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Patrones en la reciente caída del oro podrían indicar próximo colapso en la economía global

Por: pijamasurf - 04/17/2013

La últimas dos veces que el oro cayó así desató crisis económicas globales.

 

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Este pasado lunes el oro registró su caída más grande en treinta años en el mercado global, sumando una caída de 9.4% en abril y un 20% de su más alto indicador. El sitio de análisis financiero Zero Hedge apunta que las últimas dos instancias en las que el oro ha caído de manera tan precipitada y "desordenada", son en  2008, cuando cayó 21% en lo que fue una señal de la debacle de Lehman Bros. y el colapso del sistema bancario occidental; la otra ocasión fue en septiembre de 2011, cuando cayó 20% en un corto periodo, al tiempo que las acciones en Europa colapsaban provocando una reacción coordinada en el sistema bancario global como nunca antes vista. ¿Vendrá algo parecido?

Países mineros como Sudáfrica ya están viéndose afectados por esta tendencia, y sin embargo, como señala el sitio de ese país Business Day, esto apenas es el inicio de una nueva tendencia global que cambia la marea del sistema financiero.

Hasta que punto pasará este momento a la historia es difícil  de decir con la innumerable cantidad de variables que entran en juego. Las finanzas son el cuerpo esotérico moderno. Quizás esta conexión  no sea más que aquella fantástica y meramente anecdótica entre el país de origen de la modelo que aparece en la portada de Sports Illustrated Swimsuit Edition y una subsecuente bonanza financiera para ese país.

Por otro lado la moneda virtual bitcoins, que registraba una marcada tendencia a la alza, también registró una caída histórica.

 

Páginas matinales: levantarte temprano podría ser el secreto del éxito literario

Por: pijamasurf - 04/17/2013

Utilizar las horas anteriores al alba para escribir ha resultado productivo para muchos escritores y es una forma de enseñarle a tu mente a ponerse en la actitud necesaria para escribir.

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El ritmo de la vida moderna deja poco tiempo para dedicarlo al trabajo creativo: escritores de todos los tiempos han logrado robarle horas al día (o a la noche) para hacer tiempo y realizar su escritura. El poeta estadunidense Charles Olson decía que la mañana era el lugar en el que todavía las preocupaciones no llegaban a tocar a la puerta, y se llamaba a sí mismo "un arqueólogo de la mañana", justo como Haruki Murakami, quien para la hora del amanecer ya ha salido a correr y lleva muy avanzado su trabajo.

Y es que el mundo es demandante y la tenacidad del escritor se demuestra en la manera en que puede funcionar en varios planos de realidad a la vez. Sylvia Plath también se levantaba muchas horas antes del primer latido del sol para escribir su poesía, pero sobre todo antes de que se levantaran sus dos hijos pequeños; la escritora Frances Trollope, en el siglo XIX, también era una madre funcional que podía tener el desayuno listo para sus seis hijos justo después de una intensa sesión de escritura de madrugada.

La dramaturga, guionista y tallerista Julia Cameron escribió en su libro The Artist's Way que una herramienta fundamental del trabajo creativo, ya sea en literatura, en artes o simplemente si se quiere tener un poco de claridad mental, es levantarse y escribir inmediatamente tres planas de morning pages, las páginas matinales. Estas páginas no necesitan ser la encarnación de la prosa literaria, no necesitan ser un diario, no necesitan ser escritura automática: necesitan ser lo que tú necesites que sean cada día.

Si el cerebro y la memoria se ejercitan en la repetición, escribir apenas comenzando la mañana le enseña a tu cerebro que escribir es importante. Le enseña a habituarse a la disponibilidad que exige la página en blanco horas antes de que el mundo exija presencia y atención. Puede que las personas de hábitos nocturnos tengan formas diferentes de encarar el trabajo creativo, pero la ventaja de las mañanas es que puedes pasar tiempo a solas con tu escritura, un hábito nutrido por la repetición.

Habrán días en que uno no pueda poner dos frases juntas sin sentirse estúpido. Esos son los días cruciales. Cuando esa pequeña voz en tu cabeza te dice que pierdes el tiempo, que deberías volver a la cama, que deberías dedicarte a otra cosa. Lo importante es hacer frente a ese miedo (miedo que es deseo disfrazado de incertidumbre) y escribir todo lo que pase por la cabeza hasta completar la página. Si la práctica hace al monje, las páginas matinales son una manera de hacer al escritor.

Paul Valéry solía levantarse a las 4 am y escribir hasta que apareciera el sol. Aunque su reconocimiento se debe primordialmente a su poesía y sus ensayos sobre temas literarios, las páginas matinales que conforman los 10 inmensos tomos de sus Cahiers están llenas de notas insustanciales, a veces ilegibles, de dibujos y de problemas matemáticos a los que era especialmente afecto. "Escribir", en este sentido, toma la forma de una exploración dirigida por la curiosidad. Es colocarse en un estado de recepción y de aceptación sobre las condiciones de la propia mente y de la propia disponibilidad.

Aunque la palabra "rutina" nos parezca muy alejada del trabajo creativo, la repetición de ciertas acciones nos permite entrar inconscientemente en un estado de disponibilidad para la creatividad. Ernest Hemingway escribió "cada mañana, inmediatamente después de las primeras luces", al igual que Toni Morrison, para quien el hábito de ver el amanecer la colocaba en la actitud correcta. 

Milton se levantaba a las 4 de la mañana pero no escribía sino después de dedicar una hora a la contemplación, al igual que Immanuel Kant, quien bebía una o dos tazas de té y una pipa de tabaco antes de enfrentar su monumento filosófico, Crítica de la razón pura. El cubano José Kozer escribe un poema al día, no importa si es bueno o malo, lo revisa al día siguiente y lo archiva en una de sus cientos de carpetas, no importando si está de viaje, enfermo o indispuesto. 

La lógica de esto es la misma que da forma a los rituales mágicos: repetir casi maquinalmente una acción de alguna manera la sacraliza, la vuelve importante para nuestro yo más profundo, el que conoce la justa dirección de nuestro deseo.  Ritualizar no es sino repetir. Pensemos que en ese sentido, el esperar el nuevo capítulo de tu serie favorita de TV es un ritual: le enseñamos a nuestra mente y nuestra memoria (a través de la repetición) que ese tiempo es importante por la razón que sea, y nuestro cuerpo simplemente actúa en consecuencia.

El ritual no es negociable, no conoce de vacaciones y no le importa que tengamos millones de ocupaciones: por eso es sagrado, porque lo defendemos de cualquier distracción simplemente presentándonos a la página en blanco cada día. Aunque nada aparezca ese día, agradecemos: hemos cumplido (como decía Kafka) con una orden que nadie nos ha dado, pero que no somos libres de desobedecer. La de la feliz tiranía de la escritura.

[Con información de Slate]