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¿La CIA pudo haber envenenado a Hugo Chávez y a otros dirigentes latinoamericanos?

Por: pijamasurf - 03/11/2013

Las teorías de la conspiración renacen con la muerte de Hugo Chávez y la posibilidad de que agencias de inteligencia atentaran contra su salud y la de otros líderes de estado. Aquí un recuento de dichas hipótesis.

chavez

Si algo hemos aprendido de las teorías de conspiración es que aunque parezcan descabelladas aún persiste un pequeño resabio de verdad que siembra dudas durante décadas en la cultura popular: es el caso de la reciente muerte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien en diciembre pasado sembró la semilla de la duda al sugerir que la CIA podría estar inoculando cáncer en distintos líderes de estado latinoamericanos. Chávez declaró lo siguiente cuando Cristina Kirchner, presidenta de Argentina, fue diagnosticada con lo que en su momento se creyó cáncer:

"¿Sería extraño que hubieran desarrollado una extraña tecnología para inducir el cáncer y nadie lo sepa? ¿Y se descubra dentro de 50 años? No lo sé. Sólo dejo la reflexión. Pero esto es muy, muy extraño, que nos haya dado cáncer a [Fernando] Lugo en Paraguay, a Dilma Rousseff [presidenta de Brasil] cuando era candidata, después vengo yo y, pum, entrando en año electoral. A los pocos días, Lula [da Silva, entonces presidente de Brasil] y ahora Cristina [Kirchner]. Bueno, es un poco difícil de explicarlo."

Pero aunque no exista evidencia concreta de que la teoría de Chávez fuera cierta, un experto en los métodos de la CIA lo desmiente de un plumazo, pues a decir de Kel McClanahan, inocular cáncer “simplemente no sería efectivo.” El abogado especializado en asuntos de seguridad nacional agrega que “aunque algunos tipos de cáncer pueden ser inducidos intencionalmente, toman años en matarte. Si una agencia de inteligencia te quiere muerto, te quiere muerto ya, para que dejes de hacer lo que sea que estés haciendo para que tengan la necesidad de matarte.”

Sin embargo, hay que recordar que estamos hablando de la mayor agencia de inteligencia del mundo, y que la eficacia de sus métodos —desarrollados a través de años de prueba y error en todos los países del mundo— podrían ser más descabellados y efectivos de lo que podríamos saber; inteligencia, por otra parte, es una forma de creatividad, así que dando un repaso por los métodos más creativos para asesinar líderes de Estado en el pasado, podríamos abrir cierta brecha por donde la teoría de Chávez encontraría un nicho.

Los ridículos atentados para matar a Fidel Castro

En el 2007 la CIA liberó cientos de documentos que datan de la era de la Guerra Fría, entre los que destacaban los numerosos intentos (fallidos, evidentemente) para deshacerse del ex presidente cubano Fidel Castro. Tales atentados incluían habanos explosivos, pañuelos cargados de letales bacterias y un wetsuit envenenado (lo cuál hubiera emulado la mítica muerte de Heracles, envenenado por la túnica impregnada con la sangre del centauro Neso). El gobierno cubano de hecho se ofendió más cuando el videojuego Call of Duty: Black Ops permitía al jugador asesinar a un líder muy similar a Castro que por estos atentados fallidos.

La conspiración para envenenar al líder congolés Patrice Lumumba

En 2011 se dio a conocer un memo sumamente breve de la CIA en el cual se hacía alusión a un “proyecto que involucra el asesinato de Patrice Lumumba, entonces premier de la República del Congo. Según [nombre borrado], el veneno habría sido el vehículo.” Una comisión belga atribuyó después la muerte de Lumumba en 1961 a rivales locales que lo mantuvieron en cautiverio.

La misteriosa muerte de Rafael Trujillo, de República Dominicana

En un giro que el propio Mario Vargas Llosa sería incapaz de prever en su novela respecto al militar dominicano, La fiesta del chivo, el entonces presidente de República Dominicana, Rafael Trujillo, también habría sido blanco de una conspiración de la CIA. Según una minuta del National Security Archive, una reunión con un antiguo director de la CIA, William Colby, reveló que los servicios de inteligencia estadunidense “planearon el asesinato de algunos líderes extranjeros, incluyendo [Rafael] Trujillo.” El brutal líder militar en efecto fue asesinado el 30 de mayo de 1961 (el mismo año que Lumumba, curiosamente), aunque según la mencionada minuta, la CIA “no tuvo un ‘rol activo’, aunque tuvo una ‘débil conexión’ con los grupos que de hecho lo hicieron.”

Tal vez no sea necesario imaginar teorías de conspiración: la calidad del aire que respiramos, la amenaza de los alimentos genéticamente modificados y los distintos ingredientes cancerígenos con que se elaboran productos de uso diario serían más efectivos para matar a cualquiera de cáncer. Con todo, si la mayor agencia de inteligencia en el mundo te quiere muerto, probablemente lo haga con una eficacia tal que todo parezca un accidente.

 

[Foreign Policy]

Cypherpunk: ¿la última oportunidad de mantener la privacidad online?

Por: Javier Raya - 03/11/2013

El activismo online vuelve al ataque para exigir un Internet libre y fuera del alcance de la curiosidad del Estado; pero podría toparse con una amenaza invencible: la indiferencia.

Primero como ficción, después como vigilancia de Estado: el cypherpunk surgió en juegos de texto y novelas escritas por noveles autores de ciencia ficción durante los últimos años de los 80 del siglo pasado, para alentar los sueños utópicos de los geeks y para abrir nuevas vías de control estatal sobre las actividades online de los ciudadanos. Hoy en día, el cypherpunk es una forma de activismo en línea que aboga por utilizar complicados sistemas criptográficos como medida para el cambio social.

