Pijama Surf

Sobre las ventajas, y desventajas, de seguir las reglas

Las reglas favorecen la supervivencia de un grupo social pero también aletargan, entre sus individuos, el acto de pensar.

Por: Javier Barros Del Villar - 24/03/2013 a las 22:03:24

automata1

 

Para muchos de nosotros el acto de ‘seguir’ reglas ha sido misión casi imposible  lo largo de la vida. Más allá de promover la anarquía como estandarte de vida, no siempre es fácil respetar limitaciones que, en muchos casos, parecen haber sido inauguradas arbitrariamente y firmadas por misteriosos desconocidos. Sin embargo, y a pesar de lo anterior, lo cierto es que la existencia de una cierta reglamentación –quizá traducida como una serie de acuerdos–, parece algo necesario para el funcionamiento colectivo.

Por momentos esa abstracción que llamamos ‘las reglas’ emerge como un incómodo capricho de una autoridad distante, pero simultáneamente sería difícil imaginar un escenario social carente de ellas –incluso si apuntamos al utópico ejercicio de una sociedad regida por principios y no por reglas–. En este sentido Albert Camus advertía que “la integridad no requiere de normas”, mientras que Einstein aseguraba que para trascender es fundamental “aprender y seguir las reglas del juego”.

Recién leía un artículo de Piero Scaruffi, publicado en el Institute for Ethics and Emergent Technologies, donde se reflexiona alrededor de la ambivalente naturaleza de las reglas. El científico italiano enfatiza en la relación de una normatividad con la supervivencia: las reglas favorecen la conservación de la vida. Por otro lado, advierte que su existencia puede mermar la capacidad de pensar en los individuos que se someten a ellas.

En cuanto a lo primero, debemos aludir a la histórica lucha del ser humano por controlar el caos natural, el cual básicamente se refiere a sucesos inesperados que generan consecuencias imprevistas. Al reglamentar su entorno, los seres humanos nutrimos nuestra capacidad de predecir y por lo tanto de eliminar eventuales amenazas. Curiosamente una buena porción de ese caos al que nos enfrentamos surge de la propia interacción entre personas –y por lo tanto tendemos a acotarla mediante normas. Y en pocas palabras, a través de las reglas, buscamos, además de la supervivencia, estabilidad, seguridad y eficiencia (tres de los grandes pilares culturales).

Ahora procedamos al otro lado de la moneda, es decir las anti-mieles de vivir sujetos a un entorno reglamentado. Las normas limitan, o mejor dicho aletargan, diversas cualidades del ser humano. Entre más reglas existan menos tendremos que usar nuestro cerebro para reflexionar, hallar espontáneamente soluciones, o cuestionar realidades heredadas –de hecho en sociedades radicalmente reglamentadas el pensar se torna, incluso, en una amenaza contra la estabilidad reinante. Además, se corre el riesgo de caer en patrones conductuales automatizados, lo cual diluye la posibilidad de honrar nuestra propia existencia.

Screen Shot 2013-03-24 at 10.29.10 PM

Scaruffi nos recuerda que a fin de cuentas las reglas son imaginadas a través del pensamiento, pero paradójicamente una vez que son activadas, reemplazan fragmentos del acto de pensar (por ejemplo, emplear el sentido común, o sopesar situaciones de acuerdo a nuestro código de principios o ética personal). Y en este sentido el reglamentar constituye una especie de acto suicida adoptado por el propio pensamiento humano.

Más allá de entrar en un abstracto recorrido en torno a las bondades y los perjuicios de las reglas, parece que lo más apropiado es, de entrada, reconocer esta naturaleza dual de las reglas. Por otro lado, es importante remarcar que, si bien llegar a acuerdos resulta prácticamente imprescindible para el funcionamiento de un grupo social, también es vital cuestionarlas, desde un afán evolutivo, no solo para evitar absolutizar las virtuales verdades que soportan dichas reglas, también para afinarlas.

Muchas reglas ostentan un sentido práctico hasta el momento en que alguien logra acuñar una regla ‘mejor’. Pero si nadie hubiese cuestionado esta limitante en un principio, entonces la posibilidad de pulirla jamás habría existido. Y supongo que de acuerdo a las reflexiones anteriores, podríamos concluir que es importante adaptarnos a las reglas, con ganas de respetar acuerdos colectivos presuntamente establecidos para procurar el bienestar colectivo, pero a la vez mantener siempre una postura crítica ante ellas, conscientes de que no todas están en sintonía con ese fin, y que en todo caso sin duda serán perfectibles: los tontos obedecen las reglas, mientras que los sabios las utilizan como una útil referencia. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Javier Barros del Villar 

 


Comentarios

  1. verdeman dice:

    @ A1, las reglas son sentido común, lo dicen en el texto.

  2. Ale dice:

    Fuck the rules !!!!!

  3. A1 dice:

    Las reglas solo son necesarias para el
    Imbecil que carece de sentido comun y el que no cree en la responsabilidad individual y la igualdad de derechos; o tu es solo por miedo a la amenaza de multa que no despiertas con musica cada madrugada a tu vecino?

  4. osior dice:

    Me gusto el articulo.
    La extraña paradoja es que el individuo se debe de sujetar a principios si es que quiere sobrevivir en comunidad.

  5. Alexander Bustos dice:

    La regla como dogma intocable es bastante limitante; pero, si junto con el dogma se conocen las reflexiones que lo moldearon, sería todo lo contrario. Conociendo las reflexiones que motivaron a un grupo a establecer una regla, se revelaría la escencia de justicia que ésta contiene, y se podría reinventar constantemente. Pero si no se conoce ni cuestiona su origen -que responde a un determinado contexto histórico, cultural, científico, etc.- nos condenamos a repetir un dogma sin entenderlo, llevándonos a odiarlo en secreto, y en consecuencia, a desobedecelo.

  6. B dice:

    “los tontos obedecen las reglas, mientras que los sabios las utilizan como una útil referencia.”

    Dejando a un lado el hecho de que existen reglas absurdas, suele ser todo lo contrario, ya que los que suelen romper reglas indispensables dentro de esta sociedad, es porque no analizan el porqué de la existencia de éstas. Por ejemplo, existen reglas que suelen ser rotas por la mayoría de personas, y sin embargo sirven para establecer un orden y reducir los riesgos de accidentes, como las leyes de tránsito, por lo que se puede decir que tontos e ignorantes son los que no las respetan, ya que su patética arrogancia puede llegar a provocar la muerte de gente inocente. A su vez el rompimiento de reglas provoca que las restricciones se incrementen.

    • Pendrake dice:

      Jose Ingenieros tiene un interesante libr. El hombre mediocre, que precisamente habla de la sociedad(conformada por mediocres) que actua como mosaico para todas las ideas revolucionarias del pasado que dieron resultado (siendo que como conjunto la sociedad y las reglas que utiliza avanzan muy lentamente) y al mismo tiempo resiste a los destructores y a los vivionarios demaciado adelantados…

  7. wolfgang dice:

    Para que una sociedad pueda existir como tal son necesarias las reglas, el problema surgue cuando hay una transgesion hacia la individualidad o a la libre manifestacion encontra con lo que no se esta de acuerdo. Buen articulo felicidades.



Comenta.

Tu email no será publicado. Datos Obligatorios*

 
1NULL