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No se necesita un cerebro para tener memoria, tomar decisiones o anticipar cambios

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 11/17/2012

El comportamiento del moho de fango o moho mucilanigoso podría redefinir lo que consideramos cómo inteligencia y el soporte físico que necesita para desarrollarse

Difícilmente se consideraría al moho del fango como un ser inteligente, arrastrándose gelatinosamente por los árboles y el musgo en un proceso que uno pensaría tiene mucho de automático.

Una especie de estas amibas unicelulares, clasificadas dentro del grupo de los protistas (una clase "de todo lo que realmente no entendemos"), la Physarum polycephalum amarilla puede resolver laberintos, mimetizar los planos de una red de transporte hecha por el hombre y seleccionar la comida más sana de un diverso menú --todo esto sin tener un cerebro o un sistema nervioso. "Los mohos del fango están redefiniendo lo que necesitas para calificar como inteligente", dice Chris Reid de la Universidad de Sydney.

Aunque P. polycephalum actúa frecuentemente como una colonia cooperativa de individuos, de hecho pasa la mayor parte de su vida como una única célula que contiene millones de núcleos, pequeños paquetes de ADN, proteínas y enzimas. Este célula única es una maestra metamórfica. Durante su vida este moho cambia de apariencia dependiendo de dónde y cómo esté creciendo: en el bosque se engorda en gigantescos globos amarillos o permanece discreta como una mancha de mostaza a un lado de una hoja; en un laboratorio se esparce como un coral --o una red neural.

En el laboratorio se ha descubierto que el moho logra retraer sus "ramas" de corredores sin salida, creciendo solamente a lo largo del camino más corto entre dos piezas de comida.

Reid y sus colegas descubrieron recientemente que este moho navega su ambiente de manera más sofisticada de lo que se creía. Al moverse deja una baba translúcida que a su vez evita las áreas obstaculizantes a las que ya ha viajado. Esta baba extracelular es una forma de memoria externalizada que recuerda al moho explorar un lugar nuevo.

Pero la capacidad de desdoblarse por el espacio de esta singular especie, que evolucionó hace por lo menos 600 millones de años, cuando no existían sistemas nerviosos, lo lleva incluso a recrear en miniatura la red de carreteras de Canadá, España, el Reino Unido y lo red ferroviaria de Tokio en miniatura. Cuando los investigadores colocaron pedazos de comida en las mismas posiciones que grandes ciudades, al principio los mohos de fango abracaron todo el mapa comestible. Días después se habían adelgazado dejando ramas interconectadas de babosa que unía los pedazos de comida casi exactamente de la misma forma que los caminos hechos por el hombre.

Otros experimentos muestran que esta especie también tiene una memoria temporal y que es capaz de seleccionar el alimento más nutritivo dentro de un menú nuevo y cambiante.

El modelo de inteligencia de este moho parece redefinir lo que es la inteligencia y la memoria: quizás estas no necesariamente se ubiquen en el cerebro, sino que existan integralmente en un sistema, en el cuerpo gelatinoso del moho que se divide y expande o en el mismo espacio en el que se mueve--una memoria inherente en la naturaleza que sintoniza.

[Nature]

 

Flores fractales de hielo son ecosistemas de vida microscópica (FOTOS)

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 11/17/2012

En el Océano Ártico se forman espectaculares camas de flores de escarcha que albergan, como si fuera pequeños fractales de un arrecife de coral, ecosistemas de microorganismos

En el mar calmo de hielo joven crecen cristales conocidos como flores de escarcha (frost flowers es el término en inglés). Estos cristales de hielo son conocidos como "flores" debido a que crecen en patrones similares, dendríticos, que evocan las estructuras autorreferentes de los fractales.

Las imágenes aquí presentadas fueron tomadas por el estudiante Jeff Bowman y su profesora de la Universidad de Washington, Jody Deming, mientras hacían investigaciones de microbiología en el  Océano Ártico.

Lo extraordinario de estas flores de cristales de hielo es que albergan ecosistemas enteros de bacteria en la superficie, más densos que  los que existen en el agua que los subyace --cada flor es una especie de pequeño arrecife de coral. La clave de su profusión de vida son las reacciones químicas que ocurren cuando la bruma se evapora y la luz del sol interactúa con la escarcha, destando una serie de condiciones favorables para los microorganismos.

Bowman y Deming trabajan actualmente en crear flores de escarcha artificiales para estudiar bien a bien cómo es que se forman en estos microecosistemas.

[This is Colossal]