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El planeta no es una piedra, es un organismo: revisando la teoría Gaia de James Lovelock

La Tierra parece regularse a sí mismo en acuerdo a un plan, y la integración de todos los seres vivos la hace funcionar como un enorme organismo pluricelular. A 40 años de su aparición, la teoría Gaia sigue enfureciendo al mainstream científico.

Por: pijamasurf - 26/03/2013 a las 21:03:22

lovelock-gaia

El inventor James Lovelock nació en Inglaterra en 1919. Pasó a la historia por una idea sumamente simple y que, al decirla, parecería de sentido común, pero cuyas premisas formales fueron ampliamente cuestionadas por la comunidad científica a finales del siglo XX. La idea, expresada en una sencilla frase es: la Tierra se comporta como un organismo, y tal vez lo que molestó a los científicos más ortodoxos fue que ese organismo tuviera un nombre con el que el gran público pudiera relacionarse: Gaia, la madre tierra.

Lovelock se graduó en química y trabajó para el gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial (algo como el personaje Q de James Bond, alguien que puede hacer los más diversos gadgets), lo cuál llevó a la invención del detector de captura de electrones, que permitió detectar componentes tóxicos en regiones tan remotas como la Antártida (el trabajo del científico mexicano y premio Nobel Mario Molina estuvo en gran parte inspirado por el trabajo de Lovelock). Dichas habilidades pronto fueron reconocidas por otro cliente importante, la NASA. A partir de los años 60 Lovelock trabajó en California para la agencia espacial, desarrollando un proyecto para verificar la existencia de vida en el planeta Marte.

Según Lovelock no era necesario enviar naves al planeta rojo para saber si este tenía vida o no: bastaba observar las condiciones ambientales de Marte y compararlas con las de la tierra. Fue este proceso el que lo llevó a desarrollar la idea de que un planeta no solamente puede albergar vida en su interior gracias a su composición atmosférica, sino que de algún modo dicho planeta –este, el nuestro– es vida. Si la Tierra es vida en sí misma, es dable pensar que puede comportarse como un organismo.

Aunque el argumento por entender un planeta como un organismo vivo cobraría adeptos y detractores en los años siguientes, no fue Lovelock mismo quien propuso el nombre de “Gaia” para su teoría, sino uno de sus más cercanos amigos, el escritor William Golding, a quien tal vez recuerden por una primera novela muy exitosa, El señor de las moscas. Golding sugirió el nombre de Gaia, como la antigua diosa griega de la Tierra, además de motivar y seguir de cerca los progresos de su amigo.

Lovelock hizo pública su teoría a principios de los 70, y fue entonces cuando encontró a su siguiente colaboradora en la microbióloga estadunidense Lynn Margulis. El paso hacia la colaboración fue natural: Margulis era una ferviente creyente de la simbiosis (la idea de que los organismos colaboran unos con otros para beneficiarse mutuamente), lo que finalmente ocurrió en su trabajo con Lovelock. Sin embargo, Margulis no era tan entusiasta en cuanto a las consecuencias míticas y filosóficas de la teoría de Gaia. 

Margulis ya tenía para entonces un nombre hecho dentro de la comunidad científica gracias a sus estudios al respecto de la simbiosis en organismos pluricelulares. Para ella, las células complejas (eucariontes) estaban formadas de células más básicas o primitivas (procariontes); dichas células, según su teoría, se volvían “organelos”, partes funcionales de dichas células complejas. Para alguien con estos antecedentes era mucho más fácil relacionarse con la misma dinámica que había visto en organismos microbiológicos en una escala mayor, por lo que comenzó a colaborar con Lovelock escribiendo textos a favor de la teoría Gaia.

Un argumento que desarrollaron juntos, por ejemplo, habla de que la temperatura del Sol durante la vida de la Tierra no ha permanecido constante. La edad de nuestro planeta se calcula en unos 4.5 mil millones de años, durante los cuales la temperatura del Sol ha aumentado en la misma proporción periódica. ¿Por qué esos aumentos de temperatura han seguido permitiendo la vida en la Tierra? Lovelock y Margulis pensaron que se trataba de que la vida misma en nuestro planeta cambia la composición de los gases terrestres, y que al hacerlo, logra moderar y atenuar los efectos de la radiación solar. Justo como un cuerpo suda cuando hace calor o tiembla cuando hace frío, la Tierra regula sus niveles de calor a través de los organismos más pequeños que la habitan.

