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Las 10 influencias que explican el éxito de Game of Thrones

Arte

Por: pijamasurf - 06/07/2013

El éxito avasallador de Game of Thrones, la serie de televisión basada en la saga A Song of Ice and Fire de George R.R. Martin, podría explicarse por la combinación de hechos históricos, influencias literarias y estilos de escritura que el autor ejecutó con habilidad.

Game of Thrones es una de las series más exitosas de los últimos años, un producto televisivo que se ha ganado una audiencia que con facilidad puede contarse por millones en varios países del mundo. Una singular mezcla de fantasía y política que, quién sabe si inesperadamente para los involucrados en el proyecto, se tradujo en un éxito mediático arrollador.

Como en todo producto cultural, Game of Thrones es una síntesis de otras manifestaciones. De la nada, nada, reza la frase latina, y George R.R. Martin, el autor de A Song of Ice and Fire, la saga en la cual está basada la serie, ha revelado en varias ocasiones las fuentes de las cuales abrevó para crear su atractivo universo, los personajes que han despertado la simpatía y la antipatía de lectores y espectadores y, en general, esa trama que mantiene en vilo a los seguidores de la serie.

A continuación compartimos 10 de estas influencias, cuya combinación podría explicar la tremenda popularidad de Game of Thrones. A fin de cuentas un best-seller se convierte en tal cuando logra conectar con signficantes que millones de personas tienen ya a causa de los muchos mecanismos de programación cultural de la sociedad contemporánea.

Antes de comenzar cabe lanzar una spoiler alert para quienes no se encuentren actualizados con el seguimiento de la serie.

 

1. El muro de Adriano

Luego de que las tropas romanas conquistaran la Gran Bretaña se inició la construcción de un par de murallas de defensa en el centro de la isla, una en la frontera norte y otra en la sur, protegiendo los asentamientos romanos contra la salvaje Escocia. La primera fue construida durante el gobierno del emperador Antonino Pío y la segunda bajo el imperio de Adriano. Según declaración de Martin, visitar el Muro de Adriano le sirvió de inspiración para el Muro del Norte de sus novelas.

 

2. El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien

Uno de los clásicos de la literatura fantástica moderna, El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien causó honda impresión en Martin, quien comenzó a escribir su A Song of Ice and Fire a la sombra del sudafricano. Las “comunidades” que se rompen, los amigos que se separan (pero a lo largo del relato se mantiene la esperanza de que volverán a reunirse) y, en especial, el uso moderado de magia, sutil, fueron los elementos más visibles que Martin tomó de Tolkien.

 

3. Las convenciones de la escritura televisiva

Por varios años George R.R. Martin trabajó como guionista de televisión, lo cual, entre otras cosas, le ayudó a desarrollar cierto sentido dramático que después aplicaría en sus novelas. En especial destaca la obligación del “corte”, ese feeling para interrumpir una narración pero de modo tal que el espectador se quede enganchado. Sí con un recurso fácil (aunque efectivo) como una muerte brutal, pero también con algo más lindante con el suspenso como un revelación decisiva y súbita, una confesión inesperada o algo similar.

 

4. La Guerra de las Rosas

Entre 1455 y 1485 el trono de Inglaterra se debatió entre los Lancaster y los York, dos ramas de la familia real de los Plantagenet que reclamaban su derecho a la corona. El nombre del conflicto se origina en la heráldica de las casas, cuyos escudos de familia son en ambos casos una rosa: banca para los York, roja para los Lancaster. El conflicto, que también aparece en algunos dramas históricos de Shakespeare, tiene personajes y episodios emblemáticos que según algunos encuentran reflejo en la ficción de Martin.

 

5. Añoranzas y pesares, de Tad Williams

Añoranzas y pesares es el título con que se conoce en español Memory, Sorrow, and Thorn, novela en tres partes del estadounidense Tad Williams, también perteneciente al género fantástico. En esta saga también hay jinetes guerreros de inspiración mongólica, monstruos boreales, lobos como mascotas y un niño a quien le gusta escalar edificios. Martin mismo ha aceptado que leer los relatos de Williams lo motivó a escribir los suyos propios.

