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Comienzan a circular en Internet videos y fotografías de las protestas en contra de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto como presidente de México, primer día de su mandato que quizá presagia ya su estilo de gobernar: sonrisas y tranquilidad al interior, violencia en las calles.

Ayer 1 de diciembre Enrique Peña Nieto se convirtió oficialmente en el presidente de México. Sin embargo, por primera vez en la historia reciente del país, el día de la toma de posesión estuvo caracterizado por violentas protestas de oposición, especialmente en la capital, donde los cuerpos policiacos se enfrentaron a los manifestantes y en algunos casos, según testimonios en video que circulan en Internet, incluso contra personas que solo por casualidad se encontraban en la zona de conflicto.

En esta ocasión la deficiente formación de las policías locales y nacional volvió a quedar en evidencia, su predilección por los métodos violentos y de cierta torpeza estratégica, primitivos en incluso pasionales en algunos casos, antes que procedimientos de dispersión profesionales y bien planeados que eviten el daño a terceros.

Durante la transmisión de las muchas ceremonias que forman parte del primer día de un presidente, los medios mainstream, más preocupados por describir las sonrisas de Peña Nieto y la manera en que iban vestidos él y su familia, no dudaron en calificar la fecha como “prácticamente una fiesta”, una expresión involuntariamente irónica cuando se observan las imágenes de las granadas de gas lacrimógeno volando hacia los grupos de manifestantes, a los jóvenes con el rostro cubierto rompiendo con cierta alegría los cristales del hotel Hilton, a los policías agrediendo a civiles sin otra justificación más que la brutalidad que nace del entendimiento empobrecido. 

El cronista y periodista Diego Enrique Osorno resumió acertadamente esta contradicción: 

 

 

Tristemente, ese parece ser el presagio de esta administración: un periodo en el que el abismo entre la élite gobernante ―desde los empresarios hasta el diputado más desconocido― y el resto de la población seguirá ampliándose, un gobierno que, solícito y afable, prestará oído servil a los intereses de las minorías privilegiada, dejando que el resto pelee encarnizadamente por los despojos.

Y es que, en cierta forma, lo que sucedió ayer en la ciudad de México y otras partes del país, tuvo como pretexto a Peña Nieto pero también va más allá de Peña Nieto. El priista es solo la síntesis en un nombre, una persona, de un sistema entero cuyo funcionamiento despiadado arroja los residuos que ayer salieron a las calles: tanto el joven que no teme enfrentarse con docenas de policías con nada más que piedras, extintores y bombas molotov, como aquel que solo en la policía encontró el único camino posible para sobrevivir, según los parámetros cada vez más inhumanos de supervivencia que a todos nos son impuestos.

A continuación compartimos algunas imágenes y videos que se han difundido por Internet, sobre todo en las redes sociales, algunos de los cuales tienen el valor añadido de ser testimonios de primera mano, captados no por periodistas profesionales sino por personas que se encontraban en el momento y lugar precisos para registrar lo sucedido.

 

 

 

 

@chinampa

 De Russian Television:

 

 

Elizabeth Jaimes para el semanario Proceso:

 

 

Posteado en la página de Facebook de Subversiones Aac:

 

 

Anciano golpeado por la policía del Distrito Federal:

 

 

En Guadalajara, manifestantes que protestaron en las inmediaciones de la Feria Internacional del Libro:

 

 

 Twitter del autor: @saturnesco

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Las redes sociales evidencian que existe en México un sector de jóvenes politizados. Sin embargo, no hemos imaginado las vías para incidir en la toma de decisiones de nuestro país.

El movimiento “Yo soy 132” de las elecciones pasadas evidenció a un sector que se creía dormido en el país: el “ala” juvenil de la nación, la cual parecía aletargada, desinformada, distraída. Sin embargo, el flujo de reacciones que dio origen al movimiento se esparció rápidamente, lo suficiente para que la élite comprendiera que tenía que protegerse de un fenómeno que hasta entonces no sabían que existía ­-por lo menos en las dimensiones en que apareció-. Jóvenes politizados “armados” de internet.

La reacción crítica ante grandes medios de comunicación, y la incredulidad de la supuesta renovación del PRI, fueron las principales causas de expansión del movimiento. Sin embargo, lo interesante, es que no se trataba de “críticas aprendidas”, los jóvenes demostraban estar  informados, además de tener capacidad de comunicación gracias a la expansión de uso y dominio de la Red.

Pero, ¿Qué sucede con temas relevantes de agenda en este caso reformas específicas que afectan directamente a los jóvenes, como la reforma laboral? No se requiere de un análisis profundo para comprender que dicha reforma facilita la contratación, y por lo tanto genera más oportunidades de empleo, pero también facilita el despido, lo cual atenta contra la estabilidad laboral, aumentando la vulnerabilidad de los empleados –con las repercusiones psicosociales que esto implica-.

Existieron intentos por parte de sectores relativamente organizados, entre ellos el ya mencionado movimiento “Yo soy 132”, para promover debates alrededor de la reforma. Sin embargo, la ley fue publicada a finales del años pasado.

¿Qué herramientas, además de las marchas, existen para incidir realmente en la agenda pública? No hemos logrado imaginar, y me incluyo, mecanismos efectivos de influencia. Esperar reformas estructurales que doten de herramientas de empoderamiento a la ciudadanía mexicana, para decidir qué leyes se aprueban en nuestro país, es un mecanismo lento. Inicialmente tendremos qué imaginar cómo incidir, desde el sector civil, en la toma de decisiones -de lo contrario seguirá sucediendo lo que ocurrió con la reforma política, en la cual se intentó dotarnos herramientas de participación que finalmente resultaron acotadas-.

Es un ejercicio que nos corresponde a todos. Si bien las marchas y la crítica en redes sociales son  medios de presión, hace falta imaginar cómo formular mecanismos para influir directamente en asuntos que nos conciernen. Internet es un terreno con enorme potencial, y la imaginación aunada a la existencia de jóvenes politizados – algo ya demostrado en las elecciones pasadas-, son dos insumos que hace falta aterrizar en procesos de incidencia. La estrategia está en el aire, nos corresponde a todos reflexionar cómo podríamos construir este cause de injerencia.

El reciente “Pacto por México”, acuerdo realizado por las élites partidistas del país para promover legislaciones puntuales durante el sexenio, no incluyó a la ciudadanía en su elaboración. Se trata de una agenda en la que valdría la pena identificar nuestras inquietudes, y el cómo podríamos materializarlas -por ejemplo identificando y localizando hasta el cansancio a nuestro legislador-.

Si bien la crítica encausada vía las redes sociales y las manifestaciones públicas, puede traducirse en instrumento de presión pública, es necesario que incidamos de manera tangible en la agenda legislativa: recordemos que más allá de quién sea el presidente, es ahí donde se deciden las leyes que afectan directamente nuestra vida.

Twitter del autor: @AnaPauladelaTD