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Dibujos políticamente incorrectos de niños: ¿casualidad o arrebatos de una mente precoz?

Por: pijamasurf - 01/31/2013

Usualmente la infancia se asocia con la inocencia, con la pureza del pensamiento en las acciones, con una suerte de mente inmaculada incapaz de ideas moralmente reprobables.

Sin embargo, como sabemos bien, hay ciertos momentos del desarrollo infantil, los que coinciden con un primer descubrimiento de la sexualidad y la capacidad reproductiva del cuerpo, en que los niños intentan explicar eso hasta entonces desconocido, con las más diversas hipótesis, muchas de ellas alejadas tajantemente de lo que calificaríamos de “inocente”. Además de acuñar la expresión “perversos polimorfos” para referirse a los niños que incurrían en este y otros comportamientos, Sigmund Freud escribió un ensayo alusivo, “Sobre las teorías sexuales infantiles”.

Un poco en este sentido pero también bajo la clave del humor, las imágenes que componen esta fotogalería muestran esos lapsus en que incurren, ocasionalmente, las almas puras, esos arrebatos de obscenidad que seguramente nos inclinaremos a considerar “involuntarios”, incapaces como creemos a los niños de ser procaces y, por ejemplo, dibujar conscientemente un pene. El equívoco, se dirá, es nuestro, que vemos lo que no está ahí y atribuimos algo que no existe.

¿Pero esto es cierto? ¿La casualidad puede ser tanta?

También en Pijama Surf: Le piden a un niño que dibuje su parte favorita de ir a la iglesia y dibuja esto.

Imágenes vía The Huffington Post

Investigadores japoneses registran la actividad neuronal en el cerebro de un pez zebra, justo en el instante en que este percibe a su presa.

Hace apenas unos años hubiese resultado un tanto surrealista la idea de estar videograbando el instante preciso en el que se consuma la percepción. El cerebro, ese enigmático e hipersofisticado órgano que rige buena parte de nuestra existencia –y tal vez incluso de nuestra realidad– ha mantenido innumerables secretos a salvo de la ciencia, erigiéndose como el mayor de los misterios inmersos en nuestra propia biología.

Recientemente un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Genética en Japón, lograron documentar el momento en el que un pez zebra percibe la espontánea presencia de una presa. Lo anterior representa la primera vez que el acto de percibir es registrado desde la propia fuente, es decir, desde un plano neuronal. El "descubrimiento" fue reportado en la publicación científica Current Biology.

En un artículo titulado "Todos estamos alucinando todo el tiempo", enfatizábamos en que la realidad, ese consenso masivo y psicocultural, en buena medida se produce a partir de nuestra percepción –la cual si bien es esencialmente individual, lo cierto es que se sintoniza colectivamente para convenir en referentes generales–:

"Quizá aquello que concebimos como realidad no es más que un espejismo de monumental sofisticación, una especie de paraíso de la simulación en donde nada es ‘en realidad’ lo que aparenta ser. Aquí partimos de la premisa que cualquier componente de esa abstracción no existe como tal, sino que llega a nosotros mediado a través de nuestra percepción —la cual en este contexto aparecería como un filtro traductor que nos permite interactuar con cualquier cosa que asumimos como algo externo (a pesar de que a fin de cuentas somos solo un todo) y que, como suele ocurrir cada vez que utilizamos un mediador, la versión original experimenta un  cierto grado de distorsión."

Más allá de especular sobre la naturaleza perceptiva, o por el contrario definitiva, de la realidad, lo que parece indiscutible es que la percepción juega un rol fundamental en nuestra existencia y en la de todo aquel ser que accede a esta facultad –incluido, obviamente, el pez zebra–. En este sentido resulta épico el poder observar la actividad neuronal que acompaña el nacimiento de este acto (el percibir). 

A lo largo de los escasos seis segundos que dura el video, presenciamos una especie de rítmica electro-danza que, supongo, corresponde al diálogo que sostienen las neuronas justo en ese instante cuando el cerebro registra un "algo" sucediendo.

Pero aún más interesante será, sin menospreciar al pez zebra, tener acceso a este mismo fenómeno dentro del cerebro humano pues en ese caso, cuando se registre el influjo de data, el acto estará acompañado de miles de procesos complementarios que seguramente enriquecerán, visualmente, la ya de por si apasionante coreografía de luz que hoy hemos podido observar –por ejemplo el contraste de esa información recibida sobre un marco de referencias culturales que terminarán por asignar un valor específico a eso que se percibe"–. O que decir sobre la posibilidad de documentar un pensamiento, o una secuencia de ellos, ese arquetípico instante durante el cual, al menos una porción significativa de lo que llamamos realidad, se estaría gestando.

En todo caso resulta siempre estimulante avanzar un trecho en ese recorrido que nos separa de la hermética intimidad del cerebro. Y este acercamiento visual, que incluso resulta una experiencia estética (y que por su semejanza con un relámpago nos recuerda la correspondencia mico-macro). Así que, aludiendo a la figura del ouroborus, disfrutemos por ahora el percibir un acto de percepción. 

 Twitter del autor: @paradoxeparadis / Javier Barros del Villar