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11 individuos que realizaron importantes contribuciones a nuestro entendimiento del mundo, y a quienes de vez en cuando les gustaba explorar los estados alterados de conciencia.

Droga es todo compuesto o sustancia que afecte el funcionamiento del cuerpo o de la mente. El uso más común de la palabra hoy en día está relacionado con las sustancias (y por tanto con los efectos) ilegales, olvidando, por ejemplo, que hasta hace poco más de un siglo las farmacias eran llamadas aún droguerías.

Pero no estamos aquí para salvar una palabra de su mala fama. Las drogas pueden alterar la conciencia de sus usuarios para ayudarles a hacer cosas increíbles o cosas estúpidas --justo como el café. Al menos es seguro decir que no todos los usuarios de drogas son junkies embebidos en una interminable espiral de destrucción: también los usuarios de sustancias ilegales pueden hacer cosas interesantes si saben utilizar su apertura de conciencia en el mundo real.

Algunos de ellos incluso ganaron un premio Nobel.

No pretendemos decir que las drogas convierten en genios a las personas (lo que natura non dat, datura non prestat), pero en el debate sobre la legalización de las drogas debemos tomar en cuenta los testimonios de algunos de sus usuarios. Por ejemplo, Carl Sagan amaba fumarse un porro de vez en cuando, y para Steve Jobs sus experiencias con LSD significaron un cambio importante en su concepción del mundo --concepción cuyas repercusiones aún experimentamos hoy en día, en la palma de nuestras manos.

Utilizándolas para echar un vistazo por las puertas de la percepción, estos 11 individuos fueron brillantes en sus propios méritos y realizaron contribuciones importantes a nuestro mundo --y en ocasiones estaban colocados.

[Business Insider]

El experimento de Mary Pinchot Meyer e de “prender” en LSD a políticos influyentes y poderosos para así poder cambiar el mundo, también falló, ya que el 22 de noviembre de 1963, John Fitzgerald Kennedy fue asesinado por una conspiración en Dallas

“Helter skelter in a summer swelter.The birds flew off with the fallout shelter. Eight miles high and fallig fast.”  

Bye,Bye Miss American Pie. Don Mc Lean. 

Para Juan Manuel Vargas.V.

 

images (9)Una tarde de la primavera de 1962, en plena Guerra Fría, una mujer en sus treintas, guapa, con penetrantes ojos azules y de aspecto aristócrata, se presentó en la oficina del Dr. en Psicología Timothy Leary, Director de Proyectos de Investigación de la Universidad de Harvard. El Dr. Leary que era ya famoso por sus sesiones de LSD entre un selecto grupo de intelectuales y artistas gringos de esa época, como Allen Ginsberg, William Burroughs, Jack Kerouac, Aldous Huxley, Arthur Koestler y músicos como Miles Davies y Charles Mingus, entre otros, escuchó todo lo que esa guapa mujer tenía que decirle. Por principio era amiga de poderosos miembros del gobierno, en especial de una pareja muy importante. Todos estaban muy interesados en las drogas psicodélicas y querían experimentar con ellas. Pero a la mujer lo que le interesaba en ese momento era poder conducir y encausar sesiones de LSD, y por tanto necesitaba de la ayuda de Leary y de sus investigaciones. Leary le dijo que aceptaba con mucho gusto, que invitará a sus amigos y que si estaban de acuerdo y todo iba bien, podrían participar en una sesión, que ya luego verían qué pasaba. Ella contestó que eso era imposible, ya que sus amigos estaban situados en las más altas esferas del poder y no podrían asistir, así que por eso ella deseaba saber cómo dirigir esa clase de sesiones. La entrevista quedó "en veremos", Leary, sin querer comprometerse con esa extraña y guapa mujer a la que acababa de conocer, le dio sin embargo varios documentos de sus investigaciones que la ayudarían a poder dirigir y controlar sesiones de LSD entre sus amigos. En un clima cordial y amistoso, se despidieron.

