Pijama Surf

¿Tener un diario o transcribir disciplinadamente los sueños son comportamientos profundamente egoístas?

Escribir puede considerarse una tarea o una necesidad profundamente egoísta, pero en el fondo, en su propósito último, puede ser que culmine en una de las maneras más auténticas de tender un lazo con el mundo.

Por: Juan Pablo Carrillo Hernández - 01/05/2013 a las 00:05:04

kafka

Una página de los diarios de Kafka

Socialmente (y efectuando una generalización posiblemente injusta) el escritor puede considerarse un ser egoísta, ególatra, misántropo incluso. Cuántas historias no se conocen de escritores y escritoras que prefieren la paz de estos desiertos, la soledad y el aislamiento y que aun encontrándose acompañados parecen ausentes y distantes, ensimismados, habitando las regiones inaccesibles de su vida interior. Cuántas historias no se conocen de escritores que, geniales en su vida intelectual (o por lo menos destacados) son sin embargo un desastre en su vida emocional, incapaces como parecen (o son) de establecer un lazo con el prójimo, con el semejante, entregados como dicen estar a nada más que su obra (que, visto desde fuera, no parece otra cosa más que una extensión de sí mismos).

Puede ser, en efecto, que esto sea cierto. Al menos en parte. Los escritores tienen el defecto social de poseer una intensa vida interior: lo que viven lo viven quién sabe si docenas o cientos de veces, recreando un suceso hasta dar con la fabulación que satisfaga su visión de mundo o la visión de mundo que quisieran transmitir (y ese, quizá, sea el lazo último que redime al escritor: la voluntad de transmitir). En cierta forma esa es la razón de su autismo (permítaseme la licencia médica): un corpúsculo en la mente del escritor que lo impulsa, a veces sin él quererlo, a dejar de vivir en el mundo para vivir en su mundo, una potencia que lo toma y lo arrastra no fuera de sí, sino a sus propias profundidades, lo arroba pero no en un sentido místico, sino en sentido negativo, a un fondo en el que posiblemente no encuentre nada —para, pese a todo, convertir esa nada en algo.

Pero si hago del “escritor” el sujeto de estas divagaciones la verdad es solo por comodidad discursiva. Lamentablemente ese es un estado del espíritu que ahora se considera exclusivo de unos cuantos a quienes convencionalmente se considera escritores profesionales, a pesar de lo contradictorio que pudiera sonar dicha noción. Escritor, a fin de cuentas, es quien escribe por la sola razón romantizada de tratar de entender la contingencia y el caos de la existencia, su carácter absurdo. Escritor es quien suple el diván y la charla con el psicoanalista o el amigo con una libreta y una pluma. Quien gracias al ejercicio de la escritura (o a pesar de este) consigue aclarar o enturbiar aún más los conflictos de los que se cree preso.

En este sentido, uno de los comportamientos antonomásticos del escritor, también uno que podría caer, al menos superficialmente, en el rubro de la egolatría, es el de tener un diario, actualizarlo más o menos día a día, reservar una de sus horas para pasar por el filtro de la escritura (transcribir) hechos que originalmente fueron presencia, gestos, sucesión inasible del tiempo. ¿Qué comportamiento más egoísta, más solipsista, que guardar para sí ese fragmento ínfimo de la realidad que presuntuosamente el escritor cree que le tocó vivir solo a él? “Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente pasa me pasa a mí”.

Y por si esto no fuera suficiente, hay quienes añaden una derivación a esta conducta, una suerte de corolario escritural, de subcategorización, que consiste en practicar la escritura de sueños. Tomar la pluma o sentarse frente a un teclado para rememorar tan fielmente como sea posible lo recién soñado, para, en una fase ulterior, encontrar o inventar las conexiones entre las fantasías oníricas y lo realmente vivido. ¿Por qué esta persona en este sueño? ¿Por qué en este lugar? ¿Por qué un tablero de ajedrez?

