*

X

¿Es posible manipular a la gente a voluntad? Sólo para lectores muy inteligentes

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/26/2013

Leer la mente o hacer que miles de personas piensen lo mismo fue algo que la magia se jactaba de hacer en tiempos antiguos; hoy la psicología, la publicidad y los medios tienen un papel mucho más cercano a la ingeniería de la conducta que la magia, emulando sus efectos.

No necesitamos construir una elaborada teoría de conspiración para ver la manera en que las personas se manipulan cotidianamente unas a otras. En el libro No eres tan listo (en Amazon), David McRaney da algunos ejemplos de lo fácilmente manipulables que son las personas si encuentras algo que les interese (además de explicarte por qué tienes muchos amigos en Facebook o por qué tu memoria es sobre todo ficción; una lectura muy recomendable.)

En el libro se detalla un experimento elaborado por el psicólogo Steve Sherman. En él, Sherman llama al azar a algunos números y le pide a la gente que asistan a prestar trabajo voluntario en una recaudación de fondos para una asociación de investigación contra el cáncer. Debido a que, para nuestra autoimagen, luchar contra el cáncer es algo bueno y con lo que nos gustaría vernos asociados, mucha gente dijo que asistiría al evento, pero sólo 4% de los que confirmaron asistieron en realidad.

En una siguiente ronda de llamadas, Sherman simplemente le preguntó a la gente si ellos creían que eran el tipo de persona que donaría su tiempo si tuviera que hacerlo. Casi todos los que respondieron positivamente asistieron después al evento de recaudación.

La lección, el tweak o el hack conductual parece consistir en que si logras que una persona se convenza a sí misma de ser cierto tipo de persona, actuará en consecuencia con eso. En cierto sentido, incluso sería posible decir que la manipulación es posible no porque el manipulador le diga a la gente qué hacer, sino porque es capaz de convencer a la gente de que son ellos mismos quienes quieren hacer esas cosas. La gente no puede ser manipulada a menos que quieran ser manipulados.

Esto ha dado pie a todo tipo de malentendidos históricos. Para usar un ejemplo polémico, pensemos en que los crímenes y horrores del nazismo en la Segunda Guerra Mundial estaban dirigidos no sólo a instaurar una forma particular de sociedad industrial, sino a hacerle creer a los alemanes que dicho mundo era posible. Fue el mismo caso con China: los dictadores confunden propaganda con historia, persuadiendo eventualmente a la gente de ser una "raza" superior o elegida por dios; si la gente asume tales directivas, en estricto sentido no está siendo manipulada, sino siguiendo la imagen de sí misma que reciben del gobierno, los medios u otras personas, en los casos anteriores, con desastrosas consecuencias.

El "efecto Pigmalión" ha sido descrito como el responsable de estos comportamientos. En ciencias sociales (también llamada "efecto Rosenthal"), el efecto Pigmalión es un fenómeno que consiste en que, mientras más altas expectativas se pongan en una persona, mejor será su desempeño. Pigmalión fue un famoso escultor de la Antigüedad griega quien en algunas versiones de la leyenda se enamora de su propia estatua, una reproducción de Afrodita, por lo que la diosa, conmovida, le da vida a la estatua para que el escultor pueda disfrutar de ella.

Esto nos demuestra que en efecto puede haber maneras de manipular a la gente, pero que por la misma via puede generarse un cambio social positivo convenciendo a la gente de las ventajas y oportunidades que tienen; sin embargo, en el ejemplo del libro, la gente estuvo dispuesta a prestar su trabajo voluntario no por la importancia intrínseca de la lucha contra el cáncer, sino porque quieren creer que son personas consideradas y conscientes que ayudan a los demás. Si al creerlo ayudan a los demás, ¿por qué no?

Si puedes hacer que alguien crea algo sobre sí mismo, con toda seguridad es posible que esa persona compre los productos que le refuerzan esas ideas de sí mismo, es posible hacer que actúe o haga cosas que del mismo modo refuercen lo que ya sabe, incluso estando en contradicción con valores "humanos" de tipo más general, como la vida o la honestidad. En las micropolíticas de convivencia tomamos muchas decisiones sin darnos cuenta; si la gente tiene tiempo de pensar y elegir, probablemente tomen decisiones que pueden no ser congruentes con sus futuras acciones (como en el primer experimento); pero si hay que decir o hacer algo de inmediato, es decir, actuar rápidamente (como cuando te hacen una encuesta, te piden que firmes algo o simplemente actúes impulsivamente), es muy probable que quien hace las preguntas tenga más control de la situación, incluso sugiriendo la respuesta que la gente debe dar en la misma elaboración de la pregunta, lo que da la impresión de que se dio una respuesta "correcta" y que nuestro interlocutor la aprueba (segundo experimento), por lo que actuamos en consecuencia con ella para no "decepcionar" la imagen que dimos de nosotros mismos.

