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Fascinante "mueble glitch": madera que distorsiona (y cuestiona) la realidad

Arte

Por: pijamasurf - 03/14/2013

Un mueble ideal para un "reality bender", que cuestiona la naturaleza de la realidad con un canto estético, inmóvil más danzante: esta pieza del arquitecto Feruccio Laviani podría ser el mueble del año.

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El mueble perfecto para todos aquellos que gustan de doblar la realidad, como los aprendices del oráculo en The Matrix con cucharas espectrales. La pieza "Good Vibrations" diseñada por el lituano Feruccio Laviani permite almacenar objetos con una elegancia que ondula en el espacio, evocando lo que se conoce como un glitch, una falla en el sistema que revela inconsistencias en el diseño de lo real. Pese a este concepto futurista, el mueble fue labrado a mano, por lo que quizás lo podríamos considerar steampunk.

La deformación de sus unidades de almacenamiento parece haber sido provocado por un fuerte sacudida, creando un efecto desorientador a la vez que mantiene elegantes ecos orientales. Un mueble místico que en su distorsión cita un koan, materialización conceptual de una realidad elusiva o del mismo Maia, la ilusión inherente  a toda materia. Estéticamente el mueble se mueve en una zona liminal cuetsionando paradigmas de simetría y pureza, dejando una vaga e inquietante sensación de deja-vu, o un poético fuera de foco.

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Somos un cuerpo pero también somos estrellas, moriremos para convertirnos en galaxias: esculturas de Mihoko Ogaki

Arte

Por: pijamasurf - 03/14/2013

Que todos y todo, en cierta medida, somos polvo de estrellas, es una conclusión que se obtiene cuando se piensa que en cierto momento el universo entero se encontraba concentrado en un punto del espacio tiempo: soles, galaxias, planetas, pero también árboles, mariposas, ríos, microorganismos, todo lo que vemos pero también lo que todavía no conocemos.

Partiendo este principio, la escultora Mihoko Ogaki realizó estas piezas en que cuerpos moribundos se transforman, por un sortilegio del arte y la técnica, en constelaciones que se disuelven en la oscuridad de una sala de museo, una permutación entre muerte y vida que parece también arquetípica, la sublimación de eso que creemos el fin de todas las cosas pero que, al menos físicamente, no es sino la transformación en algo más.

Así con estos cuerpos: exánimes, fatigados de la vida y sus afanes, a un paso del rigor mortis, quedan convertidos en las que posiblemente sean las maravillas más admirables del universo, esas galaxias mesmerizantes que si bien nos recuerdan la trivialidad de nuestra existencia, al mismo tiempo nos recuerdan que, en cierta forma, ellas y nosotros somos uno y lo mismo, que algo hay de estelar en nuestra constitución y también, por qué no, de humano en la suya.

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