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Hembras infieles de los monos gelada tratan de ocultar sus amoríos

Por: pijamasurf - 03/06/2013

Geladas salvajes cambian su comportamiento para evitar que sus parejas sexuales descubran sus amoríos.

Mientras que las hembras generalmente solo se reproducen con el macho dominante del grupo o del harem, la oportunidad de ser infiel siempre existe. Machos subordinados siguen a algunos de los grupos, mientras que machos solteros también los rondan.

La primera barrera que los monos adúlteros deben superar es encontrar un sitio para ocultarse en su hábitat natural, que se caracteriza por ser una amplia pradera.

Por tres años, los investigadores estudiaron el comportamiento sexual de 200 geladas salvajes (Theropithecus gelada). Notaron que los geladas infieles tratan de ocultar su comportamiento a pesar de no tener espacios privados para sus encuentros amorosos.

Los machos líderes de una manada y sus hembras generalmente son muy ruidosos al copular, al grado que se les puede escuchar a más de treinta metros de distancia, por ende la manera más fácil de tener un amorío es guardando silencio y mantenerse atento en cuanto a la ubicación del macho líder.

Tras estudiar más de mil relaciones sexuales entre los primates, los investigadores encontraron que aquellos que cometían infidelidades tendían a emitir menos ruidos sexuales. Además, las hembras que eran infieles al macho líder con los subordinados lo hacían a una distancia segura. La combinación de estos comportamientos sugiere que la pareja altera su comportamiento tácticamente.

Los principales investigadores de la investigación son: Aliza le Roux de la Universidad de Free State-Qwaqwa, Noah Snyder-Mackler de la Universidad de Pennsylvania,  Eila Roberts y Jacinta Beehner de la Universidad de Michigan.

El estudio, publicado en la última edición de Nature Communications, también demuestra que la infidelidad tiene consecuencias: el macho líder persiguió de manera violenta a la pareja hasta separarlos. La agresión no se interpretó como competencia directa, ya que el líder rara vez copulaba con la hembra después del ataque, sino más bien, fue una especie de castigo.

Thore Bergman, profesor de psicología, ecología y biología evolutiva de la Universidad de Michigan explica: “Estudiar tanto la decepción como el castigo en el medio natural, especialmente entre primates, le permite a los científicos entender mejor estrategias cooperativas y competitivas”.

[Futurity]

El efecto Mozart: escuchar música clásica nos hace más inteligentes

Por: pijamasurf - 03/06/2013

Estudios han comprobado que escuchar música de Mozart nos hace (brevemente) más inteligentes, pero no es el único tipo de música que estimula respuestas cognitivas mejoradas.

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Todos hemos oído que escuchar música clásica nos brinda una inteligencia superior, y que el efecto estimulante se multiplica cuando bebés la escuchan. En la década de los noventa se popularizó la teoría de que escuchar Mozart incrementaba la inteligencia de los bebés que la escuchaban. Salieron a la venta productos que facilitaban este proceso así como artefactos que permitían que fetos escucharan música.

Tiene sentido, no es tan difícil imaginar que al escuchar la música de un genio abriremos de alguna manera un espacio nuevo en nuestras mentes para almacenar conocimientos. La popularización del efecto Mozart no requiere demasiados argumentos, sin embargo en la década de los noventa, los tenía. Había un estudio, conducido por la Universidad de California Irvine, que probaba que escuchar música de Mozart ayudaba a mejor las habilidades cognitivas de las personas. El problema con la publicación original del estudio es que se popularizo y sobre-interpretó; el “efecto Mozart” como tal, no se menciona, los participantes eran adultos y además no fue un estudio muy minucioso ya que solo contaba con 36  universitarios como participantes.

El experimento demostraba que estudiantes que escuchaban música de Mozart cumplían de mejor manera tareas donde tenían que imaginar formas y por unos 15 minutos después eran mejores en pruebas donde tenían que predecir la forma que tomaría un papel doblado una vez desdoblado. Básicamente probando que el efecto rara vez duraba más de un cuarto de hora, no toda una vida.

De cualquier manera las personas empezaron a especular en cuanto a qué era exactamente en la música de Mozart que causaba este efecto. Siguiendo esa línea de investigación muchos estudios empezaron a comprobar que no era solamente la música de Mozart la que estimulaba al cerebro, sino también la de Schubert, y lecturas de novelas de Stephen King, sugiriendo que no era la música lo que estimulaba pero el interés y atención prestada.

La mayoría de los estudios anteriores solo experimentaban los efectos en el cerebro adulto y no fue hasta el 2006 que una investigación Británica estudió el efecto de la música en ocho mil niños. Tenían que escuchar diez minutos de Mozart o una secuencia de tres canciones del grupo Blur “Country House,” “Return of the Mack,” y “Stepping Stone” de PJ and Duncan. Sorprendentemente a los niños que escuchaban las canciones Pop les iba mejor en las pruebas que aquellos que escuchaban Mozart. Probando que la preferencia personal podría influenciar de alguna manera.

Escuchar a Mozart o música Pop no hará a sus hijos más inteligentes, pero tampoco les hará daño y quizá inicien un romance con el arte de la música. Sin embargo sí existe una manera de mejorar las habilidades cognitivas a través de la música y es aprender a tocar un instrumento musical. Jessica Grahn, de la Western University in London, Ontario, explica que un año de clases de piano, complementadas por práctica regular puede incrementar el IQ por hasta tres puntos.

Escuchen música por amor al arte, no porque sientan que es una herramienta que los dotará con una mente brillante de la noche a la mañana.  Los dejamos con el concierto de piano número 27 de Wolfgang Amadeus Mozart:

[BBC]