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La alquimia y la creencia en espíritus hicieron que Newton concibiera la gravedad

Arte

Por: pijamasurf - 10/01/2012

Estudios de alquimia, y su concepción de principio activos (espirituales) en la naturaleza, probablemente permitieron a Newton salirse de la caja y descubrir la ley de la gravedad.

Sir Isaac Newton es, junto con Albert Einstein, la máxima figura de la ciencia moderna. El descubridor de la ley de la gravedad, las propiedades espectrales de la luz y co-inventor del cálculo es la insignia del científico brillante que penetra los secretos del universo con la linterna de la razón. Esto, al menos, es lo que el establishment de la ciencia nos ha hecho creer por cientos de años. Sin embargo, Newton concebía a la naturaleza como una matriz viva y mágica en la cual se matarializaba el arte del Divino Arquitecto. Tanto como en la física, Newton se intresó por la alquimia y la interpretación profética de la Biblia.

Newton escribió más de 1 millón de palabras sobre temas de ocultismo, mismas que el Royal Society se negó a publicar  y que pasaron al olvido hasta que hace poco fueran rescatadas. Su biógrafo Richard Westfall escribió: "mi preferencia personal no puede hacer que más de un millón de palabras que escribió en su estudio de la alquimia desaparezcan". Lo cual es un buen ejemplo de la aversión que tiene la cultura dominante a los estudios de Newton, los cuales quisiera desparecer de la misma forma que algunos niños tiran algo al clóset, esperando que se desvanezca mágicamente

Lo más significativo del caso no es que Newton tuviera cierta tendencia espiritual --o lo que ha sido descrito como "seudociencia totémica"--sino que estos estudios en alquimia y en esoterismo fueron precisamente lo que le permitió acceder a la ley universal de la gravedad.

Stuart Clark escribe en su blog dentro de The Guardian:

La creencia de Newton en espíritus y en lo que los alquimistas llamaban principios activos casi seguro fue lo que le permitió concebir la gravedad en la forma matemática que usamos todavía hoy.

En el tiempo de Newton, los filósofos naturales le habían dado la espalda a la astrología y con ella a la idea de que las influencias podían viajar a través del espacio vacío. En cambio, los impulsos debían de ser transmitidos a través de cosas tocándose entre sí. Así que si había una fuerza que movía a los planetas tenía que hacerlo a través de un medio. 

Descartes creía que se trataba de un fluido, lo que movía a los planetas. Sin embargo, las matemáticas para esto no le daban a Newton. Pero si las influencias inmateriales podían existir, no había necesidad de un contacto físico para inducir movimiento --este podría ser detonado a través de "principios activos" dentro de un objeto. Esto llevó a Newton a descubrir una simple y elegante ecuación matemática en la que no era necesaria la acción de un fluido. La palabra "espíritu" fue reemplazada por la plabra "fuerza". La gravedad tomó el lugar de la ley de la atracción que Newton conocía de sus estudios herméticos (tradujo personalmente La Tabla Esmerlada, atribuida a Hermes Trimegisto).

Stuart Clark se pregunta "¿Fue Newton un científico o un brujo? En verdad, fue un poco de los dos. Y por eso fue que logró obtener resultados donde otros habían fracasado". Hoy en día la alquimia ha sido rezagada dentro del paradigma epistemológico dominante a un lugar marginal, acaso anecdótico, poético y poco significativo. Sin embargo, gran parte de  la ciencia moderna nace de esta disciplina en la que se conjuga la ciencia y el arte, el cuerpo y el espíritu (recordemos por ejemplo a Paracelso, imprescindible para el desarrollo de la medicina). Newton no es grande a pesar de su afición a la alquimia, sino precisamente por ella. Podemos arriesgar una conjetura, todos los grandes descubrimientos de la ciencia moderna y futura tienen y tendrán una cara oculta, que los científicos no gustan de ver, un doble en la sombra, en la que relucen los principios de la alquimia, la ciencia divina.

 

Científicos desactivan la región cerebral que nos hace optimistas

Salud

Por: pijamasurf - 10/01/2012

A través de estimulación magnética, científicos logran desactivar la zona que controla el llamado "sesgo optimista", mismo que explica por qué pensamos que lo malo sólo puede sucederle a los demás.

De manera instintiva, el cerebro posee un mecanismo de defensa que evade los aspectos negativos de la vida, lo que lleva al ser humano a comportarse de manera optimista para hacer frente a alguna adversidad. Los científicos llaman a este fenómeno “sesgo optimista”. Enfermedades, accidentes, entre otros infortunios engendrados por el azar, son hechos considerados improbables o lejanos; incluso los seres humanos hacemos alarde de nuestra inteligencia, pero nuestras acciones dictan todo lo contrario: no utilizamos el cinturón de seguridad, tramitamos hipotecas o créditos bancarios con intereses altísimos. 

El llamado sesgo optimista se puede evidenciar realizando sencillas preguntas. Si a alguien se le cuestiona qué probabilidades tiene de desarrollar cáncer, la mayoría responderá que muy bajas.

El equipo de Tali Sharot, del Instituto de Neurología de la escuela universitaria de Londres, investiga este fenómeno que, suponen, se gesta en la circunvolución frontal inferior del hemisferio izquierdo, un área del encéfalo que mitiga las malas noticias.

Para comprobar esta hipótesis, el equipo de Sharot ha llevado a cabo un experimento que consiste en desactivar esta región cerebral a través de estimulación magnética transcraneal. Para ello, reunieron a 30 voluntarios a los que se les pidió estimar la posibilidad de sufrir 40 “episodios vitales adversos”, como desarrollar cáncer, alzhéimer o ser víctima de un robo.

El experimento consistió en que los voluntarios tenían que pensar en un episodio vital adverso antes de la estimulación magnética, informarles sobre datos reales sobre ese episodio y volverles a pedir que elaboraran un episodio vital adverso durante la estimulación cerebral; a unos voluntarios se les estimuló la circunvolución frontal inferior del hemisferio derecho, a otros la del izquierdo y al tercer grupo una zona de control, todo, sin que los voluntarios supiesen la parte que se les estaba estimulando.

Los resultados mostraron que los voluntarios que recibieron estimulación en la circunvolución frontal inferior izquierdo, el sesgo de optimismo se esfumaba, es decir, mostraron ser más realistas sobre su percepción de malas noticias. En cambio, aquellos que recibieron el estímulo en la región derecha se mostraron tan optimistas como siempre.

El estudio sugiere que esta zona cerebral juega un papel importante en infravalorar, o evitar, malas noticias que alteren nuestros puntos de vista. Sin embargo, los autores insisten en que el experimento no asegura que desactivar esta zona cerebral nos haga tomar mejores decisiones.

El optimismo ha ayudado al ser humano a evolucionar e innovar como especie, pero un exceso de este se traduce en una extinción rápida de aquellas personas que practican snowboard en pendientes que casi les aseguran la muerte.

 Para los psicólogos, el optimismo desmesurado del ser humano se refleja en la falta de prevención de catástrofes naturales, hipotecas o en el fenómeno llamado “burbuja inmobiliaria”, por lo que saber manejar esta limitación de nuestro cerebro es fundamental para una vida con menos complicaciones. 

[La Información]