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Matmos nos da a probar las primeras pinceladas psíquicas de sus experimentos extrayendo música de campos Ganzfeld: cuentos enigmáticos de telepatía para conectarse con el poder de la oscuridad.

Let me not to the marriage of true mind
Admit impediments.

Shakespeare, Sonnet 116

¿A qué suena la mente cuando es invadida por una imagen distante? ¿Qué voces habitan la oscuridad? ¿Es una alucinación o una profecía lo que desgarra el silencio?  ¿Qué formas y colores sugen de la conexión entre tu mente y la mía? Estos son algunos de las preguntas que explora Matmos en su último EP, The Ganzfled, un experimento de telepatía transformado en música --o paisajes de ruido psíquico. Si alguien sabe de experimentos es el dúo conformado por Drew Daniel  y Martin Schmidt, dueños de una provocadora y perturbadora discografía de experimentos sonoros, el más evidente: A Chance to Cut is a Chance to Cure donde samplearon los sonidos que genera una liposucción, una rinoplastia o una cirugía laser y los convirtieron en hipnóticas e inquietantes piezas musicales (sueños de hospitales y máquinas embelesadas).Con The Ganzfeld, Matmos ha llevado está irreprimible fascinación por experimentar a literalmente hacer un experimento de paraspsicología que culmina un viaje de 4 años --que nació "de la intriga de hacer música en la oscuridad"-- en el disco The Marriage of True Minds, que estará disponible en febrero.

Los tres tracks de su EP y los demás tracks del próximo disco fueron creados a partir de experimentos con un campo Ganzfeld y representan básicamente la sonorización de la comunicación telepática --o sus yerros y estática-- que surgió en los experimentos. El campo Ganzfeld es una técnica desarrollada por Wolfgang Meztger, después de que descubriera que las personas empiezan a alucinar y a mostrar alteraciones electroencefalográficas cuando es les priva de estímulos externos, o mejor dicho cuando se rompe su estructura sensorial. Un estado de conciencia alterado emerge cuando se inserta a una persona en un campo en el que se interrumpe la continuidad de los patrones sensoriales; algo que puede ser logrado a través de campos homogéneos, como un mar  inmersivo de color azul (u oscuridad total) y ruido blanco (de ahí la palabra Ganzfeld: campo total) o actualmente también a través de aparatos de fotoestimulación o mind-machines (la máquina de los sueños de Burroughs y Gyson es un prototipo). Psicólogos como Darryl Bem y Dean Radin sostienen haber realizado experimentos en campos de Ganzfeld estadísticamente relevantes mostrando la presencia de un efecto telepático. Aunque no usando un campo Ganzfeld, John Lilly, utilizando drogas psicodélicas en tanques de aislamiento, reportó entablar comunicación con entidades astrales recibir mensajes de "la computadora cósmica". Aun antes, los adeptos de la escuela pitagórica se retiraban a cuevas --"al cine del prisionero"-- para obtener visiones en la oscuridad animada.

En este caso se creó un campo Ganzfeld en la casa de Baltimore de la pareja formada por Drew Daniel  y Martin Schmidt, así como en la Universidad de Oxford. Los sujetos del experimento se colocaron bolas de ping-pong cortadas a la mitad --como suele hacerse en estos experimentos-- en una habitación totalmente oscura y silenciosa. Escucharon ruido blanco o ruido rosa en unos audífonos mientras que Drew Daniel les intentaba transmitir mentalmente "el concepto del nuevo álbum de Matmos" desde otra habitación. Mientras esto sucedía se les pedía a los sujetos que fueran diciendo en voz alta todo lo que venía a su mente. Los experimentos fueron grabados y utilizados como una base para la creación musical. Si un sujeto tarareaba algo, eso se convertía en una melodía; palabras aisladas daban pie a la letra; imágenes pasajeras se convertían en arreglos, instrumentos o material para hacer un collage de sonido; si se describía una acción, la banda tenía que actuarla y de los sonidos que surgían en esa dramatización se hacía la música.

Habrá que esperar a ver la obra terminada, la cohesión de una comunicación de fragmentos psíquicos que será The Marriage of True Minds, una oda a la telepatía y a la conexión entre dos personas. Pero ya con The Ganzfeld podemos atisbar una insólita penetración artística y científica al soundtrack de la invasión de la mente. Los puertos, las tuberías, los grandes canales de viento informático que se abren. Como sugiere Erik Davis, la mente, en tanto máquina de creación de realidades, no sólo es una computadora (la metáfora predilecta de la era) sino un radio. Y en ese radio en primera instancia, en lo que logramos sintonizar una señal límpida, permean distorsiones e intrusos espectros. Un stream of consciousness habitado por una cacofonía de entidades subliminales intentando obtener la primicia de la conciencia, zumbidos de insectos electrónicos, ángeles atrapados en estrechos, loops elásticos, himnos delirantes, la canción de cuna crepuscular de una quimera,  las vocales de colores de niños poseídos y por supuesto los fantasmas que cruzan el  umbral con ininteligibles psicogramas.