Fanáticos y detractores

Pero por más “lógica” que pueda sonar esta visión del mundo, Lovelock y Margulis se enfrentaron a férreas críticas, como la de John Postgate, un microbiólogo de la Royal Society quien expresó en 1988: “Gaia, ¡la Gran Madre Tierra! ¡El organismo planetario! ¿Soy el único biólogo que sufre urticaria y un sentimiento de irrealidad cuando los medios me invitan a hablar de esto en serio? Y es que para los biólogos evolucionistas, la teoría Gaia tenía algunos problemas importantes. Las plantas no producen dióxido de carbono “por el bien de la Tierra”, sino como parte de sus funciones, según el mainstream oficial. Toda otra explicación atenta contra el paradigma darwiniano, donde la cooperación entre especies no es tan importante como la supervivencia del organismo.

Otro argumento en contra fue que la teoría Gaia se hizo de férreos adeptos dentro de las comunidades new age. Muy pronto aparecieron libros sobre jardinería Gaia, retiros Gaia, iglesias de Gaia, música, arte, así como grupos de ecologistas radicales y ecofeministas, así como los paganos de California. Un caso especialmente curioso fue el de un hombre nacido en Missouri en 1942 bajo el nombre de Timothy Zell, que bajo el nombre de Oberon Zell-Ravenheart que no sin modestia se describe a sí mismo como “psicólogo transpersonal, metamédico, naturalista, teólogo, chaman, escritor, artista, escultor, conferencista y maestro.” En su papel de ministro de la Iglesia de Todos los Mundos fue uno de los muchos “pseudocientíficos” por los que la comunidad científica veía con recelo las teorías de Lovelock, como cuando podemos apreciar a una banda de rock pero dejamos de escucharla a causa de sus odiosos fans.

Y es que en el término “pseudociencia” van implícitas muchas consideraciones históricas y teóricas. La partícula “pseudo” implica un juicio de valor sobre lo verificable de una metodología alternativa al canon científico, y sólo puede ser utilizada por miembros del mainstream científico que se asumen voceros de la verdad científica. Su punto es que la pseudociencia es algo que parece ciencia sin serlo, sin seguir estándares de la ciencia “verdadera”: no es predictiva, es inconsistente, descontextualizada, etc. Sin embargo, desde Platón y Aristóteles la teleología (o búsqueda de las razones últimas) condujo la investigación considerada científica hasta entonces. Un “defecto” histórico de la teoría de Gaia era que presuponía la existencia de una razón última (la continuidad de la vida en la Tierra) a partir de la observación del comportamiento de los organismos. El problema es que después de Descartes, las razones últimas quedaron como una curiosidad de museo en favor de la diosa Razón.

En la historia de la filosofía, las razones últimas siguieron su propio cauce a través de los idealistas alemanes del romanticismo, incluyendo al poeta Goethe, al filósofo Friedrich Schelling y posteriormente en Estados Unidos hacia Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau. Estos autores suelen ser traídos a cuenta por ambientalistas de todo cuño, para los que la teoría Gaia sigue teniendo sentido y pertinencia en la historia de la ciencia. 

La teoría Gaia ha provocado pasiones a favor y furores en contra. Lovelock fue condecorado en el 2006 con la Medalla Wollaston, el más grande honor de la Geological Society of London, tal vez porque sigue pesando más lo provocativo de su teoría y sus implicaciones que sus puntos en contra. Aunque la teoría de Gaia no se haya hecho de un lugar en el anaquel de la ciencia moderna, una rama de estudios que ven a la Tierra como un sistema interconectado permea poco a poco en las discusiones. Y es que no se trata de vigilar y castigar a los que proponen hipótesis arriesgadas, sino de tratar de equilibrar la metodología rigurosas con las cualidades imaginativas. Watson y Crick no propusieron su modelo de ADN a partir de elementos comprobables, sino de comprobar empíricamente el funcionamiento de un esquema que en un primer punto fue teórico (la doble hélice). Como Einstein dice, en ciencia (como por otra parte, en toda rama del saber) la imaginación es más importante que el conocimiento. Lovelock sigue siendo un gran ejemplo de ello.

[Aeon]


Comentarios

  1. Clara dice:

    No lo entiendo, no es el hombre quien se adapta el medio? I como puede ser que este medio sea un organismo vivo?

  2. Gabeto dice:

    Buen articulo, excelente teoria no tengo mucho que opinar realmente al respecto, solo queria agregar que se les olvido mencionar que el escritor Isaac Asimov tambien menciona a Gaia en su libro fundacion y tierra.

  3. Iván Vitta dice:

    Hay que distinguir entre lo que propone Lovelock en su teoría -que el planeta funciona como un organismo vivo, no que sea un organismo vivo- y lo que los hippies remojados de la New Age entiendan o quieran entender. Esto último vale exactamente cero en términos científicos.

