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TOP: los científicos más peligrosos de la historia

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/29/2012

La ciencia puede ser una actividad peligrosa, y los ejemplos de Copérnico, Newton, Marie Curie y otros así lo demuestran. Un recuento por momentos cómico que nos revela ese cariz arriesgado de la ocupación científica.

Dr. Strangelove

En las últimas semanas los medios europeos han seguido con cierto interés el destino de siete científicos italianos que, ya sentenciados por una corte de su país a seis años de cárcel, fueron acusados de “homicidio involuntario” por no haber pronosticado con precisión la ocurrencia de un terremoto en la localidad italiana de L'Aquila.

Y si bien la polémica continúa, pues de algún modo la condena parece injusta si se toma en cuenta que fenómenos naturales como ese son, por definición, impredecibles, aun con el desarrollo tecnológico que ha alcanzado nuestra civilización, el hecho puede verse como un incidente más en ese capítulo de la historia del peligro que se refiere a la actividad científica. Ejercer la ciencia es peligroso, quizá porque, recordando la célebre máxima de Arthur C. Clarke, «La magia es solo ciencia que no entendemos aún», la ciencia nos hace ver lo ignorantes que somos respecto al mundo en el que vivimos, nos saca de esa zona de confort epistémica en la que todo parece seguro y habitable.

Dean Burnett, en el sitio The Guardian, nos comparte una lista de los que han sido considerados los científicos más peligrosos de la historia, un giro que sería mucho más cómico —porque encontramos risible que hace siglos fueran subversivas ideas que ahora aceptamos con naturalidad— de no ser por el desgraciado destino de los mencionados científicos italianos. Al parecer las hogueras y las persecuciones no están tan olvidadas como creemos.

 

Nicolás Copérnico

Astrónomo renacentista.

Al proponer el modelo heliocéntrico en sustitución del geocéntrico, Copérnico incurrió en una de las ofensas que después Freud catalogaría como “contra el narcisismo humano”: al quitar a la Tierra como centro del sistema solar y aun del cosmos, mostró su vulnerabilidad natural a todo tipo de incidentes aleatorios, ganándose con ello la condena de las instituciones eclesiásticas de la época que dominaban la producción y difusión del conocimiento científico.

 

Joseph Lister

Cirujano

Pionero de la cirugía antiséptica y pregonero del riesgo a la salud que conlleva el contacto con gérmenes y bacterias, Lister desencadenó sin embargo, en algunas personas, un trastorno conocido como misofobia, el miedo a la suciedad, además de otras manifestaciones de la obsesión patológica expresada a través de la compulsión por la limpieza.

 

Orville y Wilbur Wright

Inventores

Los célebres hermanos Wright sin duda comparten algún grado de responsabilidad en todas las catástrofes áreas que han ocurrido desde que una aeronave totalmente funcional fue inventada, precisamente por ellos. Accidentes, bombardeos, terrorismo: ¿habrían sucedido si los Wright nunca hubieran dado con el mecanismo efectivo que sostiene un transporte en el aire?

 

Edwin Hubble

Astrónomo

A Hubble debemos el descubrimiento de que había universo más allá de la Vía Láctea, el cual, además, se encontraba en constante expansión, un proceso que terminaría por alejar tanto a otras galaxias que se volverían imposibles de avistar. En pocas palabras, Hubble también es culpable de hacernos sentir más solos de los que nos sentimos en la vastedad del cosmos.

 

Isaac Newton

Físico, astrónomo, matemático, teólogo, alquimista, filósofo, etc.

El genio de Newton, uno de los más sorprendentes en la historia de la humanidad, nos reveló la manera en que la gravedad se rige, imponiendo una limitación mental de alguna manera insuperable ante la soberana presencia de dicha fuerza que domina el universo entero.

 

Marie Curie

Física y química

Al descubrir la radiación, Curie descubrió todo un espectro cuya presencia es tan cotidiana como perjudicial, generando una paranoia que aumenta con cada gadget que se incorpora a nuestros quehaceres diarios.

Ahora bien, como decíamos antes, el tono de Burnett busca ser cómico en algunos casos, sobre todo en estas especulaciones fácticas que comienza con el estimulante íncipit “Qué pasaría si…”. En efecto: quizá ninguna tragedia aérea habría ocurrido nunca si los hermanos Wright no hubieran inventado (o perfeccionado) el aeroplano. Pero si no ellos, ¿alguien más habría llegado al mismo descubrimiento?

