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En oposición a los medios tradicionales y las agendas que velada o francamente manejan, existen sitios y bases de datos en Internet que ofrecen información de primera mano sobre la guerra actual en Siria.
Un rebelde cruza una calle de Alepo cuidándose de los francotiradores.

Un rebelde cruza una calle de Alepo cuidándose de los francotiradores (JM LOPEZ/AFP/Getty Images)

Por estos días parte de la atención internacional está puesta en Siria, país que en los últimos meses se ha visto envuelto en conflictos de tipo civil y militar que alcanzó un momento de especial riesgo luego de ocurriera un ataque con armas químicas el pasado 21 de agosto. A partir de este suceso, la maquinaria de la política internacional de Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, se puso en marcha para hacer suyo el problema.

Sin embargo, como usualmente sucede en estas situaciones, la información que se maneja y que se difunde con mayor amplitud no es siempre la más confiable. La manipulación sutil de las fuentes puede hacernos pensar el conflicto desde un ángulo que, quizá, no sea el real, por lo que es importante conocer algunas fuentes de información tan cercana como sea posible al lugar y el momento mismo de los sucesos.

Soazig Dollet, de Reporteros Sin Fronteras, declaró al respecto que tanto autoridades sirias como grupos opositores han incurrido en desinformación sobre lo que ocurre en el país. Si a esto se suma el hecho de que por el conflicto hay pocos observadores independientes y todavía menos corresponsales extranjeros, el panorama para los medios tradicionales parece poco optimista.

En este sentido, el llamado “periodismo ciudadano” cumple una función imprescindible en un país que según el Pew Research Center es ya el más peligroso del mundo para realizar esta actividad. Lo interesante de estos datos es que 7 de cada 10 periodistas muertos en Sitia, en realidad eran ciudadanos, no profesionales.

De entrada destaca el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, un sitio creado por Rami Abdul Rahman que por su seriedad y rigor cuenta con la aprobación del New York Times, Reuters, la agencia AP y otros medios de comunicación. Gracias a cuatro hombres en Siria que mantienen contacto con más de 230 activistas, Rami Abdul Rahman colecta información sobre las protestas y el conflicto en general.

En Internet también se encuentra disponible la base de datos del Centro de Documentación de Violaciones, que hasta la fecha ha contabilizado casi 72 mil muertes de “mártires”, todos con nombres, edad, causa y lugar de muerte e incluso su perfil de Facebook, confrontando los datos de manera separada con diversas fuentes antes de validarla.

Por último se encuentra Syria Tracker, un proyecto open source creado en colaboración con Ushahidi (una compañía de software libre sin fines de lucro) que toma información de activistas y de los medios para mapear las muerte ocurridas durante el conflicto. Un esfuerzo igualmente riguroso que corrobora cada uno de los decesos antes de fijarlos en su mapa interactivo.

Otros sitios populares aunque, según algunos, no del todo fiables, son Shaam News Network y Aleppo Media Center. El primero se trata de una página en Facebook que comenzó a ganar notoriedad por ser uno de los primeros lugares de Internet en publicar imágenes sobre los ataques químicos mencionados; el segundo lo mantiene un grupo de voluntarios que viven y trabajan en Alepo, a pesar de la situación de sitio que vive dicha ciudad siria.

Al final se encuentran ciertos nodos de información cuyo propósito es francamente manipulatorio, para cualquiera de los bandos. Este es el caso de The Revolting Syrian, caracterizado por contenidos impactantes pero difíciles de verificar en su veracidad.

Es posible que la guerra sea una práctica atávica de la especie humana, pero no la información que podemos tener de su desarrollo, no en nuestra época —y quizá ahí se encuentre la posibilidad de acabar con dicho atavismo.

Con información de New Republic

"El medio es el mensaje" es la idea sobre la cual McKenna lúcidamente nos platica en este fragmento de una conferencia.

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Una vez más el talento verbal de Terence McKenna nos hace cuestionar aquellas cosas que sin darnos cuenta permean la manera en que nos comportamos. En el video incrustado al final,  que es un fragmento de una larga conferencia, McKenna comienza por mencionar uno de los libros que más influenció su manera de ver las cosas: The Art of Seeing, de Aldous Huxley.

Ahí, en palabras de McKenna, viene una interesante y simple teoría sobre los lectores. Teoría que pone en entredicho la concepción general de que los lectores son la mejor clase de gente. La que más cuestiona, la que más sabe. Y, sin descartar que esto puede ser una verdad, McKenna nos indica que “aquellos que leen no ven. Llevan la actitud del impreso al mundo y tratan de leer la naturaleza. No puedes leer a la naturaleza”, apunta McKenna. “Debes ver la naturaleza”. El consejo que cita de Huxley ante esta situación de leer en mundo en lugar de verlo es dibujar a mano libre. Dibujar insectos, árboles, casas. Entrenar a tu ojo. “Ve a la naturaleza y entrena al ojo a ver y dejaras de leer el mundo”, aconseja. “La lectura te abstrae de la naturaleza y eso ha llevado a una crisis cultural”.

Luego de esto pasa a hablar de la televisión. De cómo la guerra de Vietnam fue intolerable y se vio frustrada porque un país no puede tolerar ver lo que es la guerra. “La guerra es algo de lo que debes leer, no debes ver”, apunta. “La narrativa es importante, la construcción de héroes, etc. Pero si estas viendo amputaciones y explosiones es otra cosa”. Y esto habla, precisamente, de que el medio es el mensaje.

“El medio es el mensaje significa que el medio es la cosa que hace la diferencia”, dice McKenna. “Las discusiones sobre si la televisión es buena o mala son siempre en torno a lo que pasan por televisión; no la televisión en sí misma. Lo que MacLuhan quería decir con “el medio es el mensaje” es que no importa lo que pongas en televisión: la televisión es la televisión. Tiene ciertas cualidades […] algunos músculos se ejercitarán, algunos sistemas de percepción se agudizarán, otros se suprimirán. Si revisas a alguien que está sentado frente a un televisor te darás cuenta de que su respiración tiene ciertas cualidades, su presión arterial cierto ritmo, el movimiento de los ojos características especiales. Al igual que cuando estás bajo la influencia de una droga. […] Tanto hemos aceptado este medio que ya no sospechamos o detectamos la serie de parámetros fisiológicos que son su firma intrínseca, al igual que la heroína tiene sus parámetros y su firma intrínseca. Cuando ves la televisión estas “enzonado” (zoned) como en una droga”.

Pero en defensa de las drogas, McKenna apunta que ellas son un espejo. “Es difícil evadir el mensaje de una droga”, dice. “Una droga es un espejo. Pero la televisión no es un espejo; la televisión es un espectacular. Y quien sea que ponga su dinero puede meter su propio mensaje al viaje. Esta es una extraordinariamente insidiosa situación”, concluye.