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Daño cerebral traducido en talento: personas que se volvieron prodigios luego de accidentes fatales

Ciencia

Por: pijamasurf - 02/22/2013

Hay personas en quienes un accidente cerebral se traduce en una transformación positiva de su vida al descubrirles talentos inesperados y sobresalientes, un fenómeno que pone de manifiesto la posibilidad de que la normalización social obstruya la manifestación de capacidades que todos tenemos.

Usualmente el daño cerebral se traduce, cuando no en la muerte, en la pérdida a veces irreversible, total o parcial, de habilidades fundamentales como el habla, la capacidad motriz, la memoria y otras cuya falta altera la vida normal de una persona.

Sin embargo, hay un puñado de casos extraordinarios en que el daño cerebral fue el detonante de habilidades sorprendentes, cercanas al virtuosismo, que convirtió a individuos comunes y corrientes en genios de un ámbito determinado con un talento inigualable, una ganancia inesperada que disciplinas como la neurociencia y otras afines no pueden explicar cabalmente.

El llamado síndrome del savant (palabra de origen francés que en inglés se utiliza sobre todo en su acepción de “sabio”) es una condición médica ampliamente documentada en la que una persona de capacidades cognitivas empobrecidas tiene, en contraste, una habilidad que excede lo habitual, especialmente en cinco ámbitos que parecen cubrir el espectro de este síndrome: el artístico, el musical, el del cálculo calendárico, las matemáticas y las habilidades especiales.

Como en la mitología griega, en que los dioses daban a los hombres capacidades extraordinarias solo a cambio de quitarles algo —Casandra, por ejemplo, recibió el don de la predicción, pero nadie le creía—, estos hombres parecen haber sido objeto de un intercambio secreto y difícil de saber si es o no justo, pierden algo para encontrar otra cosa.

Estos son algunos ejemplos de personas en quienes el daño cerebral transformó su vida pero, para su suerte, positivamente.

Derek Amato: un accidente que derivó en una conmoción cerebral severa le reveló la habilidad para tocar el piano. Según ciertas hipótesis, después del trauma su cerebro se organizó de tal modo que permitió a Amato acceder consciente y voluntariamente a su memoria musical. Otra sugiere que su cerebro carece de percepción sensorial y, por lo tanto, le permite escuchar notas aisladas en vez de melodías.

 

 

Alonzo Clemons: una herida craneal en sus primeros años descubrió para Alonzo el hasta entonces desconocido talento para esculpir animales con sorprendente precisión y velocidad.

 

Jon Sarkin: una hemorragia y una embolia permitieron a este pintor, según su propio testimonio, entender el mundo desde una perspectiva más vívida, lo cual a su vez encontró una expresión singular en su estilo artístico.

 

En todos estos casos la adquisición súbita y aparentemente inexplicable de talentos ha sido rastreada por médicos y científicos especializados sin mucho éxito. Investigaciones recientes han sugerido la existencia de un defecto más o menos congénito y constante en el hemisferio izquierdo del cerebro de los savants, en particular una inactividad anormal en los lóbulos temporales anteriores que, en combinación con la neuroplasticidad propia de dicho órgano (ese mecanismo sorprendente de la adaptación cerebral que provoca la transformación sostenida del área cortical en tanto se aprendan, desarrollen y practiquen nuevas habilidades), podría explicar el surgimiento de talentos desconocidos. Al menos esas son las conclusiones a las que ha llegado Bruce Miller, director del Centro de Envejecimiento y Memoria de la Universidad de California en San Francisco.

Pero lo más sorprendente es que en el caso de los savants “por accidente”, parece ser que las supuestas habilidades inesperadas siempre estuvieron ahí pero obstruidas por la preeminencia de las áreas del cerebro que controlan la lógica, la comunicación verbal y la comprensión.

Esta teoría es interesante porque de algún modo pone en duda la utilidad de ciertos desarrollos civilizatorios caracterizados por la normalización y la homogeneización. La sociedad tiene mecanismos que, en efecto, hacen posible la vida en común gracias a la fijación de ciertos elementos que todos compartimos, pero desde otra perspectiva también acaba con la singularidad que nos es innata.

