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Ley en Estados Unidos busca castigar con 1 año de cárcel a quienes no crean en Dios

Política

Por: pijamasurf - 11/22/2012

Proyecto de ley impulsado en Kentucky castigaría a todo ciudadano estadounidense que no reconozca que la seguridad nacional del país descansa sobre todo en Dios Todopoderoso, una clara persecución contra el ateísmo que viola algunos de los principios jurídicos más elementales de Estados Unidos.

Aunque usualmente Estados Unidos se considera uno de los países más liberales del mapa geopolítico internacional, de vez en cuando surgen expresiones radicalmente conservadoras que dejan ver esa raíz que también pervive en la cultura política estadounidense.

Recientemente, un proyecto de ley en Kentucky ha causado polémica porque busca castigar con 1 año de prisión a toda aquella persona que no crea en Dios.

La reforma se da en el marco de la legislación de seguridad nacional, en la cual se espera que un ciudadano reconozca la seguridad que ofrece Dios Todopoderoso o, en caso contrario, se atenga a la posibilidad de pasar 12 meses tras las rejas.

Tom Riner, impulsor de esta ley, ha sido duramente criticado por el proyecto, que viola claramente la Primera Enmienda de la constitución estadounidense que garantiza la separación de poderes entre el Estado y la Iglesia, además de la libertad de conciencia que también consigna la legislación del país.

De aprobarse, la ley obligaría a instalar una placa en las afueras del edificio de Seguridad Nacional con la inscripción “La seguridad y protección de la Unión no se puede conseguir lejos de la confianza en Dios Todopoderoso”, y la pena de al menos 1 año en prisión recaería en toda aquella persona que se quejara formalmente de esta frase.

[Alternet]

Revisamos aquí algunas de la versiones alternativas --o teorías de la conspiración-- sobre lo sucedido el 31 de enero en la Torre Pemex de la Ciudad de México.

Ya sea por la herencia de la corrupción y falta de transparencia que acarrean históricamente los gobiernos mexicanos o por un análisis de los hechos (quien lo haya podido hacer ante la poca información ventilada o tenga fuentes confidenciales), la versión de que lo ocurrido el pasado 31 de enero en la Torre Pemex de la Ciudad de México en realidad se trató de un atentado terrorista (o incluso un autoatentado) es irreprimible y aunque no se hable mucho de ella en los medios se discute candentemente entre los ciudadanos.

Pronunciarse a la distancia, sin tener conocimentos avanzados de ingeniería  o haber tenido acceso a la escena de la explosión sin filtros gubernamentales, resulta bastante aventurado e incierto, si acaso uno puede más o o menos intuir e inclinarse por alguna versión, pero este diagnóstico será tan válido como el de cualquier otro, y como suelen decir con la selección nacional de futbol --que existen 100 millones de entrenadores--, en este caso existen 100 millones de peritos. Podemos, sin embargo, presentar lo que se está diciendo en los diarios nacionales y cotejar versiones alternativas a las que presenta el gobierno.

La versión oficial, según declaro el Procurador General de la República Jesús Murillo Karam, es que se trató de una acumulación  de gases de metano (¿una explosión escatológica? ¿mala digestión burocrática? malas bromas como la que hizo el procurador con un maletín de cosméticos) y que la versión de un atentado es insostenible ya que no existe un "cráter" como suele suceder con artefactos explosivos. Además sustenta esta versión, según señala Murillo Karam, que las vigas de acero del edificio no se rompieron, algo que hubiera ocurrido de tratarse de un artefacto.

Curiosamente, según publicó el portal Zócalo de Saltillo, citando a Terra Noticias, "un elemento de rescate comentó que la situación en el lugar de los hechos era delicada y que por el el tamaño del cráter que dejó la explosión intuía que se trataba de un hecho premeditado". ¿Hay o o  no cráter? Murillo Karam dice "¿Quién tenga otra teoría que lo demuestre?" La Revista Proceso tiene otra teoría: la de un atentado realizado por los Zetas, en represalia por la violación de un pacto.

Según Proceso, que no revela sus fuentes pero que señala que pronto podrá comprobar su versión, participantes a las primeras reuniones en el lugar del siniestro aseguraron que la destrucción en el edificio B-2 escucharon la versión de que se trataba de un atentado de parte de la PGR y del Cisen:

Los expertos consultados refirieron rastros de explosivo Composite 4 (C4), una potente carga formada por explosivo químico y un aglomerante plástico que es de uso militar y ha sido empleado en varios atentados terroristas.

Mencionaron incluso que algunas cargas no detonaron; de lo contrario, el número de víctimas hubiera sido mayor. Los datos oficiales contabilizaron 33 personas muertas y 101 heridas, algunas de gravedad.

De acuerdo con esa versión, los peritos en explosivos del Ejército y de la Marina recogieron los restos del material y lo llevaron al Campo Militar número 1, donde confirmaron que es C4. Estiman que el explosivo se colocó en pequeñas cantidades en áreas cerradas, como aire acondicionado, cuartos de servicio y botes de intendencia, y que habría sido ingresado en mochilas o portafolios.

