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Tomados de la mano hasta el fin del mundo: emotiva celebración fotográfica del amor

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/06/2013

When we are in love, we love the grass,
And the barns, and the lightpoles,
And the small mainstreets abandoned all night.

[Enamorados, nos enamora el pasto,
y los graneros, y los postes de luz,
las carreteras toda la noche abandonadas.

 (traducción de Aurelio Asiain)]

Robert Bly, Love Poem

Probablemente pocos gestos tan amorosos como ese de tomar de la mano a una persona a quien sostenemos y asimos, a quien nos atamos de esa manera y, probablemente, quisiéramos no soltar ni ser soltados. Desde la madre que toma la mano del hijo hasta el hijo que, quizá, toma la del padre enfermo, la de los hermanos que se acompañan en la infancia y los novios que pasean, los amigos en los juegos de la niñez y los descubrimientos dela juventud, la del anónimo que ayuda a alguien en la calle, llevar a otro de la mano es un símbolo de empatía y afecto sumamente elocuente y ante el cual el lenguaje se rinde a la soberanía de la expresión corporal.

Sirviéndose de este simbolismo, el fotógrafo de origen ruso Murad Osmann ha realizado una serie sumamente emotiva en la que el motivo retratado es elegantemente simple: una mujer de espaldas, llevando de la mano a un hombre, a quien conduce a través de distintos escenarios.

Los fotografiados son el propio Osmann y su novia, Nataly, quienes han recorrido diversos países del mundo elaborando paralelamente esta constancia sentimental de su travesía.

Se trata de una serie en la que el exotismo se combina con el sentimentalismo de las emociones humanas, acaso también de ese elemento de idealización necesario en las relaciones humanas, especialmente las amorosas, que nos hace creer ferviente e incontrovertiblemente que, en efecto, la otra persona se encuentra ahí, a nuestro lado, unida a nosotros, vínculo tanto o más real como la mano que sostenemos entre la nuestra.

[Daily Mail]

Algunas de las cosas más interesantes que hemos aprendido de nuestra sexualidad (estudiando primates)

Por: pijamasurf - 03/06/2013

Algunos datos interesantes sobre nuestro comportamiento sexual a través de la evolución.

Pese a la capacidad de raciocinio del humano, éste no puede obviar que la taxonomía de su especie dice “primate”. A través de la evolución hemos adquirido conductas sociales que determinan nuestro comportamiento sexual--las cuales comportamimos con nuestra familia biológica más primitiva (clarifica Christopher Ryan, "no descendemos de los primates: somos primates". Si vamos hacia atrás en el tiempo, encontraremos a nuestra especie despojada de todas las reglas sociales impuestas en la actualidad, luego entonces encontraremos nuestros instintos más básicos descubiertos.

Darwin afirmaba que desde el inicio de nuestra especie ha existido un intercambio en el que las relaciones hombre-mujer estaban motivadas por un interés mutuo ya que el hombre, para asegurar su reproducción, se comprometía a proteger a la mujer y proveerla de alimento, así como a sus crías. El compromiso de la mujer se fundamentaba en tener hijos, cuidar de ellos y prometer fidelidad al hombre. Aceptar que el vínculo hombre-mujer siempre ha sido de esta forma, es asumir que se trata de una condición genética, sin embargo estas características no se encuentran en nuestro ADN.

Esta relación de interés no pudo haberse desarrollado desde los inicios de la especie humana, sino hasta el surgimiento de la agricultura, actividad a la que el hombre se ha dedicado tan sólo 200, 000 años, 5% del tiempo de su existencia. Antes de la agricultura los hombres eran nómadas, no podían procurarse un techo de manera permanente y se regían por la ley del más fuerte.

El humano siempre ha sido un ser social, todas las amenazas a las que estaba expuesto lo obligaban a desplazarse junto con una tribu, con la que se compartía todo, incluyendo el sexo. Probablemente existía empatía entre una pareja pero no había exclusividad sexual. Y esto último es algo en el que todos los antropólogos están de acuerdo.

Existen varias similitudes y cáracteres hereditarios sexuales entre el hombre y los primates.  El hombre promedio copula unas mil veces en su vida, una cifra similar a los más promiscuos de esta familia homínida, los bonobos (quienes también gustan de practicar el sexo oral y de las relaciones homosexuales) y los chimpancés, pero mayor que la de los gorilas y los orangutanes --por lo cual uno podría llamar a los sementales de nuestra sociedad "bonobos" y aquellos menos diestros en las artes amatorias "orangutanes". Sólo el bonobo conoce el romanticismo de la mirada --"love comes in through the eyes", escribió W.B. Yeats-- y al igual que el hombre copula  de frente a su pareja.

Al igual que el hombre, los bobobos y los chimpancés tienen testículos externos: cumpliendo la función básica de refrigerar el esperma, permitiendo eyaculaciones frecuentes. 

Aunque pensaríamos que los primates y en general todos los animales no ocultan su sexualidad, las chimpancés hembras tienen el estigma de la culpa y ocultan su infidelidad, en otro paralelo con el hombre.

[AlterNet]