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El libro de los sueños más antiguo que se conserva

Arte

Por: pijamasurf - 06/24/2013

La fascinación en torno a los sueños y la necesidad de descifrarlos son tan antiguas como el momento en que el ser humano se percató de la existencia de esa realidad paralela que solo surge cuando la conciencia duerme; un papiro egipcio es el documento más antiguo que se conserva al respecto.

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La realidad onírica ―idea que de un inicio parece contradictoria― ha fascinado al ser humano desde siempre, lo mismo en su historia personal que en la colectiva. La biografía de una persona podría trazarse, también, por los sueños que la asaltan cuando duerme; y si fuera posible recolectar los sueños de decenas, cientos, miles o millones de personas que comparten una misma época y lugar, sin duda este tipo de exploración socio-onírica ofrecería otras claves para entender ese momento histórico.

Este interés por los sueños se ha manifestado, entre otros aspectos, en libros que buscan descifrarlos, reducirlos a un significado inteligible ya de vuelta en la vida diurna y consciente. Una de las creencias más remotas que sin embargo ha sobrevivido hasta nuestros días, es que lo sueños son un mensaje, y su dificultad simbólica se toma como prueba de ello. En efecto: ¿por qué si no los sueños son tan enigmáticos? ¿No es porque intentan decirnos algo?

En este sentido, el documento de codificación onírica más antiguo que se conserva es un papiro egipcio cuya antigüedad se data en el año 1275 antes de nuestra época, probablemente escrito durante el reinado de Ramsés II, de la Dinastía XIX.

El papiro comienza con un singo herético en la parte superior de una columna y sigue con la frase “si un hombre se ve a sí mismo en un sueño”; después, en líneas horizontales, se describen distintos sueños que al final se valoran como “bueno” o “malo”. El texto enlista primero los sueños buenos y en segundo lugar los malos. “Malo” está escrito en rojo, “el color del mal presagio”. Aquí un par de ejemplos:

Si un hombre se ve a sí mismo en un sueño mirando hacia una ventana, bueno; significa la escucha de su llanto.

Si un hombre se ve a sí mismo en un sueño con su cama en llamas, malo; significa que está alejando a su mujer.

Según especulan los historiadores, el papiro tuvo varios dueños antes de ser depositado en el cementerio de Deir el-Medina, donde fue encontrado. Uno de sus poseedores conocidos fue el escriba Qeniherkhepshef, quien al reverso copió un poema alusivo a la Batalla de Kadesh, en la que el ejército faraónico repelió a las tropas de los hititas. En buena medida fue gracias a esta transcripción que el documento pudo fecharse. A partir de entonces este se conservó en la familia del escriba durante más de un siglo. Actualmente se conserva en el Museo Británico.

También en Pijama Surf: Los sueños significan algo: casi nunca lo primero que pensamos

En Scribd, el Libro de Sueños de Jorge Luis Borges.

[disinfo]

Lo que las conejitas de Playboy pueden enseñarnos sobre Wall Street y la suerte

Por: pijamasurf - 06/24/2013

La suerte es un factor difícilmente contabilizable por la estadística. En una situación de indeterminación, sin embargo, podemos convocarla cubriendo los demás factores.

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En el 2006, diez conejitas de Playboy participaron en un curioso experimento: se les pidió que eligieran cinco acciones en la bolsa de valores e indicaran el curso de acción de movimientos bursátiles para obtener las mayores ganancias posibles. La idea de la compañía organizadora, Tradingmarkets, era mostrar lo difícil que puede ser invertir y manejar flujos en Wall Street a través del índice de Standard & Poor's 500, un indicador bursátil que menos de un tercio de profesionales son capaces de vencer. El resultado fue sumamente inesperado.

La conejita del mes de mayo del 98, Deanna Brooks, eligió acciones que sobrepasaron los 43.4 puntos porcentuales, derrotando por amplio margen al índice S&P 500, que obtuvo 13.6%, y haciendo polvo también a más del 90% de profesionales que cada día tratan de mejorar los rendimientos que les dicta el indicador.

Pero Deanna Brooks no fue la única conejita que, además de belleza, mostró talento para las inversiones de bolsa; cuatro de las 10 conejitas del experimento tuvieron retornos de inversión mejores que los prescritos por el S&P 500, algo que menos de un tercio de los brokers de Wall Street consiguen en un día normal.

La explicación de este fenómeno es nada menos que la suerte.  

Invertir en la bolsa de valores, como muchas otras actividades, requiere conocimiento, preparación y motivación, pero existen elementos contextuales y contingentes de los cuales no podemos hacernos responsables --que en Wall Street pueden ejemplificarse por los movimientos bruscos de los indicadores, provocados por eventos en la geopolítica mundial, fenómenos naturales, y variables que nadie es del todo capaz de predecir.

La suerte es un fenómeno perceptual donde recibimos un beneficio inesperado en una situación de indeterminación. Podemos seguir el movimiento en retrospectiva, del efecto hacia la causa; pero el movimiento contrario (cómo provocar una causa), en situación de indeterminación --como en Wall Street-- es mucho más difícil: estamos en el terreno de la predicción. ¿Cómo hacer, pues, predicciones efectivas, o relativamente confiables?

En términos estadísticos, cuando un resultado puede provenir de factores no-contingentes como la habilidad o el conocimiento, podemos basarnos en evidencia (ej. Una receta de cocina.) Pero cuando el resultado es producido por factores para los que no tenemos evidencia, la apuesta racional se inclina por la estadística (ej. 1 de 3 posibilidades de ganar al jugar piedra-papel-tijeras, 1 en 7 mil millones de ser mordido por un tiburón, etc.)

Pero la suerte, como factor perceptual y discreto, no puede contabilizarse en esta ecuación. Es por eso que estamos inclinados a pensar que las conejitas de Playboy tuvieron suerte en la bolsa de valores por la única razón que queda: porque tienen cuatro patas de conejo.

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