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Físico encuentra fórmula matemática que conecta a todos los seres vivos del planeta

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/25/2013

Geoffrey West, físico teórico, encuentra fórmula para calcular la esperanza de cualquier ser vivo en el planeta, una constante que comparten desde un célula y un alga hasta una ballena e incluso realidades más complejas y colectivas como los ecosistemas y las sociedades.

Desde tiempos remotos se cree que la vida en nuestro planeta está, en todas sus expresiones, secretamente conectada, una idea que históricamente ha oscilado entre la religión y la ciencia, la especulación metafísica del mundo y la experimentación fáctica y objetiva.

Recientemente Robert Krulwich, en el sitio de la Radio Pública de Estados Unidos (NPR), reseñó una interesante fórmula matemática que hace eco de esta creencia, pues asegura que con ella es posible calcular cuánto vivirá todo ser en nuestro planeta, desde una célula hasta incluso “organismos” más complejos como una sociedad o un sistema económico.

La ecuación es obra del físico Geoffrey West, reconocido científico que fue presidente del Santa Fe Institute, un centro académico independiente especializado en la investigación teórica de varias disciplinas, física, biología, computaciones y sistemas sociales.

“Puedes ponerlo en matemáticas”, dice West refiriéndose a la “extraordinaria regularidad” de los patrones  de vida y muerte que siguen plantas, animales y demás seres vivos de nuestro planeta.

En este sentido el deceso es un asunto relacionado estrechamente con las dimensiones físicas del individuo: la vida es corta para los organismos pequeños y larga para los de gran tamaño, una correspondencia que también se traduce en una constante, gracias a la cual es posible pronosticar con notable precisión por cuánto tiempo se extenderá. Explica Krulwich:

La fórmula es un ejercicio simple de cuatro fuerzas [a simple quarter-power exercise]: tomas la masa de una planta o un animal y su razón metabólica es igual a su masa menos tres cuartos de su energía.

“Esta regla parece gobernar toda la vida”, dice Krulwich. West, por su parte, ofrece más detalles:

[…] si graficas, por ejemplo, poniendo la razón metabólica en el eje de las Y y el tamaño en el eje de las X, debido a la extraordinaria diversidad y complejidad del sistema y la contingencia histórica, esperarías que todos los puntos sobre el mapa representan, claro, la historia y la geografía y así sucesivamente.

Bueno, pues la verdad es que te encuentras con lo opuesto. Llegas a una curva simple y esa curva tiene una fórmula matemática muy simple. Proviene de una ley simple de energía. De hecho, la ley de la energía no solo es matemáticamente simple en sí misma, sino que tiene un exponente que es extraordinariamente simple. El exponen es muy cercano al número 3/4.

Primero que nada, eso fue sorprendente por sí solo, que ves al graficar. Pero más importante es que la escala se manifiesta en toda la vida desde los ecosistemas hasta, hacia abajo, en las células. Así que esta ley es verdaderamente notable. Va de lo intracelular a los ecosistemas en casi 30 órdenes de magnitud. Son el mismo fenómeno.

Más todavía, si buscas por cualquier variable fisiológica, como el promedio con que el oxígeno se difunde en los pulmones, la extensión de la aorta, cualquier cosa que tenga que ver con la fisiología de cualquier organismo, o si miras hacia cualquier evento de la historia vital como cuánto vivirás, cuánto vive un organismo, cuánto tarda en madurar, cuál es su razón de crecimiento, etc. y te preguntas cómo graficarlo, la escala es muy similar.

Eso es: se escala como una ley de energía simple. Lo extraordinario de esto es que la ley de energía tiene un exponente, que siempre es un múltiplo simple de un 1/4. Lo que tú determinas tan solo de los datos es que hay un número extraordinariamente simple, 4, que parece dominar toda la biología a través de todos los grupos taxonómicos desde lo microscópico hasta lo macroscópico.

