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Chupacabras: el mito, la histeria y su política (Desmitificando las teorías de la conspiración 2/12)

¿Qué o quién fue verdaderamente el chupacabras? ¿Fue la cruza de un canguro puertorriqueño con un duende psicópata y punk? ¿Un nahual? ¿Una fabulación política de propósito conspiratorios?

Por: Cristopher Garnica - 28/02/2013 a las 13:02:51

Los mitos griegos afirman que el mundo fue creado por elementos primordiales sucedidos de formas bizarras. Esos elementos tomaron forma de monstruos, inspirados en malformaciones y enfermedades desconocidas, que luego fueron la genealogía de las divinidades. Si pensamos que hemos superado esas creencias mitológicas, con la razón y la ciencia, tal como lo quisieron los filósofos griegos, al darse cuenta de tanta payasada, estamos perdidos.

Histeria Chupacabras

Uno de muchos mitos actuales es el Chupacabras. Ese críptido, animal que jamás verás en el zoológico, que está oculto o es desconocido para la ciencia, dicen, tiene piel verduzca, escamosa, es de un metro de estatura, ojos grandes, saltones y de cabeza ovalada. Según el retrato robot, descrito por su primera observadora, Madelyne Tolentino en 1995, aseguraba era una versión 2.0 del monstruo de la película de ciencia ficción Species, que había visto días antes.

De 1992 al 2002 se especuló que el Chupacabras era la cruza de un canguro puertorriqueño con un duende psicópata y punk. La versión más popular se dijo, era el hijito bastardo de un extraterrestre violador de coyotes… Aunque durante todo ese tiempo hubo una variedad de descripciones sobre su origen mezclando cualidades y poderes sobrenaturales de muchas especies de animales.

Por alguna razón, que sólo Freud sabe, durante esa década el mundo fue parte de la histeria colectiva llamada Chupacabras. En Puerto Rico se dio el primer síntoma, luego de que aparecieran animales muertos con un par de puntos en su cuerpo, lo que juzgaban era el patrón de un vampiro y asesino serial. A lo largo de los años se reportó el fenómeno, que por generación espontánea apareció por todo Sudamérica, el sur de EU y sobre todo en México. Sin embargo, rápido se convirtió en el mito contemporáneo por antonomasia.

En Colombia le cambiaron el nombre por Chupapollos(as), sustituyó al Hombre-mosquito, al Nahual mexicano, al Zampagibas chileno, al Diablo de Jersey, a los vampiros sureños de los EU; y no tardó mucho en homologarse con el chotacabras: la versión perversa de una avesilla que en lugar de beber leche de cabra, chupa sangre. Además un niño, sin nombre ni evidencia de su existencia, dicen, vio una “criatura extraterrestre” que lo petrificó con la mirada y fue convertido en un licántropo que acecha a sus victimas al sur de Chile.

Más tarde al Chupacabras le gustó la sangre humana; se convirtió en un quiróptero depredador, (una especie carnívora evolucionada y proveniente del futuro, basada en la ficción After Man de Dougal Dixon) y, finalmente, apareció su cadáver en Nicaragua para el 2002. Al menos eso dicen las declaraciones chatas de los sobrevivientes y un chingo de parafernalia visual, atravesada con psicotrópicos de photoshop.

Cuando los patólogos estudiaron a las víctimas del Chupacabras, afirmaban que se trató de razas extrañas de perros salvajes, cuyas características morfológicas eran difíciles de comprender por lo inusual de su aspecto y comportamiento. En el 2010 el biólogo Barry O´Connor, de la Universidad de Míchigan, concluyó que al menos en EU, se trataba de coyotes infectados por un parásito (Sarcoptes Scabiei) cuyos síntomas explican las características del Chupacabras: poco pelo, piel gruesa y apestoso; que al estar moribundo o débil, ataca en las granjas por no tener la fuerza para cazar normalmente. Se dijo que eran ratones hocicudos los que atacaban a las víctimas más pequeñas y coyotes sarnosos en otros casos. En enero del 2013, en la Ciudad de  México, una manada de perros, que incluían bellas crías, atacó a 5 personas hasta matarlos. Las TC surgieron como peste bubónica, a causa del extraño comportamiento de los perros, y sobre todo después de encontrar partes de cuerpo humano en los estómagos de algunos de ellos. Sin embargo, el porque del suceso y del comportamiento canino se desconoce. Aunque podría ser un extraño parasito o algo similar.