De algún modo el planteamiento de estos escenarios nos hace pensar en si de verdad la mente humana es, en el fondo, una sola a pesar de las millones de derivaciones que representan cada uno de los individuos de la especie. “Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas”, escribió Borges en su Pierre Menard, autor del Quijote, ironizando sobre ese hábito de la pereza mental que nos hace arrellanarnos en el cómodo sofá delas ideas ajenas y ya probadas.

Sin duda, más que la ciencia, lo verdaderamente riesgoso es pensar, pensar de manera distinta a los dictados dela convención y lo establecido, mirar el mundo desde una perspectiva diferente a la que la mayoría acostumbra.

También en Pijama Surf: Top 10: Científicos que terminaron en la cárcel.

Con información de The Guardian

La destrucción de una pequeña partícula podría llevar a la destrucción del universo entero

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/29/2012

La destrucción de un protón, algo que nadie ha visto nunca, podría ser el signo que marcara el fin del universo y su paulatina transición hacia la antimateria.

La desintegración de un protón es algo que nadie ha visto nunca, su paulatino decaimiento es algo que todavía permanece desconocido para los científicos, un hecho que cuando suceda podría representar el inicio del fin para el universo entero.

¿Por qué? De entrada porque al interior de los protones hay quarks, una de las dos partículas más básicas que integran la materia, sujetos a la intensa fuerza que mantiene unido el núcleo del protón. Los quarks más célebres son los protones y los neutrones, con 3 quarks cada uno, lo cual a su vez equivale a un número bariónico de 1 (el número bariónico es un tercio del número de quarks menos el número de antiquarks dentro del sistema; el bariónico de los antiprotones es negativo). Asimismo, son las diferencias en los quarks —de carga y de masa— las que determinan las diferencias en las partículas.

La otra partícula elemental del universo, al mismo nivel de los quarks, es el leptón que, según se manifiesta en los electrones y neutrinos (y los antielectrones y los antineutrinos), no se ve afectado por la fuerza al interior del núcleo. Igualmente existe la noción de número leptónico, análoga al bariónico.

Estos conceptos son importantes en la medida en que, según las observaciones hechas al respecto, ninguna reacción en el universo es capaz de cambiar los números bariónico y leptónico al interior de una partícula, un principio de conservación que se ha equiparado al de la masa y la energía, pero mucho más profundo.

Sin embargo, esta aparente ley entró en conflicto cuando se observó el proceso de desintegración de un neutrón, que da por resultado la transformación de este en protón y el surgimiento de un electrón. Aquí la carga se conserva (el protón es positivo y el electrón negativo), pero parecía que el número leptónico había cambiado. Más tarde se descubrió que la desintegración involucra la emisión de un antineutrino o, mejor dicho, un neutrino antielectrón, un neutrino asociado con la interacción de electrones). Dado que el electrón tiene un número leptónico de +1 y el neutrino antielectrón de -1, el número final se conserva, tanto como la masa y la carga.

Observaciones como esta dieron lugar a la Teoría de la Gran Unificación, un título grandilocuente y casi ficticio que, grosso modo, postula que todas las fuerzas en el universo pueden alcanzar algún nivel de equivalencia, mismo que puede explicarse con una idea única y cuantificable En este sentido, una fórmula como la célebre E = mc^2, sugiere que uno y otro componentes de la materia son en cierto punto intercambiables y así como un objeto podría evaporarse repentinamente en su propia energía, una enorme cantidad de esta podría aparecer de la nada. O, utilizando los conceptos que hemos expuesto hasta ahora, que los números bariónicos pueden convertirse en leptónicos, contradiciendo así la constante antes propuesta de que ambos se conservaban siempre, en todas las condiciones.

Surge entonces la posibilidad de la inexorable transición del universo hacia la nada que, de una u otra forma, tanto se ha profetizado: una vez que los protones se desintegren y los bariones tornen hacia leptones, no habrá retorno, y la materia alguna vez existente se disolverá, acaso plácidamente, en el vasto océano de la antimateria.

Con información de io9