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Sobre la responsabilidad de ser (la geometría sagrada como catalizador de conciencia)

Por: Mitsy Ferrant - 07/08/2013

Con toda la información y herramientas disponibles hoy, es impensable ya seguir perdiendo el tiempo desconectados de nuestra esencia.

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“Las características esenciales de la interconexión cuántica,

son que el universo entero está de alguna manera envuelto en cada cosa

y que cada cosa está envuelta en el todo.”

David Bohm 

En el principio había proporción: logos.

Vivimos en un universo de espejos y fractales ­–todo se desdobla constantemente e infinitamente, permeado por la matemática de la armonía. Existimos en la Matrix y su código es la Geometría Sagrada –“desdoblamiento fractalizado de todo desde la Unidad y la reconexión resonante de las partes de vuelta hacia la Unidad” (Scott A Olsen). Todos y todo constantemente buscando reconectar con la esencia desde el principio de la existencia –la iluminación como última meta de la humanidad 

La matemática de la Naturaleza y del cosmos permea todos los aspectos de la vida –la física, la biología, la tabla de los elementos, la física mecánica y cuántica, la tecnología digital, nuestro DNA. De hecho, según Olsen, “la vida podría ser el resultado de la resonancia entre lo Divino (la Unidad) y la naturaleza (las partes), exquisitamente afinados por las asombrosas propiedades fractales de la proporción áurea, dando lugar a estados de conciencia más inclusivos”. Existen recordatorios sincrónicos por todos lados –en la naturaleza, en las construcciones sagradas, en los textos antiguos y en los religiosos, en el ocultismo, la alquimia, en la física cuántica y en los estados de conciencia alterados. Todo está ahí, infinitas posibilidades en eterno desdoblamiento armónico.

René Adolphe Schwaller de Lubicz, ocultista francés muerto en 1961, afirmaba que “el número áureo (phi) no es producto de la imaginación matemática, es el principio natural de las leyes del equilibrio”. Mientras que en India, los Mahatma decían solo reconocer una ley en el universo, la ley de la harmonía, del equilibrio perfecto. Siempre lo hemos sabido a lo largo de los tiempos, se nos ha dicho en todos los lenguajes posibles, la clave está en observar a la Madre Natura… “Como es arriba, es abajo. Como es afuera, es adentro”

De acuerdo al propio Olsen, “Entender la ley del equilibrio, observar la proporción áurea y su reciprocidad no sólo revela la realidad de la naturaleza misma pero también le permite a la humanidad participar conscientemente en la metamorfosis o auto-transformación de la Unidad. Esta es la esencia de la alquimia, y por lo tanto de la religión misma”. Desde que se tiene registro, el ser humano ha intentado descifrar este código, presintiendo que a través de este acercamiento se puede alcanzar un estado de conciencia supremo que nos vuelve uno con la Unidad a partir de la cual florecemos. Y paralelamente, los que han podido descifrar el código y alcanzar estados de conciencia cósmicos, nos han ido compartiendo pistas que mapean los posibles caminos.

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Platón fue tejiendo los códigos en sus textos, y el teorema de Pitágoras es una de las bases de la Geometría Sagrada. En el budismo la meta es alcanzar, a través de la meditación, Samadhi, un estado de conciencia plena, omnipresente, donde el yo se disuelve en luz y éxtasis. En palabras del Dr Edgar Mitchell “en el estado de Samadhi, la mayoría de la mente y del cuerpo está en un estado básico de resonancia con el campo del punto Cero. El resultado es un estado puro de conciencia y la perdida del sentido del yo. 

Por su parte, las tradiciones indígenas del mundo escogieron el uso de ciertas plantas medicinales o sustancias naturales –como el Peyote, el Yopo, la Ayuahuasca y la medicina del Otac– como puentes para alcanzar este estado de conciencia supremo. En muchas ceremonias también se usan instrumentos y cantos  para crear vibraciones que faciliten la disolución de la Matrix. Todo toma forma a través de la resonancia. Todo se mueve a través de frecuencias moduladas –todo es energía. Madame Blavatsky nos dice “a los átomos se les llama vibración en el ocultismo”… Sincronizamos, conectamos y multiplicamos a través de la resonancia, espejeando, fractalizando… siempre buscando regresar a la fuente. 

