Pijama Surf

Dale unas vacaciones a tu cerebro (practicando el no-hacer)

Ante los vertiginosos flujos de información y estímulos sensoriales, practicar el no-hacer puede resultar una exigencia no solo evolutiva sino de supervivencia.

Por: Javier Barros Del Villar - 02/12/2012 a las 20:12:27

 

“Sentado en silencio, haciendo nada, la primavera llega, y la hierba crece por sí sola” 

Proverbio Zen

Pornografía tridimensional, 8,230 millones de páginas web irradiando data, tecnologías móviles que amenazan los últimos gramos disponibles de intimidad, hiperconectividad, vértigo informativo, una aparente aceleración del eje que sostiene al tiempo, probables apocalipsis, más de siete mil millones de personas construyendo (conciente o inconscientemente) realidades, espiritualidad contracultural, excitantes flujos gratuitos de mp3’s, vórtices disfrazados de redes sociales, lectura electrónica, fantasmagoria emocional, cerca de cinco mil millones de videos disponibles tan solo en YouTube, bipolaridad biorítmica, sensualidad artificial, vorágine publicitaria acechando nuestro espacio público, comida rápida (cada vez más rápida), nuevas enfermedades, psicosis pop, excesiva concentración humana/urbana en espacios localizados, estreñimiento intuitivo, marketing neuronal, crisis financieras, colapsos éticos, hiperflujo de símbolos, efímeros ídolos que son rápidamente suplantados por otros (maquila de íconos), ciencia ficción materializada, líderes confundidos, desgarre de paradigmas, sobreproducción alimentaria, empatía por los zombies, tantra digital, estimulación, percepción desbordada, más estimulación… ¿Acaso alguien duda que los nuestros son tiempos intensos?

Exploración frenética

El neurocientífico Jaak Panksepp descubrió un intrigante aspecto en el cerebro de los mamíferos. Si tu colocas un electrodo en el área de estimulación sexual de un roedor, y luego le haces disponible un botón para activar dicho estímulo, entonces lo activará durante un rato hasta estar satisfecho y luego lo dejará en paz hasta el día siguiente. Lo mismo ocurre con el hambre o el sueño. Pero si realizas el mismo experimento con el región encargada de la exploración (el hipotálamo lateral), entonces ocurre algo radicalmente distinto: el roedor simplemente oprimirá el botón, insaciablemente, hasta colapsar. Curiosamente el ser humano actúa en forma casi idéntica cuando se trata de estimular su sentido de exploración.

Cada vez que exploras algo tu cerebro se auto-recompensa con una dosis de dopamina, por cierto el mismo neurotransmisor que se estimula mediante sustancias como la cocaína o el speed, y el cual detona ciertas funciones como el sentirte energetizado y concentrado, en un principio, y posteriormente comienzas a estresarte hasta que, eventualmente, colapsas. Pero el principio neuronal de exploración frenética no es un simple vórtice autómata dentro de nuestro cerebro, en realidad funciona a base de una recompensa más allá de la dopamina: opiáceos, sustancias que te relajan, te hacen sentir pleno, y diluyen nuestro frenesí exploratorio, ya que representa el acto de hallar una respuesta a nuestra búsqueda. Juntos, el estímulo y su relativa saciedad, nos sumergen en un extraño loop.

Podríamos afirmar que los opiáceos son la contraparte perfecta de la dopamina. Sin embargo, a lo largo de la historia de los mamíferos, la evolución parece no haber valorado el estado relajado y sedentario propio de la recompensa opiácea (ya que induce un estado que nos hace potencialmente vulnerables ante posibles depredadores). Y tal vez está inercia se ha intensificado dentro del contexto sociocultural que hemos forjado durante el último siglo: hay que producir más en menor tiempo, hay que absorber la mayor cantidad de información posible, hay que vivir mucho (aunque no necesariamente bien), etc… Es decir, e independientemente de si se trate de una premisa de supervivencia evolutiva, de una virtud cósmica o de un macabro loop sociocultural, preferimos buscar que encontrar. Curiosamente hace unos meses escribía acerca del propósito de nuestra existencia, planteando que a este mundo venimos a recopilar información. Pero confieso que no era consciente, al menos no para enfatizar con claridad su condición vital, de que para cumplir esa apasionante y mágica función, resulta fundamental el generar momentos completamente ajenos a la exploración –recordando además que tal vez son los espacios en blanco, y no las letras, los que dan sentido a un texto–. 

Neuro-vacaciones: una visita al no-hacer

Si tomamos en cuenta los ritmos propios del actual contexto sociocultural, aunado a esta inercia neuroexploradora, entonces parece que el camino se dibuja con claridad: es fundamental obsequiarle a nuestro cerebro momentos de relajación total, extraerlo del vertiginoso intercambio de información y colocarlo en un estado de no-hacer. Se trata de extender esos instantes envueltos en silencio, sin ningún fin en particular, cultivando la simpleza, y eludiendo cualquier tipo de estimulación más allá del estar –esto incluyendo el cese del flujo informativo al que estamos permanentemente expuestos–.

