*

X
Transmedia es la realización de un contenido a partir de diferentes manifestaciones: un ecosistema que pone a hablar y a producir en conjunto a la infraestructura tecnológica.

Transmedia

Hablamos de los modelos multimedia mucho más que de los modelos transmedia, pero me interesan mucho más éstos que aquéllos.

Decimos multimedia y pensamos en modelos de contenidos digitales que se realizan en varias “medias”; medias como las pcs, los teléfonos, las tabletas y las tvs. Un contenido que se despliega, más o menos eficiente, en más de una tecnología y en más de un tipo de pantalla y de interfaz. Que acopia entornos, sistemas operativos, bases de configuración. Acumula manifestaciones. Es funcional, flexible, adaptable. Sortea incompatibilidades, tamaños, pixelados, software, canales, teclados e interfaces, conectividades y tipologías de usuarios, etc.

Decimos multimedia y muchas de las veces agotamos ahí nuestro horizonte de ambición digital. Nos deseamos multimediales. Nos ilusionamos con la multimedia. Ambicionamos la multimedia y lo sentimos suficiente.

Pero la multimedia se evidencia limitada, se demuestra insuficiente, si la colocamos al lado de la transmedia. Conceptualmente limitada, quiero decir.

Pensamos transmedia y lo primero que se nos pone es que integra o atraviesa. Es decir, hemos sobrepasado la dimensión multimedial del espejo múltiple para pasar a una dimensión integradora transmedial. No es –como la multimedia- un contenido en varios dispositivos, sino varios contenidos en varios dispositivos que hacen un solo ecosistema enriquecido. No parece lo mismo.

Transmedia es la realización de un contenido a partir de diferentes manifestaciones; diferentes pero integradas, que atraviesan los diferentes entornos, las diferentes medias y se cosen por detrás de todos ellos. Un ecosistema que pone a hablar y a producir en conjunto a la infraestructura tecnológica. Contenidos corales, sinfónicos. Múltiples pantallas que trabajan juntas y que en lugar de reemplazarse las unas con las otras, o de superponerse, se complementan y se potencian entre sí. Hilos conductores que trascienden su expresión técnica y su pantalla ocasional para realizarse por encima o por debajo de éstos, como un todo enriquecido en la multiplicación diversa, en la transversalidad integrada. Un storytelling por detrás observado desde las mil ventanas, que son pantallas; una historia leída desde la fragmentación que obliga al complemento creador del lector. Una experiencia narrativa esencialmente nueva. Otra cosa.

Multimedial es una historia contada una y otra vez, en las mil maneras de los mil soportes o dispositivos. Transmedial es esa historia que se construye en la integración de los soportes, canales y dispositivos, que se manifiesta en la integración de sus diversas realizaciones; que se realiza en esa diversidad integrada, en esa narrativa enriquecida que es la transmedia. Nada de espejos iguales, sino miles de recreaciones diversas que abonan a la historia central. Ecosistemas abiertos que avanzan, y no juegos de repeticiones, cómodos pero irrelevantes en términos narrativos. Experiencias descentralizadas; sin patrones, sin dueños, sin autores únicos ni usuarios idénticos. Lectura tan nueva que ya no es lectura.

La multimedia es cómoda, oportuna y útil. La transmedia, no me consta. Pero la transmedia es asombrosa, abierta, explosiva y exponencial. 2.0. Irreverente y moderna.

La transmedia no anhela la reunión en una sola media. No padece la multiplicación medial, sino que la utiliza y la vuelve su recurso. Por el contrario, es por los intersticios de esa fragmentación que entra el productor, para la interacción y la producción y co-creación.

La transmedia se realiza a través de las diferentes medias; construye una experiencia continua gracias a la fragmentación enriquecedora de los diferentes entornos tecnológicos. Y esa experiencia es irreconstruible en una sola media. Su modelo narrativo es hijo de la fragmentación enriquecida y articulable de la transmedia. Juega con ese entorno loco y potente de la fragmentación sincrónica o asincrónica de las medias y se monta en sus hombros para narrar de otra manera, para construir de otra manera, para fijar posición nueva en cuanto a contenidos. En la transmedia, el usuario se imbrica con lo narrado hasta lo indiscernible; se integra a tal punto que ya no se sabe dónde acaba el consumidor y empieza el autor, y además no importa.

En el entorno transmedia uno se acaba olvidando de que las medias compiten por monopolios y por ecosistemas cerrados. Irreverente como la que más, la transmedia se desentiende de esas miserias e integra por arriba, por abajo, por el costado y por la experiencia. Horroriza a la industria y asombra al usuario. Narra desde el futuro.

La multimedia, al revés. Es hija de las determinaciones de la industria; trabaja de espaldas a los derechos profundos del usuario. Es un producto de lo posible, no de lo soñado. La multimedia no sueña, apenas soluciona. Responde a otra ética. Y a otra profundidad.

Tienen otro recorrido y otro sentido. Una está de salida, aunque no quiera. La otra está de entrada, para quedarse, aunque no se dé cuenta.

Nosotros, mientras tanto, ya hemos decidido por qué senda andar…

Twitter del autor: @dobertipablo

Sitio del autor: pablodoberti.com

Matemático asegura que un milagro se puede experimentar cada 35 días; ¿tú ya tuviste el tuyo?

Ciencia

Por: pijamasurf - 04/16/2013

Definiendo el milagro como un evento que tiene 1 probabilidad en 1 millón de suceder, el matemático inglés John Edensor Littlewood publicó a mediados de los 80 una hipótesis según la cual un hecho milagroso debía ocurrir poco más de 1 vez al mes.

milagro

El milagro es, por definición, improbable, pero no imposible (o al menos esa es la esperanza). Tomando esta idea, hubo un matemático a mediados de los 80 que, como si emulara a Gödel o antes a Leibniz en su propósito de demostrar lo intangible por medios tangibles, realizó un cálculo para determinar la probabilidad de ocurrencia de un suceso milagroso, concluyendo que poco más de una vez por mes toda persona debería experimentar por lo menos uno.

El autor de este resultado fue John Edensor Littlewood, matemático británico en 1986 dio a la imprenta el libro A Mathematician's Miscellany, una suerte de divertimento a caballo entre la ciencia y la metafísica, la especulación y la curiosidad y el rigor y en el cual, entre otras inquietudes, daba cabida a esta de la posibilidad del milagro.

Littlewood definió el milagro como un evento que tiene 1 oportunidad en 1 millón de suceder. Asimismo, imaginó personas que estuvieran atentas y de tiempo completo a la ocurrencia de uno de estos: 8 horas, 7días de la semana a la espera de atestiguar un hecho milagroso. Si, al menos hipotéticamente, cada segundo podría ocurrir un milagro, solo tomaría un millón de segundos (o 35 días de 8 horas) toparse con un evento que sucede en 1/1, 000,000.

Proust dice en algún lugar de la Recherche que la Creación sucede todos los días. Emerson sostiene que “el signo invariable de la sabiduría es ver lo milagroso en lo común”. En alguno de los cuentos del padre Brown Chesterton defiende una idea parecida. “La vida es un milagro”, pregona desde su título una de las películas más celebradas de Emir Kusturica. Así que, a fin de cuentas, es posible que Littlewood tenga razón, aunque no de una manera un poco más metafísica y misteriosa que la que él plantea.

“No es lo místico cómo sea el mundo, sino que sea el mundo”. Wittgenstein.

En Faena Sphere: Bóvedas celestes, las matemáticas de Dios

[io9]