 

6. Ficción histórica

La Historia contada de manera ficticia es uno de los géneros literarios más estimulantes que existen, pues al contar un hecho imaginario o fantástico con los recursos narrativos de lo que sucedió efectivamente, nos invita a dudar de nuestra propia realidad, a considerarla como un relato que puede contarse como nosotros lo queramos. En este sentido, autores como Bernard Cornwell, Thomas B. Costain, Frank Yerby, Sharon Kay Penman y Philippa Gregory, ejercieron profunda influencia en Martin.

 

7. Los clásicos de la ciencia ficción y la fantasía

“Un elfo y un alien podrían cumplir en cierto sentido la misma función, como tropo literario”, declaró alguna vez Martin, a propósito de la deuda que su obra tiene hacia los clásicos de la literatura fantástica y también de la ciencia ficción, cuya lectura se remonta a su infancia. Robert E. Howard, J.R.R. Tolkien, Robert A. Heinlein, Eric Frank Russell y Andre Norton se cuentan entre los autores de sus primeras incursiones en estos géneros, entre los cuales se movía “con bastante libertad”.

 

8. Prácticas históricas de sexualidad y matrimonio

Los matrimonios arreglados, el incesto, la violación, la entrega de jóvenes en pubertad incipiente a hombres maduros y otras prácticas que hoy nos parecen más o menos extrañas, eran habituales en la Europa medieval, particularmente entre las familias nobles que por medio de estas conservaban tanto como fuera posible el poder y la riqueza de sus casas.

 

9. Religiones del mundo

Las religiones en el universo de A Song of Ice and Fire encuentran resonancia, por un lado, con los atributos de la Divinidad que se asignan al Dios cristiano, así como al llamado “Misterio de la Trinidad” que pertenece al catolicismo: un solo Dios pero integrado por tres personas distintas, un solo Dios pero con distintos atributos. Por otro lado, elementos del paganismo de la antigüedad y del medioevo, como la doctrina persa del Zoroastrismo (y la oposición entre Ahura Mazda, dios de la luz, y Ahriman, señor de las sombras) y la religión de los cátaros (y su obsesión por la pureza), también se encuentran entre las fuentes de las religiones imaginadas por Martin.

 

10. Masacres reales

La Edad Media, europea por definición, fue un periodo dominado por la brutalidad, en casi todos los sentidos y aspectos de la vida cotidiana. La historia escocesa, por ejemplo, consigna la “Cena Negra” y la “Masacre de Glencoe”. En la primera, ocurrida en 1440, el rey de Escocia prometió a William Douglas, 6° conde de Douglas, y su hermano, un salvoconducto para pasar por sus tierras, esto a pesar de que mantenía una guerra contra el clan del conde. Cuando ambos llegaron a Edimburgo, el rey les ofreció un festín en el cual, ya cerca del final, el rey presentó de pronto la cabeza cercenada de un toro negro (o de un jabalí, según otras versiones del relato), símbolo de muerte. Los hermanos enfrentaron un juicio escenificado antes de ser ejecutados. Por otro lado, en la Masacre de Glencoe, de 1692, 38 miembros del clan MacDonald of Glencoe fueron asesinados luego de haber sido recibidos con aparente amabilidad por parte de las huestes de John Graham de Claverhouse. 

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Las armonías de Werckmeister, del director húngaro Béla Tarr, es una narración terrena y cósmica a un tiempo, astros encarnados en cuerpos humanos y figuraciones del intelecto alimentadas por la fantasía de la pantalla.

 

Esta primera secuencia de Werckmeister Harmonies de Béla Tarr contiene al mundo, al sistema solar y al universo. Contiene también la poesía de la que es capaz el ser humano, y es atemporal. Es un fragmento cinematográfico que pudo haber sido filmado en cualquier década después de la introducción del sonido y de los lentes que permiten profundidad de campo. No es simplemente la puesta en práctica de un eclipse o la coreografía entre los hombres, el movimiento de cámara y la composición musical: es un sublime instante de occidente que le debemos al maestro húngaro. Filmado en 35 mm, el plano-secuencia dura nueve minutos y medio, cerca del límite de lo que una bobina de película permite.

