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El ambiente en tu oficina podría reducir tu expectativa de vida

Por: pijamasurf - 03/27/2013

Factores como el grado de estrés y la empatía con nuestros compañeros de trabajo son menos importantes para la salud que el grado de control y creatividad que tengamos en nuestro trabajo.

estres

Pasamos al menos 8 horas diarias en una oficina con gente. Esa "gente" es testigo de toda nuestra vida emocional: nuestros ascensos, nuestras caídas, nuestras malas noticias y nuestras horas de diversión. Son nuestros consejeros espirituales y nuestros más férreos enemigos: nuestros compañeros de trabajo, además de todo esto (incluso mucho más que la gente de nuestra familia o nuestros mejores amigos) podrían tener un impacto importante en nuestra salud y nuestra longevidad.

Un estudio de la Universidad de Tel Aviv dirigido por Arie Shirom llevó la cuenta del estado de salud de 820 adultos durante 20 años, comenzando en 1988. Los profesionistas tenían empleos en finanzas, en la industria y en el sector salud. Además del estado físico (y situaciones de riesgo para la salud como alta presión arterial, ser fumadores o padecer depresión), los sujetos del estudio dieron información sobre su lugar de trabajo, sobre el carácter de su jefe y compañeros de trabajo, etc. 

 Como se esperaba, las condiciones de trabajo tuvieron un efecto directo en el riesgo de muerte: los colegas poco empáticos o desagradables fueron asociados con mayores posibilidades de morir. Esto puede explicarse porque la gente percibida como amistosa ayuda a reducir el estrés: aquellos trabajadores que no sentían "apoyo de sus pares" o colegas tuvieron probabilidades de morir 2.4 veces mayores que aquellos que tenían gente agradable a su alrededor.

Más que el estrés, la variable importante en el estudio es la percepción de control: lo único peor que una oficina llena de imbéciles es una oficina llena de imbéciles dando órdenes. El estudio Whitehall, en este respecto, es el más grande y abarcador de su tipo: comenzó a ordenar información de 28 mil trabajadores (hombres y mujeres británicos) en 1967, en la ciudad de Londres; sus sujetos de estudio son en todos los casos servidores públicos, engranes en la burocracia gubernamental. Todos cuentan con el mismo tipo de servicio de salud, una fuente de ingresos regular y pasan sus horas de oficina ordenando papeles.

La jerarquía de sus puestos de trabajo también aporta muchos datos que se relacionan con consecuencias para la salud. Los datos del estudio Whitehall revelaron que entre los 40 y los 64 años los trabajadores más bajos dentro de la estructura organizacional tuvieron una tasa de mortandad cuatro veces mayor que sus jefes. Incluso tomando en cuenta los riesgos genéticos y los comportamientos nocivos como fumar o beber, los trabajadores en la base de la pirámide aún tenían dos veces más probabilidades de morir que aquellos cercanos a la punta de la pirámide.

Los investigadores concluyeron que los factores psicosociales (sobre todo el estrés) tenían los mayores efectos en la salud. Sin embargo, no todo el estrés se percibe de la misma manera. La gente con posiciones de poder en el gobierno, por ejemplo, perciben sus trabajos como demandantes y sujetos a mucho estrés, pero también con un enorme nivel de satisfacción. Un administrador de alto grado, Nigel, aporta este testimonio: "Habían 2 mil personas y yo era responsable del control de personal, los contratos y los servicios. Tenía todo tipo de retos imaginables. Es un trabajo muy activo y con mucho estrés, pero también es muy disfrutable y obtenías un enorme nivel de satisfacción cuando hacías un buen trabajo."

En contraste tomemos a Marjorie, una mecanógrafa en la base de la jerarquía: "Me ponía frente a la máquina de escribir y redactaba documentos. Lo cual te destruía completamente el alma. El hecho de poder caramelos y fumar era glorioso, pero no se nos permitía hablar."