Con el fin de neuro-vacacionar evidentemente existen algunos recursos que son especialmente útiles y accesibles para todos. Me refiero por un lado a un entorno, la naturaleza, procurando sitios como un bosque, la montaña, la playa, contextos que favorecen ritmos orgánicamente ajenos al vórtice de estímulos que muchos llamamos cotidianidad. La segunda de estas herramientas no se refiere a un espacio sino a una actividad voluntaria, la meditación. Está práctica milenaria, que incluye decenas de variables disponibles, privilegia el ser sobre el hacer, rinde culto a la posibilidad de sintonizarnos con la respiración y simplemente observar sin intervenir. Ambos recursos, el procurar entornos naturales o el dedicar unos minutos a meditar, permiten hackear el excitante protocolo que la dinámica contemporánea nos exige y diluir esa ansiedad proactiva que bien podría terminar reventando nuestro sistema nervioso –o al menos inducir estados poco deseables que hoy en día son, lamentablemente, muy recurridos, por ejemplo el estrés–.

En pocas palabras se trata de que tengas la claridad y la voluntad necesarias para, periódicamente, bajarte de la ola y penetrar ese delicioso estado del no-hacer, sin expectativas, sin objetivos pre-establecidos, sin técnicas sofisticadas ni demandantes requisitos. Así que cuanto antes sacúdete esa falsa verdad de que todo el tiempo tienes que estar haciendo algo, incluidas esas actividades de esparcimiento con las que acostumbramos mitigar el rush laboral, y entrégate a la nada. Y aunque tal vez te parezca un ejercicio un tanto épico, tomando en cuenta las circunstancias predominantes de tu vida, lo cierto es que para ello solo necesitas dos cosas: inhalar y exhalar. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis  

 


  1. Pernett dice:

    los Artes del No Hacer de “Silvio Manuel”

  2. Maia dice:

    Te has convertido en mi héroe personal, por lo menos por este día, uno a la vez, gracias por escribir esto.

  3. En efecto, delicioso es el estado del no-hacer.

  4. Alcides dice:

    Taoismo *

  5. Eduardo dice:

    Una aclaración:

    existe una diferencia entre “esta” y “está”, la primera es un artículo, la segunda es una conjugación del verbo estar.

    En tu texto las usas de forma incorrecta:

    “Está práctica milenaria”; ” tal vez está inercia se ha intensificado”.

    Un detalle nada más, un abrazo.

  6. Edgar dice:

    Si van a un lugar salvaje a meditar no olviden llevar una malla anti mosquitos o repelente sin olor jaja, es imposible meditar si hay mosquitos tratando de chuparles la sangre ;)

  7. Jorge Parra dice:

    Creo entender a que se refiere este articulo, y es el vértigo de recibir información todo el día desde distintas fuentes (tv, internet, medios escritos u otros…), es decir siempre hya un aumento exponencial de saber más y más en cualquier disciplina o trabajo……y efectivamente esto colapsa las neuronas, lo he vivido en carne propia ya que trabajo en computación…y no rcomiendo para nada estar concentrado demasiado tiempo detrás de una pantalla (pc)…la última vez estuve instalando un servidor y haciendo pruebas, como 3 días llegaba mareado a casa y un agotamiento mental increíble…y puedo inferir que fué por la cantidad de tiempo sin pausa empleado en eso…..
    Ahora bién puede ser en cualquier otra area, o trabajo que el ser humano colapse, por la tensión, la ansiedad, el nerviosismo, etc y etc. de cumplir ciertas tareas o trabajos…demás esta decir que el estudi también…
    No hacer lo entiendo como, dejar esta mente que esta todo el tiempo impregnada de ideas, más bién visualizando situaciones desde lo más extremo a lo menos….es decir no hacer se consigue como lo dice el autor la clave es la respiración concentrarse y estar consciente de lo que te da vida en cada minuto esta energía de oxigeno que te relaja y estar pendiente de inhalar y exhalar te auieta la mente, y lo ideal claro es la Naturaleza, tu ves las montañas …los árboles, las rocas ….el mar calmo la nubes…tienen su quietud dentro de su movimiento o vibración y es ESO vibrar o moverse pero con la quietud y vibración sincronicida de la naturaleza…libre de ansiedad, inquietud, nerviosismo, emociones negativas, y todo cuanto intranquiliza nues HACER…es seguir haciendo lo mismo de siemppre pero en otro nivel de vibración que no nos produce la intranquilidad y agobio que no agota…….claro esto solo se consigue siendo CONSCIENTE de mi actuar y ni en modo ROBOTIZADO sin tener consciencia del momento..solo es necesario tener la voluntad de estar despierto pero sin ansiedad en cada cosa que hago….y practicar la respiración lo más cerca de la plena naturaleza…es vivir una realidad dentro de otra….
    Gracias y solo una palabras para compartir con Todos….

  8. Martin dice:

    pero observar la respiracion tambien es un laburo para el cerebro. es imposible dales vacanciones a tu cerebro. el cerebro siempre es activo,, tambien supuestamente durmiendo

  9. Cony dice:

    qe buena nota!
    me encanta leer pijamasurf para encontrar escritos como este!!