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El pene con espinas de este escarabajo hace el sexo poco placentero (pero evolutivamente efectivo)

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 11/12/2012

La sabiduría de la evolución se manifiesta caprichosamente, como en el caso de este pene con espinas perteneciente al escarabajo Callosobruchus maculatus, el cual, sorpredentemente, tiene amplios beneficios reproductivos.

Usualmente consideramos que el sexo es una actividad placentera, que la unión carnal resultante en la cópula y, biológicamente, en la reproducción, es en esencia una circunstancia que viene acompañada de sensaciones satisfactorias y agradables.

Sin embargo, esto no es válido para todas las especies animales y, por sorpresivo que pueda parecer, en algunas incluso sucede lo opuesto: el sexo es un doloroso tormento que puede culminar con la muerte de uno de los practicantes.

Este es el caso del escarabajo Callosobruchus maculatus, cuyo macho, de entrada, posee un pene espinado verdaderamente terrorífico. Aquí algunas imágenes:

 Pero como sucede con la evolución, la singular forma de este órgano reproductivo masculino debe tener una razón de ser, de ahí que un grupo de investigación conformado por científicos suecos y estadounidenses se haya dado a la tarea de descubrir por qué este pene es tan “desagradable, agudo y destructivo”.

Y al parecer en el fondo de todo está, como era de esperarse, la supervivencia: increíblemente, los machos con más espinas en su pene, con las más largas y las más destructivas, son también los que consiguen más crías, independientemente de otros factores como el tamaño de su cuerpo.

Diseccionado el cuerpo de ejemplares hembras que recién habían copulado, se encontró también que “una gran proporción de la eyaculación se desplazó del tracto reproductivo hacia el cuerpo de la hembra en el apareamiento con los machos de espinas largas”.

Asimismo se tuvo en consideración que, en el caso de esta especie, la procreación no es directa, es decir, el esperma no fecunda los huevos inmediatamente, sino que la hembra lo guarda en cavidades conocidas como bolsos genitales. De acuerdo con Göran Arnqvist, uno de los científicos participantes en el estudio, las espinas peniles del macho también podrían servir para “abrir las puertas al flujo sanguíneo” de estos bolsillos.

Por último cabe resaltar que, por razones obvias, el acto reproductivo entre los Callosobruchus maculatus es tan poco placentero, que, apenas finalizado, la hembra patea al macho para que este se retire.

[Huffington Post]

No se necesita un cerebro para tener memoria, tomar decisiones o anticipar cambios

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 11/12/2012

El comportamiento del moho de fango o moho mucilanigoso podría redefinir lo que consideramos cómo inteligencia y el soporte físico que necesita para desarrollarse

Difícilmente se consideraría al moho del fango como un ser inteligente, arrastrándose gelatinosamente por los árboles y el musgo en un proceso que uno pensaría tiene mucho de automático.

Una especie de estas amibas unicelulares, clasificadas dentro del grupo de los protistas (una clase "de todo lo que realmente no entendemos"), la Physarum polycephalum amarilla puede resolver laberintos, mimetizar los planos de una red de transporte hecha por el hombre y seleccionar la comida más sana de un diverso menú --todo esto sin tener un cerebro o un sistema nervioso. "Los mohos del fango están redefiniendo lo que necesitas para calificar como inteligente", dice Chris Reid de la Universidad de Sydney.

Aunque P. polycephalum actúa frecuentemente como una colonia cooperativa de individuos, de hecho pasa la mayor parte de su vida como una única célula que contiene millones de núcleos, pequeños paquetes de ADN, proteínas y enzimas. Este célula única es una maestra metamórfica. Durante su vida este moho cambia de apariencia dependiendo de dónde y cómo esté creciendo: en el bosque se engorda en gigantescos globos amarillos o permanece discreta como una mancha de mostaza a un lado de una hoja; en un laboratorio se esparce como un coral --o una red neural.

En el laboratorio se ha descubierto que el moho logra retraer sus "ramas" de corredores sin salida, creciendo solamente a lo largo del camino más corto entre dos piezas de comida.

Reid y sus colegas descubrieron recientemente que este moho navega su ambiente de manera más sofisticada de lo que se creía. Al moverse deja una baba translúcida que a su vez evita las áreas obstaculizantes a las que ya ha viajado. Esta baba extracelular es una forma de memoria externalizada que recuerda al moho explorar un lugar nuevo.

Pero la capacidad de desdoblarse por el espacio de esta singular especie, que evolucionó hace por lo menos 600 millones de años, cuando no existían sistemas nerviosos, lo lleva incluso a recrear en miniatura la red de carreteras de Canadá, España, el Reino Unido y lo red ferroviaria de Tokio en miniatura. Cuando los investigadores colocaron pedazos de comida en las mismas posiciones que grandes ciudades, al principio los mohos de fango abracaron todo el mapa comestible. Días después se habían adelgazado dejando ramas interconectadas de babosa que unía los pedazos de comida casi exactamente de la misma forma que los caminos hechos por el hombre.

Otros experimentos muestran que esta especie también tiene una memoria temporal y que es capaz de seleccionar el alimento más nutritivo dentro de un menú nuevo y cambiante.

El modelo de inteligencia de este moho parece redefinir lo que es la inteligencia y la memoria: quizás estas no necesariamente se ubiquen en el cerebro, sino que existan integralmente en un sistema, en el cuerpo gelatinoso del moho que se divide y expande o en el mismo espacio en el que se mueve--una memoria inherente en la naturaleza que sintoniza.

[Nature]