo sólo lo hago más explícito.” dijo la Paz acerca de este proyecto.

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Bert Jansen: The Orvillecopter, 2012

Jensen hizo un helicóptero de control remoto con su gato disecado.

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Luzinterruptus: Literature vs. Traffic. Melbourne, Australia, 2012.

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Mark Jenkins: Under the Rainbow (globos sujetos a un cuerpo tirado bajo un puente). Malmö, Suecia, 2008.

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Benjamin Verdock: Nest. Rotterdam, 2008.

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Doris Salcedo: 1150 Chairs Stacked Between Two City Buildings. Estambul, Turquía, 2003.

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Marina Abramovic: Rhythm 0: Is there really a killer in each of us?, 1974.

En este performance Abramovic colocó en una mesa 72 objetos (una estola de plumas, una rosa, tijeras, miel, un cuchillo, una pistola con una bala, entre otras) para que los espectadores los utilizaran en su cuerpo. Abramovic estuvo cerca de los objetos durante 6 horas, conforme pasó el tiempo, la gente comenzó a cortar la ropa de la performer, rasguñó su abdomen con la rosa, e incluso alguien apuntó a la cabeza de Abramovic con la pistola, pero otra persona la movió.

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Pierro Manzoni: Artist’s Shit, 1961.

En mayo de 1961, hizo 90 latas pequeñas, y las vendió con un precio equivalente al de oro. Nadie sabe qué hay dentro de ellas, sin embargo, en 2008 se vendió la número 83, por $149 mil dólares.

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