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Probador de tampones, terapista de colon, tanatólogo musical y otros trabajos que alguien tiene que hacer

Sociedad

Por: pijamasurf - 01/23/2013

El grado que ha alcanzado nuestra civilización nos hace olvidar continuamente el hecho de que nuestro mundo se sostiene, sí, por las actividades más elementales e imprescindibles —por ejemplo, las que se relacionan con la energía eléctrica, el suministro de agua y alimentos, el mantenimiento de los transportes, etc.—, pero también se diversifica hacia algunos de los trabajos más extraños pero también, a su manera, necesarios para determinados ámbitos. Es probable que en estos últimos casos no se trate de labores cruciales para el funcionamiento correcto adecuado de una sociedad, pero, después de todo, hay quienes dependen de ello.

La fotógrafa Nancy Rica Schiff ha elaborado una elocuente serie que retrata algunas de estas actividades, titulando acertadamente su proyecto Odd Jobs, Portrait of Unusual Occupations, mismo nombre con que las imágenes se publicaron en forma de libro.

Schiff se encontró, un poco inesperadamente, con el comienzo de esta serie cuando, estando en una carrera automovilística en Hollywood, notó de pronto la presencia de un personaje cuya única misión era medir el tiempo que cada automóvil hacía por vuelta. “No muchas personas están dispuestas a convertirse en cronometradores de carreras”, pensó Schiff, y a partir de entonces dedicó su tiempo a viajar por Estados Unidos en busca de otros trabajos similares, esos cuya única característica común sea que no muchas personas están dispuestas a hacerlo.

Asistente de arrojador de cuchillos

 

Asistente de arrojador de cuchillos

 

Tanatólogo musical

Tanatóloga musical

 

Limpiador de dinosaurios

Limpiador de dinosaurios

 

El resultado es a un tiempo sorprendente y divertido, estimulante en la medida en que hace al espectador imaginar la vida diaria de estos individuos, su llegada a las 8 o 9 de la mañana a, digamos, un gabinete donde les espera una sesión de prueba de tampones, o la entrepierna de un hombre a quien hay que ajustarle unos calzoncillos, o un tanque lleno de sanguijuelas que hay que sacar para cumplir con un pedido.

Resanador de grietas

Resanador de grietas

 

Probador de tampones

Probador de tampones

 

Proveedor de sanguijuelas

Proveedor de sanguijuelas

 

Fabricante de pollos de hule

 

Fabricante de pollos de hule

 

Finalmente, los retratos nos recuerdan todos esos trabajos invisibles, improbables que, si se da el caso que en algún momento nos beneficiemos de que existan, agradecemos también que alguien se ocupe de cumplirlos.

Juez de olores

Jueza de olores

 

Degustador de comida para perro

Degustadora de comida para perro

 

Terapista de colon

Terapista de colon

 

Diseñador(a) de ropa interior masculina

Diseñadora de ropa interior masculina

 

[Slate]

Camover: el juego anárquico que consiste en destruir cámaras de videovigilancia

Sociedad

Por: pijamasurf - 01/23/2013

En una acción organizada que oscila entre el juego y el vandalismo, la anarquía y el delito, la libertad, la desobediencia y la destrucción pura, Cameover se ha convertido en la nueva actividad clandestina de las noches berlinesas: expediciones cuyo único fin es destruir cámaras de Circuito Cerrado de Televisión.

 

El paisaje urbano de nuestro tiempo tiene algunos signos que lo identifican de inmediato, siendo uno de los más representativos las cámaras de videovigilancia, el famoso Circuito Cerrado de Televisión (CCTV) que cumple las funciones de un panóptico omnipresente, un ojo insomne que por un instante convierte los espacios públicos en proto-prisiones atentas a la infracción de la ley y la norma, cumpliéndose así, parcialmente, la distopía largamente imaginada por escritores, filósofos, juristas y teóricos sociales en los que el gobierno mantendría una vigilancia perpetua sobre sus ciudadanos.

Como reacción a esta tendencia que cada vez nos parece más habitual en Alemania y específicamente en su capital, Berlín, se formó un grupo que se llamó a sí mismo Camover, nombre que también dan a la actividad que distingue a sus integrantes: vestidos con capuchas negras y cubiertos prácticamente en todo el cuerpo, emprender aventuradas expediciones que tienen por único fin destruir las mencionadas cámaras.

Este modus operandi tiene todos los visos de un juego, pues además de dejar constancia en video que después aparece en Internet (preferentemente en YouTube), al parecer hay variaciones que dan más o menos valor a la acción, por ejemplo, por el lugar de la ciudad donde se encuentre la cámara o por el método o instrumento que se elija para volverla inservible.

Las reglas de Cameover  —escribe Oliver Stallwood en The Guardian— son simples: moviliza un grupo y piensa en un nombre que empiece con “comando”, “brigada” o “célula”, seguido del apodo de una figura histórica (Van der Lubbe, un albañil holandés convicto por prender fuego al Reichstag en 1933, es uno de los nombres usados). Después destruye tantas cámaras de CCTV como puedas. Se recomienda ocultar tu identidad, aunque no es esencial. Finalmente, graba tu travesía de destrucción y postéala en el sitio web del juego —aunque incluso seguirle la pista a esta página puede ser un desafío en sí, pues continuamente lo bajan.

Se trata, en suma, de una expresión colectiva ambigua, que oscila entre el la destrucción pura y el vandalismo y, por otra parte, pretensiones más elevadas como la anarquía, la libertad y la desobediencia constructiva.

[Guardian]