  4. Mark View Race dice:

    Esos científicos de pacotilla nunca entendieron la Teoría Gala…. Punto. Hasta que no la entiendan serán meros espectadores de su propia autodestrucción.

  5. EDUARDO QUIERO dice:

    Es interesante su postura frente al tema energético.
    Ver su libro La venganza de la Tierra

  6. Ricardomossq dice:

    Es un organismo viviente autorregulado y cada uno de nosotros, junto a los demás de los individuos de todas y cada uno de las especies que habitan en el planeta somos órganos de Gaia con funciones especificas que en conjunto mantienen vivo y autorregulado al superorganismo que es la biomasa que forma parte del planeta.Tal y como en nuestro cuerpo existen organismos que en ciertos casos se comportan de una manera diferente a lo que es su función, en nuestro planeta seres humanos somos realmente un virus que ataca al planeta dentro de su propio ser y en lugar de dotarle de conciencia lo que estamos haciendo es destruirlo,en pocas palabras somos un cáncer en un ser vivo que aun no lo podemos entender del todo al habernos enseñado la biología sus reglas para definir lo que es un organismo para ella, un ser para estar considerado “vivo”, necesita cumplir con características:
    1) Tiene que reproducirse.
    2) Tiene que reaccionar al medio ambiente.
    3) Tiene que intercambiar materia y energía con el medio ambiente.
    4) Tiene que auto-regularse internamente (homeóstasis)
    5) Tienen que adaptarse al medio ambiente y evolucionar.
    A mi criterio el universo es un ser vivo contenedor de vida lo que nos muestra que no estamos solos en el universo, aunque puede parecernos que sí, dado que la vida en otros planetas esté probablemente dominada por microbios u otras criaturas no comunicativas.
    A lo que todo gira en si : Un ser vivo conteniendo vida y esta vida conteniendo una vida diferente a nuestro entendimiento como por ejemplo cuando nos acercamos a un hormiguero sin ninguna sutilidad o cuidado, nos reclinamos y con una de nuestras manos empezamos a poner trabas, cortar el paso, mover la tierra, molestar a una diminuta hormiga y observamos que aparentemente esta no parece plantearse que esta frente a otro ser vivo, demasiado grande para poder identificarlo como tal, posiblemente una hormiga no se plantea identificar seres vivos tan distintos a ella.Ponemos el dedo en su camino, sube en nuestra mano, simplemente se esfuerza por regresar a su camino ,de manera que sube la mano, baja y sigue por el camino que le llevara de vuelta al hormiguero que parece ser lo único que tiene entre antena y antena y en ningún momento pareció girarse y percatarse de nuestra total dimensión ya que en su limitada inteligencia, se dará cuenta de que algo se cruzo en su camino “agentes naturales” pensaría?
    Posiblemente una hormiga no puede entender, por lo cual tampoco “ver” o identificar como tal, otras formas de vida tan distintas debido a su limitada inteligencia. estará la hormiga tan segura de si misma y de su limitada realidad, como quizás lo estamos los humanos?
    Esta claro que en las dimensiones que la hormiga vive, no estamos.
    cuanto sera lo que no podamos ver dentro de nuestras 3 dimensiones.

    • Eréndira dice:

      De acuerdo contigo Carlos, quien dice que los humanos siempre tenemos la última palabra?… acaso los científicos?, si revisáramos la historia veríamos cuantas veces se han reformulado teorías para corregir lo que se creía cierto. Sumémosle que nuestro corto tiempo de vida (70 años promedio) no es suficiente para ver los cambios del planeta y nuestro tamaño sigue limitando lo que podemos observar. Lo mas lastimoso es la cerrazón que mostramos ante algo nuevo posiblemente cierto, simplemente porque somos científicos. Acaso las cosas son como una mosca o un caracol las ven? Por qué tendría que ser como las vemos los humanos?… algo para reflexionar y abrir nuestras fronteras de entendimiento. De cualquier manera GRACIAS Carlos!

    • Carlos dice:

      Muy bueno tu comentario amigo yo pienso de una manera similar, en el caso de los microorganismos que pueden habitar nuestro propio cuerpo, no creo que puedan ser concientes que habitan un ser mucho mas evolucionado, nuestros propios glóbulos blancos que luchan contra virus que entran al organismo, quizás lo hacen para beneficio de ellos mismos sin darse cuenta que son solo parte de otro ser. Nuestro cuerpo es un ejemplo de como funciona la vida en sus infinitas formas. “Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba”

  7. Neo La Mac dice:

    cambio de paradigma mismo dogma de fé… la ingles ia habla en letras de lo que siempre dijo la naturaleza. Aqui (Abya Yala) “semos capaces de pensar por nuetra cuenta”.



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