Luego, expertos estadounidenses, habrían rastreado una llamada a Veracruz, feudo zeta,  "donde el Ejército ha asegurado varias cargas de explosivo C4". Esta teoría intenta sustentarse como trasfondo en que los zetas "ordeñan" ductos de Pemex y revenden el combustible y en que el gobierno ha utilizado vehículos y uniformes de Pemex para realizar operativos en su contra.  Proceso es confuso en su redacción y después habla de la negligencia histórica como la causa, de alguna forma distorsionando su teoría.

Por otro lado el mismo semanario Proceso reporta:

El siniestro provocó que se perdieran todos los archivos del área de Recursos Humanos, incluyendo decenas de demandas laborales que tiene Pemex con sus trabajadores, así como contratos y otros documentos del archivo muerto de la paraestatal.

Esta información ha hecho que muchas personas, acaso bajo el influjo de lo que se conoce como "conspiranoia" sugieran que se trató de un autoatentado --esto sumado a la versión de que la negilgencia del torpe gigante paraestatal sería razón para avanzar la privatizcaión.  La técnica de "quemar las propias naves" ha sido un recurso de inteligencia política aplicado por grandes estadistas  --y aquel que consume la versión conspiracionista de la realidad recordará la acusación que se ha hecho a Estados Unidos de derribar taimadamente el WTC 7 (la tercera torre que cayó el 11-S) donde existían oficinas del FBI, la CIA y la dependencia de la SEC encargada de  investigar fraudes corporativos de los grandes bancos de Wall Street.

CNN reporta que según la agencia de inteligencia con base en Texas, Stratfor, "un artefacto explosivo habría sido detonado y otros dos que estaban en el edificio no se detonaron". Stratfor hace eco también a la versión del autoatentado para acelerar la privatización, objetando la ineficiencia sistémica de la paraestatal: "El análisis de Stratfor sugiere que si la explosión llegase a ser un ataque, la explicación estaría en los intereses dentro de Pemex frente a la búsqueda de eficiencia de parte del gobierno del presidente Peña Nieto".

 La otra versión que circula es la podríamos llamar del "chupacabras", una conocida táctica dominada por los "dinosaurios" de la política de crear un distractor de la atención pública para ocultar algo comprometedor. Una versión aún más radical circula vía SDP Noticias, que esboza la teoría de que se trató de un ataque del gobierno de Estados Unidos, para presionar a México. Pero afirmar que esto es lo que ocurrió (cualquiera de las versiones alternativas aquí presentadas), en este momento, es mera suposición, aunque pueda ser fuertemente intuido padeciendo el virus de la sospecha que fácilmente se extiende entre una ciudadanía que históricamente ha sido tratada por su gobierno (siempre paternarlista) como indigna de conocer la verdad de lo que ocurre --ya sea para protegerla o para mantenerla en la útil ignorancia. Las teorías de la conspiración, aunque algunas llegan a comprobarse, son también un mecanismo de defensa ante la opresión de una realidad desfavorable. Un país que acarrea un lastre de corrupción, desinformación y pobreza --pero que por momentos muestra un despertar político-- es un terreno fértil para las teorías de la conspiración.

¿Qué concluir de todo esto? Poco. Sabemos que detrás de los hechos que observamos en la superficie --aquella de la realidad mediática-- existen numerosas variables e intereses desconocidos, pero no por ello podemos suponer que siempre existe una intrincada conspiración. Si existe una conspiración tan negligente como algunos de nuestros funcionarios, quizás los sepamos, si no, lo sucedido quedará velado junto al asesinato de Colosio, los dos avionazos de los Secretarios de Gobernación y muchos otras tragedias de estado, en alta sospecha, pero sin ninguna claridad y ciertamente sin que nadie sea hecho responsable. Ante esta impotencia cognitiva, por el momento, mejor recurrir al gran William Burroughs,  uno de los más lúcidos y paranoicos analistas de las agendas ocultas. En un diálogo con poetas beat, Burroughs nos permite atisbar la profundidad oculta:

Los conflictos políticos son meramente manifestaciones superficiales. Si un conflicto surge debes de estar seguro que algunos poderes intentan mantener el conflicto operando ya que le pueden sacar algún tipo de provecho a la situación. Concentrarte en la superficie de los conflictos políticos es cometer el mismo error que hace el toro en la plaza, estás cargando contra  la capa. Para eso está la política, para enseñarte la capa. De la misma forma que el torero le enseña al toro, le enseña a seguir, a obedecer la capa.

* En este blog se hace un análisis  "físico-químico" que supuestamente refuta la versión de que una acumulación de gas fue responsable de la explosión. 

*En el siguiente video el hijo del arquitecto de los edificios de la Torre Pemex, Pedro Moctezuma Barragán, expone su teoría conspiratoria sobre lo que sucedió con la explosión.

Twitter del autor: @alepholo