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Tomados de la mano hasta el fin del mundo: emotiva celebración fotográfica del amor

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/06/2013

When we are in love, we love the grass,
And the barns, and the lightpoles,
And the small mainstreets abandoned all night.

[Enamorados, nos enamora el pasto,
y los graneros, y los postes de luz,
las carreteras toda la noche abandonadas.

 (traducción de Aurelio Asiain)]

Robert Bly, Love Poem

Probablemente pocos gestos tan amorosos como ese de tomar de la mano a una persona a quien sostenemos y asimos, a quien nos atamos de esa manera y, probablemente, quisiéramos no soltar ni ser soltados. Desde la madre que toma la mano del hijo hasta el hijo que, quizá, toma la del padre enfermo, la de los hermanos que se acompañan en la infancia y los novios que pasean, los amigos en los juegos de la niñez y los descubrimientos dela juventud, la del anónimo que ayuda a alguien en la calle, llevar a otro de la mano es un símbolo de empatía y afecto sumamente elocuente y ante el cual el lenguaje se rinde a la soberanía de la expresión corporal.

Sirviéndose de este simbolismo, el fotógrafo de origen ruso Murad Osmann ha realizado una serie sumamente emotiva en la que el motivo retratado es elegantemente simple: una mujer de espaldas, llevando de la mano a un hombre, a quien conduce a través de distintos escenarios.

Los fotografiados son el propio Osmann y su novia, Nataly, quienes han recorrido diversos países del mundo elaborando paralelamente esta constancia sentimental de su travesía.

Se trata de una serie en la que el exotismo se combina con el sentimentalismo de las emociones humanas, acaso también de ese elemento de idealización necesario en las relaciones humanas, especialmente las amorosas, que nos hace creer ferviente e incontrovertiblemente que, en efecto, la otra persona se encuentra ahí, a nuestro lado, unida a nosotros, vínculo tanto o más real como la mano que sostenemos entre la nuestra.

[Daily Mail]

Cómo ordenar bebidas en un bar utilizando lenguaje no verbal

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/06/2013

La ciencia te dice cómo dejar de gritar en la barra sin que el barista te preste atención.

Happy-Hour-Los-Angeles

Investigadores de la universidad de Bielefeld en Alemania intentaron extraer del lenguaje corporal humano aquellos rasgos que indudablemente atraen la atención de los bartenders en las atestadas barras de los bares; esto con la finalidad de construir un robot barista que pudiera ser capaz de identificar a los consumidores potenciales y servirlos, más allá de la comunicación verbal.

Tenemos la imagen: uno o dos bartenders van de un lado a otro de una barra, digamos, de unos 10 metros de largo, llena de hombres y mujeres empujándose y gritando al mismo tiempo, mientras otros simplemente disfrutan de su trago o platican con alguien. ¿Cómo puede saber el bartender el orden para atenderlos e identificarlos claramente, a su vez, para diferenciarlos de los demás y no confundir las órdenes?

Según Sebastian Loth, director del estudio, los consumidores se identifican a sí mismos en esta situación precisa mediante su comportamiento; para ello, dos señales son indudables de que desean pedir algo al bartender: “Primero, los consumidores se posicionan directamente en la barra y, segundo, miran a la barra/bartender.”

No parece que hayamos avanzado mucho… Sin embargo, la obviedad es sólo aparente: Loth y su equipo analizaron 105 intentos de ordenar bebidas en bares de Alemania y Escocia, evaluando el comportamiento de los consumidores 35 segundos antes de que pidieran una bebida. Estar en la barra y mirar al camarero fue la ruta más exitosa para que les sirvieran tragos: en 95% de los casos, el consumidor se coloca frente a la barra (sin darle la espalda, sin ofrecer el perfil, sino colocando el pecho y la mirada hacia el frente) y observa al bartender.

Inclinarse ligeramente hacia adelante también es una estrategia útil, pero es irrelevante si no se está de frente a la barra. Técnicas como mirar atentamente el menú o sacar la cartera para llamar la atención del camarero tuvieron éxito variable, pero sólo exitoso entre el 3 y el 7% de las veces.

El estudio buscará programar correctamente al robot bartender, “James”, que deberá reconocer y responder el lenguaje no verbal de los consumidores en los bares.

Un gran caso de ciencia aplicada a la fiesta.