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La lectura es un medio, no un fin, uno que se conecta además con una de las necesidades más vitales del ser humano: el alimento que se encuentra al contar y escuchar una historia.

librosHasta ayer nuestra preocupación era que las nuevas generaciones no leían, que no les gustaba ni sabían leer. Y nos movíamos por acá y por allá para tratar (con pocos resultados) de persuadir, inducir e incitar a la lectura.

Hoy siento que el foco del problema ya es otro. Y me pregunto: ¿es leer el verbo sobre el que debe girar el debate ahora? ¿Se trata efectivamente de leer? ¿O la práctica social de la lectura estará en vías de extinción?

Tal vez sí. Creo que es bueno, valiente y honesto que pensemos que tal vez.

Hace un tiempo que el verbo leer me está sonando raro. Se me ha ido enrareciendo con el correr… de los minutos. Toca enfrentar esa sensación.

@reader que no es reader

Parecía que lo que se traía lo digital al campo de la lectura era el debate sobre los soportes (papel o pantalla) y sus consecuencias sobre los derechos, los modelos de negocio de los editores y autores, los brillos, texturas, precios, etc. Parecía –digo- porque creo que al cabo no es ese el debate.

El verdadero @reader que logró romper e imponerse hace ya un par de años es el iPad, que no es un “reader” esencialmente porque no se usa para leer. El resto de los @readers -que lo eran- no tuvieron ninguna escala como para considerarlos con incidencia social significativa. Más me lucen todavía hoy a los últimos estertores de la víctima.

Algo pasó en el camino. Un proceso que empezó apuntándose para allá y que está acabando de cara a acullá. No es la primera vez que pasa. Buscando Las Indias, Colón atracó en América; mofándose de la larga y potente tradición de las novelas de caballería, Cervantes fundó la novela moderna. No sé si Jobs buscaba el mejor @reader del mundo, lo que sí sé es que inventó otra cosa, mucho mejor.

Lo digital no cambia los modos de leer; lo digital pone en cuestión la lectura misma como práctica social.

Leer como verbo

Leer no es el fin, sino el medio. No es en sí mismo bueno leer; nadie es mejor porque lea. En todo caso, es mejor por lo que lee o por la manera en que lo lee. Y no es lo mismo.

Leer es un verbo coyuntural que nos da paso al terreno trascendente de la narración.

Lo que nos confundió sobre qué era qué, ¿nos seguirá confundiendo?

El puente a lo leído era la lectura. Y ahora, tal vez, deje de serlo. Pero en todo caso, lo que cambiará es el puente, o el modo de cruzar, no la otra orilla.

Como se ve, se trata de un duelo distinto, y menor. Estamos velando al perro, no a su amo.

No exageremos.

Elipsis retóricas: lectura digital

Qué complejos somos y qué tan difícil será gestionar los cambios de paradigma que hacemos elipsis sobre elipsis para no tener que caer en la evidencia. Como los ptolemaicos, que tantos epiciclos dibujaron para evitar que la Tierra perdiera “su” lugar. Tan difícil es todo esto que apelamos a eufemismos que nos calman, aunque nos confundan.

Hablamos de lectura digital, por ejemplo. Como si al libro –en su momento- nos hubiésemos empeñado en llamarlo oralidad en papel. El libro es libro y no otra cosa. Pues ahora, en el ámbito digital lo de leer ya no es leer.

Es que cuando PISA (menudo ejemplo) describe la “lectura digital” queda claro que es de todo… menos lectura.

Pero mantenemos los nombres para evitar las angustias… Códigos de convivencia. Como cuando en el contexto del desarrollo de contenidos digitales (educativos, por ejemplo) seguimos obstinados en hablar de catálogos, libros, páginas y demás.

Así somos.

¿Evolución o involución?

Qué más da. Aspectos nuevos, nostalgias evidentes. Algo que se pierde, algo que se genera e incluso, algo que se recupera. Así es el devenir.

El arte de narrar queda y no es poco. Ése viene de muy lejos y mantiene muy vivo su aliento. El contexto estético y expresivo cambia. Nuevos encuadres para unas nuevas estéticas y poéticas. Y luego velocidades, eficiencias y ese tipo de atributos de segundo orden que se adaptan al nuevo entorno y siguen jugando su papel.

La explosión de la escritura. La degradación del lenguaje, pero ¿de qué del lenguaje?

Ahora resulta que se escribe como nunca. La escritura, que había sido reemplazado por la voz cuando el teléfono sustituyó a las cartas, ahora regresa de la mano del mail, del SMS, de Twitter o el Messenger en todas sus variantes, el Skype, el Viber, WhatsApp… Se escribe como nunca; y se lee todo eso que se escribe.

