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Condones de tocino: "para que tu carne sepa a carne"

Por: pijamasurf - 03/30/2013

Compañía de alimentos especializada en tocino ofrece una edición especial de condones de tocino para los amantes de la carne.

Condoms

El amor al tocino es uno de los fetiches más extendidos en algunos países, con numerosas comunidades en Internet que comparten su fanatismo por está manifestación conspicua, deliciosa y a la vez grotesca de la carne (después de los gatos, el tocino debe ser uno de los grandes señores de la Red).

El tocino paece ser bastante versátil y es utilizado en todo tipo de productos. La compañía J&D's Foods, fabricante de aderezos, waffles, y hasta lubricantes de tocino, ahora amenaza con prroducir condones de tocino de alta calidad lubricados con su reconocido baconlube para enriquecer la experiencia sexual porcina. 

Ciertamente estamos a unos días del April's Fools Day, pero esta misma compañía que lanzó como broma el lubricante de tocino luego lo vendió en edición limitada, así que tal vez no sea del todo descabellado que alguien pueda adquirir unos condones de tocino para que "su carne sepa a carne".

[Laughing Squid]

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Octavio Paz, El arco y la lira

En inglés existe un verbo, “daydream”, que no tiene un equivalente exacto en español. Al menos no si quisiera conservarse esa unidad en la que se funden dos palabras para significar una cosa: el acto de “soñar despierto”, el fantaseo diurno que en un momento de distracción nos lleva por gracia de la imaginación a una realidad distinta a esa en la que nos encontramos.

Y si bien, como en todo sueño, la pesadilla es una posibilidad siempre latente, lo cierto es que el “daydream” se caracteriza con más frecuencia por la ensoñación placentera, el montaje o el recuerdo de escenarios complacientes y gozosos y de situaciones que mucho tienen de felicidad y de alegría.

Tomando esta acción simple y al mismo tiempo sumamente compleja, cotidiana pero con cierto elemento milagroso, la fotógrafa Alexandra Sandu puso en marcha el proyecto Daydreamers, una serie de retratos que fija en una imagen la evidencia gestual de los sueños soñados en consciencia plena.

La instrucción de Sandu a sus modelos es sencilla: solo cierra los ojos y piensa en algo bonito. Liberada así la imaginación, el resto es obra de la fotógrafa, la encargada de fijar ese instante en que por la sonrisa dibujada, por la expresión de los ojos que no vemos, por la serenidad del rostro, sabemos que esa mente ha dejado este mundo para adentrarse en uno mejor ―del que acaso, como si se tratase de alguno de esos ríos de mitologías remotas, salga purificada y renovada.

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Imágenes vía PetaPixel