Cuando se habla de un mundo creado por resonancias, es imposible no pensar en nuestro rol dentro de su configuración, en la responsabilidad que tenemos sobre las vibraciones que emanamos. Rupert Sheldrake nos habla de la existencia de campos morfogenéticos –campos de información compartida que le dan forma a nuestra realidad. “La resonancia mórfica es un principio de memoria en la naturaleza. Un aspecto importante de la resonancia mórfica es que estamos interconectados con otros miembros de un grupo social. Los individuos dentro de un grupo social más grande y los mismos  grupos sociales más grandes tienen su propio campo mórfico, sus patrones de organización. Lo mismo aplica para los humano. Lo que haces, lo que dices y lo que piensas puede influir a otra persona por resonancia mórfica. Así que somos más responsables de nuestras acciones, palabras y pensamientos bajo este principio que lo seríamos de otra forma. No hay un filtro inmoral en la resonancia mórfica, lo que significa que debemos ser más cuidadosos de lo que estamos pensando si es que nos importa el efecto que tenemos en los demás.”

Somos enteramente responsables de nuestro escenario, en el fondo lo sabemos y supimos siempre, y ahí entra la responsabilidad de ser. Somos parte de este engranaje Divino, causa y consecuencia de nuestra realidad. Somos antenas amplificadoras, cuando reconectamos con nuestra esencia entramos en resonancia con las relaciones que rigen a la Naturaleza –nos desintegramos, tomamos conciencia de que somos uno con el todo. No importa cómo, cada quien tiene el derecho, y la obligación, de escoger su camino para acercarse a ese estado –a la fuente de donde todo proviene.

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Omraam Mikhaël Aïvanhov, filósofo francés de origen búlgaro, nos recuerda "Gradualmente, a medida que nuestra percepción de la Naturaleza cambia, cambiamos nuestro Destino."

Con toda la información y herramientas a nuestro alcance, con el escenario contemporáneo que estamos experimentando, es impensable ya seguir perdiendo el tiempo desconectados de nuestra esencia, culpando a factores externos de nuestra realidad, congelados, esperando a que todo se siga dando sin nuestra participación consciente. Es tiempo de asumir la responsabilidad de ser. Somos parte de la ingeniería Divina, y “mientras no sepamos como plantar nuestros pensamientos y nuestras emociones, no tenemos ni idea de lo que es la verdadera multiplicidad” advierte Aïnvanhov.

Podemos meditar, hacer yoga, observar y acercarnos a Sofía, cantar, bailar, estudiar y practicar la Geometría Sagrada, y/o usar sustancias naturales … la clave está en observarte, conocerte, re-conocerte en la Unidad y generarte estados alterados de conciencia que te permitan moldear, a través de vibraciones, un escenario que en realidad resuene con tu esencia más intima y pura. Somos energía, somos resonancia. O en palabras del Dr Octavio Rettig Hinojosa “nuestros corazones son los campos electromagnéticos que están constantemente modulando nuestra realidad.”

Existen miles de caminos posibles para ser, simplifica y si tienes duda en cual escoger, recuerda a Carlos Castaneda: “Todos los caminos son iguales, no nos llevan a ninguna parte. Por lo tanto, ¡elige un camino con corazón!” 

* Un profundo agradecimiento a Evolver net y David Metcalfe por un inolvidable curso de Geometría Sagrada.

 Twitter de la autora: @ellemiroir 

 

TOP: 10 adicciones de 10 famosos escritores

Arte

Por: pijamasurf - 07/08/2013

La adicción no es, necesariamente, un comportamiento autodestructivo que conduce solo a la decadencia; la adicción también puede ser el suelo de la creatividad, y el caso de estos 10 escritores así parece demostrarlo.
[caption id="attachment_61965" align="aligncenter" width="533"]opium Jean Cocteau, Soixante dessins pour «Les Enfants terribles» (1934)[/caption]

En nuestra época y quizá al menos desde el siglo XIX, las adicciones se consideran, en general, un comportamiento negativo que debe corregirse, erradicarse. Públicamente las adicciones se juzgan y se condenan, por más que en la intimidad prácticamente cualquier persona sea adicta a algo. Por lo regular se dice que las adicciones entorpecen y disminuyen, conducen irremediablemente a la decadencia y la autodestrucción.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando no es así? ¿Qué pasa cuando una adicción, por extraordinario que pueda parecer, es el soporte de una persona, el suelo que le permite construir otras cosas? ¿Cómo entender una adicción cuando, de suprimirse en alguien, entonces sí esta persona se desmoronaría y caería de lleno en el absurdo de la existencia?

Como se sabe, en la actividad artística es particularmente fácil encontrar ejemplos de este cariz “constructivo” de la adicción. En la historia de la cultura lo raro es encontrar artistas que no hayan sido adictos a alguna de esas sustancias o comportamientos condenados por la moralidad de su época.

A continuación compartimos los casos de 10 escritores con las respectivas adicciones que, con toda probabilidad, les permitieron edificar la grandeza de su obra.

