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Los hombres infieles podrían tener un IQ muy bajo

Por: pijamasurf - 03/13/2013

Los hombres con IQ inferiores serían parte de un pasado evolutivo que los llevaba a buscar numerosas parejas sexuales, mientras que aquellos con IQ superiores valoran las ventajas de la exclusividad y la monogamia.

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La ciencia está lista para sustentar algo que las mujeres han sabido desde siempre: los hombres que las engañan son estúpidos. O al menos tienen un IQ más bajo que los varones que valoran la fidelidad y la exclusividad sexual. El doctor Satoshi Kanazawa, un psicólogo evolutivo de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres afirma que mientras más inteligente es un hombre, menos probabilidades tiene de engañar a su pareja.

Su teoría se basa en que, a lo largo de nuestra historia evolutiva, los varones han sido "ligeramente polígamos" en la práctica, lo cuál está cambiando hoy en día, pues las relaciones exclusivas o monógamas son una "novedad evolutiva" para ellos. Es por ello que los hombres más inteligentes adoptan con mayor facilidad lo que en términos evolutivos son nuevas prácticas. Los hombres fieles son "más evolucionados", por decirlo así.

Bajo la misma lógica, los hombres que no se adaptan a las nuevas condiciones de su entorno (o los que simplemente sucumben a las tentaciones de la carne y el deseo) podrían ser más estúpidos. "La teoría predice que los hombres más inteligentes valorarían más la exclusividad sexual que los menos inteligentes", afirma Kanazawa. Aunque su teoría, sin embargo, no afirma la misma relación entre fidelidad e inteligencia en el caso de las mujeres, pues las sociedades siempre han esperado que ellas sean fieles a una sola pareja, incluso en sociedades polígamas.

Para redondear, la investigación de Kanazawa (publicada en el Social Psychology Quarterly) también afirma que la gente inteligente suele creer menos en Dios y tiene menos puntos de vista conservadores. A partir de datos estadísticos del Estudio Longitudinal Nacional de Salud Adolescente en Estados Unidos, Kanazawa encontró que los adultos que se afirman "muy liberales" tienen un IQ promedio de 106, mientras que los "muy conservadores" tienen un promedio de 95.

Del mismo modo, los sujetos que no se consideran "para nada religiosos" tienen un IQ de 103, mientras que los "muy religiosos" promedian 97. Esto se debería, según al doctor Kanazawa, a que la gente inteligente está abierta siempre a nuevas ideas: las actitudes conservadoras, como creer en Dios, tuvieron una función evolutiva importante, pero poco a poco parece ser una reliquia de nuestro pasado evolutivo.

"Los humanos están diseñados evolutivamente para ser paranoicos, y creen en Dios porque son paranoicos. Esta inclinación innata a la paranoia sirvió a los seres humanos para la autopreservación y la protección de sus familias y clanes al depender de la extrema vigilancia de peligros potenciales. Por ello, es más probable que los niños más inteligentes crezcan en contra de su tendencia natural y evolutiva de creer en Dios y se vuelvan ateos", concluye.

Es curioso que por un lado, la teoría afirme que los puntos de vista "liberales" y ateos sean una contraintuición evolutiva, mientras que por otro lado la monogamia se considere como un avance evolutivo. Tal vez estudios posteriores revelen que en realidad no tenemos voluntad propia o libre albedrío, y que por más satélites que mandemos al espacio seguimos siendo simios super evolucionados que de vez en cuando se meten con la pareja de alguien más.

[Daily Mail]

La vida del excéntrico y olvidado renacentista Athanasius Kircher

Por: pijamasurf - 03/13/2013

Abuelo de la ciencia ficción, inventor, traductor de jeroglíficos egipcios y de máquinas cantantes, la historia del Renacimiento europeo ha sido muy ingrata con Athanasius Kircher, probablemente uno de sus hijos más originales.

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Todos hablan de Leonardo da Vinci pero nadie de Athanasius Kircher. La historia del Renacimiento está llena de nombres con una curiosidad insaciable, pero mientras el primero supo conjugar sus investigaciones con la cercanía del poder político, el segundo tuvo la mala suerte de que sus atrevidas teorías no soportaran la prueba del tiempo, a pesar de que escritores como Descartes, Leibniz, Hooke o Poe reconozcan algunas deudas con él.

