Pijama Surf

La importancia de cuestionar las reglas sociales como parte de nuestra evolución

Las reglas han tenido una función evolutiva a lo largo de la historia. Pero nuestra sociedad también está diseñada -tal vez a pesar suyo- para limitar el grado de injerencia que podemos tener frente a reglas que sólo deberíamos seguir ciegamente.

Por: pijamasurf - 21/03/2013 a las 13:03:47

sheep

A theory which is not refutable by any conceivable event is non-scientific.

Irrefutability is not a virtue of a theory (as people often think) but a vice.

-Karl Popper

Desde el código genético hasta el movimiento de los astros, todo en el universo está regido por reglas y leyes que como seres humanos nos permiten observar cierta tendencia al equilibrio en medio del caos total. Nuestra sociedad no es la excepción. La historia de la humanidad podría leerse como la tentativa de crear reglas para disminuir la incertidumbre frente a un entorno natural hostil y aumentar nuestras posibilidades de supervivencia. Sin embargo, el ser humano es un ingrediente caótico en sí mismo. Y tal vez el hecho de que a veces nos guste romper las reglas no sea sino una reacción evolutiva, paradójicamente, para sobrevivir.

Tenemos reglas de comportamiento, de etiqueta, para regular nuestras relaciones en ámbitos sociales, comerciales, políticos tanto como en los ámbitos privados: desde cómo sentarnos en la mesa hasta condicionarnos a  no decir groserías, la infancia y el juego nos enseñan que ser adulto es saber seguir reglas. El lenguaje son reglas. Las reglas son civilización y la civilización es posibilidad de hacer más civilización, de existir en la Tierra en un entorno controlado que excluya las amenazas que atenten contra nosotros. El problema es que somos nosotros quienes estamos encerrados con nosotros mismos en la burbuja ilusoria de la civilización.

¿Se han fijado qué pasa en las calles cuando los semáforos dejan de funcionar? Caos. Todos tratan de tomar el paso. Un despistado cede y otros aprovechan: comer o ser comido. Nada ha cambiado desde hace unos 40 mil años de “civilización”. Las reglas (los semáforos) están ahí para que no tengamos que lidiar con nosotros mismos, para darnos la ilusión de que hay todo un sistema en torno nuestro que se preocupa por nosotros, que no dejará que nada nos lastime: el discurso político no es más que la propagación de esa ilusión. Los políticos pretenden hablarle en primera persona a cada ciudadano para asegurarle de que él o ella son importantes porque el Estado es una regla en sí misma, la culminación y la posibilidad de continuidad del aparato de regulación y control que llamamos sociedad.

Es por la existencia de reglas que la gente en las grandes ciudades necesita cada vez menos de su cerebro para ser buenos conductores en las calles, por ejemplo. No es necesario: hay señales que te indican a dónde ir y cómo; el semáforo te dice si avanzar o detenerte; el GPS de nuestros teléfonos inteligentes incluso nos dicta la ruta más corta, y está lista para hacer cambios en el plan de viaje en caso de que nuestra impericia al volante nos haga perder la salida que debíamos tomar. Hemos ido tan lejos que el pensar mismo (es decir, el cuestionar la existencia misma de las reglas, aunque sea para calibrar si sus beneficios siguen siendo deseables) es socialmente proscrito: las universidades no quieren investigadores que cuestionen las metodologías, sino que las sigan apropiadamente; los centros de trabajo no buscan innovación (pese a que sea prestigioso afirmar lo contrario) sino obediencia. La televisión muestra un catálogo de las funestas consecuencias sufridas por quienes rompen las reglas: desde los noticieros hasta los reality shows, somos advertidos de las consecuencias de cuestionar el status quo. La libertad, hoy, es la libertad para cambiar de canales, en la rueda de hamster del zapping.

Todo discurso tiene fallas (incluido este), pero lo importante es no perder la capacidad de cuestionar desde nuestra propia subjetividad el estatuto de verdad de los discursos a los que estamos expuestos, vengan de la familia, la sociedad o los mass media. Una sociedad altamente estructurada como la nuestra nos permite acotar la incertidumbre a la que estamos expuestos; sin embargo, para una sociedad donde toda variable y toda incertidumbre está de antemano desactivada y prevista, nuestro cerebro es irrelevante. La opción no es vivir en medio de la selva (donde, por otra parte, nuestra capacidad de adaptación sería forzada hasta sus límites, así como nuestra creatividad, nuestra inteligencia y nuestra inventiva, como en Robinson Crusoe), sino cuidarnos de no convertirnos en robots obedientes sólo para poder ser funcionales en una sociedad a todas luces disfuncional.

[IEET]

 


Comentarios

  1. Synchro dice:

    Buen artículo, recomiendo leer:

    El daño causado por los modelos sociales

    de Consumasalud blogspot-

  2. wolfgang dice:

    Se esta lejos de ser seres civilizados,mas sin en cambio se crean automatas, erradicar el pensamiento critico, solo obedecer es la estrategia. Solo consume y obedece !!!

  3. Mariana Luna dice:

    Muy bueno el artículo. Estoy de acuerdo en que debemos cuestionar las reglas que se nos imponen, porque hay algunas que si uno las analiza hasta rozan la estupidez (especialmente muchas reglas de etiqueta); pero también entiendo que muchas reglas que hay en nuestra sociedad son muy necesarias y algunas no deberían romperse. Por ejemplo, no está mal seguir la regla de no tirar la basura en la calle.
    Sobre eso de que la gente usa cada vez menos su cerebro gracias a la tecnología de la que dispone, pues no creo que le den menos uso; sino que los usan para otras cosas a las que ahora se les concede más importancia. Muchas veces he visto que por ejemplo dicen que el ser humano primitivo era más inteligente que el actual; pero yo no creo eso, ya que las necesidades que tenía el primitivo y las que tiene el de ahora son distintas y el estilo de vida que cada uno ha seguido se ha ajustado a la satisfacción de esas necesidades; por lo tanto, si las necesidades han cambiado está claro que el estilo de vida también tiene que hacerlo :3

  4. barig dice:

    Excelente.

    Ni más ni menos, es importante cuestionar, todo aquello que escuchamos, leemos, aprendemos etc… Incluso todas aquellas cosas que nos gustan y no nos gustan. Esto con el simple objetivo de ver que es real, que es irreal, que cosas fueron implantadas en nuestro ser por seguir pasivamente los estandares sociales.

    Ojala comenten más usuarios, estas son de las notas que valen la pena discutir.

    Saludos

  5. Sol dice:

    Muy buen artículo…me hizo recordar de un pensamiento de Ayn Rand: …”Si quisiera hablar con vuestro vocabulario, diría que el único mandamiento moral que tiene el hombre es: Pensarás. Pero un “mandamiento moral” es una contradicción en los términos. Lo moral es lo escogido, no lo forzado; lo comprendido, no lo obedecido. Lo moral es lo racional, y la razón no acepta mandamientos”.
    Pensar es lo que nos diferencia de otros seres vivos, y nos da Libertad!



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