Pero si ya antes aventuré que la disculpa para el misantropismo o egoísmo del escritor pudiera encontrarse en su propósito último de transmitir algo —de él mismo redimir a otros por la vía de su sufrimiento convertido en escritura, en comunicación, con todo el mesianismo que esto conlleva— en el caso de este último aspecto de la vida del escritor tal vez haya un significado todavía más trascendente —y al mismo tiempo profundamente íntimo.

Pienso qué tan egoísta o narcisista puede considerarse la escritura o recreación de un sueño, aparejado con el sostenimiento de un diario. Me digo ―a la luz de lo último que yo mismo escribí o descubrí, a lo cual no hubiera llegado, posiblemente, de otro modo― que, después de todo, poco o nada, al menos si se considera que ambas tareas redundan ―socrática, vedánticamente― en el mejor conocimiento de uno mismo, acaso también en la paz con uno mismo, la condición necesaria para ser capaces de conocer otras cosas, acaso también para entrar en paz con otras personas.

Twitter del autor: @saturnesco


Comentarios

  1. Alejandra dice:

    A los artistas siempre se les ha considerado egocéntricos. Pero como podrían los artistas crear sin hacer introspección. Quiero ser artista pero aún no encuentro una razón profunda para hablar de mí misma o de lo que siento. Me gustó la parte que dice que puede ser una de las maneras más auténticas de tender un lazo con el mundo. Tal vez esa sea una razón profunda.. Me gustó el artículo.

  2. Willow "El Rojo" dice:

    Conocerse mas a si mismo no es una tontería, es la puerta de entrada a la felicidad.

  3. Edward dice:

    Absurdo titulo, considerar algo intimo como narcisismo, o llevar un diario como algo egoísta, es muy tonto este articulo. Por favor sus conceptos personales no nos interesan, por favor investigue, reflexione antes de publicar algo incipiente!

  4. Sergio dice:

    Encuentro interesante (y algo chistoso) el hecho de que, tratando acerca del egoísmo y la escritura, el autor de este artículo, supongo, se sintió identificado y de cierta forma obligado a escribir acorde al tema, utilizó “bellas” palabras, no muy rebuscadas sino palabras que iban adornando el escrito como para hacer notar su amor por su propia escritura. Viendo los comentarios veo que logró su objetivo: agradar a los lectores (no es un reproche ni mucho menos, pues incluso a mi me agradó su estilo). Pero bueno, esto tan sólo es mi opinión (curioso también el hecho de que creo estar adornando mi comentario).

  5. eduardo dice:

    quien hablo en esta nota fue alguien quien se esta describiendo asi mismo, por que las palabras que has descrito , seguro salieron de un “escritor” que necesitaba compartir parte de su terapia inconclusa.

  6. Corolaria dice:

    Más que el narcisismo, supongo que el transcribir los sueños va enfocado a las últimas líneas. El llevar un registro de los sueños es un gran poder de autodescubrimiento y de ponerse en contacto con aquellas partes del inconciente que bien nos servirían para sobrellevar la realidad de una forma más conciente, por contradictorio que parezca.

    Además, el tan solo hecho de escribir los sueños desarrolla un potencial extra para recordar los sueños con mayor facilidad, tener sueños más complejos y reveladores, como también para alcanzar los sueños lúcidos. Si bien todo lo anterior puede ser calificado de egoísmo al estar centrado en la propia persona, no considero que sea egoísmo el profundizar en la propia persona para después lograr una unión con lo externo de una forma más auténtica. Quizá sería más narcisista realizar filantropía con el único fin de engrandecer el ego.

    Saludos

  7. clinton castro dice:

    No deberían dejarte escribir aquí.

  8. Carlos Soriano dice:

    Me gusto la nota, interesante debo de admitir, es un buen trabajo, lo leeré y lo re-leeré porque vale la pena hacerlo.



Comenta.

Tu email no será publicado. Datos Obligatorios*

 
NULL