La lección es que la gente no puede ser manipulada para bien o para mal a menos que voluntariamente decida manipularse a sí misma.

Entre el Om y el glam ha florecido una generación de practicantes que perciben, y proyectan, al yoga como una herramienta de sexy status.

 

Unknown

Sugerente flexibilidad, glamour saludable, y erotismo cuasi-místico, son algunos conceptos que actualmente podríamos asociar con el yoga –o al menos hay un mercado que eso procura. Hoy en día ser maestro(a) de esta ancestral disciplina, o practicarla habitualmente, equivale a formar parte de la sexy iconografía pop del imaginario colectivo: poseer un cuerpo envidiable, mantener una sofisticada relación con tu salud física y tu alimentación, y estar en sintonía con una exigente moda.

Lo cierto es que la practica del yoga no siempre estuvo respaldada por una millonaria industria de accesorios y aditamentos, ni por un status ligado a la estética física y el coolness sociocultural. Claro está que hay miles de practicantes que mantienen una genuina relación con la esencia del yoga, pero su masiva popularidad detonó una inercia de frivolización, particularmente inclinada al culto del cuerpo según los cánones occidentales y, consecuentemente, a su sexualización.       

Los orígenes y la llegada a Occidente

La primera vez que apareció escrito el término yoga fue en el Katha Upanishad, alrededor del 400 a.C., y se refería más a una especie de tecnología espiritual, ligada al control de los sentidos, que a un sistema filosófico o una práctica física. Poco después el Bhagavad Gita dedicaría un capítulo completo al yoga, el sexto, y eventualmente, entre los siglos I y V, se consolidaría como un sistema filosófico que sería adoptado por diversas tradiciones –entre ellas el budismo, el hinduismo y el sikismo.

 

En occidente no fue hasta mediados del siglo XIX que el yoga apareció por primera vez, respondiendo al interés de un reducido grupo de intelectuales, y ya en la década de los 60's, con la ebullición hippie y la popularización de la cultura oriental, el yoga se consolidaría como un instrumento de desarrollo holístico. Vale la pena aclarar que en los años siguientes se mantendría un énfasis en el aspecto espiritual de la práctica, el cual era complementado por la ejercitación del cuerpo físico. 

¿Om o glam?

“A menos que me haya perdido yo un comunicado advirtiéndolo, la espiritualidad no es exclusiva de chicos guapos, caucásicos, con buen cuerpo, que tienen más dinero del que saben como gastar.”

Lo anterior fue escrito por Chris Grosso en una crítica a la sexyficación del yoga, y aunque pueda sonarnos un tanto radical, creo que existen ciertas manifestaciones que podrían justificar su denuncia –por ejemplo, el que exista una línea llamada Urban Zen, de Donna Karan. 

Pero más allá de criticar la moda yoguística, que en lo personal prefiero que el pulso pop se vierta hacia prácticas sanas que hacia otras destructivas, resulta interesante preguntarnos ¿que sucedió en los últimos veinte años con el yoga? ¿qué ocurrió entre esas reuniones de personas ataviadas con atuendos psicodélicos en los 70’s, intentando canalizar una búsqueda espiritual, genuinamente o no, y las nuevas ‘health models’ que aparecen en decenas de sensuales videos promocionales? ¿qué hay entre el Om de Yogui Bhajan y el glam de Miranda Kerr?images

El mercado del bienestar

Supongo que buena parte de la respuesta está en el mercado: es mucho más fácil construir una industria rentable en torno al yoga si añadimos el ingrediente sexual que si enfatizamos en el desarrollo del espíritu. Y atrás de esa intención de mercado hay una estructura mediática que fomenta la percepción de esta práctica como una herramienta para acercarnos al sexo estereotipado –si tecleó las palabras sexy yoga en mi buscador, Google me arroja más de 56 millones de resultados.

Vale la pena aclarar que de los ‘hacedores de mercados’ no se podría esperar algo diferente, pero en cambio no deja de llamar la atención que miles de personas se hayan ligado a esta práctica desde esa lamentable perspectiva, y peor aún si le añaden pinceladas espiritualoides: desde mujeres que hacen yoga con el explícito fin de modelar sus cuerpos al estilo de las chicas ultra-fit que protagonizan los materiales promocionales (o de amigas que obtuvieron increíbles resultados y se los recomendaron), hasta hombres que ven en esta disciplina una vía corta (y quizá, de rebote, saludable), para engrosar su curriculum sexual.

Evidentemente no tengo una respuesta contundente a las interrogante aquí planteadas pero, en cambio, si la curiosidad para invitarte a una reflexión compartida en torno a este fenómeno. En fin, supongo que solo me resta preguntarte ¿te parecen sensuales mis chakras? A mi no.

 Twitter del autor: @paradoxeparadis