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Libros de Jorge Luis Borges digitalizados y listos para descargar (Biblioteca Pijama Surf)

Arte

Por: pijamasurf - 03/27/2013

Una selección de libros de Jorge Luis Borges digitalizados y listos para descargar, un autor imprescindible en la biografía lectora de cualquiera.

Jorge Luis Borges es, fuera de toda duda, uno de los escritores más importantes de la literatura, un hombre de imaginación verdaderamente singular que, sin embargo, tuvo el genio suficiente para convertir en una obra capaz de asombrar a cualquier persona, un refinado ejemplo de humanismo en su sentido más noble: aquel que abraza en el conocimiento y la curiosidad intelectual.

Como parte de nuestra Biblioteca Pijama Surf —un esfuerzo modesto de reunir libros que circulan en otros sitios Internet y compartirlos a nuestros lectores— hemos elaborado esta compilación de libros de Borges en formato PDF, digitalizados por otras personas a quienes, aunque no conozcamos por su nombre, agradecemos la generosidad de su gesto. 

La colección intentó ser lo más completa posible con títulos emblemáticos como Ficciones o El aleph, otros de su poesía y otros más probablemente no tan conocidos o leídos como los Nueve ensayos dantescos o La memoria de Shakespeare (el último libro de cuentos que entregó a su impresor y probablemente uno de los mejores). Asimismo, incluimos algunas obras escritas en colaboración, como los cuentos detectivescos de Isidro Parodi en los que conspiró con su entrañable Bioy Casares.

"Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído".

El idioma de los argentinos

Discusión

Historia universal de la infamia​

Historia de la eternidad

Ficciones

El aleph

El informe de Brodie 

Nueve ensayos dantescos

​La memoria de Shakespeare

Biblioteca personal​

Seis problemas para don Isidro Parodi (en colaboración con Adolfo Bioy Casares)

El hacedor

El otro, el mismo

Elogio de la sombra​

El oro de los tigres​

¿Son estos los ojos del odio? (FOTO)

Arte

Por: pijamasurf - 03/27/2013

Hacia 1933, un fotógrafo de LIFE, Alfred Eisenstaedt, tomó un par de retratos al célebre ministro de propaganda del régimen nazi Joseph Goebbels, ambos sumamente contrastantes entre sí y en cierto modo opuestos luego de que Goebbels supiera del origen judío de Eisenstaedt.

La capacidad de control (sophrosýnê), la habilidad de dominarse, de dominar, la agudeza de la mirada, la sobria elección de los medios adecuados para alcanzar los fines: todo esto aleja la mente de las fuerzas, concede la ilusión de utilizarlas sin ser utilizado por ellas. Y es una ilusión eficaz, que con frecuencia se confirma. La mirada se ha vuelto indiferente y lúcida hacia todo, pronta a captar cualquier ocasión y a aprovecharla. Pero, en esta mirada circular, sigue habiendo una mancha negra, un punto que la mirada no ve: ella misma. La mirada no ve la mirada. No reconoce que ella misma es una fuerza, como las que entonces pretende dominar. 

Roberto Calasso, Las bodas de Cadmo y Harmonía

Uno de los lugares comunes más populares, una de esas metáforas muertas que conceptualizara Paul Ricœur, despojadas de toda posible dificultad codificante, una frase en sentido figurado que ya nada tiene de sorprendente pero, curiosamente no es todavía totalmente literal, asegura que los ojos son las ventanas del alma, que, en un juego espejeante y de autorreferencia, es posible atisbar en la mirada de una persona la calidad de su espíritu, esa esencia que le inclina a pensar y actuar de una manera determinada.

Esto puede ser o no cierto, parcial o totalmente, pero sin duda hay una extraña manifestación de los ojos que, vistos desde una perspectiva fenomenológica, transmite algún tipo de significado. Extraña porque en buena medida en la mirada no hay nada y al mismo tiempo existe todo, una zona ambigua donde el lenguaje oscila entre su estado más absoluto y quizá también el más insignificante, esa capacidad expresiva que recuerda un poco la petición desesperada de Goethe: “¡Quédate, instante!” para, agregaríamos, balbucear una explicación de lo que recién hiciste con nosotros. Eso, quizá, sea la mirada.

Hacia 1933, en septiembre, con motivo de una reunión en Ginebra de la entonces Sociedad de Naciones (el antecedente directo de la actual ONU), el fotógrafo judío-alemán Alfred Eisenstaedt tomó un par de retratos al célebre ministro de propaganda del régimen nazi Joseph Goebbels, uno de los hombres más cercanos a Hitler y también uno de los que más misterio y hermetismo generó en torno a su persona.

Al encontrarse, Goebbels no sabía de la filiación judía de Eisenstaedt, que entonces trabajaba para la revista LIFE. Considerándolo un mero compatriota, el ministro se mostró afable y condescendiente, obsequioso para la lente del fotógrafo, posando en una actitud más bien bonachona y hasta un tanto alegre (o quizá con esa alegría diplomática que distingue a casi todos los políticos y hombres de Estado).

Goebbels_laughing

Sin embargo, apenas se enteró que Eisenstaedt pertenecía al llamado “pueblo de Israel”, su actitud viró diametralmente. Las sonrisas cesaron, el gesto se hizo rígido y cierta tensión colérica dominó el resto de los miembros. Y todo esto, como si se tratase de un procedimiento químico, viene a concentrarse y condensarse en la mirada, en el par de globos oculares que por un momento dejan su cascarón fisiológico para, como decíamos, llenarse de significado, desbordar expresión, devenir “los ojos del odio”.

goebbals_scowling

¿O esta es también una interpretación? ¿Es posible que la mirada exista más allá de la interpretación?

También en Pijama Surf: ¿Puedes decir quién ha educado tu mirada (y por lo tanto tu manera de entender tu realidad)?

[PetaPixel]