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El universo podría ser un único sistema neurocósmico que se fractaliza en galaxias, cerebros, células; una simulación computarizada de la expansión cuántica del universo revela un asombroso paralelo en el crecimiento de las células del cerebro y los cúmulos de galaxias

 

Hace 6 años el New York Times publicó la imagen que mostramos aquí notando el sorprendente parecido entre las neuroconexiones de un ratón y el de una simulación computarizada del crecimiento del universo, arremolinado en cúmulos de galaxias rodadeas por estrellas y materia oscura. La imagen en un principio solamente anecdótica fue utilizada por numerosos sitios para representar la correspondencia entre la evolución cósmica y la evolución en la tierra, entre arriba y abajo, para citar el adagio hermético. El parecido nos hacía volar la imaginación y sentir el asombro de vivir en un universo donde todo parece estar conectado, donda cada forma parece ser el reflejo de otra forma arquetípica, en una infinita fortaleza de espejos.

Ahora esta intuición que ha pululado la mente del hombre desde milenios --que el hombre es una imagen microscósmica del universo-- parece haberse confirmado, al menos parcialmente. Según una investigación publicada entre los reportes científicos de la revista Nature, el universo crece de la misma forma que un cerebro --con los disparos eléctricos entre neuronas espejeados por la forma de la expansión de las galaxias.

La simulación computarizada, que representó cómo forman redes unidades cuánticas subatómicas de tiempo-espacio, sugiere que existe un patrón de crecimiento en cómun --una dinámica natural--con el que los sistema evolucionan. Una dinámica de crecimiento que puede observarse lo mismo en el cerebro humano que en el internet o en el universo como conjunto. Esta conexión podría entenderse quizás como la manifestación de un único sistema que se desdobla en múltiples nodos, que a su vez son nuevos sistemas, cada uno de los cuales refleja las condiciones y comportamientos de un sistema anterior --asi tejiendo una telaraña fractal o una red de redes.

Según el físico Dimitry Kroukov, de la Universidad de San Diego, esta relación de correspondencia evolutiva es una señal de que hay algo en el funcionamiento de la naturaleza que escapa a la física moderna.

El hallazgo de un paralelo en el crecimiento del universo y el cerebro no significa que el universo sea un organismo pensante --con una sinápsis de estrellas y una conciencia neurocósmica; sin embargo, habría que preguntarse si esta misma estructura madre de creciminto contiene el blueprint de la conciencia, y entonces veríamos al Internet emerger próximamente como una entidad autoconsciente)... En realidad esta poética imagen del universo entero procesando información como una gran computadora en la que nosotros figuraríamos apenas como un breve sueño, un destello de conciencia, o un evanescente algoritmo entre miles de millones más, se acerca más al misticismo. Y desde ahí ejerce una irresistible atracción: es la atracción de las correspondencias, de que de alguna forma todo y todos estamos cumpliendo un único proceso que se repite por la eternidad.  

[Huffington Post]

Twitter del autor: @alepholo 

Astrónomos encuentran “Santo Grial” que podría explicar la formación de nuestro sistema solar

Ciencia

Por: pijamasurf - 12/04/2012

Astrónomos documentan, por primera vez en la historia, el nacimiento de una estrella, lo cual también da pistas sobre la formación de nuestro propio sistema solar.

La formación del universo es, fuera de toda duda, uno de los procesos más enigmáticos que desafían las capacidades humanas de conocimiento e investigación del mundo en el que vivimos, de ahí que cualquier indicio que se tenga al respecto contribuya a entender mejor cómo, aparentemente de la nada, surgió nuestra residencia en el cosmos.

En este sentido, un grupo de astrónomos en Estados Unidos encontró un “Santo Grial” que podría arrojar luz sobre la manera en que se formó nuestro sistema solar.

Por primera vez en la historia de la astronomía, se registró el nacimiento de una estrella a partir de una combinación de gas y polvo. La “pequeña” tiene tan solo 300 mil años de edad (nuestro Sol ronda los 6 mil millones) y se encuentra a 450 años luz de la Tierra, en la constelación de Tauro. Su importancia radica en que el surgimiento de un astro de este tipo, justo porque nunca antes había sido documentado, era una especie de eslabón perdido en la información que se tiene sobre la evolución del universo.

Entre otros aspectos, el comportamiento de la estrella —denominada L1527 IRS— revela algunas pistas sobre las etapas propias de la formación de un sistema solar. De entrada se ha observado que el joven astro está rodeado de un disco de material cósmico cuya velocidad de rotación cambia según la distancia a la que se encuentre este mismo, un poco de la misma manera en que las órbitas de los planetas varían según la cercanía o lejanía que tengan con respecto al Sol.

Para Hsin-Fang Chiang, investigador post-doctoral en la Universidad de Illinois, este patrón, conocido como rotación kepleriana, “marca uno de los primeros pasos esenciales para la formación de planetas”. John Tobin, por su parte, estudiante en el Observatorio de West Virginia, piensa que dicho proto-sistema tiene muchas de las características que, se supone, nuestro sistema solar tuvo en etapas más tempranas.

En cuanto al mote de “Santo Grial”, quizá este se deba a la figura que la estrella y el disco que la rodea trazan.

[Daily Mail]