 

tim-leary (1)Es necesario añadir que a las sesiones de LSD de Timothy Leary no solo asistían miembros de la intelectualidad gringa, sino también miembros y oficiales de agencias de inteligencia y de investigación como la CIA, el FBI, y el Ejército de los USA. Todos ellos estaban muy interesados en experimentar con las drogas que alteraban la mente, ya que no querían quedarse atrás de sus contrapartes soviéticos y chinos, que durante la guerra de Corea le habían lavado el cerebro a muchos prisioneros de guerra gringos, ayudados por drogas como la mezcalina y el LSD. Los  prisioneros, para sorpresa de la CIA y otras agencias de inteligencia, habían regresado a USA siendo perfectos marxistas, y los gringos, conscientes de que el futuro de los gobiernos dependía del poder de controlar la mente de los ciudadanos para hacerlos aceptar voluntariamente sus políticas y evitar cualquier forma de disidencia, se lanzaron también a investigar con el LSD y otras drogas psicotrópicas. Es obvio que para evitar la amenaza que significaban estos prisioneros creyentes en el marxismo y en el socialismo, la única manera que quedaba era “lavarles” de regreso el cerebro con LSD para “convencerlos” una vez más que el sistema capitalista y el American Way of Life eran mucho mejor que el sistema socialista. De estos hechos surge la novela The Manchurian Candidate de Richard Condon, publicada con mucho éxito en 1959, y luego dos películas filmadas, una  en 1962 y otra en 2004. Es por todo esto que los gobiernos se interesaron tanto en las drogas psicotrópicas y siguieron experimentando con ellas hasta bien entrados los años sesenta.

Ahora bien, para comprender mejor todo lo que sucedía en aquellos años, debemos contextualizarnos. La Guerra Fría era una contienda ideológica, política, militar y estratégica entre dos potencias, USA y la URSS con sus respectivos aliados, que inició al término de la Segunda Guerra Mundial. Entre otras cosas, se produjo entre una acelerada carrera armamentista, fue en 1962-1963 cuando la Guerra Fría llegó a su más intenso apogeo. La fallida invasión de Bahía de Cochinos y la Crisis de los Misiles en Cuba habían situado al mundo al borde de una guerra muy caliente, una guerra nuclear total entre las potencias. Tanto en USA como en la URSS los preparativos para una guerra así se tomaban cotidianamente y la población vivía bajo esta continua amenaza. Si algo caracterizó a la Guerra Fría fue el temor ocasionado por la certeza de que éramos capaces de matarnos, de suicidarnos en masa y que el apocalíptico final tan publicitado por las religiones estaba a nuestro alcance, ya que por primera vez en la historia contábamos con la capacidad tecnológica para hacerlo: se requería tan solo apretar unos botones,  algo muy fácil. De unos cuantos golpes nucleares, podíamos llegar al Cielo en masa, siguiendo a pie juntillas el guión de la Biblia; y ya en el Cielo, Dios nos juzgaría.

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Pero la Guerra fría no terminó en una guerra nuclear total, sino en este suicidio pospuesto en el que estamos todos embarcados. La situación de aquellos años sesenta, con la guerra nuclear a punto de estallar, me recuerda este diálogo de Samuel Beckett en Esperando a Godot:

                                       “¿Qué hacemos?...nos ahorcamos?”

                                        “No… todavía no… estamos esperando a Godot.”                                                                                                                                                                       

Es obvio decir que en el territorio de las potencias contendientes todo esto se vivía intensamente, era el miedo a esta confrontación final que exisitía tanto en la población, como en los líderes, lo que justificó que los gobiernos hicieran uso de cualquier forma de control masivo disponible. Es por esto que la publicidad y la propaganda se volvieron fundamentales en los planes para uniformar y controlar las conciencias de los ciudadanos, para evitar la disidencia masiva e imponer sus políticas. En el caso gringo, al revés que en el soviético, la publicidad sirvió también para vender una gran cantidad de productos. Por eso, y porque las drogas tenían la capacidad para alterar y cambiar las mentes, los experimentos con LSD  fueron aceptados y promovidos por ambos gobiernos.           