La idea de este cálculo es que ofrece una estimación de cuándo se supone que un ser vivo tendría que morir, una fórmula para conocer su esperanza de vida con precisión absoluta.

Como bien anota Jesus Diaz en Gizmodo, se trata de una “extraordinaria perspectiva del mundo, la idea de que hay algo invisible que nos gobierna a todos, un sistema matemático que cronometra la vida biológica en todas sus escalas”.

Que es, justamente, lo que muchas escuelas de pensamiento, corrientes espirituales y místicas, e incluso la mera intuición ha sostenido desde hace siglos.

Con información de NPR y Gizmodo

Este es el "lado oscuro" del cerebro donde se original el mal

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/25/2013

Gerhard Roth, conocido neurocientífico alemán, asegura haber encontrado el punto exacto del cerebro donde se origina el mal, una zona oscura que comparten asesinos, violadores y ladrones.

El mal es un misterio, una circunstancia que puede intentar explicarse desde distintas perspectivas y, aun así, no terminar de entender su origen y su razón de ser, el hecho incontrovertible de que existe a pesar de que, se supone, lo deseable es que no existiera.

En este sentido, la neurociencia moderna, empeñada en exponer la naturaleza humana ab ovo, desde el punto mismo donde todo surge, el cerebro, se ha manifestado en algunas ocasiones al respecto, la más reciente, ahora que el investigador alemán Gerhard Roth asegura haber localizado el punto exacto de dicho órgano donde nace el mal.

Roth ha estudiado por varios años el cerebro de criminales sentenciados, especialmente asesinos, violadores y ladrones, en busca de similitudes que explicaran o descartaran una relación entre estas conductas y alguna constante fisiológica.

Según sus conclusiones ―todavía provisionales, como todo en la ciencia― esta manifestación del mal podría originarse en un “mancha” que se ubica en el lóbulo central y que, asegura el científico, comparten los cerebros de estas personas.

Para descubrir esto, Roth y su equipo analizaron las ondas cerebrales de convictos mientras estos veían videos breves que mostraban escenas de violencia explícita, constatando la respuesta más o menos previsible de que las áreas donde se registran emociones como la compasión o la pena, simplemente no mostraron ninguna actividad.

Lo sorprendente, sin embargo, fue que al tomar radiografías del cerebro de los criminales, en casi todos ellos puede observarse una masa oscura en la región central, la cual sugiere, según Roth, que existe una predisposición genética a la violencia, aunque igualmente influyen factores de neuroquímica (en particular relacionados con la segregación de serotonina). En cualquier caso, dice el investigador, “esta es definitivamente la región del cerebro donde el mal se forma y donde este se esconde”.

“Por supuesto no es automático”, continúa Roth, “el cerebro puede compensar la tendencia a la violencia y no es claro cómo funciona esto, pero cuando veo a jóvenes y veo trastornos de desarrollo en la parte frontal baja del cerebro, puede decir con un 66% de probabilidad que ahí hay un criminal en formación”.

Asimismo, por sus investigaciones el científico asegura que “no hay dos criminales iguales” y, por el contrario, la maldad encuentra al menos tres caminos claramente distintos entre sí.

El primero de ellos, el del criminal “psicológicamente sano” que crece en un ambiente donde golpear, robar y asesinar son conductas aceptadas; el segundo, el criminal mentalmente perturbado que ve al mundo como una amenaza y, ante un pretexto más o menos circunstancial, da rienda suelta a su furia; finalmente, los psicópatas como Hitler y Stalin, en quienes la maldad no es congénita, sino resultado del entorno donde crecieron y se desarrollaron.

Sin duda conclusiones polémicas que, a pesar de la legitimidad que habitualmente se le otorga a la ciencia, no parece sencillo aceptar como respuesta al problema del mal.

También en Pijama Surf: Neurocientíficos determinan que el mal no existe, pero ¿están en lo ‘correcto’?

[Daily Mail]