Del Chupacabras nunca se recogió pelo, caca, saliva, ADN o huellas extraterrestres.     De hecho a finales de los 90´s un Zoólogo, un Antropólogo y un Ecólogo, Edwin Velázquez, Andrew Álvarez y Gustavo Adolfo Rodríguez, respectivamente, ofrecieron $15, 000 mil dólares a la persona que entregara cualquier evidencia de un depredador desconocido para la ciencia. Nadie apareció. Los reportes forenses nunca confirmaron, en alguna necropsia, (el procedimiento científico que estudia un cadáver para conocer las causas de su deceso) que un animal hubiera drenado la sangre de las víctimas humanas. Pero siempre es válido decir que un extraterrestre chupa la sangre y se coge a tu tía, en lugar de aceptar que la naturaleza tiene un humor tan ácido, que es capaz de hacer de los perritos salvajes y los coyotes sarnosos, bestias malformadas o anómalas genéticamente, que además, devoran animales de granja.    

Dentro de las explicaciones que descartaban el mito del Chupacabras, los medios de comunicación y su amarillista necesidad de notas exóticas, le atribuyeron a los satanistas las muertes de los animales para ofrecerlos en sacrificio. Claro que para los satanistas es mejor chupar sangre de pollo, por dos orificios hechos con una pajilla, que sonar un gong para iniciar la misa con una mujer desnuda en el altar.

La política del Chupacabras

En México se decía que el verdadero Chupacabras, era el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari: el máximo conspirador mexicano —junto con los gusanos que salían en un pastel llamado “Chocotorro”. Al final del mandato salinista en 1994, por un elevado e insostenible gasto público, emitió tesobonos (recaudación de fondos para el banco central mexicano que los inversionistas cambiarían por dólares) que al ver el peligro de la situación, canjearon por efectivo vaciando la reserva monetaria del banco central, acarreando la peor deuda externa mexicana con el denominado efecto tequila. El mismo año surgió un grupo revolucionario con la intención de “independizar” parte del sureste del país (EZLN) y años más tarde facciones paramilitares en las montañas del sur (EPR).

A pesar de dejar un país en bancarrota, una reforma que negaba tierras a los campesinos, un Luis Donaldo Colosio, (el mesías candidato a la presidencia de la República) asesinado por causas misteriosas; un hermano, Raúl Salinas de Gortari, arrestado por tráfico de influencias, corrupción, evasión fiscal, y la autoría intelectual del asesinato de su ex cuñado José Francisco Ruiz Massieu; otro hermano, Enrique Salinas de Gortari, a quien la Interpol investigaba por lavado de dinero, asesinado en el 2004 por no comerse su caldo su pollo; su sexenio fue uno de los más fructíferos al introducir a México a la modernidad, lo que al resto del mundo le parecía una “Perestroika Latinoamericana”.

El tal “Carlangas” o “chorejas”, como lo conocen sus detractores, fue un presidente astuto, a pesar de su exilio político de diez años. Rebajó substancialmente (en un 40%, poco más) la deuda externa, logrando condonar una parte de la misma y reduciendo los intereses de los pagos posteriores. Privatizó la banca, con lo que abrió la oferta y la competencia del mercado. Firmó un tratado de libre comercio, que aunque en desventaja con los países del norte, abría a México el mercado internacional y lo sacaba de la “edad de piedra”. Creó el Programa Nacional de Solidaridad (PRONASOL). Llevó a México al principio de la modernización necesario para la época. Al final de su sexenio había 24 mexicanos en la lista de Forbes  (la que incluía a Carlos Slim), que había empezado con 12. Durante el mandato salinista se dio el ascenso del famoso capo de la mafia Joaquín Guzmán Loera, el famoso “Chapo”, que sin duda mostraría lo fructífero que había sido el país, al ser el número el número 1 en el top de los más buscados en 2011 y el lugar 55, al tener una fortuna de nada menos que mil millones de dólares, según el Forbes del mismo año.

El Chupacabras no es evidencia de una conspiración, sino de nuestro fanatismo por los alienígenas verdes con facha de duende punk. Es la muestra, de que las TC son efectivas como método social, con el que se evitan responsabilidades éticas, financieras y sobre todo, que evitan castigar a los culpables. Crear TC es la mejor manera de sostener el poder. Y no mames, si se trata de TC ridículas, pachecas e irracionales, es aún mejor, pues dejan un vestigio intenso en el corazón de los fanáticos.

Lo que alguna vez fue mitología, que intentó explicarse con un pensamiento filosófico y racional, sigue siendo mitología. Los mitos contemporáneos, obedecen a la regla primitiva, de que la creación debe asentarse sobre enfermedades raras y monstruos genéticos, para alimentar genealogías bizarras que posteriormente se volverán divinas. 

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