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Niña de 13 años en China mata a otra de su edad por ser más guapa y delgada que ella

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/09/2013

En China, en la región de Guangxi, una niña de casi 13 años asesinó a una compañera de clase por el solo motivo de ser más guapa y delgada que ella, situación que le provocaba un resentimiento irrefrenable.

cuchilloEn la región autónoma de Guangxi, al sur de China, una niña de casi 13 años de edad asesinó con una silla y otros instrumentos caseros a una compañera de clase, de la misma edad, por el solo motivo de que esta era mucho más guapa y delgada que ella.

La niña, de apellido Qin, invitó a su compañera Zhou a su casa después de clases, so pretexto de jugar y pasar el rato juntas. En algún momento, mientras Zhou se entretenía con su teléfono portátil, la joven criminal tomó una silla de madera y la estrelló en la cabeza de su “amiga”, quien de inmediato quedó inconsciente. Ante el temor de que cuando volviera en sí Zhou la acusara con sus padres y sus maestros, Qin tomó varios objetos ―tijeras, un cuchillo, una botella de cerveza― y mató a la niña. Acto seguido la desmembró, metió el cuerpo ya reducido a pedazos a bolsas de plástico, se deshizo de estas, limpió la sangre del lugar e hizo como si nada hubiera pasado.

Al final, sin embargo, Qin fue señalada como la responsable del asesinato. Las autoridades la acusaron de homicidio intencional, pero su defensa jurídica argumentó que no se le podían fincar responsabilidades en razón de su edad: según la legislación local, 14 años es la mínima para condenar a alguien por asesinato.

En el juicio entablado por el caso se reveló el motivo que tuvo Qin para quitar la vida a su compañera, el cual fue, sorprendente e increíblemente, que la consideraba más hermosa que ella misma, lo cual le despertaba un resentimiento irrefrenable.

El asesinato ocurrió el pasado 10 de abril del 2012, pero solo hasta hace unos días las instancias judiciales del lugar dictaron sentencia: un pago de 108 mil yuanes (aproximadamente 176 mil dólares) de los padres de Qin a los demandantes por los daños causados.

[chinaSmack]

¿La infancia y la lectura son contradictorias entre sí? ¿El espíritu vivo de los niños se opone a la neurosis y la pasividad propia de la vida lectora? Pablo Doberti elabora al respecto.

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Rashaida Tribe Kid Reading Quran In A Coranic School, Kassala, Sudan/Eric Lafforgue (flickr)

A veces desconfío de los niños lectores.

Sé que les es consustancial lo fantástico, pero se me hace impostada —por ejemplo— esa pasividad corporal propia de la lectura. No puedo representarme su valoración de un objeto tan poco carismático para un niño como un libro.

Encuentro muchas inconsistencias entre la infancia y la lectura.

Digo la lectura, no la narración.

En la infancia, asocio mejor al libro con la condescendencia que con el deseo; es decir, con la sobreadaptación infantil al deseo adulto. Un niño sabe que con un libro en las manos llamará poderosa y positivamente la atención de los adultos. Un niño con un libro se sabe infalible; satisface. Y hay niños a los que les gusta satisfacer. Son los convergentes. Un niño con un libro en las manos es un tiro al piso.

Me gustan más los niños traviesos; los desconcentrados. Los personajes de los libros. Los que no merecen exclamaciones de admiración, ni se los pone de ejemplo. Me resulta más verosímil que un niño quiera oír una historia a que quiera leerla; que quiera oír incluso trozos de una historia. Eso del libro y de leer no me cuadra con los niños.

Siguiendo la lógica oriental de aproximaciones progresivas y elípticas, yo creo que debemos ir llevando a los niños a la lectura muy de a poco y por amplios rodeos; como si estuviéramos yendo para otra parte. El libro y la lectura, propiamente, podrán ser el objetivo, pero deberán esperar si a ellos se quiere llegar. Aquéllo del vísteme despacio que estoy apurado.

Empezar —por ejemplo— por los chismes, los juegos de palabras, los fraseos sinsentido. De a poco, estimular la atención. Mientras, todo el tiempo, lo fantástico. Lo fantástico en lo nimio. El absurdo. La intriga. Constantemente, rodeos al libro y a las bibliotecas. Mejor si las volvemos intocables, santuarios prohibidos. Libidiniza. En el lugar del culto al libro, el mito del libro. Meticuloso labrado del enigma de lo que contendrán.

Luego, cuando pareciera que nos acercamos, otra vez regreso al principio. A contar, a escuchar cuentos y a recontar… A observar a los pájaros. A descomponer palabras. A trazar metáforas.

Orillar los libros, cortejarlos, y así ir invistiéndolos de lo que todo objeto deseado debe ser investido: prohibición, deseo de los otros, distancia y dificultad. Sobre la contracara exacta del niño leyendo, ir construyendo al adulto lector. Es decir, al que desea los libros.

Poco a poco y sin desvíos, erigir el mito y el símbolo. La biblioteca paterna, metáfora del universo insondable…

Si en cambio insistimos en hacer del libro el objeto obligatorio y convergente, entonces, aunque avance ese paisajismo varias veces kitsch de los niños lectores, cada vez habrá menos deseos de lectura.

Porque también en el campo de la promoción de la lectura —que es práctica tan humana y neurótica como otras—, el deseo se construye por alusión, por prohibición, por seducción e inasibilidad.

No obliguemos a leer —que parece obvio—, pero tampoco favorezcamos ni festejemos un encuentro que si no es deseado, no será encuentro. Ya lo enseña el mismo Romeo y Julieta: es conveniente que medie alguna prohibición para que se construya el verdadero amor.

Twitter del autor: @dobertipablo

Sitio del autor: pablodoberti.com