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La inesperada presencia de T. S. Eliot en la música de Radiohead, Arcade Fire y otras bandas

Arte

Por: pijamasurf - 04/27/2013

La poesía de TS Eliot, en toda su vanguardia, ha sido retomada por emblemáticas bandas como Radiohead, Arcade Fire y otras, lo cual demuestra de algún modo el triunfo último del quehacer poético: colarse a las zonas del gusto medio del público.

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T.S. Eliot, Alexey Kurbatov

En cierto sentido la poesía ha triunfado cuando se convierte en lugar común, cuando se la encuentra inocente e inofensiva en las situaciones más pedestres —y, a pesar de todo, aún conserva un mínimo de potencia para hacer destellar ese rincón donde fue colocada. La poesía puede considerarse triunfante cuando es capaz de resquebrajar los muros del gusto medio e infiltrarlo, acaso también subvertirlo.

Existe un puñado de poetas o poemas que han conseguido esto. En la tradición hispánica algunos versos de Pablo Neruda o de Jaime Sabines se identifican de inmediato, a veces también algunos de Sor Juana y de algunos otros poetas que tienen a su favor los vientos del lenguaje compartido.

En el ámbito anglosajón uno de los nombres más afortunados en este sentido es el de TS Eliot, un poeta que tiene un par de versos que se han citado y parafraseado ad nauseam. El "Do I dare disturb the universe?" de The Love Song of J Alfred Prufrock o el “April is the cruellest month” de The Waste Land, se les encuentra de distintas maneras, sueltos, en su forma original y en otras intervenidas y cambiadas. En pocas ocasiones por razones claras y manifiestas. ¿Es la expresividad del verso? ¿Es que sintetiza un sentimiento compartido por cientos o miles de personas?

Una de las expresiones más elocuentes de este proceso de trasvase que ha experimentado la poesía de Eliot ha sido hacia la música, específicamente hacia el género pop, acaso el más extendido por antonomasia.

Recuentemente Dorian Lynskey ha elaborado en The Guardian un listado interesante sobre algunas de las canciones de música pop (y también de otros géneros) en las que reverbera la poesía de TS Eliot.

“Eliot no habría amado la música pop, pero la música pop ama a Eliot”, escribe Lynskey antes de iniciar el recuento, en el que una de las primeras canciones en salir es Floorshow, de Sisters of Mercy's, en donde se citan fragmentos de The Waste Land: “[White] bodies naked on the low damp ground” y la imagen “violet hour”.

 

 

Lynskey sigue con Playboy de Hotchip y Red Sails de David Bowie, en donde, respectivamente, se encuentra el ya mencionado “April is…” y, en el título mismo, una cita directa de The Waste Land

 

 

 

En cuanto al otro de los poemas más populares de Eliot, The Love Song of J Alfred Prufrock (el que marcó definitivamente al inglés como uno de los poetas más influyentes y vanguardista de su época), hay alusiones, citas y paráfrasis de algunos de sus versos en canciones de Arcade Fire, ChuCk D, Tori Amos y los Manic Street Preachers.

"Like a patient etherized on a table”, “Como un paciente anestesiado sobre una mesa”, parcialmente en We Used to Wait:

 

 

Chuck D:

 

*En YouTube solo se encuentra disponible el disco completo

 

"the Eternal Footman”, “el Lacayo Eterno”, en Pretty Good Year, de Tori Amos

 

 

Después de estos y otros ejemplos el columnista de The Guardian se pregunta por qué Eliot por encima de otros poetas, qué hace especial a este hombre “absolutamente moderno” (por usar la expresión de Rimbaud) y no otros que parecerían con atributos o merecimientos similares.

De entrada Lynskey lo atribuye a la educación formal: TS Eliot es uno de los poetas más enseñados y estudiados en el sistema de educación de los países anglosajones. También en que la manera de Eliot de utilizar el lenguaje (y en particular de The Waste Land), aunque innegablemente poética, tiene cierta cualidad asequible, lo cual a su vez redunda en la facilidad de reproducción.

Más ambicioso parece el intento de Radiohead de imitar The Waste Land pero no en un sentido literal, sino yendo más allá de las palabras, evocar las impresiones que el poema genera en el lector; en el caso de Thom Yorke, de “dislocación y horror acechante”.

 

 

Algo parecido al recurso que empleó PJ Harvey en On Battleship Hill, inspirándose en el collage que, como técnica, también caracteriza la poética de Eliot, en su caso con diversas tradiciones literarias (siguiendo a su vez el ejemplo de Pound) y, en el caso de la cantante, incluyendo fragmentos de óperas, canciones populares y otros “productos” musicales.

