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Jason Collins,el primer deportista profesional abiertamente gay en Estados Unidos

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/30/2013

En entrevista con Sports Illustrated el basquetbolista de la NBA Jason Collins hizo pública su homosexualidad, en un gesto que, paradójicamente, contribuye a hacer ver que la preferencia sexual es parte de la normalidad de cualquier persona.

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A pesar del momento en que se encuentran las sociedades occidentales con respecto a la sexualidad, la elección de esta sigue siendo, en varios sentidos, un tabú. Es elocuente que si bien hay leyes que, por ejemplo, han legalizado las uniones civiles entre personas del mismo sexo, otras que permiten (en toda regla) la transexualidad y otros reconocimientos al hecho de que, en última instancia, la sexualidad es un asunto individual, en la opinión pública existe aún cierta reticencia hacia el tema.

Una expresión de esta actitud se encuentra, por ejemplo, en los deportes, especialmente en su relación con la homosexualidad masculina. Las ligas, los equipos, las disciplinas deportivas son, simbólicamente, uno de los reductos masculinos por excelencia y, pese a todo, pese a la época, pese a las probabilidades, poco o nada se habla abiertamente de la preferencia sexual de los deportistas, en buena medida porque se presupone que la heterosexualidad es la norma.

Quizá por eso causan tanta conmoción anuncios como el de Jason Collins, el primer basquetbolista de la NBA que hizo pública su homosexualidad.

Jason Collins tiene 34 años, 12 jugando para la que posiblemente sea la mejor liga de básquetbol del mundo, también la más publicitada y la más seguida. Actualmente se encuentra libre de equipo, después de haber formado parte de los Boston Celtics y los Washington Wizards, y recientemente se declaró gay en una entrevista que concedió a Sports Illustrated.

“No quisiera ser el niño de la clase que levanta su mano para decir ‘Soy distinto’. Si por mí fuera, alguien más hubiera ya hecho esto. Pero nadie más lo hizo, y por eso estoy levantando la mano”, escribe Collins. En este mismo sentido, el deportista espera convertirse en ejemplo de otros más jóvenes que él, de quienes espera que comprendan que “no importa que seas gay; la clave es que se trata de básquetbol, se trata de trabajar duro, de sacrificarte por tu equipo. Todo es dedicación. Eso es en lo que debes enfocarte”.

Por fortuna para Collins las respuestas recibidas han sido favorables, casi todas de apoyo: “Es increíble. Solo intenta vivir una vida honesta, genuina, y lo próximo que tienes es al presidente telefoneándote”.

En la duela, este hombre que ocupa la posición de centro se ha caracterizado por cometer faltas que terminan beneficiando al equipo, que, por ejemplo, permiten que otros puedan marcar puntos.

Y no se trata, en modo alguno, como sucede con tantos otros asuntos que estrictamente deberían permanecer en la conciencia individual, en la vida cotidiana de cada cual, de hacer de esto un espectáculo público. En lo absoluto. Pero sin duda en el caso de temas marginales (o que la normalidad y el establishment marginan) como la homosexualidad, el anuncio de Collins contribuye a hacer ver que, después de todo, la preferencia sexual de una persona es apenas una circunstancia de su esencia, algo que puede influir o no en lo que es, pero que no tiene por qué determinarla, ni determinar la manera en que el resto del mundo la juzga o la considera. El ser humano, por fortuna, es un ser infinitamente más complejo, y al mismo tiempo más simple, que no puede ser reducido a su sexualidad —acaso aquí también tenga cabida una línea de las Investigaciones filosóficas de Wittgenstein: “es lo que hacemos y lo que somos lo que da sentido a nuestras palabras”.

A fin de cuentas cuando nos encontramos que los "normales" no son tan "normales" como pensábamos o suponíamos, no solo nos damos cuenta de que la "anormalidad" existe, sino, mucho mejor, que ambas nociones son inventos contingentes de una sociedad, casi siempre la suma de muchos equívocos que nos hacen pensar lo que, en última instancia, es fútil o inexistente.

Con información de The Daily Beast y The Guardian

¿La tragedia en Bangladesh nos debería hacer reflexionar sobre el origen de la ropa que compramos?

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/30/2013

El pasado 24 de abril se derrumbaron las instalaciones de una fábrica de ropa ubicada en Savar, en el centro de Bangladesh, con la consecuente muerte de más de 900 personas y casi 2500 heridos, cifras que todavía podrían modificarse en tanto los trabajos de rescate continúan entre los escombros.

Además del evidente pesar por la enorme cantidad de fallecimientos, la tragedia puso de manifiesto las condiciones laborales deleznables que privaban en la fábrica, particularmente en cuestiones de seguridad, las cuales, de haber sido mejores, probablemente los decesos y en general las afectaciones hubieran sido menores.

Apenas se supo del incidente, se dieron a conocer también las marcas de ropa que ocupan dichos talleres para confeccionar sus prendas, destacando Mango, El Corte Inglés, Benetton y Primark, todas ellas rodeadas de un glamour que contrasta dolorosamente con las condiciones en que se encontraban estos obreros.

En efecto: ¿cuánto cuesta una de estas prendas cuando se lleva a boutiques y almacenes exclusivos de las grandes capitales occidentales? ¿Cuánto se distancia este precio de lo que recibe un trabajador como salario diario por las jornadas excesivas que tiene que cumplir para sobrellevar a medias su vida? ¿Cuál es el verdadero costo de la codicia? ¿Quién termina pagándolo?

Como respuesta a las acusaciones las marcas acusadas aceptaron indemnizar a las víctimas, pero es evidente que esto no es más un paliativo, un gesto mínimo y casi insignificante en comparación con la certeza de que esta dinámica persistirá, una dinámica en la que la muerte parece el destino menos lamentable en la vida de un obrero tercermundista.

Y no se trata, en modo alguno, de satanizar a estas marcas en particular. Tampoco de enfocar nuestra posible indignación a la industria textil. Lo cierto es que, en nuestra época, la explotación campea por doquier, es la moneda de cambio que se utiliza para sobrevivir apenas en un mundo despiadado y cada vez menos humano.

En todo caso, la situación, las imágenes, nos pueden servir para pensar que en el consumo se encuentra uno de los ámbitos más inmediatos y efectivos de acción. Si modificamos nuestros hábitos de consumo, si consumimos conscientemente y no solo porque somos títeres de una programación ideológica, conveniente a otros intereses que muy probablemente no sean los nuestros ni los del bien común, quizá hayamos dado el primer paso para que tragedias como esta no se repitan.

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Imágenes vía Huffington Post