*

X

La penuria de los apartamentos en Hong Kong vistos desde una paradójica perspectiva celeste (FOTOS)

Sociedad

Por: pijamasurf - 02/21/2013

La vida en las grandes metrópolis fue uno de los grandes temas de la reflexión intelectual casi desde el siglo XIX, cuando la irrupción de la dinámica urbana se adivinaba ya irreversible, un ritmo opuesto casi por completo al de la existencia no industrializada que por tanto años siguió la humanidad.

Una de las diferencias principales entre uno y otro modo de vida es, entre varias otras, la falta de espacio habitacional, la reducción significativa de los sitios destinados a servir como hogar cotidiano. Los apartamentos —esa invención destinada al obrero y su familia, al burócrata, al empleado de ingresos moderados incapaz de costearse algo más grande— son la expresión arquitectónica de una manera específica de estar en el mundo, hábitos y prácticas condensados en los metros cuadrados de superficie, en el número de habitaciones, en el tamaño de la cocina.

La Society for Community Organization, con sede en Hong Kong, ha auspiciado un interesante ejercicio fotográfica en esta emblemática y activa isla, tomando retratos desde una perspectiva aérea de los lugares donde reside el hongkonés promedio.

Como se ve, se trata de lugares que destacan por su superficie mínima, por el consecuente amontonamiento de enseres en apartamentos de poco menos de 4 metros cuadrados en los que incluso viven familias completas de tres o cuatro miembros, por la carencia de algunos que quizá por la estrechez parece una engañosa abundancia en otros.

Imágenes, también, que algo tienen de paradójico por el ángulo elegido para exhibir esta realidad: el cielo raso, un cielo inesperadamente cercano al mundo y sus penurias.

[My Modern Met]

Nexos con la dictadura y oposición a la homosexualidad: ¿Quién es Jorge Bergoglio, el nuevo papa Francisco I?

Sociedad

Por: pijamasurf - 02/21/2013

"Humano, demasiado humano": esa podría ser también la divisa de Francisco I, el nuevo papa que cuando era todavía el cardenal Jorge Bergoglio estuvo implicado en una cuestionable connivencia con el regímen dictatorial de Videla, uno de los más sanguinarios y crueles en la historia de Argentina, además de otras actitudes que revelan la conservadora decisión de El Vaticano.

papa

El Vaticano ha sorprendido al mundo con la elección de Jorge Mario Bergoglio como sucesor de Benedicto XVI en el llamado Trono de San Pedro, la posición de papa que representa la cúspide de la jerarquía católica.

El resultado final del cónclave cardenalicio fue inesperado porque esta es la primera ocasión en que se elige a un papa del “Nuevo Mundo”, interrumpiéndose así la continuidad europea y de alguna manera, quizá, reconociendo la importancia vital que América ha tenido para El Vaticano, sin la cual es posible que este no hubiera sobrevivido los últimos quinientos años.

Asimismo, la pertenencia de Bergoglio a la Compañía de Jesús —una orden históricamente progresista, intelectual, lindante incluso con cierta heterodoxia—  o su apelativo de Francisco I (se dice que en alusión a San Francisco de Asís), se miró al inicio como una suerte de nueva etapa dentro de la sucesión papal.

Sin embargo, apenas se supo de esta elección, han comenzado a surgir datos que revelan el lado oscuro del prelado argentino, en algunos casos una aquelarre franca contra el nuevo pontífice y en otros solo un esfuerzo por equilibrar la información, por mostrar que, después de todo, el conservadurismo de El Vaticano es su principal recurso de supervivencia.

De entrada Bergoglio, como usualmente ha sucedido con las élites del poder en los países latinoamericano, tuvo una relación sólida con los regímenes dictatoriales de Argentina, especialmente el de Jorge Rafael Videla, bajo la premisa de que no apoyar a los gobiernos militares conduciría a un gobierno de inclinación marxista, corriente de pensamiento proscrita en la época por El Vaticano mismo

Según Horacio Verbitsky, periodista que desde hace varios años ha documentado los actos moral, ética o jurídicamente cuestionables del jerarca, Bergoglio omitió un par de frases comprometedoras en la transcripción de una reunión que miembros del episcopado argentino sostuvieron con la Junta Militar de Videla, durante la cual dichos sacerdotes se arrogaron la capacidad de fijar la posición de la Iglesia católica en Argentina frente al gobierno, la cual no fue sino de cooperación absoluta. “De ninguna manera pretendemos plantear una posición de crítica a la acción de gobierno [dado que] un fracaso llevaría, con mucha probabilidad, al marxismo”, sostuvieron entonces los prelados, encabezados por Bergoglio.

Esto, por desgracia, puede ser que no sea del todo sorprendente, pues en América Latina la complicidad entre las cúpulas religiosas y las políticas ha sido cosa corriente, pues en buena medida ambas comparten el mismo tipo de poder, aquel que se fundamenta en el sometimiento de las masas, en la alienación como factor imprescindible de su existencia. Sin embargo, que sea común no significa que sea aceptable.

Por otro lado, dicha conveniencia entre Bergoglio y los dictadores argentinos, en especial Jorge Rafael Videla, se manifestó en acciones concretas que incluso llegaron a acusaciones de dos sacerdotes, Francisco Jalics y Orlandio Yorio, ambos pertenecientes a la Compañía de Jesús que en cierto momento comenzaron a defender con vehemencia los derechos de los pobres, una actitud que, paradójicamente, no es bien vista dentro de la Iglesia Católica, por lo cual dichos curas perdieron su licencia religiosa por decisión de Bergoglio, para justo inmediatamente después ser aprehendidos y torturados por personal de la Escuela Mecánica de la Armada. A Bergoglio se le acusó en este caso de delatar y prácticamente entregar a ambos sacerdotes.

También a esta época pertenecen las imputaciones hechas por las Madres de Mayo (el conocido grupo que lucha por el esclarecimiento de casos de personas desaparecidas durante la dictadura) sobre cierto nivel de participación de Bergoglio en el robo de niños nacidos en prisiones argentinas y sobre el cual, según se acusó hace algún tiempo, el cardenal tenía que ser presentado para que declarase al respecto, pues posee información sobre estos crímenes que ha evitado revelar a las autoridades argentinas.

Por último, no es menos importante la oposición indoblegable que hace un par de años Bergoglio manifestó hacia las uniones civiles entre homosexuales aprobadas por el gobierno de Cristina Kirchner, llamando incluso a, sic, una “guerra santa contra el matrimonio gay”.

Así, recurriendo a la frase de Nietzsche, parece claro no solo que Francisco I es “humano, demasiado humano”, y a pesar de todos los supuestos símbolos que lo rodean —ser argentino, ser jesuita, haber elegido el nombre de un santo humilde y que según la leyenda recibió el encargo divino de limpiar la podredumbre de la Iglesia, San Francisco de Asís—, tal parece que su pontificado dista mucho de la transformación renovadora que algunos quisieran para la Iglesia Católica, cuyo poder e influencia bien podría ser un factor decisivo, de quererlo y ejecutarlo, en la transformación del mundo mismo, en su tránsito hacia una realidad menos desigual, más justa, trabajar realmente por la implantación del Reino de los Cielos en este mundo.

También en Internet: Recordando con ira: Jorge Bergoglio en la dictadura argentina, de Horacio Verbitsky