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Tomados de la mano hasta el fin del mundo: emotiva celebración fotográfica del amor

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/06/2013

When we are in love, we love the grass,
And the barns, and the lightpoles,
And the small mainstreets abandoned all night.

[Enamorados, nos enamora el pasto,
y los graneros, y los postes de luz,
las carreteras toda la noche abandonadas.

 (traducción de Aurelio Asiain)]

Robert Bly, Love Poem

Probablemente pocos gestos tan amorosos como ese de tomar de la mano a una persona a quien sostenemos y asimos, a quien nos atamos de esa manera y, probablemente, quisiéramos no soltar ni ser soltados. Desde la madre que toma la mano del hijo hasta el hijo que, quizá, toma la del padre enfermo, la de los hermanos que se acompañan en la infancia y los novios que pasean, los amigos en los juegos de la niñez y los descubrimientos dela juventud, la del anónimo que ayuda a alguien en la calle, llevar a otro de la mano es un símbolo de empatía y afecto sumamente elocuente y ante el cual el lenguaje se rinde a la soberanía de la expresión corporal.

Sirviéndose de este simbolismo, el fotógrafo de origen ruso Murad Osmann ha realizado una serie sumamente emotiva en la que el motivo retratado es elegantemente simple: una mujer de espaldas, llevando de la mano a un hombre, a quien conduce a través de distintos escenarios.

Los fotografiados son el propio Osmann y su novia, Nataly, quienes han recorrido diversos países del mundo elaborando paralelamente esta constancia sentimental de su travesía.

Se trata de una serie en la que el exotismo se combina con el sentimentalismo de las emociones humanas, acaso también de ese elemento de idealización necesario en las relaciones humanas, especialmente las amorosas, que nos hace creer ferviente e incontrovertiblemente que, en efecto, la otra persona se encuentra ahí, a nuestro lado, unida a nosotros, vínculo tanto o más real como la mano que sostenemos entre la nuestra.

[Daily Mail]

Hay amantes de los perros y luego está Gary Matthews, un hombre de 47 años que quiere ser un perro.

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La  afinidad de Gary Matthews con los perros comenzó cuando era niño. Se apodó a sí mismo “Pongo” en honor a un perro de los 101 dálmatas, pero a la edad de 12 se volvió admirador de la serie Here’s Boomer y cambió su apodo por “Boomer”.

article-2473551-18EE7AD700000578-784_306x489Hoy, cada vez que puede se pone un disfraz de perro ovejero que él mismo construyó con papel y sale a la calle a caminar en cuatro patas, come de un plato para perro y duerme en una casa de perro que tienen dentro de su casa. Incluso ha perfeccionado su “ladrido Boomer”.

"Veía Here’s Boomer y me aprendía partes de su personalidad y comportamiento”, apunta Matthews.   “Cuando ladro, lo que puedes oír es el resultado de escuchar mis películas y aprenderme la voz de         Boomer del soundtrack. Cosas como ésa se han combinado con mi personalidad y me han hecho un mejor perro”.

Pero mientras que sus amigos y familiares han aceptado su comportamiento y su apodo, el Estado de Pensilvania no le dará reconocimiento oficial. En 2010 Matthews trató de cambiar su nombre a “Boomer The Dog”, pero el juez Ronald W. Folino rechazó su solicitud argumentando que si Matthews, por ejemplo, llamara al 911 para pedir ayuda, el operador podría no tomarlo en serio si se identificara como “Boomer The Dog”.

Puedes ver más sobre Matthews en el siguiente video (en inglés):