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Demonología para las masas: la comunicación digital como magia

Por: Federico Erostarbe - 12/01/2012

En nuestra relación cotidiana con las herramientas de comunicación disponible puede residir un infinito caudal para practicar la magia y desdoblar la conciencia.

"Los espíritus de la Goetia son porciones del cerebro humano."

Aleister Crowley / Introducción a Lemegeton Clavicula Salomonis

 

La idea de que una persona obsesionada con algo no es víctima de posesión demoníaca es, aunque cueste creerlo, reciente. Recién a principios del siglo pasado, con el desarrollo de la psicología se sentaron las bases de una explicación mas o menos científica, la Tierra se sostiene en neurosis sobre neurosis sobre neurosis sobre neurosis sobre neurosis. Ahora conocemos la verdadera naturaleza de un súcubo: bien.

Aproximadamente cien años después, en medio de la revolución que representa internet, todas las frutas caen del árbol y concepto tras concepto se evidencia en la obviedad y la sencillez de la virtualidad. Es un error plantear que nos "conectamos" a internet, la puerta se abrió del todo: vivimos ahí, acá, es lo mismo. Y nos lavamos los dientes con ideas, desayunamos ideas y cogemos con ideas.

Nuestros amigos son ideas, nuestros deseos son ideas. Y en innumerables ocasiones, esas ideas no son nuestras. En un marco de marketing terrorista y la hiperrealidad más inmaterial, el bombardeo de memes que recibe el individuo cotidianamente puede llegar a ser intolerable y suele desdibujar a la persona detrás de las redes descerebradas y campañas de SEO patológicas. La sociedad invade diaria pero amablemente nuestras mentes en una relación que tiene poco de simbiosis.

Cómo relacionarnos entonces con las ideas, sean nuestras en mayor o menos medida? Cómo relacionarnos con esas obsesiones con las que tenemos contactos cercanos del tercer tipo? Todos hablamos con nuestras computadoras: las tratamos con el más profundo cariño cuando son nuevas y brillantes y sus teclas se mueven con el viento, les faltamos el respeto cuando no se comportan de acuerdo a lo esperado. Es una respuesta instintiva, nuestra manera de relacionarnos íntimamente con un objeto aparentemente inanimado.

Ninguna de las personas que lo hace, si se les pregunta más tarde, mantendrán que la computadora tiene una conciencia que responde a los estímulos externos, dirán una y otra vez "no estoy loco" o "no soy estúpido", y aún así lo hacen, lo hacemos. Con las laptops, teléfonos, autos: mientras más cotidiana y profunda sea la relación, más lo haremos. Hablar con un auto o una computadora cuando hay un problema ayuda evidentemente a lidiar con un problema insólito: un artefacto electrónico se ha convertido en una extensión nuestra, es parte nuestra y no está funcionando apropiadamente. Las fronteras se ahogan y somos nosotros los que no funcionamos.

Si conocen la historia reciente de la magia, sabrán que en reiteradas ocasiones Aleister Crowley (el profeta que pedía que no le crean ni una palabra) se refirió a los demonios y espíritus como parte del inconsciente del hombre. De hecho, Crowley era un gran fan de Freud, Jung y Adler (conoció a Adler, a quien habría ayudado a tratar a algunos pacientes) y en algunas situaciones llego a firmar cartas y papeles como "psicólogo". Claro que fue la magia del caos, a mediados de la década del 70, que explotó la "teoría psicoanalítica" de la magia. Ramsey Dukes, autor de SSOBTME y miembro de IOT, en Little Book of Deamons, exhorta al lector a dialogar con todos sus objetos y así relacionarse de una manera "mágica" con su entorno.

Que sepa que determinada obsesión esta relacionada a una neurosis, vaya uno a saber originada cuándo, o que tenga la absoluta certeza de que el motivo de la lentitud de un sistema operativo tiene más que ver con el hecho de que no apagó la laptop hace semanas, me quedé prácticamente sin espacio en el disco duro y tengo 20 programas abiertos. que con la posibilidad de que tenga inteligencia, discernimiento y voluntad. Pero nada de esto impide que elija relacionarme de determinada manera, conscientemente, otorgando inteligencia al objeto en cuestión y en un determinado contexto (bien remarcado).

En este nuevo mundo, esta América de la conciencia en la que estamos viviendo, todo es digital: el mundo es digital, el mundo es información, datos, abstracción, respiramos ideas. El nuevo mundo es inhumano (esto no es un juicio, presten atención a las palabras: simplemente no es humano) y qué mejor manera de relacionarnos con él, entonces, que humanizándolo, otorgándole vida y la capacidad de dialogar. Una serie de días malos en el trabajo, una cantidad inusitada de spam o de tweets sobre comida, el tiempo que tarda un programa en abrirse: un usuario de Reddit, un miedo inocente, una discusión en un foro, una meme, una nueva campaña de marketing, un contacto de gtalk, una idea que te pueden querer vender como sea.

Todas entidades digitales con las que podemos no saber cómo relacionarnos. Considerando cualquiera de estas entidades como demonios podemos entablar un diálogo (con nosotros mismos, si se quiere) que permita explorar posibles resultados y soluciones. Después de todo, "la comunicación solo es posible entre iguales". La comunicación es la palabra clave del nuevo aeón, la moneda del futuro. Si nos comunicamos con una aplicación móvil que no funciona, con el miedo al fracaso (o a siquiera intentarlo), con cualquier habitante abstracto del inconsciente colectivo que es internet, estamos creando vías de diálogo inexploradas que nos pueden llevar a solucionar un problema, si es que tiene solución, y aceptarlo, dominarlo o disfrutarlo. Quizás, ojala, con un poco mas de conciencia.

