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¿Por qué duele el sexo anal? Científico explora a fondo este tabú sexual

Salud

Por: pijamasurf - 10/11/2012

Son muchas los motivos y pocas las explicaciones que hacen del sexo anal un tabú en pleno siglo XXI. Los estudios relacionados a esta práctica sexual son contados y, sin embargo, a cada minuto, alrededor del mundo, miles de parejas lo experimentan.

Que el sexo anal siga siendo un tema tabú y, por consiguiente, poco estudiado, podría explicar el porqué de la anodispareunia —dolor intenso durante la penetración por el ano. Para tener más noción sobre esta práctica y todo lo que la rodea, el científico Aleksander Stulhofer, de la Universidad de Zagreb, realizó un estudio que se centraría en mujeres jóvenes y su relación con esta práctica sexual.

Para los estadounidenses, el sexo anal ha ido en incremento. En la década de los 90, solo un cuarto o un tercio de mujeres y hombres lo habían experimentado. Veinte años después, los números han crecido. De acuerdo a datos de la Encuesta Nacional de Salud Sexual y Comportamiento, el 40% ó 45% de mujeres y hombres han recurrido a la penetración anal.

Otras estadísticas muestran que las tasas de masturbación, sexo vaginal, sexo oral, y prácticas afines, han incrementado y rebasado al sexo anal. Esto solo es la punta del iceberg. A manera de ejemplo, se podría decir que la penetración anal es como el uso de drogas: su consumo crece con el paso del tiempo y, sin embargo, la gente lo calla, esconde o sataniza. Pero a diferencia del consumo de estas sustancias, el sexo anal puede resultar benéfico (y placentero) para quienes lo practican. Sin embargo, científicos creen que el uso de pornografía habría permitido que más personas recurran con más frecuencia a esta variante sexual. Investigaciones han demostrado que de las escenas estudiadas en distinto sitios porno,  esta práctica  tuvo presencia en el 56% de ellas, incluso datos revelan que el 5% de los estadounidenses tuvo sexo anal en su última relación sexual.

Aunque un halo de placer, experimentación y nuevas experiencias rodea a esta práctica sexual, es necesario mencionar que  sigue siendo uno de los actos más riesgosos cuando de contagio se trata, principalmente de VIH.

Otras investigaciones han demostrado que lo que sabe del sexo anal es nada en comparación a lo que no se sabe. Esto hace que sea más difícil para las escuelas, padres de familia y educadores transmitir un conocimiento real sobre esta práctica.

Aleksander Stulhofer y su equipo de investigadores encuestaron a más de 2 mil mujeres de entre 18 y 30 años sobre sus experiencias con este tipo de penetración y el dolor relacionado a ella. Los resultados fueron fundamentales porque mucho se habla del dolor y aquellas cosas que pueden ayudar a reducirlo (juego previo y lubricantes) y , sin embargo, poco se sabe hasta ahora, ya que son prácticamente nulas las investigaciones científicas al respecto.

El equipo de la Universidad de Zagreb encontró que cerca de la mitad de las participantes en el estudio (49%) tuvo que interrumpir su primera experiencia de sexo anal porque resultó demasiado dolorosa; un dato que llamó más la atención fue que de las encuestadas, solo el 52% había utilizado lubricante. Un 17% experimentó dolor pero aun así continuó y solo una cuarta parte mencionó que su primera experiencia de este tipo había sido cómoda, placentera y agradable.

Dicho esto, dos terceras partes de las 2 mil mujeres encuestadas probarían de nuevo sexo anal que, por supuesto, fueron aquellas que durante su primera vez no experimentaron dolor y sí mucho placer. Cerca del 9% de las mujeres que tuvieron sexo anal por lo menos dos veces durante el año pasado, dijeron haber experimentado dolor.

Es importante recalcar este 9%, ya que nos dice que la proporción de mujeres que sufren dolor durante una penetración vaginal es equiparable a aquellas que sufren en cuestión anal. Además, entre el 9% y 10% de ellas experimentaron dolor vaginal en actividades cotidianas, como subirse al auto o sentarse. Este porcentaje también se acerca al 10% ó 14% de mujeres que experimentaron dolor durante el sexo anal, y aunque el estudio de la Universidad de Zagreb preguntó a las mujeres sobre las posibles causas del dolor (poca relajación, poco jugueteo previo y poca lubricación, principalmente), aun no se puede determinar una causa clínica.