 Todo esto lo sabía Mary Pinchot Meyer, ya que había sido esposa de un influyente y condecorado oficial de la CIA, años antes de darse a las andadas con sus influyentes amigos de Washington. Mary Pinchot Meyer sabía que la CIA, por ejemplo, se había encargado de llevar a cabo toda clase de experimentos con LSD y lo había hecho ya con más de 7 mil soldados y oficiales del ejército y de la propia agencia, además de hacer experimentos con ciudadanos de pequeñas comunidades situadas en todo el país. Como se podrán imaginar, los experimentos de la CIA diferían radicalmente de las sesiones de Timothy Leary, ya que la CIA no les informaba a los soldados sujetos a estos experimentos que se les había suministrado una droga tan poderosa como el LSD. Y esta ignorancia de no saber, la falta de conciencia en un hecho así, provocó que muchos de ellos tuvieran muy malos "viajes", y que otros se volvieran locos o se suicidaran. 

leary_portrait2.sizedPero bueno, volviendo a  nuestra extraña relación entre Timothy Leary y Mary Pinchot Meyer, ésta se tornó en una amistad y, por supuesto, en una complicidad. Tras varios encuentros en el curso de 1962 y principios de 1963, Mary Pinchot Meyer finalmente le confió a Leary que sus influyentes amigos eran nada menos que John Fitzgerald Kennedy y Jacqueline Bouvier de Kennedy, la guapa esposa del Presidente. También le dijo que John Kennedy se había metido coca y fumado mota en varias ocasiones con ella, además de que ya había “viajado” en LSD. Le confió igualmente “que ayudada de varias mujeres amigas suyas había "prendido" en LSD a varios prominentes políticos, ya que como mujer se había dado cuenta que “son las mujeres las únicas que pueden cambiar a los hombres y que cambiar a los hombres era necesario para cambiar el mundo y evitar la guerra”. Todo esto me parece no sólo muy divertido, sino también bastante original y sui generis, ya que es diametralmente opuesto a todo el pensamiento marxista-leninista, que implicaba una sangrienta revolución socialista para cambiar el sistema económico-político capitalista y de esa manera poder cambiar la mente, para producir lo que los marxistas llamaban en aquel entonces, el “hombre nuevo”. Este experimento histórico, político, económico y social llamado "Socialismo" falló estrepitosamente el día en que se derrumbó la Unión Soviética. El “hombre huevo” surgido de la fría dictadura proletaria del terror que impuso Joseph Stalin obviamente nunca existió.

 Por otro lado, el experimento de Mary Pinchot Meyer de “prender” en LSD a políticos influyentes y poderosos para así poder cambiar el mundo también falló, ya que el 22 de noviembre de 1963, 3535John Fitzgerald Kennedy fue asesinado por una conspiración en Dallas, mientras viajaba acompañado de su esposa. Ese día la democracia americana fue secuestrada por medio de un golpe de estado y reemplazada por lo que podemos llamar una “corporatocracia”. Desde ese momento, una compleja red, una verdadera “mátrix” de intereses entre las grandes compañías privadas de armas, acero, petróleo y demás, se esposó con los obscuros intereses de las agencias de inteligencia y seguridad, con los intereses de los mandos del ejército, de varios políticos cómplices, de los intereses de la mafia italiana, y juntos todos tomaron el poder, en lo que se puede llamar un perfecto e invisible golpe de estado, que se llevó a cabo en el país más poderoso del mundo. Son ellos desde entonces los que dictan y han dictado tanto la política interna como la externa del gobierno gringo. El “sueño americano”, el de un gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo había muerto; la “Open Society” que John F. Kennedy proponía, también.  

Obviamente, un día después del asesinato de Kennedy, una Mary Pinchot Meyer muy alterada y confundida se comunicó con su amigo y confidente Timothy Leary y le dijo textualmente: “Ya no lo podían controlar… estaba cambiando demasiado rápido… estaba aprendiendo demasiado y por eso lo mataron”. Mary Pinchot añadió: “A mí y a mis 8 amigas nos descubrieron "prendiendo" gente en Washington, ya que alguien nos traicionó, así es que mejor cuídate”. Timothy Leary se quedó pendejo después de estas revelaciones y se lanzó a un extraño viaje particular, puesto que se casó, se fue un año de luna de miel y después se divorció. 

