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La penuria de los apartamentos en Hong Kong vistos desde una paradójica perspectiva celeste (FOTOS)

Sociedad

Por: pijamasurf - 02/21/2013

La vida en las grandes metrópolis fue uno de los grandes temas de la reflexión intelectual casi desde el siglo XIX, cuando la irrupción de la dinámica urbana se adivinaba ya irreversible, un ritmo opuesto casi por completo al de la existencia no industrializada que por tanto años siguió la humanidad.

Una de las diferencias principales entre uno y otro modo de vida es, entre varias otras, la falta de espacio habitacional, la reducción significativa de los sitios destinados a servir como hogar cotidiano. Los apartamentos —esa invención destinada al obrero y su familia, al burócrata, al empleado de ingresos moderados incapaz de costearse algo más grande— son la expresión arquitectónica de una manera específica de estar en el mundo, hábitos y prácticas condensados en los metros cuadrados de superficie, en el número de habitaciones, en el tamaño de la cocina.

La Society for Community Organization, con sede en Hong Kong, ha auspiciado un interesante ejercicio fotográfica en esta emblemática y activa isla, tomando retratos desde una perspectiva aérea de los lugares donde reside el hongkonés promedio.

Como se ve, se trata de lugares que destacan por su superficie mínima, por el consecuente amontonamiento de enseres en apartamentos de poco menos de 4 metros cuadrados en los que incluso viven familias completas de tres o cuatro miembros, por la carencia de algunos que quizá por la estrechez parece una engañosa abundancia en otros.

Imágenes, también, que algo tienen de paradójico por el ángulo elegido para exhibir esta realidad: el cielo raso, un cielo inesperadamente cercano al mundo y sus penurias.

[My Modern Met]

¿Es posible trabajar menos, ganar más y de paso contribuir a salvar el planeta?

Sociedad

Por: pijamasurf - 02/21/2013

Trabajar menos, producir más y de paso no contribuir en el perjuicio del planeta parece posible, o al menos eso según cifras de un estudio reciente que relaciona estas tres variables.

Aunque el trabajo significa, por definición e inevitablemente, la transformación del mundo, no es menos cierto que este no puede entenderse ahora de la misma manera en que se entendía en el siglo XIX o incluso en la primera mitad del siglo pasado. Los recursos —técnicos, naturales y otros— con que se cuenta actualmente no son los mismos que en épocas pasadas, circunstancia que por sí misma obliga a replantear la concepción contemporánea del trabajo.

Recientemente el Centro Investigación Política y Económica (CEPR, por sus siglas en inglés), con sede en Londres y enfocado en el desarrollo político y económico de Europa, dio a conocer un estudio en el que su autor, David Rosnick, relaciona las horas de trabajo y el cambio climático, concluyendo que reducir paulatinamente el tiempo dedicado a la actividad laboral contribuiría significativamente a reducir los efecto de dicho fenómeno natural, un intercambio en el que además los trabajadores pueden resultar beneficiados, pues según el análisis del CEPR, estas modificaciones también aumentarían la productividad y, por consiguiente, la riqueza generada.

En Europa, griegos y polacos  son, en promedio, quienes más trabajan en Europa (2038 horas al año y 2045 horas en 2012, respectivamente; contra, por ejemplo, 1709 horas anules por trabajador en Estados Unidos, o 1715 en Japón), según cifras de The Conference Board; paradójicamente, no son los países donde, al menos en el Viejo Continente, dicho trabajo se traduzca en bonanza económica. En el caso de América Latina, un trabajador mexicano dedicó en promedio 2075 horas del 2012 a laborar, un colombiano 1956 y un brasileño 1841.

Según este y otros estudios, actualmente en Estados Unidos se produce 3.2 veces lo que se producía en 1950, esto a pesar de que entonces el promedio anual de horas trabajadas era de 1909. En Francia, igualmente se trabajan 684 horas menos que hace 12 años y se produce 4.7 veces más.

Y si bien estas cifras son promedios —en los cuales la medición no siempre es la más precisa—, parece evidente que no puede sostenerse más la relación entre horas dedicadas al trabajo, productividad y generación de riqueza.

Asimismo, valdría la pena inevstigar si la reducción de horas laborales en los países desarrollados no equivale al aumento de estas en los subdesarrollados, si esta es posible solo gracias a la explotación de la mano de obra barata que tanto allende las fronteras como en el propio país (sobre todo con la población inmigrante) y que por fenómenos como la globalización termina beneficiando.a unos a costa del perjuicio de otros.

También en Pijama Surf: Por qué no deberíamos trabajar más de seis horas.

[Alternet]