Autores como Tim May o John Gilmore anticiparon que las comunicaciones en el futuro estarían bajo tal control central que veían en la encriptación la única manera de preservar la privacidad y el control de la información personal. Clásicos como Mondo 2000 How To Mutate and Take Over the World hicieron época en una generación de jóvenes obsesionados con las nuevas tecnologías y su implicación para la vida cotidiana. 

En "The Crypto Anarchist Manifesto" de Tim May de 1990 (escrito en un estilo similar al Manifiesto comunista de Marx y Engels) puede leerse: "Un espectro acecha el mundo moderno, el espectro de la crypto anarquía", declarando que las comunicaciones encriptadas y la anonimato en la web habrían de "alterar completamente la naturaleza de la regulación gubernamental, la habilidad de cobrar impuestos y controlar las interacciones económicas, la habilidad de mantener información en secreto". Bajo estas premisas nació una subcultura alimentada de ciencia ficción, matemáticas y anarquismo: el cypherpunk, una fraternidad utópica que deseaba conquistar el mundo manteniendo el control sobre su propia información, un derecho que va perdiendo legitimidad y vigencia con el tiempo.

Sin embargo, muchos de los entusiastas del cypherpunk terminaron trabajando en oficinas del gobierno de EU para crear nuevas formas de encriptar y desencriptar las comunicaciones de ciertas personas o grupos indeseables: luego de que en 1993 el gobierno de Clinton amenazara con criminalizar el uso de programas de encriptación de datos para uso privado (como el PGP, lo cual finalmente no ocurrió) vino el 9/11 y la sensación implantada de que mayores medidas de vigilancia y control estatal derivarían en mayor seguridad para la gente. 

El capitalismo, naturalmente, logró aprovecharse del nuevo estado de cosas en los albores del siglo XXI. Compañías como VasTECH en Sudáfrica o Amesys de Francia venden software listo para que un agente central indague cuanto quiera en la vida electrónica de cualquier persona. Aunque el precio de salida de este tipo de software ronda los $10 millones de dólares, el hecho de que programas como Zebra de VasTECH o Eagle (utilizado por Muamar Gadhafi en Libia) existan supone amenazas definitivas para el anonimato. Aunque existan alternativas como la navegación con proxys y sistemas como Tor brinden opciones para quienes gustan de la privacidad online, Julian Assange cree que estamos entrando en una distopía cypherpunk de tintes sumamente siniestros.

Julian Assange, Cypherpunks

Para el vocero y editor en jefe de WikiLeaks, en nuestros días vivimos "una distopía posmoderna de vigilancia, de la cual escapar será imposible, con excepción de los individuos más hábiles." En su nuevo libro Cypherpunks: Freedom and the Future of Internet, Assange defiende la idea de que "el universo confía en la encriptación. Es más sencillo encriptar información de desencriptarla", y para muestra basta pensar en el ADN, el código fuente de la vida. El llamado a que los ciudadanos y gobiernos mantengan la vida privada en secreto, sin embargo, se topa con una barrera importante: a nadie le importa.

¿Tienes fotos de tu familia en Facebook? ¿Temes darle like a páginas relacionadas con WikiLeaks o Anonymous? A nadie sorprendería que el gobierno esté enterado ya. Podemos pensar que si eres una "buena" persona y no tienes nada qué ocultar no te importará que la policía virtual eche una ojeada por tus mails... ¿o no? A pesar de ser usuarios sumamente capaces, los fundadores de The Pirate Bay en Suecia siguen enfrentándose a la vigilancia online, y si algún usuario se adentra un poco en la Deep Web y ve algo que no debe, la policía tocará a su puerta tarde o temprano. Una de las primeras victorias por un Internet libre se ganó en 1993 cuando el PGP y otros software para encriptar comunicaciones permanecieron legales, pero a pesar de ello nadie parece interesado en aprender a usarlos.

Tal vez la dolorosa verdad sea un fuerte golpe para el ego: nuestra información personal no es importante para nadie más que para nosotros mismos. Como decía Jean Baudrillard, los mayores controles del Estado son invisibles, constituyendo lo que llamaba el "crimen perfecto": los millones de dólares de las mayores corporaciones del mundo no se encuentran en una caja de seguridad, sino dando vueltas a los satélites de la Tierra como fondos e inversiones; la Guerra Fría nos enseñó que el miedo a las armas nucleares es suficiente para torcer la voluntad de los países. Del mismo modo, la simple amenaza de que el gobierno pueda rastrear tu actividad ilegal en la web (sin mencionar los esfuerzos de organización política potencialmente subversiva) debería ser suficiente para que el público se disuada de siquiera intentarlo o de aprender a utilizar programas de encriptación de datos en sus comunicaciones cotidianas.

Suponiendo que algún grado de privacidad fuera deseable, la gente no parece estar interesada en alternativas a la navegación tradicional: simplemente sería demasiado difícil utilizar servicios a los que ya estamos acostumbrados, como Skype o redes sociales. La pregunta que debemos mantener en mente es, ¿estamos dispuestos a permitir que iniciativas como SOPA o ACTA limiten el acceso a un Internet libre y que los gobiernos aprueben a nuestra costa medidas para vigilar nuestras actividades en línea? Conforme pase el tiempo estas cuestiones serán más y más urgentes.

[Con información de The Verge]

Twitter del autor: @javier_raya