 A mediados de 1965, el profesor e investigador Timothy Leary, que ya había sido expulsado de la Universidad de Harvard por todo el desmadre que traía con sus investigaciones y sesiones de LSD, y que también había sido expulsado de México mientras que su laboratorio de LSD fue destruido por el gobierno de Adolfo López Mateos, siguió con sus investigaciones con las drogas psicotrópicas en una vieja casona en Massachusets, financiado por varios psicólogos prominentes. Leary siguió  “prendiendo” a más intelectuales, a activistas sociales como Jerry Rubin, o músicos  como Jim Morrison, John Lennon y los Grateful Dead.  

Pero el día llegó en que Leary se acordó de su amiga Mary Pinchot Meyer, y preocupado, se dedicó a buscarla por mar y tierra. Días después, descubrió tras varias llamadas telefónicas que su amiga y confidente había sido asesinada por tres tiros en un parque en Washington D.C., el 12 de octubre de 1964, mientras hacía ejercicio. El hecho fue publicado en The New York Times dos días más tarde. El motivo aparente, el robo; un hombre joven y negro había sido detenido por las declaraciones de un testigo. El joven fue absuelto tiempo después por falta de pruebas; el testigo, un agente de la CIA, nunca fue culpado, a pesar de que en investigaciones posteriores del periodista Peter Janney el agente aparece como el único asesino posible de Mary Pinchot Meyer. 

 

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Con el paso del tiempo, en aquellos turbulentos y ya legendarios años sesenta, Timothy Leary, hijo de una familia irlandesa al igual que John F. Kennedy, y que se “prendió” por primera vez en hongos y mezcalina aquí en México, acuñó la famosa frase “turn on, tune in and drop out” ("préndete, agarra la onda y abandona el sistema") con lo cual se ganó muchísimos adeptos y se fue haciendo un nombre, para luego volverse todavía más famoso cuando Richard Nixon lo nombró “el criminal más peligroso del país”. Sin embargo, después de varias correrías  y de presentarse como candidato a la gubernatura de California, fue  finalmente encarcelado por Ronald Reagan, su oponente, cuando este llegó a gobierno de California. Pero un indomable Timothy Leary, viajando en LSD logró lo increíble: se fugó de la cárcel ayudado por los Weather Underground, quienes también lo sacaron del país. Terminó exiliado en Argelia, acompañando al famoso miembro de los Black Panthers,  Eldridge Cleaver. Timothy Leary, después de una interesante y psicodélica vida y de haber publicado una gran cantidad de libros y artículos, él, el autonombrado “filósofo disidente”, murió de cáncer en 1996. Toda una leyenda se ha formado a su alrededor desde entonces.

Para terminar me haré y por tanto les haré una pregunta pertinente al caso, muy “relevant” como dicen los gringos: ¿Fueron los viajes en LSD de John Fitzgerald Kennedy los que lo hicieron cambiar “demasiado rápido y aprender demasiado” como lo describió Mary Pinchot Meyer, y, por tanto, fueron estos cambios en su forma de percibir la realidad una más de las muchas razones por las que fue asesinado?  

Si es así, esta historia tiene un extraño giro psicodélico, una variante inesperada que transforma y añade una razón más a toda esta inmensa, primera y original teoría de la conspiración que fue, es, ha sido y será el asesinato de John Fitzgerald Kennedy, un mediodía del 22 de Noviembre de 1963, hace casi ya 50 años.   

                    Julio Riquelme Capdevielle.

         Valle de Bravo, México. Octubre 27, 2013 

 

 

P.D: Este artículo está basado en el libro Flashbacks. An Autobiography de Timothy Leary, publicado en 1983. También en los documentales titulados The Murder of Mary Pinchot Meyer (JFK mistress and confidant) y Mary Pinchot Meyer and the JFK Assasination, de Peter Janney Lecture. Ambos se encuentran en YouTube.