Los científicos creen que, como la vagina y la vulva, el dolor del ano pueda ser ocasionado por trastornos de la piel, como el liquen escleroso, que puede afectar la piel genital, incluida la del ano, aumentado la posibilidad de malestar, dolor o desgarro; ciertamente la falta de información puede ser una de las causas del dolor, pero no la única ni la principal. Algunos hombres y mujeres cumplen al pie de la letra los estatutos previos a la penetración anal: masajeo, lubricante, relajación y, sin embargo, el dolor sigue presente, esto ya derivaría en cuestiones médicas que poco han sido estudiadas.

Dados los resultados de la investigación de Aleksander Stulhofer, es necesario que la comunidad médica y científica centre más esfuerzos en determinar las causas reales de una práctica que cada vez se expande más entre todos los amantes del planeta. 

También en Pijama Surf: Técnicamente virgen: sobre las chicas católicas y el sexo anal. 

[Salon]

¿Por qué te inclinas por cierta música? Ratones en experimento lo demuestran (sobre plasticidad mental)

Salud

Por: pijamasurf - 10/11/2012

Estudio revela cómo es que aprendemos ciertas conductas y la forma en que pueden ser reconfiguradas para beneficios terapéuticos.

La herencia musical que nos legaron nuestros padres está íntimamente ligada a nuestros gustos musicales de la actualidad. Quizá, en su totalidad, la balanza se incline por tal o cual género, pero si analizamos un tracklist que nos haga sentir nostalgia y, al mismo tiempo, cierta renovación espiritual, de algún modo estará conectado con las preferencias de nuestros padres o, inconscientemente, con aquella música que escuchamos constantemente durante nuestra infancia.

Para conocer más a fondo el funcionamiento de este mecanismo mental, la especialista en neurociencia Eun-Jin Yang decidió romper, a través de la música e inhibidores cerebrales, los condicionamientos y barreras mentales para implantar nuevos gustos y nuevas conductas.

Para ello se realizó un estudio, publicado en Procedimientos de la Academia Nacional de las Ciencias de los Estados Unidos de Norteamérica, en el que a un grupo de ratones se le condicionó para que no hallaran lugares aptos para anidar. Se realizaron 2 grupos: uno de ratones jóvenes y otro de ratones adultos. Ambos fueron expuestos durante un tiempo definido a la música de Beethoven y al melodioso Bossa Nova de Antonio Carlos Jobim. Tiempo después de haber estado inmersos en estas armonías, el grupo de ratones jóvenes anidaron en lugares donde la sonoridad estaba presente mientras que los ratones adultos se inclinaron por lugares silenciosos y tranquilos. Para Yang, estos resultados se ajustan a la teoría de que en los primeros años de vida existe un periodo en el que nuestro cerebro es capaz de ajustarse al ambiente musical en el que interactuamos. Después de estas pruebas, los ratones adultos fueron administrados con ácido valproico, reportando, posteriormente, afinidad por la música del compositor brasileño y por la música del genio de Bonn.

Lo anterior demuestra que el córtex visual primario puede adquirir flexibilidad nuevamente gracias a inhibidores de histona desacetilasa, compuestos que impiden que ciertos genes se expresen en conductas específicas. Uno de estos compuestos comúnmente usado para tal fin es el ácido valproico, que figura como un prometedor tratamiento para las personas con Alzheimer.

Los resultados plantean más preguntas sobre el desarrollo cerebral de los mamíferos y suponen un umbral para el estudio de los condicionamientos conductuales. Sin embargo, este no reveló con precisión si el timbre, el ritmo, la frecuencia, la modulación, o la combinación de los mismos, son necesarios para que resulte eficiente en ratones y si todos los elementos de la composición musical funcionan de igual forma en el ser humano.

Al ahondar en el cerebro de los roedores, las áreas que se ven afectadas por los elementos musicales pueden ser identificados e incluso aislados, por lo que pueden ser de gran ayuda en tratamientos psicológicos, ya que al hackear los condicionamientos y la rigidez mental, existe la posibilidad de reabrir la plasticidad cerebral y reconfigurarla con fines terapéuticos.

[Wired]