Nacido en lo que hoy es Alemania central, Kircher (1602-1680) "tradujo" erróneamente jeroglíficos egipcios, escribió una suerte de novela que adoptaba el modelo copernicano en tiempos en que este constituía una herejía y probablemente fue uno de los primeros en observar la sangre humana en el microscopio. Durante su vida escribió más de 30 volúmenes sobre diversos temas. Siguiendo la fórmula clásica nihil humani alienum me est (nada humano me es ajeno) escribió sobre óptica, acústica, lingüística, matemáticas, criptología, egiptología, numerología e incluso sinología.

Pero como buen hombre de su tiempo, Kircher incursionó también en la mecánica e inventó estatuas parlantes, dispositivos de espionaje y máquinas musicales, como un instrumento llamado "piano de gato", probablemente inspirado por los violines de tripa de gato de sus contemporáneos, la familia Stradivari. Inventor y aventurero Kircher afirma en sus memorias haber sobrevivido a una estampida de caballos, a una severa hernia y a los ejércitos de un obispo enloquecido, además de haber colaborado en dos de las más famosas esculturas de Bernini y bajado al cráter del Vesubio, el volcán italiano, para seguir sus investigaciones geológicas.

Según se explica en el libro A Man of Misconceptions: The Life of an Eccentric in a Time of Change, de John Glassie, la razón principal por la que Kircher cayó en el olvido fue que escribió las siete millones de palabras de su obra en latín. Claro, sin dejar de lado que mucho de lo que escribió fue refutado posteriormente o simplemente era absurdo: esperma universal, enclaves secretos de influencia cósmica o su teoría de las montañas huecas no resistieron el avance de la ciencia. 

Incluso en vida sus teorías no recibieron sino la desconfianza de grandes pensadores de su tiempo. Por ejemplo, la decepción de Descartes quedó expresada en una de sus cartas al intentar uno de los experimentos magnéticos descritos por Kircher en Magnes, sive de Arte Magnetica (El magneto, o arte de la magnética, 1641): según nuestro olvidado héroe, un girasol podría afectar el funcionamiento de un reloj, debido a la sensibilidad que estas flores tienen para seguir la atracción "magnética" del sol. Descartes escribió después: "Tuve suficiente tiempo libre para hacer el experimento, pero no funcionó."

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 Pero probablemente su trabajo más interesante haya sido el Exstaticum (Viaje Extático), una suerte de ficción publicada en 1656. En esa época Kircher estaba ávido de entablar discusiones respecto a los últimos descubrimientos astronómicos posibilitados por la reciente invención del telescopio; sin embargo, también conocía la suerte que pensadores valientes como Copérnico habían corrido.

Pero aunque Kircher creyera secretamente en el modelo copernicano (en un momento en que afirmar que la Tierra no era el centro del universo era herejía), un sistema planetario que orbitara alrededor de un sol central tenía mucho mayor sentido para sus creencias místicas. En su Exstaticum, Kircher narra el sueño cósmico que emprende de la mano del ángel Cosmiel (una suerte de Virgilio para el viaje iniciático), quien le explica que "toda la masa de este globo solar está imbuida de cierta energía universal seminal", la cual "toca todas las cosas con su difusión radiante."

Siglos antes de la ciencia ficción, podríamos considerar el trabajo de Kircher antecedente de una larga y notable lista de artistas, como Sor Juana Inés de la Cruz y el viaje místico de su Primero sueño, de Jules Verne y su Viaje al centro de la Tierra, además de Marcel Duchamp y Giorgio De Chirico.

Muchos siglos después Kircher volvería a hacer un cameo en la historia de la literatura universal. En el cuento de Edgar Allan Poe, "A Descent into the Maelström" el narrador se sumerge en un vórtice de los mares nórdicos. Es justo en ese momento de terror en que recuerda que "Kircher y otros imaginan que en el centro del canal del Maelström existe un abismo que penetra el globo y sale en un sitio muy remoto. Esta opinión... era una para la que, mientras lo observaba, mi imaginación se sentía más inclinada."

Aunque sus numerosas obras no hayan resistido la prueba del tiempo, la existencia de mentes ávidas y geniales sigue siendo un ejemplo para que no dejemos que pequeños detalles como la lógica o lo real nos alejen de la búsqueda de soluciones místicas y fascinantes para los misterios del universo.

[Writers No One Reads]