Twitter del autor: @ferostabio

Reciente investigación científica confirma que el cerebro humano se comporta de la misma forma que el universo; al parecer las personas somos metáforas vivas del cosmos.

"Como es arriba, es abajo"

Hermes Trimegisto

Todo aquel que haya dedicado algo de tiempo a observar la naturaleza habrá notado que existen ciertos 'arquetipos estructurales' que moldean múltiples formas de nuestro entorno. Como una especie de ecos dinámicos, autoreplicantes, encontramos un sinnúmero de ejemplos que nos remiten a la íntima sintonía que une al microcosmos con el macrocosmos. Y sin duda la más majestuosa de estas manifestaciones, al menos para un ser humano, es la proyección analógica entre nuestro cerebro y el universo. 

Si bien está relación micro-macro había sido advertida hace siglos en distintas tradiciones místicas, por ejemplo el Hermetismo, no fue hasta  2006 que un grupo de investigadores confirmó la intrigante semejanza que existe entre una red neuronal y un cúmulo de galaxias. Y este equipo de astrofísicos incluso sugirió la posibilidad de que el cerebro humano y los cúmulos se desdoblaran de manera similar. Es decir, no solo había una marcada semejanza en la estructura, sino también en el funcionamiento.   

La mística siempre un paso adelante de la ciencia

Como ya hemos mencionado antes, resulta fascinante comprobar que muchos de los más espectaculares descubrimientos que la ciencia logra en años recientes, ya eran advertidos por ancestrales tradiciones místicas. El espejeante vínculo entre lo micro y lo macro era ya sintetizado explícitamente en una de las líneas de la Tabla Esmeralda –probablemente redactada por Hermes Trismigestus–, la cual aparece citada al inicio de este artículo. Esta premisa deriva en uno de los principios herméticos, la Ley de Correspondencia, y de algún modo termina resonando con la estructura holográfica, en la cual el todo está contenido en cada parte, y viceversa.

Pero no solo entre los adeptos de Hermes encontramos antecedentes directos a esta relación, también la escuela tántrica enfatizaba en esta proyección de correspondencia, y lo mismo sucede con algunos preceptos astrológicos. Incluso esa popular sentencia bíblica que afirma en palabras de Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. En síntesis, podríamos afirmar que  la mística va,  siempre, un paso adelante de la ciencia –aunque no por ello deja de resultar excitante cuando el conocimiento científico comprueba alguna de las verdades trascendentales–.

Nuevas pruebas

En un estudio reciente, publicado por la revista Nature, dentro de su apartado de Reportes Científicos, se comprueba que los diálogos eléctricos que sostienen las células del cerebro humano forman una réplica de las figuras que adoptan las galaxias al expanderse. Lo anterior, llevado a un plano aún más ambicioso, podría confirmar que el protocolo bajo el cual un sistema crece, concepto conocido como 'dinámicas de crecimiento natural', es el mismo en cualquier tipo de red, independientemente de que se trate de nuestro cerebro, el universo, las redes de colaboración entre individuos de un grupo social, o el propio Internet –nótese que este ineludible eco  no solo envuelve a los sistemas naturales, también a los modelos artificiales–. 

Esta investigación, que fue realizada por un grupo de científicos de la Universidad de California San Diego, representa una provocación directa al estudio científico de la naturaleza, ya que advierte importantes limitaciones propias de las perspectiva con la que la ciencia aborda el entorno original. "Para un físico es una señal inmediata de que hay algo que falta en nuestro entendimiento sobre como funciona la naturaleza" advierte Dimitri Kroukov, co-autor del estudio, ante la causal correspondencia entre la forma de desenvolverse de nuestro cerebro y la del universo.  

 

La unidad como protocolo universal

Al parecer podríamos estar acercándonos a una especie de protocolo único que rige el comportamiento de cualquier sistema, desde el infinito universo hasta la minúscula actividad celular. Y curiosamente, en caso de confirmarse esta máxima, estaríamos percibiendo el eco del más contundente de los principios ligados a lo divino: la unidad.   

¿Pero cuál es ese código detrás de la correspondencia entre la figura de un óvulo fecundado y la del sol envuelto rachas de gran actividad? ¿Qué clase de ritmos arquetípicos modelan a semejanza un embrión humano y la superficie lunar? ¿Se trata acaso del coqueteo de la ciencia con el hallazgo de ese lenguaje impreso en las manchas del jaguar que Tzinacán terminaría por descubrir? La respuesta a estas interrogantes, como la esencia misma del universo, es incierta. Sin embargo, parece cada vez menos excéntrico el acuñar términos lúdicos, como ‘cerebro celestial’ o ‘galaxias cromosómica’. Y por ahora baste saber  que nuestro cerebro, las realidades que se proyectan a partir de nuestra mente, y por lo tanto nosotros mismos, somos una metáfora viva del cosmos. 

Solo me resta recordarte que tu cerebro, y el mío, podrían bien ser, simultáneamente, el universo.

 Twitter del autor: @paradoxeparadis