En medio del fracaso de la promoción de la lectura nos explota una escritura de ímpetus renovados. Otro giro para acabar de confundirnos.

… Y su consiguiente degradación del lenguaje –decimos. No lo sé, realmente. Degrada la dimensión menos significativa de la lengua, que son sus normas formales. Pero muchas veces gana en el terreno de la expresividad. Y en todo caso, aunque no gane, se multiplica. Dejemos que se reproduzcan las millones de frases mal armadas, que valen mucho más que las pocas acaso bien armadas que nos estaban quedando.

Los libros que faltan y los libros que quedan

Habrá libros que ya no habrán sido. Libros necesarios, incluso. A cambio, expirarán millones de libros que sobran. Selección natural.

Y también habrá libros que queden. Estarán los que queden como reliquias, y está muy bien. Y estarán también los que regresen a su núcleo duro. Se seguirán contando las historias de Don Quijote y Sancho -quiero decir-, aunque queden apenas 5.000 ejemplares numerados y nadie, ¡pero nadie!, lea el Quijote en su iPad.

Y sobre ese telón seguirán produciéndose –con la efervescencia propia de la condición humana- miles de millones de historias por segundo, que se entramarán aquí y allá con los miles de millones de circuitos de transmisión social que nos atraviesan hoy.

Al cabo, entre tanto cambio hay cosas que no cambian.

Así lo mismo, cuando encuentres a cualquier humano, en la latitud que estés, de la edad que sea y medie el vínculo que medie con él, si le preguntas si tiene ganas de escuchar una historia, hoy, como ayer, como mañana y como siempre, te volverá a decir, infaliblemente, que sí.

Twitter del autor: @dobertipablo

Sitio del autor: pablodoberti.com

Las predicciones de Nikola Tesla para el siglo XXI: el punto ciego de la ciencia ante el poder

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/23/2013

Pese a todo su genio y los conflictos que mantuvo en vida con empresarios como J. P. Morgan, Nikola Tesla creyó fervientemente que en la ciencia se encontraba la clave para un estado civilizatorio casi utópico en que nuestra especie cosecharía los frutos placenteros del desarrollo tecnológico.

tesla

El nombre de Nikola Tesla es legendario. Legendario su genio científico y su capacidad de invención. Su rivalidad con Thomas Alva Edison (sobre quien siempre pesará la sombra del plagio con respecto al trabajo de Tesla) y también su enfrentamiento directo con J. P. Morgan, el empresario que le negó el apoyo financiero cuando supo del proyecto del físico para llevar los beneficios de la energía eléctrica al mayor número posible de personas, pero gratuitamente (lo cual, según algunos, sí consiguió pero sus descubrimientos fueron incuatados por no beneficiar intereses económicos de una élite). Legendario también su estilo de vida: célibe, vegetariano, casi asceta. Legendaria, en fin, su capacidad para entender algunos de los problemas del género humano más allá de la coyuntura y hacer ver que cuando estos se quieren resolver de verdad, la solución se encuentra en la raíz, no en la superficie.

En la década de 1930 Tesla vivía en el Hotel Governor Clinton de Manhattan, en el 20° piso, adonde con cierta frecuencia acudían periodistas del New York Times y de la revista Time a entrevistarlo.

De una de estas ocasiones resultó un artículo presentado como “de Nikola Tesla según lo dictó a George Sylvester Viereck”, publicado el 9 de febrero de 1935 en la revista Liberty. Además de un amigo personal de Tesla, Viereck fue un periodista notable que consiguió entrevistas con personalidades tan opuestas como Einstein y Hitler, un propagandista nazi que negó esta filiación cuando llegó a vivir a Estados Unidos (era de origen alemán) y por este motivo fue encarcelado. Sin duda un hombre a quien parece difícil asociar con Tesla pero que, por esto mismo, nos recuerda ciertas opiniones sombrías del científico de padres serbios, quien hacia el final de su vida defendió abiertamente la eugenesia como método de “purificación” de la “raza” humana.

Según se sospecha, es posible que la plática entre Viereck y Tesla no haya ocurrido en el Governor Clinton, sino en la casa del periodista en Riverside Drive, frecuentada por el científico a la hora dela cena. Ahí Tesla intentó dar muestra de su talento visionario, realizando un ejercicio futurista y de augur que en algunos casos se mostró más acertado que en otros, dejándose llevar en ciertos momentos por la esperanza en la capacidad civilizatoria de nuestra especie.