Quizá la utopía de una sociedad de artistas, de personas creativas con talentos irrefrenables —y en qué ámbitos más civilizatorios que el arte, la música, las matemáticas— esté ahí, pero oculta detrás de los gruesos barrotes de la programación social. 

[PopSci]

Cerebros conectados de dos ratas comparten información vía Internet: ¿la primera computadora orgánica?

Ciencia

Por: pijamasurf - 02/22/2013

El primer gran paso en pos de la computación orgánica ha sido dado: dos cerebros de sendas ratas que, conectados vía Internet, comparten información que utilizan en tareas compartidas y de cooperación.

El primer paso para la consecución de una computadora orgánica ha sido dado, o al menos eso es lo que asegura un equipo de investigadores de las universidades de Duke, North Carolina (ambas en Estados Unidos) y Natal (de Brasil), que han vinculado el cerebro de dos ratas de manera tal que, a pesar de estar separadas por miles y miles de kilómetros, comparten información por medio de Internet para colaborar en tareas compartidas.

Miguel Nicolelis es el responsable del desarrollo, un científico con un amplio y reconocido historial en interfaces cerebro-computadora que, entre otros beneficios, ha permitido a personas discapacitadas controlar prótesis robóticas con sus pensamientos.

En el caso de los roedores, el equipo consiguió establecer una red de electrodos instalados en el córtex motor, la región del cerebro encargada del movimiento corporal, diseñada específicamente para servir de medio de comunicación entre ambos órganos. Acto seguido, las ratas fueron entrenadas para presionar una plataforma cuando una luz se encendía sobre esta, con lo cual obtenían un sorbo de agua. Una vez que aprendieron este comportamiento, fueron separadas en distintos compartimentos, de los cuales solo uno tenía la plataforma iluminada y el otro el dispensador de agua. En esta fase, cuando una rata accionaba el mecanismo, un paquete de información relacionado con este movimiento —en su forma de actividad cerebral— era enviado al cerebro de su compañera. En las primeras pruebas, 7 de cada 10 intentos fueron exitosos: una rata respondía correctamente a la información recibida de presionar la plataforma.

Lo más notable, por inesperado, es que la comunicación entre los cerebros de las ratas era recíproca. Si la tarea de presionar la plataforma no se realizaba correctamente y, en consecuencia, la otra rata no recibía su dosis de agua, entonces había cambios en el comportamiento y los procesos cognitivos que facilitaban la tarea del otro roedor.

Una segunda prueba consistió en distinguir entre pasajes amplios y estrechos solo con sus bigotes y una tercera, la más sorprendente, en, literalmente, poner mar de por medio y situar a cada una en continentes distintos y trasladar el medio de su comunicación a Internet, lo cual no fue obstáculo, pues a pesar de los vicios de transmisión de información, el retraso entre el envío y la recepción de información y otras contrariedades, la comunicación entre los animales se mantuvo.

“Esto nos dice que podemos crear una red factible de cerebros animales distribuidos en varias locaciones diferentes”, declaró al respecto Miguel Pais-Vieira, autor principal de la investigación, cuyos resultados fueron publicados en Scientific Reports. Asimismo, el éxito de los experimentos pronostica la posibilidad de conectar varios cerebros y con ello, hipotéticamente, resolver problemas que un cerebro por sí mismo no puede solucionar.

“La principal por la que nosotros dirigimos el planeta es porque somos sorprendentemente buenos en comunicarnos y coordinarnos. Sin eso, aunque somos animales muy inteligentes, no dominarías el planeta”, declaró Anders Sandberg, estudioso de las implicaciones éticas de la neurociencia entrevistado por The Guardian al respecto de esta investigación.

¿Cuál será el futuro de este desarrollo? ¿Cientos de mentes animales conectadas entre sí en un dispositivo computacional viviente? ¿O quizá mentes humanas aparentemente dormidas en un sueño plácido pero en realidad ocupadas en solucionar algunos de los grandes enigmas de la humanidad?

[Guardian]