 

 

Pero, a final de cuentas, el motivo detrás de esta fascinación por la poesía de Eliot podría ser algo que también defendieron Borges y otros grandes escritores y críticos con notable sensibilidad ante el hecho literario: que a fin de cuentas un poema demuestra su genio cuando de la nada, espontáneamente, nos impulsa a pronunciarlo en voz alta, a decirlo para hacerlo resonar en el mundo y que este, una vez más, se haga presente.

[Guardian]

Hypnerotomachia, el fantástico libro ilustrado de Francesco Colonna, nos sitúa en el espacio luminoso del amor que se busca en sueños, para materializar su propia ilusión divina.

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Tread softly because you tread on my dreams. -W.B. Yeats.

No son pocas las historias, poemas y novelas que tratan de la persecución del amor en sueños, a veces poblados por fantasmas o paisajes hostiles que representan una serie de pruebas amorosas --bosque de espinas de la mente.

La relación del amor y los sueños obedece a una correspondencia simbólica. Por una parte los sueños se asocian a la divinidad o a lo sagrado, al mensaje preclaro o angelical del alma o del corazón que sólo logra filtrarse en un estado de conciencia sutil --puesto que el mundanal ruido lo obstruye. El amado o la amada a la vez suelen ser hipóstasis de la divinidad, una encarnación de las energías masculinas o femeninas que rigen el universo y de las cuales el hombre o la mujer sólo son una representación encarnada --luz que se solidifica por un momento en el tiempo, un parpadeo en el largo sueño de Dios. No es extraño que los poetas hablen de su amada como de la Luna y también de la Tierra (la mujer como una manifestación del espíritu integral del planeta que en el gnosticismo se conoce como Gaia Sophia). Lo mismo ocurre con el Sol --el principal arquetipo del hombre que ilumina la cavidad telúrica (en la alquimia el hombre se transforma en el Sol, hace de su cuerpo la piedra filosofal, a través del hierosgamos, el matrimonio sagrado con la Luna). Cuando Yeats dice en un poema de amor: And pluck till time and times are done/The silver apples of the moon,/The golden apples of the sun, evoca intuitivamente esta correspondencia, conjunctio oppositorum,  de la plata de la luna y el oro del sol que se funden --por un momento aniquilando la dualidad-- en el abrazo del paraíso. Esa desobediencia prístina (of man's first disobedience and the fruit of that forbidden tree) es un beso y es una mordida del Árbol del Conocimiento, que otorga el atributo de la divinidad y por ello provoca el exilio, puesto que la pareja ya no necesita vivir bajo la sombra del dios bíblico, que por otra parte, en su divina compensación, debe de castigar ejemplarmente el hurto del secreto. Los amantes se enfrentan al desierto y a la muerte, pero han probado el agua (ubicua) de la fuente de la juventud.

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El amor y el sueño también están conectados en la red de significados por la pureza. El platonismo y el romanticismo idealizan el amor como el acto de pureza integracional del alma. El sentimiento de pureza que alcanza su apoteosis en el amor tiene su dimension natural, el hábitat de su crisálida, en el sueño. Existe en nuestra arqueología psíquica la noción de que aquellas imágenes o signos que son revelados en los sueños, en las raíces profundas de la mente más allá de la superficie de la personalidad , son emisiones que trascienden la vacilación y la incertidumbre cotidiana (los que provienen del "cuerno", reflexiona Penelope, son proféticos): como si fueran emanaciones de la eternidad, imágenes del gran proyector platónico que teje la ilusión del tiempo --como fotorevelados del espíritu. La voz del sueño, superstición o intuición divina, nos parece más pura; gana en contundencia sin la duda de la racionalidad. Soñar a alguien rápidamente deviene designo. Herencia del pensamiento mágico: creemos en el oráculo interno. Y el sueño contribuye con su gran teatralidad a escenificar una trama que no sólo dota de sentido también conspira belleza --y la belleza, como notara John Keats (truth is beauty; beauty, truth), sugiere verdad. La pureza con su nostalgia de los orígenes, en el sueño y en el amor, confiere un orden secreto, una realidad aspiracional. Y así suspirar en los trances del amor que se erige como reconexión primaria y divinidad posible. Escribe Keats en la Noche de St. Agnes:

      They told her how, upon St. Agnes’ Eve,
       Young virgins might have visions of delight,
       And soft adorings from their loves receive
       Upon the honey’d middle of the night...

