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Al final todos mueren (la gracia es cómo): infográfico resume todas las tragedias de Shakespeare

Arte

Por: pijamasurf - 03/16/2013

Entre la literatura y la demografía, este infográfico resume la mortandad en las tragedias de Shakespeare, las muchas maneras en que los personajes de sus obras se enfrentan a ese destino último que, antes de arribar, recorre caprichosas circunstancias.

 

Macbeth tiene fama de ser la tragedia más cruenta de Shakespeare, un baño ininterrumpido de sangre que hacer ver las películas de, digamos, Tarantino, como un experimento estudiantil y timorato. “Gran máquina asesina”, llama el crítico Harold Bloom al protagonista homónimo de esta pieza que, trasladada al ámbito operístico por Verdi y Francesco Maria Piave, tiene también una de las arias más dolorosas del género, la célebre “O figli, o figli miei!” de Macduff cuando descubre a su esposa y sus hijos asesinados por orden de Macbeth.

Esto, de una u otra forma, se repite en todas las tragedias shakespereanas. En Macbeth la muerte es un instrumento, en Romeo y Julieta una fatalidad, en Hamlet el único recurso posible para disolver esa desmesura que significa la presencia del Príncipe de Dinamarca en el mundo. Pero más interesante aún es que en medio de esas grandes manifestaciones de la muerte, hay pequeñas o medianas expresiones que enriquecen todavía más su simbolismo: la muerte de Mercucio, la de Ofelia, la aparentemente secundaria de Julio César, etc.

Para evidenciar este gusto de Shakespeare por la muerte (o, en general, de la sensibilidad estética del periodo barroco), Caitlin S. Griffin (de la Shakespeare Library en Washington) y Cam Magee (profesor de teatro), elaboraron este irónico infográfico en el que se resumen dicho carnaval mortuorio, especificando tanto el personaje de la tragedia como la forma de su fallecimiento.

Por último, antes de compartir el infográfico, podríamos advertir sobre cierta “spoiler alert”, que quizá a algunos les importe para no ver arruinada la emoción de saber quién muere en una obra antes de leerla, pero quizá esto sea un tanto superfluo, pues una delas grandezas de Shakespeare, como la de muchos otros grandes escritores, es que importa menos el suceso en sí que la manera en que se desarrolla este, la paulatina y esa sí sorprendente concatenación de circunstancias que, en el fondo, es el verdadero motivo por la cual consideramos terrible o desoladora una resolución de ese tipo.

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[Slate]

En ocasiones la tristeza nos parece bella en sí misma, sus imágenes nos cautivan, ¿pero por qué razón?

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Hay una frase de Anaïs Nin que circula con cierta profusión en la que la escritora asegura que no vemos las cosas como son, sino como somos, esto es, la manera en que aprehendemos la realidad, como la entendemos y la hacemos nuestra, así sea por instantes, es en buena medida una proyección de lo que sabemos y conocemos, también de lo que ignoramos, nuestras aversiones y nuestros deseos. Así, en un asunto en que se cruzan la filosofía y la psicología, la epistemología y la neurociencia, queda de manifiesto nuestra imposibilidad para conocer la realidad en sí y, en cambio, solo tener acceso a la realidad que nos dan nuestros sentidos e interpreta nuestra percepción.

En este contexto, la categoría de lo bello, la experiencia estética, cobra, junto a otras, un relativismo que es en cierto sentido estimulante en la medida en que nos obliga a preguntarnos por qué consideramos bello algo, si, más allá de criterios supuestamente "objetivos" o al menos socialmente tenidos como tal, algo es bello únicamente por la manera en que lo miramos y lo entendemos y, en última instancia, parafraseando a Nin,  por cómo somos en ese momento en que lo miramos y lo entendemos.

Hago este preámbulo para preguntarme por el valor estético de la tristeza, por qué las imágenes que la retratan nos parecen especialmente bellas, o si esta cualidad es solo expresión de espíritus que sienten particular condescendencia por los gestos de esta emoción.

En el caso de la tristeza también es posible que se trate de cierta fascinación por el sufrimiento del aspecto exterior como reflejo del sufrimiento interior, o al menos de cierta actividad emocional e intelectual que se adivina mucho más intenso, más vívido que el de la mayoría, premisa que en buena medida se remonta al influyente Problema XXX de Aristóteles (cuya autoría, por cierto, se discute), en el cual el filósofo habla sobre la melancolía y se pregunta por qué este humor se le encuentra con mucha frecuencia entre personajes destacados como poetas y líderes políticos. 

Sin importar si esto es o no cierto, el texto marcó ciertas pautas para apreciar la tristeza, para, culturalmente, otorgarle significados y valores que probablemente no estén ahí.

Aquí algunas imágenes de la tristeza, de las cuales es difícil saber si son bellas en sí, si, después de todo, este ser bello en sí es posible para el caso específico de la tristeza.

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Melencolia I, Albrecht Dürer

"Muchas veces tomé la pluma para escribirla, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y estando una vez suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría [...]" / Del Prólogo al Quijote de 1605.

 

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Introspection, Martin Stranka

Twitter del autor: @saturnesco