 

Honoré de Balzac / Café

La adicción de Balzac llevaba por nombre café. Se dice que este hombre que mucho tenía de pantagruélico, incluso en su literatura, bebía un promedio de 50 tazas de café al día y en algún momento incluso comenzó a comer granos. Escribió el francés, hablando del primer café de la mañana cayendo en el estómago en ayunas:

El café lo encuentra vacío, ataca ese forro delicado y voluptuoso, se convierte en una especie de alimento que requiere sus jugos; los exprime, los solicita como una pitonisa clama a su dios, maltrata a esas hermosas paredes como un carretero que brutaliza a sus caballos; los Plexus se inflaman, queman y lanzan sus chispas hasta el cerebro. A partir de entonces, todo se agita: las ideas se tambalean como batallones de un gran ejército en el campo de batalla, y se libra la batalla. Los recuerdos vuelven a paso de carga, con los pendones desplegados; la caballería ligera de las comparaciones se despliega en espléndido galope; la artillería de la lógica acude con sus carros y saquetes; las ocurrencias llegan en tromba; se alzan figuras; el papel se llena de tinta, pues empieza el desvelo que terminará en torrentes de agua oscura, como la batalla en pólvora negra.

También en Pijama Surf: Entre orgías creativas y placenteras está el café: el estimulante favorito de los creadores

 

Lord Byron / Sexo

La fuerza creativa por antonomasia, potencia indomable, sustrato del mundo. El sexo fue la adicción de Lord Byron, quien, según la leyenda, durante un solo año en Venecia fornicó con más de 250 mujeres y no pocos hombres. Su obsesión lo llevó a conservar un poco del vello púbico de cada una de las personas con quien estuvo y guardarlo en un sobre con el nombre correspondiente.

 

Elizabeth Browning / Opio

Poeta de la era victoriana, Browning tuvo, como otros creadores de su misma época, una relación especial con el opio, la cual comenzó a los 15 años, cuando le fue administrado por una herida en su columna. A los 30, cuando enfermó del corazón y los pulmones, consumía dosis de hasta 40 gotas de láudano por día.

 

Paul Verlaine / Absenta

La fée verte, el “hada verde”, fue la debilidad de Verlaine, vicio que compartió con otros poetas coétaneos como Baudelaire y su amante Rimbaud. A este, por cierto, un día le disparó en el brazo, influido doblemente por los efluvios de la absenta y por su reciente rompimiento con el autor de Una temporada en el infierno.

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Dostoievski / Juego

La adicción de Dostoievski al juego es conocida, incluso por la novela que escribió al respecto, la cual, dicho sea de paso, sirvió para pagar algunas de las deudas derivadas de su afición a la ruleta. Biográficamente llegó a este en una etapa de profunda tristeza por el fallecimiento de su esposa y su hermano.

 

Ayn Rand / Anfetaminas

La escritora ruso-estadounidense Ayn Rand se volvió adicta a las anfetaminas a raíz de un tratamiento médico, consumiéndolas durante casi 30 años sin, al parecer, mayores efectos que sus erráticos cambios de ánimo.

 

James Joyce / Flatulencias

Acaso la menos nociva de las adicciones mencionadas hasta ahora, Joyce tenía una inclinación singular por las ventosidades del cuerpo, en especial por las de Nora, su esposa, de las cuales habla con cierta profusión en una serie de cartas que incluso guardan unidad temática al respecto.

 James Joyce and Nora Barnacle on the day of their marriage in 1931

William S. Burroughs / Heroína

De las muchas sustancias de las que pudo hacerse adicto, Burroughs terminó unido a la heroína, prácticamente desde sus primeros años de juventud hasta los últimos de su vida.

 

Charles Dickens / Morgues

En el caso de Dickens el comportamiento adictivo no se manifestó con respecto a una sustancia, sino con un lugar: las morgues. Algo encontraba el autor de Oliver Twist en estos recintos de muerte y silencio, y se dice que podía pasar varios días atestiguando el ir y venir de los cadáveres y los procedimientos que se les aplicaban a estos. Dickens describía esto como “la atracción por lo repulsivo”.

 

Ernest Hemingway / Alcohol

Es Hemingway, pero la verdad es que en este caso podrían enlistarse cientos de escritores, sin que sea fácil decidir cuál tendría la primacía sobre los otros. Lo interesante de los escritores alcohólicos (y no solamente) es que, a pesar de todo, el alcohol no les arrebata su lucidez ni su compromiso con aquello en lo que creen: pueden pasar todo el día y todos los días ebrios, pero aun así escriben y son capaces de, entre tumbos y resacas, legar al mundo una obra genial.

 

También en Pijama Surf: Sobre adicciones y voluntad

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