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La colección fotográfica "Means of Reproduction" de Svjetlana Tepavcevic nos invita a maravillarnos de las formas intrincadas y prístinas de las semillas.

Las semillas no solo engloban uno de los fenómenos más maravillosos de la naturaleza --la reproducción y el crecimiento explosivo-- también constituyen una sublime y a veces secreta expresión estética. La belleza intrincada del mundo de las semillas se puede apreciar en el trabajo de  Svjetlana Tepavcevic, quien casi por casualidad descubrió su diminuta atracción.

Habiendo trabajado en fotografía de naturaleza antes,  Svjetlana Tepavcevic se convirtió en coleccionista de semillas cuando hacía una caminata por Los Angeles y encontró un "objeto fabuloso. Estaba sucio y dañado, pero su estructura intrincada y su extraña belleza me fascinaron. Demasiado pequeño para ser el cráneo de un pequeño animal, el objeto aludía a muchas cosas". Esta potencialidad de las semillas parece ser la clave de su atracción y desdoblamiento. Una semilla que puede llegar a ser apenas un maltrecho arbusto o un florido e imponente árbol que viva cientos de años --todo esto está latente en la multiplicidad que significa una semilla. Algo que se puede transpolar metafóricamente a otros ámbitos: todo lo que sostenemos, todo lo que hacemos o pensamos es una semilla que puede convertirse en una gran variedad de cosas.

Par captar este fascinante magnetismo embrionario, Tepavcevic utiliza un escáner con el que realiza impresiones de alta resolución. Una técnica bastante sencilla pero que a la vez logra transmitir la enorme complejidad de formas, colores y gestaciones ominosas. Lo que transmuta el objeto desnudo es la mirada, que realiza una aguda edición de la naturaleza.

La serie Means of Reproduction, está motivada por encontrar la belleza en el mundo cotidiano y despertar una conciencia de los orígenes de la vida, pero también tiene un contexto personal --en el eterno doble juego entre eros y thanatos.  "Ya que viví la guerra y he visto mucha muerte y destrucción, está siempre en mi mente. Va haber un día en el que toda esta vida ya no esté presente, todo se mueve, cambia y muere",  dice Tepavcevic, quien vivió el conflicto armado entre las diferentes etnias de la antigua Yugoslavia. Una muerte que también se transmite, como reverso, en algunas de estas imágenes, semillas abortadas, secas y descompuestas: promesas de vida que no fue.

Pero la vida renace, en un mismo proceso circular. La reproducción es la fuerza promordial de la naturaleza, una energía que atraviesa a todos los seres vivos y que también se puede observar en el brote de las semilla, que precede la culminación de ese proceso de creación. Estar atentos a este proceso, a esta potencia secreta,  es lo que alimenta el proyecto, según Tepavcevic:  "El proyecto de foto no sólo se trata de  encontrar las semillas, se trata de un estado mental, un sentido de conciencia y alerta sobre todo lo que nos rodea".

 

Resulta asombroso cómo de objetos tan pequeños y en apariencia tan sencillos resultan formas tan grandes y complejas y. El cono de un árbol secuoya, por ejemplo, apenas mide un par de centímetros.  Lo cierto es que las semillas tienen la complejidad en potencia, algo que una mirada penetrante puede descubrir. Son esencialmente vehículos de información --información que procesada adecuadamente puede rendir frutos enormes. La semilla es en realidad una  especie de nave fortificada para que la información (una intención biológica) pueda germinar.

Otra de los placeres de observar las semillas, es que sus formas evocan órganos sexuales, como si hubiera una correspondencia entre toda la naturaleza, una especie de diseño que lo mismo abarca la funcionalidad que la fecundidad estética --tal vez porque la estética es lo que seduce, de esta forma manteniendo el flujo de la fuerza reproductiva. Úteros, vulvas, trompas de falopio, y en algunos casos espermatozoides suelen aparecer en las formas seminales. El trabajo de Svjetlana Tepavcevic, al situar a las semillas en un espacio vacío, nos revela otro parentezco microcósmico: las semillas también son cuerpos siderales, meteoros y planetas. Sería la más maravillosa correspondencia, que una semilla fuera el fractal de un planeta. Un planeta que a su vez es una semilla flotando en el cosmos.

"Pienso en la insondable inmensidad más allá de la Tierra, y que estas pequeñas pero elementales partes de vida contienen un espejo de ello".

[Wired]

Twitter del autor: @alepholo

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Ecosistemas

Por: pijamasurf - 11/10/2012

El Dolichophallus, conocido popularmente como caracol banana por su forma y color, es uno de los animales con el pene más grande del reino animal, en proporción con sus dimensiones, una característica que le acarrea más problemas que beneficios.

Este simpático animal es un “caracol banana”, un gastrópodo cuyo nombre en latín, Dolichophallus, significa, literalmente, “pene largo”. La razón es obvia: en proporción con su cuerpo, cuenta con uno de los miembros más extensos del reino animal, tanto, que su longitud puede llegar a igualar la de su cuerpo entero.

Y por si esto no fuera suficientemente sorprendente, en el terreno sexual esta especie de caracoles destacan por otra característica: son hermafroditas, es decir, los especímenes cuentan al mismo tiempo con los órganos reproductores de una hembra y de un macho. Hay un momento durante la cópula que los penes de los involucrados comienzan a asomarse por encima de sus cabezas, en un acto que tardar varias horas en consumarse.

Como se ve, la combinación de estos dos rasgos ―el hermafroditismo y la notable longitud de su pene― da al caracol más problemas que placer, pues al final de la cópula uno de los caracoles intenta desprenderse de sus genitales masculinos, lo cual se dificulta en el caso de especímenes de gran tamaño, situación en la que la pareja, amablemente, se ofrece a masticar los órganos para ayudarle al otro a quitárselos de encima.

Quizá, después de todo, tener un pene tan grande no sea lo mejor que puede ocurrirle a un animal.

[Guardian]