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Tomados de la mano hasta el fin del mundo: emotiva celebración fotográfica del amor

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/06/2013

When we are in love, we love the grass,
And the barns, and the lightpoles,
And the small mainstreets abandoned all night.

[Enamorados, nos enamora el pasto,
y los graneros, y los postes de luz,
las carreteras toda la noche abandonadas.

 (traducción de Aurelio Asiain)]

Robert Bly, Love Poem

Probablemente pocos gestos tan amorosos como ese de tomar de la mano a una persona a quien sostenemos y asimos, a quien nos atamos de esa manera y, probablemente, quisiéramos no soltar ni ser soltados. Desde la madre que toma la mano del hijo hasta el hijo que, quizá, toma la del padre enfermo, la de los hermanos que se acompañan en la infancia y los novios que pasean, los amigos en los juegos de la niñez y los descubrimientos dela juventud, la del anónimo que ayuda a alguien en la calle, llevar a otro de la mano es un símbolo de empatía y afecto sumamente elocuente y ante el cual el lenguaje se rinde a la soberanía de la expresión corporal.

Sirviéndose de este simbolismo, el fotógrafo de origen ruso Murad Osmann ha realizado una serie sumamente emotiva en la que el motivo retratado es elegantemente simple: una mujer de espaldas, llevando de la mano a un hombre, a quien conduce a través de distintos escenarios.

Los fotografiados son el propio Osmann y su novia, Nataly, quienes han recorrido diversos países del mundo elaborando paralelamente esta constancia sentimental de su travesía.

Se trata de una serie en la que el exotismo se combina con el sentimentalismo de las emociones humanas, acaso también de ese elemento de idealización necesario en las relaciones humanas, especialmente las amorosas, que nos hace creer ferviente e incontrovertiblemente que, en efecto, la otra persona se encuentra ahí, a nuestro lado, unida a nosotros, vínculo tanto o más real como la mano que sostenemos entre la nuestra.

[Daily Mail]

La priorización de los rituales para lograr más en menos tiempo

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/06/2013

El ritual de hacer intervalos de trabajo a lo largo de nuestro día podría ayudarnos a lograr mucho más en menos tiempo, y hacer todo con la mayor efectividad posible.

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Estudios recientes han demostrado que los rituales pueden traducirse, con notable efectividad, en beneficios concretos. Tony Schwartz, jefe ejecutivo de The Energy Project, nos sugiere programar comportamientos muy específicos en nuestro día a día para mejorar nuestro desempeño físico y laboral, y poder disfrutar la vida con mucho más clama. Lo primero que sugiere es que, en lugar de correr por un periodo de 40 minutos o una hora, corras en pequeños intervalos de 30 a 60 segundos a velocidades mucho mayores, con los mismos 30 o 60 segundos de descanso entre cada uno. Así, tu ejercicio diario no pasará de quince minutos.

La razón por la que recomienda esto, además por el ahorro de tiempo, es la creciente evidencia en que ejercicios cortos e intensos son una mejor manera de entrenar. Cuatro minutos de ejercicio intenso produce la misma salud cardiovascular que los ejercicios aeróbicos más largos. Y usualmente lo que es benéfico para nosotros físicamente tiende a ser benéfico mental y emocionalmente.  

La mayoría de nosotros sentimos el desafío de hacer más cosas más eficientemente, en un mundo que inexorablemente aumenta su demanda sobre nosotros. La respuesta lógica es que necesitamos más tiempo, pero así como eso puede ser contra productivo en el ejercicio, también lo puede ser en el trabajo.  

El poder de trabajar durante el día en periodos de concentración no más largos de 90 minutos cada vez, seguidos de un descanso, es notablemente eficiente. Puedes lograr hacer mucho más en periodos más cortos de tiempo si incrementas tu concentración.

“La dificultad es la siguiente”, apunta Schwartz. “Así como correr intervalos de alta intensidad es demandante, incómodo y casi insoportable cuando llegas al final de cada uno, concentrarte solamente en una tarea en intervalos sucesivos es mentalmente desgastante y a veces agotador”. El punto es que la alta eficiencia requiere mucho más tolerancia con los periodos de incomodidad”.

La respuesta a todo esto puede ser priorizar el ritual como modus vivendi. Programar comportamientos específicos para hacer una y otra vez hasta que se vuelvan casi automáticos y requieran menos atención. (Entre más pensemos en algo, más rápido nos acabaremos nuestra reserva de voluntad y de disciplina). Pueden ser rituales como hacer lo más importante y lo que más trabajo cuesta en el momento en que despiertas, que es cuando más energía tienes; o salir a caminar cada dos horas para tomar aire y poder concentrarte mejor cuando regreses, o lo que se te ocurra que pueda funcionar para que te quede más tiempo libre para disfrutar de la vida.

[NYTimes]