Según Tarr, todas sus películas tratan sobre la dignidad humana. En este caso es la dignidad del hombre frente al cosmos desde una cantina, en un pueblo perdido en el centro de Europa. Los astros encarnados en seres humanos, la infinitud del espacio narrada por un joven. La fotografía en blanco y negro y la exquisita banda sonora son una dupla perfecta. Hay pocos momentos tan significativos en la historia del cine como esta primera secuencia, y así está bien: si los tesoros no fueran pocos no serían tesoros. 

El pueblo de Werckmeister Harmonies se parece a Comala. Aunque los separan décadas y miles de kilómetros, uno vive en el celuloide y otro en el papel, hay una liga que los une. Ambos se caen a pedazos, sí; hay similitudes narrativas, pero lo que comparten más profundamente es la atmósfera. A esa primera secuencia y la cinta completa le agrego como contrapunto tres pasajes escritos por Juan Rulfo en Pedro Páramo

Faltaba mucho para el amanecer. El cielo estaba lleno de estrellas, gordas, hinchadas de tanta noche. La luna había salido un rato y luego se había ido. Era una de esas lunas tristes que nadie mira, a las que nadie hace caso. Estuvo un rato allí desfigurada, sin dar ninguna luz, y después fue a esconderse detrás de los cerros.

En el comienzo del amanecer, el día va dándose vuelta, a pausas; casi se oyen los goznes de la tierra que giran enmohecidos; la vibración de esta tierra vieja que vuelca su oscuridad.

El sol se fue volteando sobre las cosas y les devolvió su forma. La tierra en ruinas estaba frente a él, vacía. El calor caldeaba su cuerpo. Sus ojos apenas se movían; saltaban de un recuerdo a otro, desdibujando el presente. De pronto su corazón se detenía y parecía como si también se detuviera el tiempo y el aire de la vida. 


A veces los mundos imaginarios son más reales que el nuestro. Los borrachos de Béla y los fantasmas de Juan están vivos en el espacio paralelo que es la ficción, y conviven ahora en estos párrafos. Por un momento es posible imaginarse Comala en blanco y negro, filmado por Béla Tarr, y se escuchan los murmullos de Dorotea y Juan Preciado entre las grietas de las paredes de aquel pueblo que no existe, que solo existe en la pantalla y en la mente del espectador. 

Basado en La melancolía de la resistencia, una novela de László Krasznahorkai, en el guión también están esas reminiscencias quizá rulfianas: "Y en ese momento el aire se torna frío. ¿Lo sientes? El cielo se oscurece y todo se vuelve negro. Perros aúllan, conejos se esconden, venados corren en pánico, asustados. Y en este terrible, incomprensible crepúsculo, hasta los pájaros regresan confundidos al nido. Y después: completo silencio. Todo lo que vive está quieto. ¿Se marcharán las colinas? ¿Caerá el cielo sobre nosotros? ¿Se abrirá la tierra bajo nuestros pies? No lo sabemos. No lo sabemos porque un eclipse total ha venido." Dos visiones se contraponen como espectros. La Tierra es vista desde un punto de vista similar, descrita con imágenes y palabras hermanas. 

Según Mitl Valdez, quizá el cineasta que mejor ha adaptado la obra de Rulfo, la suya es una "realidad mítica: una dimensión sin tiempo ni espacio definidos (...) en la que confluyen lo terreno y lo cósmico". El mundo de Werckmeister Harmonies es similar: no hay un tiempo ni un espacio definidos; podría ser cualquier momento de los últimos siglos, y el pueblo es un espacio construido a partir de muchos lugares. Al igual que Comala, es un espacio inexistente y fantasmagórico. Y, sobre todo en la primera secuencia, confluyen lo terreno y lo cósmico: astros encarnados en cuerpos humanos. 

Béla Tarr presentó El caballo de Turín en la Cineteca Nacional y anunció su retiro como director de cine. Dijo que en adelante se dedicaría a producir, a fungir como paraguas para aquellos cineastas demasiado frágiles para enfrentarse a las inclemencias de la producción cinematográfica. En suma, dio por terminada su obra, de la que Werckmeister Harmonies es pieza clave. 

Valusca lo dice bien al final de la secuencia: "Pero, señor Tarr, esto todavía no termina".

Twitter del autor: @jpriveroll