"Puedo ver un tono que viene hacia mí ,es como una espiral", inicia el track "Waves", en el que la onda de pensamiento se convierte en un coro hipnótico y demencial que coquetea con el glitch fulminante del system error. Y es que la telepatía siempre baila con la locura, con la paranoia --que conecta todo-- y con la esquizofrenia --que divide la voz en voces. Las voces discordantes se arremolinan sobre un mismo eje, como caóticos y  caleidoscópicos poliédros hasta que arriban a una armonía, una onda resonante.

El sonido por momentos puede ser una pesadilla, pero en la unión de las mentes, en la  resonancia memética, admite una catársis, un éxtasis frenético. Es el tránsito que tiene el psiquismo, del ruido blanco y del concurso de voces, hacia una voz diáfana y luminosa, la voz que habla en el cielo sin circunferencia, la voz radiante que se convierte en una voz personal y ominosa, inconsciente depurado, hasta que estalla en el punto en el que el mar se vuelve cielo y ya nada divide.

Twitter del autor: @alepholo

La alquimia y la creencia en espíritus hicieron que Newton concibiera la gravedad

Arte

Por: pijamasurf - 12/07/2012

Estudios de alquimia, y su concepción de principio activos (espirituales) en la naturaleza, probablemente permitieron a Newton salirse de la caja y descubrir la ley de la gravedad.

Sir Isaac Newton es, junto con Albert Einstein, la máxima figura de la ciencia moderna. El descubridor de la ley de la gravedad, las propiedades espectrales de la luz y co-inventor del cálculo es la insignia del científico brillante que penetra los secretos del universo con la linterna de la razón. Esto, al menos, es lo que el establishment de la ciencia nos ha hecho creer por cientos de años. Sin embargo, Newton concebía a la naturaleza como una matriz viva y mágica en la cual se matarializaba el arte del Divino Arquitecto. Tanto como en la física, Newton se intresó por la alquimia y la interpretación profética de la Biblia.

Newton escribió más de 1 millón de palabras sobre temas de ocultismo, mismas que el Royal Society se negó a publicar  y que pasaron al olvido hasta que hace poco fueran rescatadas. Su biógrafo Richard Westfall escribió: "mi preferencia personal no puede hacer que más de un millón de palabras que escribió en su estudio de la alquimia desaparezcan". Lo cual es un buen ejemplo de la aversión que tiene la cultura dominante a los estudios de Newton, los cuales quisiera desparecer de la misma forma que algunos niños tiran algo al clóset, esperando que se desvanezca mágicamente

Lo más significativo del caso no es que Newton tuviera cierta tendencia espiritual --o lo que ha sido descrito como "seudociencia totémica"--sino que estos estudios en alquimia y en esoterismo fueron precisamente lo que le permitió acceder a la ley universal de la gravedad.

Stuart Clark escribe en su blog dentro de The Guardian:

La creencia de Newton en espíritus y en lo que los alquimistas llamaban principios activos casi seguro fue lo que le permitió concebir la gravedad en la forma matemática que usamos todavía hoy.

En el tiempo de Newton, los filósofos naturales le habían dado la espalda a la astrología y con ella a la idea de que las influencias podían viajar a través del espacio vacío. En cambio, los impulsos debían de ser transmitidos a través de cosas tocándose entre sí. Así que si había una fuerza que movía a los planetas tenía que hacerlo a través de un medio. 

Descartes creía que se trataba de un fluido, lo que movía a los planetas. Sin embargo, las matemáticas para esto no le daban a Newton. Pero si las influencias inmateriales podían existir, no había necesidad de un contacto físico para inducir movimiento --este podría ser detonado a través de "principios activos" dentro de un objeto. Esto llevó a Newton a descubrir una simple y elegante ecuación matemática en la que no era necesaria la acción de un fluido. La palabra "espíritu" fue reemplazada por la plabra "fuerza". La gravedad tomó el lugar de la ley de la atracción que Newton conocía de sus estudios herméticos (tradujo personalmente La Tabla Esmerlada, atribuida a Hermes Trimegisto).

Stuart Clark se pregunta "¿Fue Newton un científico o un brujo? En verdad, fue un poco de los dos. Y por eso fue que logró obtener resultados donde otros habían fracasado". Hoy en día la alquimia ha sido rezagada dentro del paradigma epistemológico dominante a un lugar marginal, acaso anecdótico, poético y poco significativo. Sin embargo, gran parte de  la ciencia moderna nace de esta disciplina en la que se conjuga la ciencia y el arte, el cuerpo y el espíritu (recordemos por ejemplo a Paracelso, imprescindible para el desarrollo de la medicina). Newton no es grande a pesar de su afición a la alquimia, sino precisamente por ella. Podemos arriesgar una conjetura, todos los grandes descubrimientos de la ciencia moderna y futura tienen y tendrán una cara oculta, que los científicos no gustan de ver, un doble en la sombra, en la que relucen los principios de la alquimia, la ciencia divina.