Tomando miles de casos como los de Nigel y Marjorie, los investigadores concluyeron que no se trataba tanto de que el estrés fuera un factor determinante, sino el grado de control: aunque un ejecutivo tenga a su cargo mucha gente y responsabilidades (lo cual podría aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares), un trabajo sin control y sin ninguna injerencia en el proceso es mucho más peligroso.

Otras variables a investigar como el género del trabajador o las condiciones del país aún quedan por analizarse. Por ejemplo, algunas mujeres que además de trabajar se hacen cargo de las labores del hogar requieren un tipo de equilibrio en cuanto a toda la serie de opciones y responsabilidades a su cargo. Pero los investigadores afirmaron que tener un grado medio de control medio así como cierto grado de estrés era mejor que el aburrimiento absoluto de no tener control en absoluto, lo que a la larga le da a la gente esa sensación de no ser más que un robot o una pieza mecánica y sustituible en la maquinaria de la sociedad.

[Wired]

La brujería binaural de Giles Corey (cifrando un estado de trance a través del sonido)

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 03/27/2013

El disco Deconstrutionist de Giles Corey (Dan Barret) teje una mitología sonora alrededor de la muerte y un estado de trance inmemorial, en un fascinante y perturbador experimento con tonos binaurales.

Giles Core Deconstructionist

Hace dos años el músico Dan Barret tomó el nombre de Giles Corey, un hechicero del siglo 17, y emprendió un oscuro viaje investigando en carne propia los meandros de la muerte, el trance y los fantasmas. Barret sufrió un episodio de profunda depresión y un intento de suicidio, el cual de alguna manera sublimó en una serie de álbumes experimentales, que son también un documento de su viaje al inframundo y de un sincero esfuerzo por registrar espectros psíquicos y compartirlos con la audiencia, con sonidos que intentan transmitir experiencias puntuales --lo mismo extáticas que desgarradoras.

El más interesante de estos documentos espectrofónicos es Deconstructivist (2012). Compuesto de tres tracks de alrededor de 30 minutos cada uno, el disco es un experimento con sonidos binaurales en búsqueda de reproducir un estado de trance. El mismo que vivió Dan Barret cuando inició el proyecto de Giles Corey: se sentó en el piano encapuchado y empezó a tocar y se despertó una hora después en el piso con apenas unos flashes en la cabeza, memorias fugaces. En la grabación se podían escuchar ruidos en la madera, vidrio y sus sollozos incesantes --el espacio mediumínico cobrando vida en la sombra de la conciencia. El disco es una deconstrucción de estos sonidos siguiendo una directriz hipnótica, extravasando las zonas liminales de la mente desdoblada en el espacio.

Los beats binaurales son oscilaciones sonoras que recrea el cerebro al escuchar frecuencias ligeramente distintas en cada oído --por ejemplo 400 Hz en el derecho y 410 Hz en el izquiero producen un pulso binaural de 10 Hz. En cierta forma producen una alucinación aural, cuando el cerebro, acostumbrado a la cohesión estereo, intenta reconstruir o sincronizar la diferencia: aquí entra una dimensión imaginaria. Y a la vez el sonido ya no sólo entra por los oídos, se transmite por los huesos y se vuelve instintivo. Estos pulsos son utilizados conjuntamente con estimulación fótica para producir estados de entrainment, que llevan a las ondas cerebrales a seguir patrones dominantes, generalmente de alfa, theta y hasta gamma (las frecuencias más asociadas con la meditación, el trance y la relajación). 

Hace algunos años pude experimentar con estas máquina de luz y sonido que programaban estados mentales con una consola de frecuencias, una gafas con LEDs y unos audífonos. Hay cierta atracción en que la luz sea la sustancia activa de una experiencia psiconáutica y por momentos estallaban los fractales y la geometría sagrada interior, que acompañan como tentadores aperitivos los viajes psicodélicos. Podían relajarme... o algunos programas seriamente perturbar mi homeostasis cerebral con ritmos caóticos-infernales. Lo cierto es que nunca me llevaron al éxtasis trascendental que prometían --según Robert Anton Wilson, uno de estos aparatos le propició un viaje astral. Pero seguramente esto tiene que ver también con mi propia sensibilidad y para algunos estos aparatos serán suficientes para alcanzar el samadhi.