 

Agencias gubernamentales de protección al medio ambiente

Aunque ya inserto en una dinámica irreversiblemente industrial, el mundo en la época de Tesla no conocía los niveles de contaminación que padecemos actualmente. Con todo, el hombre vislumbró que esta sería intolerable, y que, desgraciadamente, tendrían que crearse dependencias de gobierno que velaran por la conservación del medio ambiente. “Solo un lunático beberá agua que no esté esterilizada”, dijo a Viereck. “El Secretario de Higiene o Cultura Física será de lejos mucho más importante en el gabinete del presidente de los Estados Unidos en 2035 que el Secretario de Guerra”.

 

Educación, guerra y medios

Hoy los países más civilizados del mundo gastan un máximo de su ingreso en la guerra y un mínimo en educación. En el siglo XXI se invertirá este orden. Será más glorioso luchar contra la ignorancia que morir en el campo de batalla. El descubrimiento de una nueva verdad científica será más importante que las querellas diplomáticas. […] Los periódicos del siglo XXI harán más que plantar en las últimas páginas los recuentos del crimen o las controversias políticas pero la proclamación de nuevas hipótesis científicas protagonizará las primeras planas.

Acaso más un deseo que un pronóstico objetivo. Un tanto cercano a la sociedad imaginada por Bertrand Russell en su Elogio de la ociosidad (1932):

En un mundo donde nadie sea obligado a trabajar más de cuatro horas al día, toda persona con curiosidad científica podrá satisfacerla, y todo pintor podrá pintar sin morirse de hambre, no importa lo maravillosos que puedan ser sus cuadros. Los escritores jóvenes no se verán forzados a llamar la atención por medio de sensacionales chapucerías, hechas con miras a obtener la independencia económica que se necesita para las obras monumentales, y para las cuales, cuando por fin llega la oportunidad, habrán perdido el gusto y la capacidad.

 

Salud y alimentación

La manía de Tesla por la alimentación alcanzó en sus últimos años un extremo verdaderamente eremita. Casi como el San Antonio de la leyenda, hacia el final Tesla se alimentaba solo de leche y miel, asegurando que esta era la dieta más pura posible. En la conversación con Viereck aseguró que retiró de su vida todos los estimulantes ―café, té, tabaco―, así como la carne (aunque no el alcohol). Según él, estos alimentos y bebidas solo contaminaban el cuerpo, acelerando el arribo a la muerte. Al alcohol, sin embargo, lo consideró un “elixir de vida”. La miel, la leche y el trigo, dijo entonces, “serán la base de comidas epicúreas en los banquetes más inteligentes del siglo XXI”.

 

Robots

La promesa de los autómatas que, casi desde el siglo XVIII, terminarían por abolir la condena divina del trabajo como única posibilidad de existencia en este mundo, sería por fin una realidad en este siglo en el que nos encontramos, según Tesla. “Los robots tomarán el lugar que los esclavos tenían en las civilizaciones antiguas. No hay razón para que esto no suceda en menos de un siglo, dejando a la humanidad libre para aspiraciones más elevadas”. “La solución de nuestros problemas no descansa en destruir las máquinas, sino en dominarlas”

¿Pero acertó Tesla? ¿No es este el siglo en el que hay más esclavos que nunca ―todos ellos humanos?

 

Energía menos costosa, recursos naturales administrados “científicamente”

Positivistamente, Tesla creía en la preeminencia del conocimiento científico como base de regulación social. La ciencia tendría la última palabra incluso para en lo referente al gobierno y la administración colectiva, particularmente en el caso de los recursos naturales. No sin optimismo, Tesla confiaba en que la “reforestación sistemática” y el “manejo científico” de los recursos naturales sería usual en el siglo XXI, con lo cual jamás volvería a presentarse una sola sequía, un incendio forestal, una inundación. Asimismo, la generación de energía por medio del agua haría esta fuera más barata para todos y también que dejaran de necesitarse los combustibles fósiles.

 

Sin duda los presagios de Tesla oscilan entre el acierto y el anhelo. En algunos el científico confió de más en personas que, como él, otorgan mayor importancia a la cualidad progresista del pensamiento racional, científico. Solo que, como bien lo demostrara Foucault (y el propio Tesla es un ejemplo inmejorable de esto), la ciencia no es ajena a esos mecanismos de poder que generan sus horizontes de posibilidad, en cierto modo los horizontes de posibilidad de todos. La ciencia en sí misma no posee las respuestas, acaso porque “la ciencia en sí misma” no existe. Existe un quehacer imbricado en una red de intereses que llega hasta el laboratorio del científico.

La utopía humanista y tecnológica de Tesla es posible, claro, pero quizá no sin antes deshacer dicha red.

[Smithsonian]