En la Noche de St. Agnes se decía que jóvenes mujeres podían recibir dulces visiones de sus amados, siempre y cuando su corazón fuera puro y ejecutaran una suerte de ritual suscitativo que a la vez era un baño lustral erótico, con perfumes, flores y talismanes. Estas visiones anticipatorias eran tomadas como una señal innegable de su destino romántico y una primera seducción --los sueños son siempre la filigrana por la cual cursa la narrativa amorosa más alta. A su vez los amantes se revelan como fuerzas de la luz que luchan contra las fuerzas desvinculantes, entrópicas, del mundo profano, de la vigilia. La aparición refulgente en el sueño es una prueba de fe, inspiración que les permite creer y luchar más allá de la confusión consustancial del mundo material. En el caso de los amantes oníricos es la realidad convencional la que es un fantasma, un fantasma que lo invade todo --pero la visión beatifica sirve como lumbrera en la selva múltiple, en la noche oscura del alma. Dante necesita tanto de la visión de Beatriz como de la guía de Virgilio para cruzar los círculos del  infierno (que a fin de cuentas son el sueño recurrente del alma que se enfrenta con la posibilidad de despertar hacia una realidad superior).

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Hypnerotomachia: la lucha de amor en sueños, una bella palabra que aglutina toda una dimensión poética. Credo místico-romántico del llamado en la floresta, de la voz anunciada entre panteras, cortejo cosmogénico que se repite con sutiles variaciones en el amanecer... Hypnerotomachia Poliphili es la magnifica obra de Francesco Colonna, primero publicada en Venecia (la ciudad del amor) en 1499 con extraordinarias xilografías (que luego fueran admiradas por Jung como diagramas de alquimia). Obra cardenal del amor cortés, el libro inicia con el insomnio pesadillesco de Polífilo, quien ha sido rechazado por Polia ("aquella que es muchas", una mujer que es todas). El héroe se ve transportado a un bosque salvaje en el que se pierde y se encuentra con dragones, lobos, doncellas y una arquitectura cambiante, alucinatoria. Polífilo logra escapar y vuelve a dormir. En una dinámica que remite al sueño lúcido y al arte de ensoñar, se despierta en un segundo sueño (dentro del sueño). Es raptado por unas ninfas quienes lo llevan a conocer a su reina, quien le pide que declare su amor a Polia. Después de cumplir con esta contraseña (que es una prueba de pureza y valor) es dirigido a través de tres puertas por dos ninfas. Escoge la tercera (como el amante de Portia Belmont que escoge el tercer cofre, el de plomo) y ahí descubre a su amada. Se convocan épicas festividades celebrando sus nupcias y los amantes son llevados a la isla de Citera, con Cúpido como barquero (en vez de Caronte), para beber de la fuente de Venus. Luego la narrativa tiene una elipisis y describe la erotomaquia de Polia desde su propia perspectiva, los escollos que ella ha tenido que superar para consagrar la unión. 

Polia, habiendo rechazado a Polífilo, recibe la visita de Cúpido quien la exhorta a buscar a Polífilo quien ha caído en un trance mortecino. Polia lo besa y le transmite el hálito de vida --mientras éste sueña, Venus bendice su amor y cuando está por despertar y tomar entre sus brazos a Polia ella se desvanece.

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Este fascinante libro, traducido como El Sueño de Polífilo, "en el que se muestra que todas las cosas humanas son sólo un sueño", es considerado por algunos como la primera novela de "stream of consciousness" y sigue siendo un tanto enigmático. En su alegoría se detectan los temas eternos del amor "más allá de la muerte" o del amor más allá de la ilusión --y sin embargo, paradójicamente, sus triunfos se desvanecen. Notamos la escena imperecedera del amante que revive a su amado con un beso. Así Isis consigue revivir a Osiris, una vez que ha pegado sus fragmentos y le ha cincelado un falo de oro le sopla el aliento  de la vida para copular con él en forma de pájaro (un acto sexual que lo sublima como señor de la muerte). Así en The Matrix, Trinity posibilita el regreso de la muerte de Neo con un beso --o el agente intergaláctico Lemmy Caution a Natacha von Braun en Alphaville, por citar algunos ejemplos más recientes.

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Hypnerotomachia, una joya renacentista  del  amor mundi  y el libido aedificandi que anuncia una conciencia moderna. Ominosa iluminación de los senderos secretos de la psique humana. El sueño y el amor en un mismo fantástico laberinto: ambos sólo una ilusión, mas divina. 

Twitter del autor: @alepholo