No estoy seguro que Deconstructivist logré del todo generar estados de trance en una grabación de sonido, pero ciertamente (de)construye una notable mitología alrededor de este fenómeno hipnótico y facilita una experiencia mental y emocionalmente profunda. La repetición binaural de un lamento que atraviesa el tiempo.De manera similar a The Marriage of True Minds, de Matmos, que busca ser una fiel expresión sonora de la telepatía en experimentos de campos ganzfeld, Barret logra crear un  poderoso documento de lo que es la mente poseída por una fantasmagoría, propia y añeja, cifra del trance de la muerte (aquella sensación de suyo incomunicable, pero que se evoca en zonas irracionales). La impresión de que el espíritu de Giles Corey ronda la grabación es ineludible, una niebla psíquica envolvente con calabozos y heridas irrestañables se difunde, como si las diferencias de frecuencias fueran portales interdimensionales. Giles Corey, el warlock que fue torturado hasta su muerte en la cacería de brujas de Salem, acusado de brujería satánica, pero que jamás se pronunció (culpable o inocente), como si respondiera sólo a una ley de otro mundo, pese a sufrir los más atroces castigos.

El álbum viene con un PDF de 30 hojas que abunda sobre la doble línea abismal de la muerte y el trance, creando una propia mitología suscitativa para sugerir la experiencia. Desde el vudú al budismo y siempre con una especial afinidad por la oscuridad, que sin embargo es conquistada para alcanzar una conciencia más alta, este PDF es un aditamento filosófico que programa ligeramente la experiencia directa con la música. Barret recomienda escuchar el disco completo, en orden, con los ojos vendados y con audífonos, de otra forma los beats binaurales no hacen efecto. A continuación reproduzco mis impresiones de  Deconstructivist registradas en un tren de escritura automática escuchando el disco --cada experiencia escuchándolo debería de ser distinta ya que el cerebro cocrea parcialmente los sonidos, que a su vez son eminentemente visuales, creando una especie de paisaje onírico irrepetible:

Awake Now

Como una hipnótica batalla medieval, o la construcción de un castillo por siglos, en medio de cadenas y cantos (latigos y campanas). La esencia salvaje del trance se detiene en el cerebro.  Regresiones. Resonancia mórficas. La presencia del pasado.

La brujería de Giles Corey, por un momento nos hace viajar al Connecticut del siglo 17, a vivir el misterioso linchamiento de un hechicero, un hombre de poder también.

El repiqueteo de los metales, bronces aurales que evolucionan en una procesión demente, que sin embargo encuentra su liberación al filo de la realidad.

Es la transmisión de una imagen, una especie de Inception, de sueños que se traslapan, múltiples laberintos superimpuestos en un bloque central. La imagen del Demiurgo no sólo como arquitecto también como herrero, vulcanizando el inconsciente con sus arquetipos insondables. La marcha marcial del núcleo de la tierra, gestación eólica de las grandes cañadas, de las cuevas sagradas de minerales incandescentes, de los labios cáusticos, de la piel abierta de la Madre gigantesca en su aspecto de Kali.

Euforia que se desborda en un desfiladero...

Una mutabilidad, como la de una brújula en una tierra magnética, en la zona del silencio,  a veces un desasoiego. Que busca la destrucción, el suicidio, la desintegracion, la posesión demoniaca, los sonidos drones, los fantasmas grabados en el aire.

Quizás el nombre de Deconsturccionista, refiere al acto más que de crear  de destruir paso a paso -- como con un manual de desenesamble-- la gran máquina celeste con su armonía esférica,  estirar las supercuerdas que componen la materia subatómica. Y mirar fijamente al vacío, a ese vacío del espacio infinito que aterraba a Blaise Pacal. Este es el poder de la muerte y lo que seduce irresistiblemente a Corey-Barret.

 

 

Twitter del autor: @alepholo